Las rayadas no son eternas: el capítulo especial de Euphoria

Esta semana por fin pudimos ver el capítulo especial de Euphoria y… nos ha parecido absolutamente fascinante. Funciona como puente entre la primera y la segunda temporada, y ya os advertimos que son cincuenta y cuatro minutos, donde un crudo y profundo diálogo entre Rue (Zendaya) y Ali (Colman Domingo) – su padrino en narcóticos anónimos -, hacen que a penas puedas pestañear…

El episodio se centra en una conversación crucial y clave para cualquier persona que se haya visto sobrepasada por el sufrimiento que implica la pérdida de un ser querido a una edad temprana. Porque independientemente de haber sido o no adicto a las drogas – eso es secundario – la charla se centra justo en eso: en la vulnerabilidad y en el dolor que se siente, y en la falta de herramientas emocionales para poder afrontarlo. Así como en esa otra alternativa destructiva por la que optan algunas personas, que no son capaces de tirar para adelante y superarlo, y que prefieren hacerse daño, torpedearse más si cabe, sentirse culpables… desear su desaparición.

Un coloquio que, como podréis comprobar, es clarividente y necesario, y donde Rue finalmente logra abrirse en canal para tratar de comprender sus actos y vislumbrar algo de esperanza, a pesar de que para ella todo está perdido, porque se siente incapaz de redimirse, de perdonarse, de salir de ese pozo…

Ali hace las veces del mejor coach. No solo le devuelve las bolas sin tratarla con pena o condescendencia, sino que maneja la situación como nadie. El hecho de haber pasado por lo mismo y ser mayor que ella, demuestra que esté de vuelta de todo y que ha hecho ese viaje imprescindible para encontrar esa fe tan necesaria para no rendirse y seguir. Y con fe no nos referimos exclusivamente a la religión (que lo es en algunos casos) sino en la confianza en la vida. Ese click que hace que sientas que vale la pena seguir, que no está todo perdido, que debemos darnos una oportunidad y que sobre todo, debemos creer en nosotros mismos, pase lo que pase.

El episodio nos sitúa en Nochebuena, y aunque aparecen unas breves escenas iniciales con Jules, la trama tiene lugar en un dinner, donde la cámara solo se centra en ellos dos. Y como podréis comprobar, no hace falta nada más. Asimismo, y como es habitual en esta serie, la fotografía y la banda sonora son sublimes. Cada momento cuenta, cada gesto, las luces, las diferentes perspectivas… Es apabullante, la verdad.

En definitiva, y como os adelantábamos al inicio, «Las rayadas no son eternas» es una reflexión sobre lo que significa vivir la vida con todas sus consecuencias; sobre las decisiones que tomamos; sobre el miedo y el dolor; sobre la gestión de las emociones; sobre el relato que nos contamos; sobre las alternativas que disponemos y no vemos; sobre la culpabilidad y el victimismo; sobre el amor; sobre el amor propio… y también sobre la adicción a las drogas y cómo sobreponerse. Un capítulo que cala a base de bien, que agita, y que te lo haces tuyo. Una maravilla audiovisual que volveremos a ver, y que os recomendamos encarecidamente.

Disponible en HBO.


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