Entrevista al artista Alejandro Javaloyas
Alejandro Javaloyas es un extraordinario artista abstracto post-minimalista nacido en Palma de Mallorca, que actualmente reside en Toulouse (Francia).
Javaloyas explora las cualidades escultóricas de la superficie pictórica, y muestra su arte sobre lienzos contrachapados, que dobla, corta, perfora, pule y pinta para crear sus particulares y evocadores paneles cóncavos monocromáticos y/o en tonos degradados.
Hace unos días conversamos con él sobre su trayectoria, sus técnicas, métodos e inspiraciones, y por supuesto sobre su residencia artística en LA BIBI, donde el artista ha desarrollado una nueva y exquisita serie de obras. Pasen y lean.


Eres de Mallorca, has estudiado cine en Barcelona y pintura en Londres y actualmente vives en Toulouse. ¿Qué puedes contarnos sobre tu trayectoria artística?
Siempre he sido una persona introvertida y desde niño he necesitado mucho tiempo en soledad, para abstraerme. Mi principal vía de escape, de fabulación, de perderme en ese mundo interior, siempre han sido el dibujo y la pintura. Y quizás por eso, cuando tenía tan solo 6 años mi madre decidió apuntarme a una academia de bellas artes en Palma, a la que fui hasta los 18, para canalizar esa pasión cuasi obesiva. La formación que recibí allí fue intensiva y también muy académica, cubriendo aspectos como el dibujo al natural, teoría del color, composición, tipos de perspectivas, etc.; y abarcando técnicas plásticas que iban desde el grafito al óleo, pasando por el carbón y el pastel. Además, durante los dos últimos años se centraba principalmente en hacer copias de grandes maestros barrocos e impresionistas.
“Mi principal vía de escape siempre han sido el dibujo y la pintura.”

A pesar de recibir una formación tan figurativa, a los 14 o 15 años recuerdo haber visitado el Museo Fundación Juan March en Palma, cuya colección privada de arte español de posguerra me fascinó desde la primera visita. Lo recuerdo como algo epifánico. Descubrí la abstracción de la mano del Informalismo Español, y rápidamente conecté a nivel conceptual y espiritual con la pintura de figuras como Fernando Zóbel, Luis Feito, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Antonio Saura, y Josep Guinovart, entre tantos otros. De ahí fui a parar al Tachisme francés, que me llevó al Expresionismo Abstracto norteamericano, y finalmente al Minimalismo y el Post-Minimalismo americanos, que acabaron siendo la conversación pictórica a la que decidí seguir contribuyendo.

Mi otra gran pasión, además de la pintura, siempre fue el cine. De adolescente recuerdo tener una tarjeta de socio del CineArt, un videoclub de pelis de autor en Carrer Aragó que ya no existe. Mi madre cargaba la tarjeta, y yo sacaba diariamente un DVD poco común para un chaval de mi edad. Veía pelis de forma compulsiva. Además me fascinaba ir al cine solo, y solía acudir cada semana a los Renoir de s’Escorxador, que actualmente se han convertido en la cooperativa CineCiutat.
“Mi otra gran pasión, además de la pintura, siempre fue el cine.”
Al cumplir los 18, de forma muy ingenua pensé que estudiar cine tendría una mejor salida laboral que hacer bellas artes, así que fui a la ESCAC (Escola de Cinema i Audiovisuals de Catalunya) en Barcelona, donde me licencié en Dirección de Cine. Y aunque finalmente nunca he desarrollado una carrera laboral en la industria, disfruté muchísimo mis 5 años en la escuela, conocí a compañeros y profesores fascinantes, y guardo algunos de mis mejores amigos. Fueron de los años más felices y apasionantes de mi vida.

