Entrevista a Javier S. Medina

Javier S. Medina dejó su Extremadura natal para venir a Madrid y probar suerte con su proyecto de artesanía, y se hizo mundialmente conocido por sus creaciones artesanas con fibras naturales, elevándolas a lo que verdaderamente son: piezas de arte.

Tras sus primeros triunfos con sus cabezas de animales ecológicas, llegaron un sinfín de proyectos y colaboraciones con marcas nacionales e internacionales, con las que este artesano, inquieto, curioso y creativo ha producido verdaderas maravillas.

A pesar de todos estos éxitos, Javier sigue siendo un tipo sencillo, apasionado, hiperactivo, alegre, con un gusto exquisito y muy trabajador. Además, tiene la cabeza llena de grandes ideas, y a medida que te las va contando, sabes casi a ciencia cierta que se van a hacer realidad. Genio y figura.

Si queréis conocerle un poquito mejor, pasen y lean.

Autodefinición

Soy artesano.

Me gusta formar parte de la recuperación de viejos oficios que se están perdiendo, así como esas técnicas y esas formas de trabajo.

Se trata de dar relevo a lo que se hacía antiguamente, que se trataba de artesanía. Así que sí, me considero ante todo un artesano. A pesar de que exista esta fina línea entre artesano y artista. Para mí la artesanía es un arte, a pesar de que hubo un tiempo en el que la artesanía estaba denostaba o al menos no estaba considerada como se merece.

¿Qué querías ser de mayor cuando eras pequeño?

A mí siempre me ha encantado el mundo del deporte y siempre he practicado mucho deportes desde pequeñito. Y por eso me gustaba mucho la idea de poder dedicarme a algo relacionado con el deporte. Así que me empecé a preparar las oposiciones para bombero, y al final abrí un gimnasio en Badajoz que me iba muy bien.

Aunque lo dejé para darle una oportunidad a mi lado creativo y dedicarme a lo que hago ahora, el deporte sigue siendo algo esencial en mi vida. Lo necesito para estar bien, y no solo físicamente sino mentalmente.

¿Cuándo, cómo y por qué decidiste dedicarte a la artesanía?

Desde pequeñito siempre se me dio muy bien todo lo relacionado con lo creativo. Era capaz de reproducir cualquier cosa simplemente mirándola, y siempre me gustó mucho pintar. De hecho, cuando estudiaba, la única asignatura en la que sacaba sobresaliente era dibujo jajaja

Así que aunque en el fondo siempre quise hacer algo relacionado con la creatividad, el deporte también me tiraba mucho y me decanté primero por él. Es cierto que al vivir en una provincia las oportunidades estaban más limitadas y siempre te animaban a hacer cosas que tuviesen un porvenir «más asegurado» como es tener una carrera o sacarte una oposición. Sin embargo, lo que pasó es que cuando empecé a viajar, a conocer países y a conocer gente nueva, vi que algunos de ellos se dedicaban a hacer cosas creativas y que vivían de ello. Así que aquello me abrió los ojos y me animó a tomar la decisión.

Además, coincidió con un momento en mi vida en el que había cambios, y eso me ayudó también a dar el salto e irme a Madrid. Una vez aquí, me formé con Marisa Del Real, que es una restauradora y gran conocedora de las fibras naturales y de las maderas, y trabajé en la idea de crear algo con lo que me sintiese identificado y que de alguna manera contase mi historia. Y así nació todo.

Siempre pensé que si no me iba bien, podía volver a lo que estaba haciendo. Pero al final salió muy bien y me siento feliz por haberme atrevido a hacerlo.

¿En qué momento tuviste claro que querías hacer las cabezas de animales en esparto?

Estuve durante muchísimo tiempo en casa pensando en qué podría hacer, y me acordé de mi abuelo, que aunque no era artesano, le gustaba restaurar las sillas de enea en el patio.

Y también me acordé de todas las veces que mis primos, mis hermanos y yo estábamos jugando a su alrededor viéndole trabajar. De hecho, para que no le molestásemos nos decía: «¡dejadme tranquilo! Mirad, por cada mosca me matéis del patio os doy 5 pesetas» jajaja Así que nosotros, para no molestarle, nos entreteníamos cazando moscas para luego obtener nuestro botín jajaja

Lo cierto es que de alguna manera, mientras pasaba todo aquello, no le quitaba ojo a lo que hacia mi abuelo y de alguna manera, así fue como yo aprendí parte del oficio. Por ello, cuando me estaba preguntando qué hacer, rescaté esos recuerdos y decidí trabajar con la fibra natural pero para contar una historia, mi historia.

