Kamila Solarz: la belleza silenciosa de lo que se transforma

La obra de Kamila Solarz se sitúa en ese espacio casi imperceptible donde ocurren las cosas importantes: el instante en el que algo empieza a cambiar. Su mirada no busca capturar lo evidente, sino acompañar los procesos, observarlos sin intervenir, dejando que la imagen emerja desde la propia transformación.

Fotógrafa afincada en Barcelona, su práctica se mueve entre lo analógico y lo digital, explorando la relación entre materia, luz y presencia. En «Cycles», su proyecto más íntimo, Solarz trabaja con flores como metáfora y materia viva, siguiendo durante meses su evolución natural: desde la apertura hasta la desaparición.

El resultado es una investigación visual y sensorial donde cada imagen funciona como una huella del tiempo. Las capas no se sustituyen, se acumulan; las formas no desaparecen, se transforman. Un gesto que conecta con una idea esencial: todo permanece, aunque sea de otra manera.

En esta entrevista, Kamila Solarz nos abre las puertas de «Cycles»: un proyecto que trasciende la fotografía para convertirse en una reflexión sobre el ritmo, la materia y la forma en la que habitamos nuestros propios procesos.

Cycles explora la transformación y los ciclos naturales a través de las flores. ¿En qué momento surgió la idea de convertir este proceso en un libro de artista, además de la exposición?

Empecé a trabajar en el proyecto a principios de la primavera pasada, con el despertar de las flores, tras mi viaje a la India, que se convirtió en un punto de partida e inspiración.

Primero fotografié sus transformaciones durante varios meses, volviendo al estudio cada día. Posteriormente, las fotografías se imprimieron en un papel japonés extremadamente delicado, casi ingrávido.

En las piezas de mayor formato, se superponen para mantener esa sensación de que no se sustituyen unas a otras, sino que existen dentro de las demás, formando un ciclo sin un inicio ni un final claros.

A medida que las imágenes iban formando parte de estas composiciones, empecé a sentir la necesidad de que también existieran por sí mismas. Ahí surgió la idea del libro.

El libro revela las capas que componen cada obra. ¿Cómo pensaste este formato editorial para que el lector pudiera experimentar el proyecto de una manera distinta a la exposición?

El interior de la caja, que está hecha a mano, contiene en su interior 10 sobres, cada uno dedicado a una flor. Dentro hay pequeñas reproducciones de cada fotografía que compone las piezas de gran formato. En ellas, las hojas de papel se acumulan y se entrelazan.

El libro crea una forma íntima de descubrirlas, capa a capa.

Junto con un poema, cada sobre contiene fotografías montadas sobre una base debido a su delicadeza. El papel que utilicé está hecho de Kozo (morera) y tiene un gramaje de 7,3 g/m². Es muy delicado y transparente, pero a la vez resistente, y sus fibras se entrelazan de forma visible.

A través del libro, quiero «dar acceso» a experimentarlo, pero también a la forma en que estas capas existen individualmente, como un proceso en sí mismo, invitando a su vez a reflexionar sobre el espacio entre proceso y resultado, algo que exploro en mi práctica.

“A través del libro, quiero invitar a reflexionar sobre la transformación y sobre los procesos que atravesamos nosotros mismos.”

El proyecto se basa en la observación paciente del proceso de apertura y marchitamiento de las flores durante meses. ¿Cómo influyó ese ritmo lento de observación en la concepción del libro?

El proceso de fotografiar las flores durante meses me enseñó realmente la paciencia y a no imponer ninguna narrativa sobre ellas. Cada una se revelaba a su propio ritmo.

Las fotografías son como huellas. Recuerdo la calma que sentía al volver a ellas y simplemente observar lo que había cambiado. Sin forzar, sin intervenir.

Cada flor tenía su propia energía, su propio ritmo y carácter. Era una forma lenta de conocerlas, de descubrir cada etapa. Cada día volvía al estudio sin saber qué me iba a encontrar.

“La naturaleza y los procesos que ocurren en ella son, sin duda, una fuente infinita de inspiración para mí.”

Quería que el libro mantuviera ese mismo ritmo: una forma íntima de descubrimiento, donde encontramos espacio y aceptación para reflexionar sobre la transformación y sobre los procesos que atravesamos nosotros mismos, como parte de la naturaleza.