¿De qué manera crees que tu formación en cine ha influenciado en tus cuadros?
En la escuela de cine éramos todos muy pedantes. Además la ESCAC en sí tenía un énfasis en cine de autor europeo, ese cine para cineastas, el también llamado cine de festivales.
En ese contexto, durante mis años en la escuela me interesé especialmente por cineastas de la segunda mitad del s.XX centrados en disolver el relato, la narración en 3 actos, y en hacer funcionar sus films en base a otros activos. Me vienen a la cabeza directores como Michelangelo Antonioni, Chris Marker, Alain Resnais, Jean-Luc Godard; y otros más contemporáneos como Béla Tarr, Andrei Tarkovsky, David Lynch o Michael Haneke. Sus películas son habitualmente un tour de force contra la inmediatez postmoderna, un alegato a la inmanencia. Suelen presentar una cadencia pausada que incita y permite la reflexión, y que a veces incluso incomoda. Además, las pelis de casi todos los cineastas mencionados presentan unas atmósferas siniestras, densas, palpables, que pueden casi cortarse con un cuchillo. Como espectador me interesan especialmente esas imágenes que presentan ambas cualidades, la inmanencia y la atmosfericidad, tanto en el cine como en la pintura.

Decía el pintor Ian McKeever que «todo el mundo piensa que la pintura tiene que ver de alguna manera con el espacio, pero yo creo que tiene mucho más que ver con el tiempo. Cuando miras una pintura, no deberías sentir una sensación de espacio y presencia física, sino más bien el tiempo latente dentro de la pintura». No puedo estar más de acuerdo. Ese tiempo en suspensión y esas atmósferas enrarecidas que me interesan como espectador, también son un pilar a la hora de construir imágenes. Y seguramente esa forma de entender la pintura sea una consecuencia de mi paso por la escuela de cine, la resaca de haber estado expuesto a ese tipo de cine.

¿Cuándo decidiste poner foco en tu arte? ¿cómo fue ese proceso?
Desde siempre me he tomado el dibujo y la pintura de forma muy seria y les he dedicado muchísimo espacio mental, además de tiempo. Sin embargo, siempre pensé que desarrollar una carrera profesional en el mundo de las artes plásticas era un lujo que solo aquellos que vienen de familia acomodada pueden permitirse, al no tener la presión de tener que pagar el alquiler y de llegar a fin de mes. Así que durante toda mi vida, crear siempre ha sido más bien un hobby.
Durante el primer confinamiento del Covid19 me vi obligado a parar, como el resto del mundo. Y por primera vez en muchos años tuve tiempo para pensar qué quería ser de mayor. Llegué a la conclusión de que la extenuante vida de la restauración, sector en el que he trabajado durante casi toda mi vida laboral, no me hacía feliz.
En ese periodo de reflexión impuesto llegué a dos conclusiones. La primera, que quería mudarme a Toulouse para vivir con mi chico, con quien mantenía una relación a distancia desde hacía más de dos años. La segunda, que iba a intentar profesionalizar mi vocación e intentar que la pintura fuera algo más que un mero pasatiempo. Desde entonces ha sido mi principal foco a nivel profesional, sin duda.

¿Cuáles son tus principales fuentes de inspiración?
Honestamente, cualquier elemento con el que me cruce en el día a día puede convertirse en una fuente de inspiración formal o conceptual.
Los remaches de una trampilla en el suelo de un vagón de metro. La luz filtrada a través de un vaso y proyectada sobre una mesa. La veladura que ha dejado el intento frustrado de limpiar un grafiti. Un mueble roto y abandonado contra el muro de un edificio. Una réplica brillante de un entrevistado durante un podcast. La intro de una canción que no conocía. Una película. Muchas películas.

Además de los inputs del paisaje urbano, del día a día de vivir en una ciudad, también soy un gran apasionado de las artes plásticas como espectador. Voy a ver expos semanalmente y pierdo mucho, a veces demasiado, tiempo en redes descubriendo la obra de artistas con quien probablemente nunca me cruce en persona. Y debo confesar que la producción de otros creadores es también una fuente constante de inspiración. Tomo prestado y reinterpreto sin complejos, también por una cuestión de principios. Como dijo Jonathan Monk: «Me gusta la idea de poder tomar lo que ya existe y convertirlo en mi propia obra. Creo que probablemente es una reacción contra la idea ingenua de que el arte debe ser original, lo cual es un sinsentido. Los artistas usan materiales, y que ese material exista en forma de obra de arte o esté dentro de un tubo de pintura no cambia absolutamente nada. Uno avanza con lo que tiene e intenta transformarlo en algo que pueda llamar propio».

¿Cómo surgió esta residencia artística con LA BIBI Gallery? ¿cuál es el propósito de la misma? ¿puedes contarnos alguna anécdota?
La residencia artística de LA BIBI, a diferencia de la mayoría de residencias ofrecidas por galerías privadas e instituciones públicas, no funciona a través de una open call o convocatoria abierta, sino por invitación.

