Entrevista a la diseñadora de producto Júlia Esqué
Júlia Esqué (Barcelona, 1986) se ha convertido en una de las creadoras más interesantes del panorama contemporáneo precisamente por su apuesta por lo tangible, lo sensorial y lo duradero. Su enfoque no es solo estético, sino profundamente funcional: sus piezas no solo se miran, se experimentan. Y, sobre todo, se sienten.


Estudió diseño en Elisava y tras graduarse realizó prácticas con Curro Claret antes de irse a estudiar el Máster en Diseño de Producto en ECAL, Lausanne. Después vivió entre Nueva York y Barcelona durante 5 años, mientras trabajaba para Stephen Burks. Al regresar definitivamente a Barcelona trabajó en otros estudios como el de Jaume Ramirez o Martí Guixé. Finalmente, en 2019 empezó a trabajar por su cuenta, en un estudio compartido al que un buen día se sumó el artista Andrés Reisinger, con quien colaboró en la creación de la ya icónica butaca Hortensia, diseñada originalmente por Reisinger como un objeto digital, pero que posteriormente cobró vida gracias a su dominio del textil y la ergonomía. Hoy en día la produce la firma holandesa Moooi, y que además forma parte de la colección permanente del Vitra Design Museum en Weil am Rhein, Alemania.

El trabajo de Júlia Esqué desafía los límites entre diseño y arte, combinando investigación técnica con una sensibilidad casi poética. Un buen ejemplo de esto es la lámpara Olímpica, que ha lanzado recientemente y que toma su nombre de la antorcha olímpica utilizada en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Una auténtica belleza minimalista que demuestra que quizás la verdadera revolución del diseño debe involucrar una experiencia.
Hace unos días charlamos con ella y esto fue lo que nos contó. Pasen y lean.
¿Qué querías ser de mayor cuando eras pequeña?
Quería ser diseñadora de moda.
Tu gran punto de inflexión tuvo lugar en 2019, después de haber colaborado durante media década con el diseñador estadounidense Stephen Burks en Nueva York. ¿Qué recuerdas de ese momento y cuál fue el detonador para que decidieses poner el foco en tus propios proyectos?
Hacía ya un tiempo en que la idea de trabajar por mi cuenta se había apoderado de mí y no pude hacer nada más que seguir la pulsión. Los inicios fueron y siguen siendo duros, pero lo volvería a hacer todo exactamente igual.

Una vez en Barcelona compartiste estudio y proyectos con Andrés Reisinger, con quien creaste la butaca Hortensia, ¿Cuáles fueron los principales desafíos a los que te enfrentaste para reproducir esta butaca? ¿Cómo fue el proceso creativo entre Andrés y tú?
Me recuerdo muy feliz trabajando en ese proyecto. Era un reto grande para ambos, había mucha energía y muchas ganas de tirarlo adelante. Aprendí mucho y fue el inicio de un interés por el mundo del tejido que aún conservo.
“El mayor desafío fue convertir una textura digital en una superficie de tejido que fuera reproducible y escalable para la industria.”
Por mi parte, el mayor desafío fue convertir una textura digital en una superficie de tejido que fuera reproducible y escalable para la industria.
En cuanto al proceso, Andrés tuvo la idea y lideró el proyecto de convertir la butaca en un objeto real. Yo me ocupé de la fisicalidad.
Tu trabajo se centra en la experimentación con materiales. ¿Cómo nace tu interés por el diseño y qué te llevó a especializarte en este campo?
Según recuerdo siempre he tenido interés por los objetos. Mis abuelos y abuelas tenían trabajos relacionados con el hacer y mis padres han sido autónomos y muy amantes de su trabajo. Creo que todo junto me lleva donde estoy hoy.
En tus proyectos hay una clara intención de explorar la relación entre el usuario y la textura. ¿Cómo influye la materialidad en la forma en que interactuamos con los objetos cotidianos?
Creo que la materialidad no se puede separar de un objeto, por lo que está intrínseca en nuestro oficio.
“Creo que la materialidad no se puede separar de un objeto.”
Trabajas en la intersección entre la artesanía y la tecnología. ¿Cómo conviven estos dos mundos en tu proceso creativo?
Busco que cada proyecto tenga lo que necesita, más que forzar una manera de hacer. El proyecto pide y yo se lo doy, en un diálogo entre técnica, material y los recursos de la industria: métodos y procesos.