A través de estas transformaciones, espero que podamos reconocer reflejos de nuestros propios procesos.

Como comentabas, las fotografías están impresas en papel japonés Kozo. ¿Qué te atrajo de este material y qué papel juega en la experiencia del libro?

Llevaba mucho tiempo buscando un material que fuera translúcido, pero al mismo tiempo orgánico, y que me permitiera explorar la idea de «Cycles» y experimentar con el concepto de capas.

Trabajar con papel Kozo fue una experiencia excepcional. Lo que realmente me atrajo fue esa dualidad: su extrema delicadeza y, al mismo tiempo, su resistencia. De alguna manera, refleja la propia flor.

El proceso de fabricación también es lento: cómo las fibras crecen, se recolectan, se pelan y se sumergen en agua. Contiene el tiempo en sí mismo.

Para poder imprimir en él, tuve que desarrollar una técnica, aprenderla y comprenderla. Requirió paciencia y atención.

En el libro, el papel se convierte en una especie de elemento protegido, como una huella, un registro. Para mí es importante que pueda tocarse, que puedas acercarte a él y observarlo en detalle.

“Para poder imprimir en Kozo, tuve que desarrollar una técnica, aprenderla y comprenderla.”

En Cycles, las capas de imágenes funcionan casi como la memoria: nada desaparece, todo permanece de alguna manera. ¿El libro busca también preservar ese gesto de acumulación del tiempo?

Para mí, el libro está más anclado en el presente. Reconoce el pasado y el futuro, pero ninguna de las etapas de transformación domina sobre las demás.

Cada sobre contiene la huella de cada etapa, y son para mí como recordatorios de la naturaleza cíclica del tiempo. Aquí, las capas no se entrelazan para crear una única imagen, sino que podemos entrar en la presencia de cada una, mientras siguen unidas por el sobre.

Me gustaría que el espectador pudiera encontrarse en estas flores, sentirse conectado con los procesos que ocurren dentro de nosotros y, quizá, descubrir distintos estados de cada flor, recordando siempre el cambio continuo, el acoger y el dejar ir, y cómo ambos están conectados.

“Cada sobre contiene la huella de cada etapa, y son como recordatorios de la naturaleza cíclica del tiempo.”

Cada sobre del libro contiene una reproducción de las imágenes y un poema escrito por ti. ¿Cómo dialogan la fotografía y la palabra dentro de este objeto editorial?

Las palabras fueron escritas después de fotografiar cada flor. Para mí fue como describir un encuentro. Cómo veía y sentía esa presencia que se desplegaba frente a mí. Un diálogo con la flor.

Las palabras también transmiten sus personalidades para mí. Son un reflejo de su ritmo. Siento que es otra huella de la vida que contienen, vista y sentida a través de mí. Las palabras aportan movimiento. Capturan la energía del paso de un estado a otro, lo que sucede entre ambos.

La exposición presenta primero las composiciones finales y después el proceso. ¿El libro sigue esa misma lógica narrativa o propone otra forma de recorrer el proyecto?

La intención del libro es contener el proyecto en otra forma. En lugar de ver el ciclo completo de una sola vez, está más anclado en el presente, en la observación cercana de cada etapa.

Invita al lector a sumergirse en la experiencia actual, a percibir los detalles y las transformaciones sutiles.

Al mismo tiempo, el libro refleja la estructura de las piezas de gran formato. Muestra las capas que más tarde se acumulan en las composiciones finales, por lo que, en cierto modo, también se convierte en un proceso de las obras mayores.

Además, juega con ambas escalas: la presencia íntima, momento a momento, de cada etapa, y la forma en que estas etapas se unen para formar el ciclo completo.

En tu práctica artística aparece una fuerte relación entre naturaleza, tiempo y presencia. ¿Dirías que el libro permite una experiencia más íntima o meditativa de estas ideas?

La naturaleza y los procesos que ocurren en ella son, sin duda, una fuente infinita de inspiración para mí. Mi intención era que el libro abriera un espacio para una experiencia meditativa de estos temas.

Espero que sea un objeto al que volver, para reflexionar sobre la transformación como un movimiento continuo, sobre acoger y dejar ir, y sobre mirarnos como jardines vivos, donde las cosas nacen, se desvanecen y se transforman.

El diseño del libro fue desarrollado junto a Paula Illescas. ¿Cómo fue ese proceso de colaboración?