Inicialmente opté por las cabezas de animales en fibra natural para reivindicar la lucha contra el maltrato animal y los terribles trofeos reales. Los míos son ecológicos y no hacen daño a nadie.

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de emprender?

Lo mejor de emprender sin duda alguna es hacer lo que te gusta, así como tener la libertad de hacer lo que te hace más feliz. ¿Y lo peor? Pues creo que nada. A mí me gusta mucho lo que hago y no me supone un esfuerzo.

A mí lo que me divierte es levantarme, incluso un domingo, para hacer una pieza. Amo lo que hago y todas las colaboraciones que están surgiendo. Sí que es cierto que hay que saber desconectar y tomarse espacios de relax para que no te coma el trabajo, así como saber poner límites, porque al final no podemos llegar a todo.

En un mundo tan hiperconectado, donde todo el rato estamos en un entorno digital y nada tangible, ¿cómo te sientes al haber sido un abanderado de la vuelta a lo artesanal, al trabajo con las manos y haber apostado por una tradición con tanta historia? ¿cuándo empezaste te sentiste un bicho raro?

Cuando empecé, hace nueve años, nadie me animó. Fui de los primeros, ya que entonces no había surgido el boom de los artesanos y la artesanía.

Me decían que estaba loco, que cómo iba a dejar un negocio que me iba súper bien para lanzarme a esta aventura tan incierta, en Madrid, empezando de cero y con una idea tan poco convencional. Pero a pesar de los pocos alientos iniciales, lo cierto es que mis padres siempre confiaron en mí.

Pensándolo bien, en realidad llevo once años, ya que antes de abrir el taller estuve dos años dándole vueltas a la idea de montarlo. Ahora, ya no es solo la tienda-taller donde vendemos productos y realizamos piezas por encargo sino que he cogido una galería en la que trabajamos con artesanos, y donde impartimos talleres a nivel internacional. Lo que hacemos es traer gente de otros países para ofrecer la posibilidad de hacer un curso y conocer al artesano más allá del propio workshop. Dura un fin de semana (sábado y domingo de 9 a 15 h.) y estamos haciendo uno al mes. Lo que también tenemos previsto hacer en un futuro próximo es un circuito internacional, que consistirá en traer a artesanos de otros países y hacer intercambios. De hecho, estoy buscando un lugar en el campo, en Extremadura, donde poder llevar a cabo esta idea a lo grande y poder compartir una vivencia con los artesanos invitados.

Has trabajado con marcas muy potentes como Disney o Loewe junto a JW Anderson o Nate Berkus, un interiorista norteamericano mundialmente reconocido, que fue uno de tus descubridores ¿De qué proyectos te sientes más orgulloso?

La verdad es que a veces no soy consciente y son mis amigos quienes me lo recuerdan. Estoy más atento de las entregas y al trabajo, que no me paro a pensar en lo que he hecho. Va todo tan rápido que sin querer me meto en esa vorágine, que me impide recrearme en todas estas cosas tan increíbles que están pasando.

Asimismo, también es cierto que a mí también me hace muchísima ilusión que personas, que no son famosas ni nada, vengan a la tienda y se lleven una pieza y te cuenten su historia o te digan para quien es. Eso es algo que me encanta.

¿Cómo surgió Pan y Pepinillos? ¿te has encargado tú del interiorismo?

Fue por casualidad. Ni siquiera me había planteado hacer esto, pero como vivo en esta calle y paso veinte veces para arriba y para abajo, uno de esos días vi que había una tiendecita donde está ahora el café, que era un ultramarinos, de esos que venden de todo.

La pandemia hizo que no sobreviviese y por ello estaba en alquiler. Así que un día, cuando acabó el confinamiento, me crucé con la que era la propietaria, una señora mayor, y me dijo que iba a cerrar. Me enseñó el local, que es muy pequeñito pero que tiene mucho encanto y ¡me animé! Y es que aunque nunca pensé en montar un café, sí que es cierto que cuando era más pequeño, en algún momento tuve la idea de tener un lugar de encuentro con mis amigos como en Friends.

