Entrevista a Xavi Daura, autor de «Quemar dinero»
Xavi Daura es una de esas voces que no necesitan presentación… pero sí contexto. Mitad del dúo cómico Venga Monjas, guionista de algunos de los proyectos más singulares del audiovisual español reciente y autor de «Bravo» (Ediciones Temas de Hoy, 2019), Daura regresa ahora con «Quemar Dinero» (Ediciones Temas de Hoy, 2024), una novela tan corrosiva como lúcida sobre el caos de crear dentro —y a pesar— de la industria.
La historia de Maya Blanco, directora de una película sin guion atrapada en un rodaje multimillonario, es mucho más que una sátira. Es un retrato sobre el agotamiento creativo, la lógica absurda del capital cultural y la fragilidad que se esconde tras los discursos de éxito.
Conversamos con Xavi sobre el humor como refugio, la autoficción, los límites del sistema y la capacidad de encontrar sentido —y narrativa— incluso en lo que no salió como esperábamos.
Xavi, para escribir un libro como «Quemar Dinero» hay que haber convivido con el fracaso en más de una forma. ¿Qué te llevó a transformar ese recorrido profesional —lleno de giros, tropiezos y también luces— en literatura? ¿Catarsis, ironía o un poco de todo?
Me encanta este enfoque. De hecho, creo que la historia del cine en general es una historia de grandes fracasos. Incluso cuando una película es un éxito, luego ves el making of y descubres que en ese proceso todo era un enorme desastre y que al final las cosas salieron bien de casualidad. Por un lado, tengo la fascinación cinéfila por estas historias, y por otro, claro, tengo las experiencias personales con Venga Monjas, que, aunque no fuese cine, nos permitía ver o incluso vivir situaciones desde el interior de esta industria. «Quemar Dinero» ha terminado siendo un gran collage de todas estas experiencias y datos random.
“Creo que la historia del cine en general es una historia de grandes fracasos.”
La protagonista del libro, Maya Blanco, dirige la película más cara de la historia sin tener ni siquiera un guion cerrado. Hay un punto entre el delirio y la precisión quirúrgica en cómo retratas el sistema. ¿Hasta qué punto todo esto es ficción? ¿Cuánto hay de experiencia personal disfrazada de sátira?
Bueno, esta es la parte más Venga Monjas, justo. Te diría que es un 100% de sátira de experiencias propias, obviamente exageradas.
Con Venga Monjas nunca hemos trabajado con guion, solo con ideas generales que luego dábamos forma rodando o editando, y en ocasiones nos vimos dirigiendo equipos más grandes y profesionales que tenían que adaptarse sobre la marcha a esta forma de trabajar más caótica. No lo recomiendo. Pero se daban situaciones divertidas, y me parecía interesante imaginar cómo sería trasladar eso a la película más cara de la historia.
“Hoy en día el cine se está creando desde el marketing.”
Uno de los pasajes más potentes del libro es cuando los productores plantean lanzar merchandising de una película infantil que ni siquiera existe. Es una escena absurda pero también muy real: el marketing como motor, no como acompañamiento. ¿Crees que el cine se ha rendido ya por completo al capital? ¿Qué espacio le queda a la creación desde la autenticidad?
Uno de los enfoques clave desde el que escribí la novela es la idea de que hoy en día el trabajo más creativo, incluso artístico si me apuras, se lleva a cabo en los departamentos de marketing. Hubo épocas en las que se creaba más desde la producción, otras desde el guion o la dirección, pero creo que hoy en día el cine se está creando desde el marketing.
En esta sátira hay mucha crítica a eso, pero sobre todo hay fascinación. El capitalismo, con todo lo malo que conlleva, no se puede negar que es fascinante. Como diabólico.
En España cuesta hablar abiertamente del fracaso, especialmente en industrias donde todo gira en torno a la proyección pública del éxito. ¿Has notado algún tipo de resistencia o incomodidad al presentar un libro que habla de no llegar, de no encajar, de no cumplir las expectativas?
No, para nada. De hecho, te diría que justamente en España tenemos el fracaso muy asumido, y a veces demasiado. España creo que es un país que construye siempre desde el fracaso, desde una especie de distancia irónica de que al final todo saldrá mal. Es como el chiste típico de «Va un inglés, un italiano y un español…» en el que el español siempre destaca, pero por una carambola cachonda relacionada con el cutrerío simpático.
En «The Studio», la serie de Seth Rogen, se muestra el caos creativo de un estudio donde todos hablan de arte mientras hacen números con Excel. Leyendo tu novela es inevitable pensar que aquí no estamos tan lejos de ese modelo. ¿Qué puntos en común ves entre ambos contextos?
Bueno, es que todavía no he visto «The Studio», aunque me muero de ganas. Imagino que es lo que decía de lo unidos que van hoy en día el proceso de creación de una historia y el proceso de creación de su campaña promocional, hasta el punto en el que pueden llegar a ser la misma cosa.
Diría que el punto de conexión entre el Hollywood actual y la España de toda la vida sería Marisol, con quien abro la novela. Marisol fue la primera súper campaña de marketing española, cumpliendo con todos los checkpoints que debe cumplir una campaña actual. Eso fue en los años sesenta y bajo una dictadura fascista, lo cual me imagino que daría bastante miga para un capítulo de «The Studio».
“Marisol fue la primera súper campaña de marketing española.”
Has dicho que con Venga Monjas viviste muchas situaciones que ahora cobran sentido dentro del libro. ¿Qué has entendido hoy, desde la distancia, sobre aquella etapa de experimentación radical que marcó vuestra carrera? ¿Sientes que hoy habría más espacio para ese tipo de propuestas o seguimos en la misma?
