«Un amor», el nuevo film de Isabel Coixet basado en la novela homónima de Sara Mesa

«Un amor» es la nueva película de la cineasta Isabel Coixet. Un film basado en la novela homónima de Sara Mesa, y cuya protagonista indiscutible es la fabulosa Laia Costa, ganadora de un Goya por «Cinco Lobitos». Junto a ella está Hovik Keuchkerian, un ex-boxeador, dos veces campeón de España, y cuya interpretación de«el alemán», el partenaire de Nat, es excelente.

Fuimos a verla a los cines Yelmo Ideal, y os avanzamos que nos ha encantado.

Directora y musa

Isabel conoció y dirigió a Laia en la exquisita serie «Foodie Love», donde la actriz catalana era la protagonista junto a Guillermo Pfening. Y desde ahí se han rendido pleitesía y su adoración es mutua.

“Yo estoy enamorada de Isabel y me cuesta mucho decirle que no a cualquier cosa que me pida, aunque sea comerme unas anchoas.” Laia Costa

Sara Mesa y Laura Ferrero, dos ejes esenciales de la película

La autora de la novela ha estado implicada en el largometraje casi desde sus comienzos you valoración ha sido buenísima, tal y como ella misma ha asegurado.

La adaptación de la novela ha corrido a cargo de Isabel Coixet que ha trabajado codo con codo junto a la escritora Laura Ferrero, autora de «Piscinas vacías», «La gente no existe», «Los astronautas», «Que vas a hacer con el resto de tu vida» o «El amor después del amor».

La huida hace inevitable el encuentro con uno mismo

Esta historia narra el momento vital en el que se encuentra su protagonista, Nat, una mujer que decide refugiarse en el pequeño pueblo de La Escapa, un pueblo sin encanto en lo más profundo de la España rural, tras sufrir los estragos emocionales de su trabajo en la ciudad. Allí se dedicaba a ser traductora simultánea en una oficina de refugiados.

De ahí que decida huir de su vida y busque hacerlo en un lugar remoto y en un casa rústica, medio en ruinas, cuyo casero misógino, machista, déspota y miserable no le pondrá las cosas muy fáciles que digamos.

Por ello, lo que en un principio parecía la panacea acaba resultando un nido de nuevos problemas y conflictos, tanto con sus vecinos como con ella misma, quien no esperaba que un cambio que se suponía que iba a ser a mejor acabe de enmarañarlo todo más.

“Nat acaba inmersa en un entorno hostil poblado de masculinidades tóxicas.”

Una propuesta/acuerdo sexual como detonante

Entre todas las posibilidades que uno puede llegar a barajar cuando se encuentra en una situación nueva y desafiante, muchas veces tiene lugar la más inverosímil. Y eso es exactamente lo que le ocurre a Nat cuando se ve involucrada en una relación sexual con su vecino Andreas, un hombre rudo, en apariencia poco atractivo y solitario, tras un extraño y confuso encuentro.

“Yo puedo arreglarte el tejado a cambio de que me dejes entrar en ti un rato.” Andreas

A partir de ahí surge una pasión devoradora y obsesiva, que pondrá de manifiesto las debilidades, fisuras y necesidades de Nat

Los recovecos del deseo femenino y su representación

En este tema, Coixet también está soberbia, ya que ha logrado sumergirnos en la mente y los pensamientos de una mujer con la que muchos podríamos identificarnos, y que sin saber muy bien el por qué, acaba sometida a una relación sexual-afectiva con un hombre, que es prácticamente su opuesto, y que en otras circunstancias jamás se hubiese fijado en él.

Sin embargo, es ahí donde se encuentra el mojo del asunto. Andreas, una persona con apego evitativo, actúa como el detonante de algo latente en Nat, que va desde una necesidad de afecto, de atención, de amor, de sentirse deseada, de protección hasta la idea de pertenecer a algo o alguien que la aleje de los problemas. Food for thought.

Asimismo, hay que felicitar a los actores por su complicidad y la entrega física y emocional, y a Coixet por haber logrado de nuevo rodar con gran sensibilidad, franqueza y pasión las escenas de sexo. El deseo traspasa la pantalla y a pesar del contraste entre ambos y sus mundos, hay una veracidad que se siente.

La fotografía de Bet Rourich también influye en este aspecto, y es una pilar en toda la película.

Personajes secundarios esenciales

Además de los dos protagonistas indiscutibles, en «Un amor» destacan secundarios maravillosos como Hugo Silva, que interpreta a Píter, el vecino «guaperas», pedante y machista, aparentemente cercano y sensible, que se ve a sí mismo como ganador así como capaz de ligársela debido a su exceso de ego; Ingrid García-Jonsson, la vecina «perfecta», clasista y conservadora, madre de dos niñas a las que adoctrina y viste igual, y cuya soberbia y prejuicios la delatan; o Luis Bermejo, el casero abusador y sin escrúpulos que hemos definido anteriormente y que siempre que tiene ocasión hace uso de su poder para someter y malmeter…

Tanto ellos como el resto de habitantes de ese pueblo parecen ocultar algo, y todos parecen aborrecer a una especie de Omertà.

Apego ansioso vs apego evitativo

Como os avanzábamos, Nat y Andreas responden a dos personalidad opuestas, así como a dos patrones de conducta antagónicos. Nat tiene apego ansioso, es decir, es una persona con carencias emocionales que la conducen a necesitar afecto y a obsesionarse con él, a pesar de que ese «proveedor» del afecto anhelado la menosprecie o infravalore o no le corresponda como ella espera. Este patrón se establece en la infancia, cuando la relación con los padres no se basaba en un amor y una aceptación incondicional sino que aunque pudiera existir, éste fluctuaba y no estaba asegurado… Y lo habitual es que esas personas, ya de adultos, sean muy dependientes emocionalmente como consecuencia una baja autoestima.

Y Andreas, por contra, tiene apego evitativo. Y esto es algo que vemos desde el inicio. Desde la proposición sin florituras a Nat hasta los diferentes encuentros que viven ambos. Es respetuoso con ella pero poco afectivo. Y de hecho, cuando ve que la situación se vuelve emocionalmente compleja… opta por cortar de cuajo. Algo que provoca desconcierto en Nat (apego ansioso) y que hace que se obsesione mucho más…

Curiosamente, en la vida real, estas personalidades interactúan más veces de las deseadas, ya que es una muerte anunciada desde el inicio. Porque tal y como muestra la película, estas relaciones son un enorme foco de problemas, y quien suele salir más malparado suele ser el ansioso (Nat), que no concibe dejar la relación, por sentirse rechazado, insuficiente o por el miedo a la soledad, a pesar de estar sufriendo.

Una catarsis esperada

«Un amor» termina con el despertar de Nat, algo a lo que se resistía, pero a lo que acaba sucumbiendo en pro de su propia liberación, su amor propio y felicidad. Una emoción compartida con Sieso, el perrito apaleado al que ella rescata y al que le devuelve todo el amor, la ternura y la alegría que le arrebataron.

Ambos surgen de sus cenizas y juntos parecen embarcarse en un futuro mucho más luminoso, mientras suena «Es wird wieder gut» de Palast Orchester.

(*) Foto portada: fotograma de «Un amor».


 BACK


 BACK TO TOP