Hace unos meses Marc Bibiloni y Miquel Campins, los galeristas, descubrieron mi trabajo y decidieron contactar conmigo para proponerme ser el artista en residencia durante el mes de abril. Su programa acoje a un artista diferente cada mes con la idea de producir un nuevo cuerpo de trabajo. La experiencia es una primera toma de contacto entre la galería y el creador, con vistas de desarrollar una colaboración más seria si hay entendimiento y como se dice vulgarmente, la cosa cuaja. La resi permite que la galería conozca de primera mano el proceso de trabajo del artista, y que el artista conozca los intereses y la línea curatorial de la galería.

La residencia se realiza en una antigua nave agrícola reformada en Establiments, una pequeña aldea a 15 minutos en coche de Palma de Mallorca. Las instalaciones incluyen una amplísima zona de trabajo y también un pequeño apartamento, con dormitorio, salón, cocina y baño. El enclave es paradisíaco, en mitad del campo. Y además la nave tiene ventanales enormes en todo el perímetro y un techo semiacristalado que le dan una luz espectacular al espacio. Sinceramente, es un estudio de ensueño, óptimo, y lo duro ahora va a ser volver a casa después de la residencia, a mi estudio en Toulouse sin luz, sin ventanas, en un garaje.

La gran mayoría de residencias de producción artística suelen durar 3 meses, y no 4 semanas. Consciente de que el tiempo vuela y de que la estancia iba a ser corta, trabajé en esbozos y estudios de las piezas que podría realizar antes de viajar a Mallorca, con la intención de adelantar trabajo y una vez allí, poder ser más productivo. Sin embargo hubo un cambio de planes desde el minuto uno.
En Toulouse muchas de mis piezas son bloques de color monocromos, de colores desaturados pero algo oscuros.
Al llegar a la resi me quedé embobado con los amaneceres que se podían ver desde los ventanales con orientación este y pensé que sería interesante reaccionar a la paleta de colores de esos cielos hipnóticos en las piezas allí producidas.
Así, las 19 piezas que he creado durante la residencia son muchísimo más claras y brillantes que las que había planeado antes de llegar, y que acabé descartando, y todas incuyen gradientes que he tomado prestado de esos cielos crepusculares que rodeaban la casa.
Es interesante ver cómo la obra reacciona al espacio, a la luz, al contexto.
“Las 19 piezas incluyen gradientes que he tomado prestados de esos cielos crepusculares que rodeaban la casa.”
También he descubierto que las nuevas piezas, casi blancas, mucho más sutiles, menos evidentes, funcionan muy bien al nivel de atmósfera e inmanencia de los que hablaba antes. De alguna forma me parece que la residencia ha servido para refinar el trabajo.
¿Qué puedes contarnos sobre tu proceso creativo? ¿con qué materiales trabajas?
Durante los últimos años he hecho un trabajo consciente de intentar deshacerme de todo aquello que era innecesario para que mi obra funcionara. Hoy en día estamos expuestos a una cantidad abrumadora de imágenes de consumo rápido y el ruido del entorno, principalmente digital, habían empujado mi obra hacia un maximalismo con el que no me sentía satisfecho. Recuerdo ver una entrevista del artista John McLean en la que decía «Creo honestamente que, en mi propia obra, cuanto más simple puedo hacerla, paradójicamente, más profunda siento que es». Y esas palabras resonaron profundamente conmigo y decidí hacer algo al respecto.