Sí, creo que hoy hay más espacio para este tipo de propuestas, solo que los fenómenos hoy en día son más fugaces y para nichos de público cada vez más concretos. Como el fenómeno del «brainrot italiano» en TikTok, que me parece mucho más loco y raro que todo Venga Monjas junto, y que ha explotado a nivel mundial. Solo que, para cuando se publique esta entrevista, imagino que ya será algo del pasado. Utilizar las redes sociales para experimentar me parece la opción más interesante, en lugar de usarlas para intentar ganar fama o incrementar números.
¿Crees que la autoficción es una forma de protegerse o de exponerse más todavía? ¿Cómo decidiste hasta dónde querías llegar en términos de verdad emocional?
Bueno, en ningún momento me lo planteé como autoficción, y de hecho tampoco ahora lo haría. Mi proceso de escritura es el de arrancar con una historia que me interesa, y a lo largo del proceso ir descubriendo de qué trata realmente. No sé cómo terminará la historia, simplemente dejo que me guíe.
“Mi proceso de escritura es el de arrancar con una historia que me interesa.”
Es un proceso de descubrimiento muy guay, que en algún momento se convierte en autodescubrimiento, porque de repente encuentro la parte de la historia que soy yo, que conecta con algo profundísimo de mí. Cuando pasa eso es una maravilla, es como desbloquear cien nudos mentales de golpe. Pero ya te digo, soy yo mismo el primer sorprendido.
La novela también está atravesada por el cansancio: el agotamiento de intentar encajar, de justificar ideas, de defender lo que no se puede explicar. ¿Qué fue lo más difícil de escribir desde ese lugar? ¿Te obligó a repensar tu relación con la industria?
No tanto la relación con la industria sino más bien la idea de alguien intentando crear algo nuevo en un mundo en el que absolutamente TODO es contenido. Un mundo con cada vez más pantallas, en el que justamente la protagonista se queda desconectada, a oscuras, sin pantallas, sin ni siquiera opción de saber qué hora ni qué día es. Eso me gustaba mucho: que Maya fuese una náufraga en el océano de sus propios recuerdos cinematográficos, completamente perdida.
En un momento del libro, una tortuga centenaria se convierte en el símbolo involuntario del proyecto. En otras manos, eso podría haber sido una metáfora forzada, pero aquí funciona con mucha naturalidad. ¿Cómo trabajas ese equilibrio entre lo absurdo y lo real? ¿Crees que el humor sigue siendo la única herramienta válida para contar lo que nos pasa?
Sí, a lo largo de la novela estaba muy interesado en explorar las zonas fronterizas entre la realidad y la ficción, y la figura de un animal actor era perfecta para ello. El show business es capaz de darle fama a un animal, dándole incluso responsabilidades de estrella, pero ese animal no tiene conciencia de qué está pasando en ningún momento, y eso me parece súper inquietante.
Y sobre lo que me preguntas del humor, no sé si es la única herramienta válida, pero desde luego es una muy útil.
Después de haber hecho televisión, cine, webseries y ahora literatura, ¿dónde encuentras hoy más libertad creativa? ¿Qué formato te permite ser más tú sin filtros?
Creo que en la literatura y en el stand up. De formas muy diferentes: en el stand up soy yo cien por cien, y creo que sin filtros, pero no deja de ser un ejercicio de repetición show tras show, puliendo las anécdotas, los chistes… Mientras que la literatura es escribir sobre otras personas, personajes inventados, pero que terminan siendo grandes cachos de mí mismo de una manera casi terapéutica, más que en el stand up.
¿Qué te gustaría que quedara en el lector al terminar Quemar Dinero? ¿Una carcajada, una incomodidad, una revelación, o simplemente una forma de entender que fracasar también es parte del proceso creativo?
Pues la verdad es que no me lo había planteado. Toda la novela la planteé como una gran leyenda urbana, como un cuento de miedo de los que se explican alrededor de una hoguera en una acampada, así que me imagino que la sensación final perfecta sería una especie de estupefacción gustosa, algo así como un morbillo que te empuja a pensar: «¿y si alguna de estas cosas terribles que me acaban de contar fuese cierta…?»
“Toda la novela la planteé como un cuento de miedo de los que se explican alrededor de una hoguera en una acampada.”
Este es tu segundo libro, pero da la sensación de que has encontrado una voz muy propia en la narrativa. ¿Te ves escribiendo más ficción en el futuro? ¿Hay vida para Maya Blanco más allá del papel? ¿Quizás en forma de serie, película… o incluso el merchandising que en la novela parecía tan absurdo?
En forma de serie o película diría que es imposible porque el hecho de que toda la novela esté construida con referentes cinematográficos y caras conocidas hace que una adaptación mínimamente fiel sea, de verdad, la producción más cara de la historia. Así que dejar cualquier posible adaptación en manos del merchandising me parecería lo más coherente, sí. Me encantaría que convirtiesen toda la novela en muñecos del Happy Meal.
“Me encantaría que convirtiesen toda la novela en muñecos del Happy Meal.”
Y sobre lo de escribir más ficción, ¡por supuesto!

«Quemar Dinero» es una novela ingeniosa, divertidísima y sorprendentemente certera. Xavi Daura ha escrito una sátira afilada y brillante que se lee con carcajadas, pero también con una inquietud muy real. Una historia que hace explotar los códigos de la industria desde dentro y que, entre tanto delirio, termina diciendo verdades incómodas. La recomendamos muchísimo: pocas veces el fracaso había sido tan entretenido.
(*) Foto portada: Dani Riba.