The Phoenician Scheme: Wes Anderson en clave épica
Con «The Phoenician Scheme», Wes Anderson vuelve a demostrar que su estilo visual y narrativo sigue siendo un laboratorio vivo de cine, capaz de hibridar géneros, explorar nuevas formas y, en esta ocasión, ofrecer una sátira geopolítica travestida de fábula familiar. Estrenada en el Festival de Cannes 2025, esta nueva película marca una evolución dentro del universo andersoniano: es más oscura, más compleja, más política y, sin embargo, profundamente humana.


La historia de Anatole «Zsa-zsa» Korda
La historia gira en torno a Anatole «Zsa-zsa» Korda (interpretado exquisitamente por Benicio del Toro), un magnate europeo de los años 50 que ha sobrevivido a seis intentos de asesinato y está empeñado en completar un ambicioso proyecto de infraestructura: el «Phoenician Land and Sea Scheme». Para llevarlo a cabo, necesita cerrar una descomunal brecha financiera —«todo lo que tenemos… y un poco más»— mientras se reconcilia con su hija Liesl (Mia Threapleton), una novicia que no ha visto en seis años.
“Anatole «Zsa-zsa» Korda es un magnate europeo de los años 50 que ha sobrevivido a seis intentos de asesinato.”
Lo que comienza como una odisea industrial y financiera, se convierte en una travesía espiritual, emocional y estética, en la que padre e hija recorrerán un mapa ficticio que remite a los Balcanes, el Oriente Medio y a cualquier territorio liminal entre el poder, el comercio y el colapso.
Un personaje para la eternidad
Anderson ha declarado que pensó en Benicio del Toro desde el inicio del proyecto. El actor puertorriqueño se adueña del personaje con una mezcla hipnótica de distinción, sarcasmo y melancolía. Zsa-zsa es como Charles Foster Kane reescrito por Italo Calvino: un ser excesivo, inescrutable, refinado y brutal, que colecciona arte, enciclopedias, granadas de mano y enemigos con la misma pasión.
Su performance sostiene la película como un eje gravitacional. Del Toro nunca abandona el plano, y su interacción con cada personaje revela capas de ironía, afecto reprimido, paranoia y hasta redención. Pocas veces un personaje andersoniano ha sido tan tridimensional.
Mia Threapleton y Michael Cera: los contrapuntos perfectos
Threapleton, en su primer papel protagonista, deslumbra con una contención llena de matices. Su Liesl es a la vez víctima y juez de su padre, y canaliza una espiritualidad ambigua, pragmática, marcada por la duda y la compasión. La joven actriz construye un personaje memorable que funciona como columna vertebral emocional del filme.
Cera, por su parte, interpreta brillantemente a Bjorn, un «tutor noruego experto en insectos» y fiel escudero de Liesl. Su interpretación aporta ligereza y un humor físico y verbal que recuerda a Peter Sellers. Su acento, gestualidad y ternura logran un equilibrio delicado entre lo absurdo y lo entrañable. ¡Bravo!
Un guion en forma de rompecabezas geopolítico
Coescrita con Roman Coppola, la trama avanza como una road movie corporativa atravesada por complots internacionales, traiciones familiares y memorias coloniales. Korda y Liesl recorren una región ficticia que podría ser un eco distorsionado de Líbano, Yugoslavia y el Cáucaso, en busca de aliados, inversores y redención.
Cada parada es un mundo: desde un club de jazz en Marsella tomado por anarquistas (liderados por Sergio, el revolucionario humanista) hasta una utopía desértica dirigida por una prima excéntrica (Scarlett Johansson). El relato se expande sin perder el hilo: los choques entre lo macro y lo íntimo, entre lo sagrado y lo especulativo, entre el legado y la impostura.
La película es densa, pero fluida. La estructura en episodios permite a Anderson desplegar toda su artillería de dioramas, maquetas, coreografías simétricas, textos sobreimpresos y efectos analógicos. Cada secuencia es un despliegue de invención visual memorable.
Dirección de arte: barroquismo controlado
Rodada mayoritariamente en los legendarios estudios Babelsberg, la puesta en escena de «The Phoenician Scheme» es una carta de amor a la escenografía artesanal. Adam Stockhausen vuelve a superar lo posible con interiores palaciegos, oficinas subterráneas, desiertos de cartón-piedra y una represa colosal que termina estallando en una miniatura apoteósica.
La cámara de Bruno Delbonnel aporta una paleta más sombría que en trabajos anteriores, ideal para un relato que explora el poder, la muerte y la fe. La luz es dramática, casi expresionista, sin abandonar el cromatismo característico de Anderson.
Milena Canonero, en el vestuario, teje un tapiz de referencias que va de lo bizantino al modernismo industrial, sin olvidar lo eclesiástico. Cada traje cuenta una historia.
Referencias, música y metacine
La película está impregnada de citas, homenajes y resonancias. Orson Welles y Luis Buñuel son presencias fantasmales. El protagonista dialoga con Kane, pero también con Mr. Arkadin. Las secuencias oníricas con ángeles y juicios celestiales remiten a «La Vía Láctea» o «El discreto encanto de la burguesía». La dimensión católica es paródica pero reverente.
La música de Alexandre Desplat, con guiños a Stravinsky, Glenn Miller y Gene Krupa, articula el ritmo con un impulso sinfónico-jazzístico. Es la banda sonora más compleja y envolvente del universo Anderson.
“La película está impregnada de citas, homenajes y resonancias.”
Una fábula sobre el poder, la culpa y el legado
En su núcleo, «The Phoenician Scheme» es la historia de un padre que, ante su inminente potencial muerte, intenta dejar algo más que capital. Intenta dejar vínculo. Anderson explora aquí los límites del éxito, del arrepentimiento y del amor tardío. Lo hace con su estilo habitual —teatral, miniaturista, lúdico— pero también con una madurez que emociona.
No os avanzamos nada más. Únicamente que no hay moraleja, pero sí redención.
“Anderson explora aquí los límites del éxito, del arrepentimiento y del amor tardío.”
Conclusión: una de las grandes obras de Wes Anderson
«The Phoenician Scheme» es una película desbordante, exuberante, sarcástica y tierna. Una sátira política que no teme al surrealismo ni al melodrama. Un ejercicio de estilo que se arriesga a hablar de lo esencial: la familia, la culpa, el perdón.
Benicio del Toro construye un personaje mítico. Mia Threapleton anuncia una carrera fascinante. Y Anderson, sin renunciar a sus códigos, logra que cada plano sea un espejo deformante de nuestro tiempo.
El resultado es un festín cinematográfico, una obra maestra excéntrica y necesaria.
Muy recomendable.
*Nosotros fuimos a verla al Cine Yelmo Luxury Palafox (Madrid) en VOS, ya que la experiencia visual y sonora es impresionante, además de que es comodísimo, algo que se agradece en un largometraje como este.
(*) Fotos cortesía de TPS Productions/Focus Features © 2025 All Rights Reserved. Copyright © 2025 Date Added.