Colaboraste con Paloma Wool en el diseño de prendas a partir de un entramado creado en papel por ti así como con Santa & Cole diseñando una colección de lámparas-pantalla. ¿Qué puedes contarnos de ambas experiencias?
El proyecto de los entramados de papel fue (sin saber en ese momento que sería para Paloma Wool) el primer proyecto que hice cuando empecé a trabajar por mi cuenta. Ya no trabajaba en ningún estudio y tenía mucho tiempo y ningún cliente.
Todo comenzó como una exploración del color a través del papel tejido, como un sistema para entender el tramado de una alfombra. Era un proyecto personal y el tener tiempo me dió la oportunidad de descubrir el proceso de manera lenta e intuitiva. El sistema me terminó interesando como proyecto y no como prototipo, así que seguí haciendo piezas.
Al cabo de un tiempo Marta Soler de Paloma Wool se acercó y me dijo que les interesaba sacar prints de las piezas para la siguiente colección.

El proyecto de las cintas para la lámpara Trípode sí que vino de un briefing. Para mi, la particularidad de la Trípode alude a la belleza del tejido en tensión, a la descomposición de éste y al consecuente análisis de la intersección entre trama y urdimbre. Inicié el proyecto con la voluntad de enfatizar la materialidad que define la lámpara. Una línea, gruesa o fina, delimita el perímetro de la cinta.
La repetición de esta línea se convierte en un patrón que constata el ritmo y la materialidad. Es entonces cuando aparecen las referencias a la moda, al estampado de rayas verticales visto en diferentes momentos de la historia, desde la pintura de Monet, a vestidos de Alta Costura o a los prêt–à–porter de Comme des Garçons. Annie Albers y sus investigaciones de tejidos primitivos aparecen también en diferentes momentos del proyecto.

En una época donde la sostenibilidad es clave, ¿qué papel juega la elección de materiales en tu trabajo? ¿Cómo te enfrentas al reto de diseñar con un impacto ambiental reducido?
Creo que justamente la lamparita Olímpica responde a la pregunta. Utiliza recursos mínimos para evocar la calidez de una vela tradicional. Los polos positivo y negativo recorren las dos patas de la lámpara para alimentar el diodo de LED.
“La lamparita Olímpica utiliza recursos mínimos para evocar la calidez de una vela tradicional.”
Tenemos que reconocer que son grandes admiradores de tu trabajo, y estamos fascinados con piezas como la UP Side Table, las mesas Fortyfive, la copa FAD y ahora de la nueva lámpara Olímpica. ¿Cómo surgió este proyecto, cuáles son sus principales características y dónde podemos adquirirla?
¡Gracias! De momento la vendo yo bajo pedido.
Barcelona es una ciudad con una gran tradición en diseño. ¿De qué manera crees que el contexto local influye en tu trabajo?
Sin duda el contexto local influye en mi trabajo. Las personas que tengo más cerca a diario mientras trabajo son Jaume Ramirez, Marc Morro y Mark Bohle; con quien comparto estudio, que sin duda me influyen y me ayudan cada día que pasamos juntos. Aprendo mucho de ellos.

En tu opinión, ¿hacia dónde se dirige el diseño de producto en los próximos años? ¿Qué tendencias o materiales crees que marcarán el futuro?
Me importa hacer el bien para cada proyecto según su contexto.
Por último, un par de preguntas: ¿que categoría de producto que hasta ahora no has diseñado te gustaría diseñar? y ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente?
Tengo muchas ganas de hacer una alfombra, viene de lejos el deseo.
“Tengo muchas ganas de hacer una alfombra, viene de lejos el deseo.”
Varios proyectos, uno de ellos se presenta este año en la feria de Milán. Trabajo en proyectos diversos y esto me hace muy feliz: poder hacer una lámpara, a la vez que una butaca o un estampado para una marca de moda.
(*) Fotos proporcionadas por Júlia Esqué.