El nombre surgió del negocio que había antes, que como te decía, era un ultramarinos donde vendían pan, Fairy, pepinillos, de todo… «Pan y Pepinillos» es un homenaje a lo que fue. No me gusta perder la historia, sino recuperarla.

Todo lo que ofrecemos es artesanal: desde los dulces, el pan de masa madre, las cervezas artesanales que nos hacen en Santander hasta nuestro propio café de especialidad (nuestro tostador es el de Café Angélica y trabajamos con El Súper de los Pastores), que también lo vendemos para que puedas tomarlo en casa. Ahora estamos trabajando «los salaítos», y estamos preparando sandwiches de siempre, muy básicos, con muy buenos ingredientes, pero sin florituras.

Y sí, el interiorismo es mío. No soy interiorista, pero es algo que me gusta mucho. Al final el interiorismo es otra forma de expresarte, es creatividad. Me gusta crear mis espacios poco a poco, y llenarlos de objetos con historia.

¿Como es tu día a día?

Una de las mejores cosas de tener un negocio propio y creativo es que cada día es diferente.

Lo que trato que no falle nunca es hacer deporte a primera hora, a las 7. Luego vuelvo a casa y me ducho, después voy a desayunar a «Pan y Pepinillos» y tras eso empieza mi jornada laboral en el taller, donde trabajo en todos los proyectos que tenemos entre manos. La verdad es que mi día a día es no salir de la calle jajajaja Mi casa y mi taller-tienda están ahí, y a dos pasos el café.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?

En una colección cápsula para Zara, con la que llevo un año trabajando, y que saldrá esta primavera. Lo que más me ha gustado de este proyecto es que ha sido todo un reto. A mí me gusta todo lo creativo: la fotografía, el arte, la moda, etc… y en este caso he tenido la oportunidad de aprender mucho sobre temas que desconocía como por ejemplo: patronaje. También estoy trabajando en el escaparatismo, que podrá verse en la tienda nueva de Plaza España, en Nueva York, Milán, etc… y en un posible desfile en Extremadura para presentar la colección.

También estoy haciendo una pieza para el hotel Edition Madrid y otra cosa para los Hermanos Sandoval. Y ha surgido hacer algo con Jaime Hayón, que me apetece muchísimo. Es un proyecto súper bonito.

¿Con quién te gustaría trabajar?

Siempre busco trabajar con marcas que pongan en valor la artesanía y la eleven a algo artístico.

Me gustaría llevar la fibra natural a la moda y crear piezas espectaculares y muy especiales, que incluso pudiesen exhibirse. Después del proyecto con Zara me apetece hacer más incursiones en este sector.

Un película o serie, un libro y una canción o grupo que últimamente te hayan inspirado

Bon Iver en música. Siempre que necesito relajarme y hacer foco en algo lo escucho. Pero bueno, soy muy variable. Por ejemplo, aunque no soy muy de Rosalía, ahora estoy escuchando su último disco.

Libros: me intento nutrir siempre de lo que a mí me parece bonito. Y una vez al mes me suelo comprar un libro de algún fotógrafo. Es algo que me inspira muchísimo. Tanto los textos como las imágenes. Recientemente me han regalado un par de Peter Lindberg.

Veo muchísimas series. Hace poco vi la última temporada de Ozark y The Sinner. Y en cuanto a películas, quería haber ido a ver la última película de Penélope Cruz: «Competencia Oficial», porque le he hecho los bolsos a su personaje.

Lugar favorito en el que perderte

El taller. Hay un rincón que es donde realmente digo: estoy en casa.

Un sueño…

Me encantaría vivir en el campo.

Que es donde quiero acabar, aunque tenga que venir puntualmente a Madrid. Pero vivir allí, rodeado de naturaleza, mientras organizo esas actividades y residencias artísticas con artesanos y gente de todo el mundo. Es algo que quiero que suceda y sé que va a pasar. Ya le tengo echado el ojo a dos posibles cortijos/casas señoriales en Campo Mayor o Elvas, fronterizo con Badajoz, que es un pueblo precioso Patrimonio de la Humanidad.

También me gustaría montar un taller en Nueva York. Una temporada. Me lo ofrecieron hace unos años, aunque en aquel momento no fue posible por distribución, proveedores y demás, pero ahora sí que estoy en disposición de hacerlo. Antes de irme al campo me gustaría vivir esta experiencia.

(*) Fotos proporcionadas por Javier S. Medina.


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