Anomalisa, una genialidad animada de Charlie Kaufman

Una de nuestras premisas es que: «Somos más de lo bueno, que de lo nuevo». Y eso significa que aunque nos guste hacernos eco de las novedades que nos parecen más interesantes, CC/magazine no es un medio para estar a la última de lo que está pasando únicamente, sino un medio que inspira. Por ello, nos gusta reseñar libros, restaurantes, tiendas, artistas y/o películas, entre otras cosas, que nos gustan y que no tienen que ser necesariamente nuevos/as o tendencia.

Anomalisa es un excelente ejemplo, ya que se trata de una película de Charlie Kaufman de 2015.

“¿Qué significa ser humano? ¿qué significa sufrir? ¿qué significa estar vivo?”

Esta genialidad animada de este grandioso guionista, que en este caso codirigió junto al animador Duke Johnson, debería convertirse de obligado visionado para los amantes del séptimo arte. Y es que Anomalisa, nominada a «Mejor Película de Animación» en los Oscars 2016, a los Premios Annie y a los Globo de Oro y ganadora del «León de Plata – Gran Premio del Jurado» (el segundo premio más importante del Festival Internacional de Cine de Venecia), es una joya audiovisual.

“Anomalisa es una cinta dramática para adultos animada en stop motion y basada en una obra de teatro del propio Kaufman.”

Una de las curiosidades de esta película es que recaudó su presupuesto en Kickstarter con la premisa de «producir este film hermoso y único fuera del típico estudio de Hollywood, donde creemos que ustedes, la audiencia, nunca podrían disfrutar de esta brillante obra de la manera en que fue concebida originalmente». Con la propuesta de que sería un cortometraje de aproximadamente 40 minutos, 5.770 usuarios brindaron su patrocinio para dar vida al proyecto y recaudaron entre ellos 406.237 $. Debido al éxito en Kickstarter, la productora de la película, Starburns Industries, contó con financiamiento adicional que le permitió expandir el proyecto a un largometraje de 80 minutos.

Como siempre, y sin querer haceros spoiler, es importante destacar la visión de Kaufman en este film a la hora de abordar como el tedio y la dificultad de conexión con los otros, debido entre otras cosas a la deshumanización, es un tema intrínseco a esta era, donde la inmediatez lo puede todo y la aparente facilidad a golpe de click provoca el efecto contrario a su promesa inicial. De ahí que use a su protagonista, Michael Stone, un experto en servicio al cliente, con una vida aparentemente feliz y con todas las casillas «vitales» marcadas con un aspa verde, para reflexionar sobre nuestra «chronic insatisfaction» y sobre la maldición de la conciencia.

“La conciencia es una maldición: pienso, siento, sufro.” Cómo ser John Malkovich (1999)

La película cuenta con las voces de David Thewlis, Jennifer Jason Leigh y Tom Noonan, y a pesar de los posibles prejuicios que puedan surgir por ser animada, consigue prácticamente desde el inicio que te abstraigas de la forma y te sumerjas en la pomada. Porque Anomalisa tiene capas y más capas que muestran la complejidad humana.

“Las marionetas fueron creadas utilizando impresoras 3D y Johnson  explicó que uno de los objetivos del filme era que los espectadores se olvidaran que estaban viendo algo animado y que sólo se dejaran llevar por la escena.”

Tal y como hizo en la extraordinaria «Cómo ser John Malkovich», los recursos que emplea para plantear esta especie de psicoterapia animada son de aplauso lento: tanto las marionetas en sí mismas como el hecho de mostrarlas con las mismas caras y las mismas voces, y el uso de una paleta de colores ocre… Todo ello hace que irremediablemente te quedes atrapado en la historia y reflexiones sobre la crisis interior de su protagonista, y que incluso establezcas posibles paralelismos con tu vida en lo que al hastío se refiere.

Entre los diferentes momentos cumbre de Anomalisa, cabe destacar cuando Lisa aka Anomalisa canta «Girls just wanna have fun» de Cyndi Lauper o cuando intiman. Es alucinante como su escena de sexo puede resultar igual de convincente que una escena interpretada por actores reales.

“Michael Stone huye de la rutina y busca agonizante la felicidad. Para ello, se refugia en el trabajo y en los viajes para escapar de sí mismo, a pesar de que el encuentro con uno mismo es inevitable…”

Kaufman hace verdadero hincapié en esto último: en esa condena que muchas personas sufren cuando la ausencia de estímulos acecha y la frustración y el miedo, por no ser capaces de «sentir lo que hay que sentir antes de que sea demasiado tarde», campa a sus anchas. Pero a su vez plantea el origen de este state of mind propio de la crisis de madurez, y nos ayuda a comprender las causas de esta infelicidad que anida en nuestro interior y que solo puede ser resuelta desde ahí, si lo que ansiamos es recuperar la pasión por la vida.

Absolutamente recomendable. Un must.


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