La colaboración con Paula fue muy intuitiva. Trabajó junto a mí durante todo el proyecto, y vio cómo iba tomando forma.

“Paula Illescas desarrolló todo el diseño gráfico de la exposición y juntas trasladamos la idea a un objeto.”

Ella desarrolló todo el diseño gráfico de la exposición y juntas trasladamos la idea a un objeto. La verdad es que entendió perfectamente mi intención y compartimos una visión común.

Un momento muy especial fue crear la primera copia con nuestras propias manos, junto a Catalina Risso, quien nos impartió un taller de encuadernación japonesa. Pasamos un día en Taula, creándolo juntas, un día sobre la esencia y el poder de la colaboración: encontrarnos nosotras, encontrarnos con el espacio y fluir en el intercambio.

En el proyecto se percibe una sensibilidad muy marcada hacia la fragilidad y la materialidad. ¿Cómo dialogan el libro, las fotografías y los marcos con esa idea de delicadeza?

Los marcos reflejan la estructura de las obras de gran formato, con tres planos y las fotografías situadas en el central. Fueron creados específicamente para las obras, permitiendo verlas desde ambos lados y, al mismo tiempo, protegerlas. Para mí, los marcos y los sobres son una forma de sostener la obra, de detenerse y atender a su delicadeza, de apreciarla y de ver la fuerza que hay en esa fragilidad, la dualidad que contiene.

Sabemos que un momento clave para comprender los ciclos del proyecto fue tu viaje a India. ¿De qué manera esa experiencia influyó en la forma final del libro y en la narrativa de Cycles?

Mi viaje a la India cambió la forma en que veo los procesos que atravesamos. Me hizo entender la transformación no como algo que se completa, sino como un movimiento constante.

India me dio una sensación más profunda de ello como algo continuo, cíclico. La vida y la muerte estaban presentes allí, una al lado de la otra. La muerte no estaba oculta ni era un tabú.

Presencié rituales en los ghats, donde los cuerpos se entierran al aire libre, visibles para todos. Cubiertos de flores, todo se va convirtiendo lentamente en una misma materia; lo que queda es tomado —por los animales, por el río.

“En India presencié rituales donde los cuerpos se entierran al aire libre. Cubiertos de flores, todo se va convirtiendo lentamente en una misma materia.”

Esa apertura que recibí durante el viaje me permitió observar sin imponer una narrativa al regresar. Y, al estar con las flores día a día, siendo testigo de sus transformaciones, seguí aprendiendo a recibir sus historias y sus ritmos. También me hizo apreciar cada etapa como igualmente importante y bella —no solo la floración. Las flores del proyecto se convirtieron en un espejo de esa reflexión.

Si el libro pudiera leerse como un ciclo en sí mismo, ¿qué te gustaría que el lector descubriera o sintiera al abrir cada sobre y recorrer sus capas?

Las fotografías en cada sobre muestran diferentes estados de transformación. Ninguno es más importante que otro. El sobre los mantiene juntos, los reúne en un todo. Me gustaría que se sintiera como cuando conocemos a alguien, lentamente.

Para mí, cada flor fue una personalidad distinta por descubrir. Cada una contiene una energía diferente ,en la que quizá puedas reconocerte. Tal vez una distinta cada vez.

“Para mí, cada flor fue una personalidad distinta por descubrir. Cada una contiene una energía diferente, en la que quizá puedas reconocerte.”

Otra forma de mirar el tiempo

«Cycles» propone otra forma de mirar el tiempo. En su sutileza, en su fragilidad aparente, reside una fuerza silenciosa que nos invita a observar desde otro lugar. Kamila Solarz construye un lenguaje en el que la imagen deja de ser solo representación para convertirse en experiencia: un espacio donde detenerse, mirar y, quizás, reconocerse en el cambio constante que nos atraviesa.

Aunque la exposición en Taula finalizó, Solarz prepara una nueva muestra el próximo 7 de mayo en el espacio de Barbara Aurell en Barcelona – Movimiento en Blanco ( C/ Martínez de la Rosa 16, Barcelona).

Su libro-joya, en una primera edición limitada de 50 copias realizadas por artesanos locales de Barcelona, está disponible a través de su web y también en Barcelona Common Air Book Fair 2026 (17–19 de abril).

BACK
BACK TO TOP