En ese proceso de despojarme de todo lo innecesario, lo superficial, lo accesorio, lo decorativo, acabé con una sola idea pictórica que ahora aparece como leitmotif en mi pintura: el círculo. Dependiendo de la escala del mismo en relación al soporte, al lienzo, al fondo, a la pared, puede convertirse en una circunferencia, una esfera, un punto, un agujero o incluso una elipse. Pero es la misma figura única.
Tratando de despojarme de lo superfluo, me di cuenta que de uno de los elementos que no podía prescindir era el propio lienzo. Sin soporte no hay pintura. Y decidí dejar de concebirlo como un mal necesario para que la obra exista, y pasar a entenderlo como un elemento más de mi vocabulario pictórico. Ahí es cuando nació la idea de empezar a prensarlo, curvarlo, y modificar la idea tradicional que tenemos todo de lienzo como tela estirada en un bastidor que constituye un plano vertical paralelo, superpuesto a la pared.
“En ese proceso de despojarme de todo lo innecesario, acabé con una sola idea pictórica: el círculo.”
En la actualidad, uso principalmente tableros contrachapados hechos con láminas de madera de haya, que prenso para convertirlos en formas convexas. Este proceso remodela el lienzo en un arco, asemejándose al segmento de un círculo incompleto, algo que connecta con el círculo pictórico de las piezas. Exploro la tensión entre forma y figura, fondo y superficie, espacio positivo y negativo, objeto y pared.

Además desde siempre me ha interesado esa pintura post-minimalista y color-field con un alto valor objetual. Piezas que transgreden la convención tradicional del cuadro para funcionar como esculturas, o incluso objetos de diseño. Me interesa el camino abierto por maestros modernos como Lucio Fontana, Ellsworth Kelly, Donald Judd o Ron Gorchov; y actualmente explorado por pintores abstractos contemporáneos como Ernesto de Burgos, Luke Diiorio, Matthew Feyld, o Ángela de la Cruz.
Por último, la mayoría de mis piezas son formatos pequeños, voluntariamente. La idea es que sean portables, manejables. Que el coleccionista o el curador que trabaje con ellas sienta la libertad, entendida como la potestad pero también como la capacidad física inmediata, de poder colgarlas en la pared, apoyarlas en el suelo, ubicarlas sobre una estantería o una pila de libros. Esa concepción de la pieza pictórica como objeto móvil, versátil, de alguna forma permite jugar con ellas y maximiza las posibilidades de activar el espacio.

El año pasado expusiste tu trabajo abstracto en exposiciones destacadas como «Floating Matter», tu muestra individual más reciente comisariada por Fernando Gómez de la Cuesta en Can Gelabert en Mallorca, y otras colectivas como «Debut :: Inaugural Open» en &Gallery en Edimburgo, «ART MATTERS 8» en Gallery Biesenbach en Colonia, y «Catarsis», comisariada por Julien Delagrange en CAI Gallery en Harelbeke, Bélgica. ¿Cómo viviste estas experiencias?
Las expos en Edimburgo, Colonia y Harelbeke fueron colectivas de pintura abstractas extremadamente bien comisariadas y de las que me siento muy satisfecho. Fue de hecho todo un halago que me invitaran a formar parte de ellas, compartiendo espacio con artistas a los que admiro, como Aron Barath o Maya Makino.
«Floating Matter» fue un proyecto en solitario mucho más complejo y especial, comisariado por Fernando Gómez de la Cuesta, cuyo trabajo admiro. Él ha centrado gran parte de su tarea curatorial en explorar el concepto de ultra-fotografía, entendido como la fotografía emancipada que prescinde de cualquier necesidad narrativa y/o representativa para existir. Esta nueva fotografía usa las dimensiones endémicas, propias de la fotografía, como el color, el film, el contraste, el papel fotosensible, etc, para generar nuevos outputs plásticos que tienen valor estético sin la necesidad de que la foto capte, represente, o reproduzca necesariamente nada.

El proyecto era toda una serie de trabajos ultra-fotográficos generados con inteligencia artificial en el que había un leitmotiv claro, una esfera flotante que habitaba espacios despoblados de presencia humana.
Aunque se trataba de foto, el tema, formalmente, conecta claramente con el círculo y el punto que aparecen en la mayoría de mis piezas de pintura.
Tras esta experiencia, ¿qué va a ser lo próximo?
Estoy preparando un par de exposiciones colectivas que vienen a continuación y extremadamente contento de que toda la obra creada durante la residencia en La BIBI se vaya a exponer en una expo off-site en Formentera, dentro del programa de la CAN Art Fair de Ibiza. Todo un lujazo.
¿Dónde podemos adquirir tus obras?
Contactando con LA BIBI directamente, ellos gestionan las ventas de todas las piezas producidas en la residencia.
Podéis seguir su trabajo en @alejandro_javaloyas (IG) y a través de su web: alejandrojavaloyas.com.
(*) Fotografías proporcionadas por Alejandro Javaloyas.






