Muller Van Severen: cuando el diseño se convierte en escultura habitable
En el panorama internacional del diseño contemporáneo, pocos nombres han sabido trazar un camino tan singular y poético como Muller Van Severen, el estudio belga fundado en 2011 por la pareja artística Fien Muller y Hannes Van Severen. Su trabajo, que se sitúa en la intersección entre arte y diseño, ha conquistado tanto a coleccionistas como a instituciones, desde el Centre Pompidou hasta el Vitra Design Museum, y ha marcado una nueva manera de entender la relación entre objeto, espacio y experiencia.


Lo que distingue a Muller Van Severen no es solo la estética depurada de sus piezas, sino la capacidad de otorgar alma a la funcionalidad, transformando una silla en escultura, una lámpara en arquitectura, una estantería en un gesto espacial que invita a la contemplación. Su obra respira la claridad del minimalismo, pero sin caer nunca en la frialdad: hay humor, juego, intuición y, sobre todo, una búsqueda constante de humanidad en lo esencial.
Desde su estudio en Gante, trabajan tanto en proyectos autoeditados como en colaboraciones con marcas internacionales como valerie_objects, Bitossi, HAY o BD Barcelona Design. Sus piezas, que combinan materiales nobles con un lenguaje gráfico y colorista, han sido descritas como «mini arquitecturas» por su capacidad de organizar el espacio más allá de su función inmediata.
La historia de Muller Van Severen es también la de un diálogo permanente entre dos sensibilidades: la de Fien, formada como fotógrafa, y la de Hannes, con raíces profundas en la tradición escultórica. Esa combinación ha dado lugar a un vocabulario único, donde cada mueble trasciende la etiqueta de objeto para convertirse en experiencia estética.
En esta conversación exclusiva con CC/magazine, Fien y Hannes comparten su visión sobre los límites entre arte y diseño, la importancia de la materialidad, el equilibrio entre forma y función, y sus planes de futuro.
Vuestro trabajo se mueve en ese límite difuso entre arte y diseño. Para vosotros, ¿en qué momento una pieza deja de ser escultura para convertirse en objeto funcional?
Siempre intentamos encontrar un equilibrio entre una forma interesante y una función práctica, de la manera que nos parezca más adecuada. La forma y la función deben guiarse mutuamente: tienen que hacer que la otra resulte interesante.

La idea es hacer que un elemento funcional sea lo más interesante posible en términos de forma y mirarlo de una manera distinta. Para nosotros, cualquier objeto que diseñamos tiene el potencial de ocupar el espacio como una escultura. Pero si se percibe como funcional, decorativo o algo completamente diferente, eso queda en manos del público.
“Cualquier objeto que diseñamos tiene el potencial de ocupar el espacio como una escultura.”

Habéis hablado de repensar el diseño del mobiliario evitando distracciones innecesarias. ¿Cómo decidís qué permanece y qué se elimina en una pieza?
Efectivamente eliminamos lo que es innecesario, pero debemos asegurarnos de que de esa manera no se vuelva aburrido. No somos minimalistas, pero sí nos gusta la claridad. Con lo poco que queda, queremos hacerlo lo más estimulante posible en cuanto a material, acabado, forma y color. Hay que sentirse lo más libre posible con lo poco que se tiene.

En vuestro trabajo conviven opuestos como introversión y extroversión, presencia y ausencia, feminidad y masculinidad. ¿Qué pieza consideráis que refleja mejor esa dualidad?
Nuestra Marble Box es un buen ejemplo.
La materialidad es un eje central en vuestro trabajo. ¿Qué cualidades debe tener un material para que decidáis incorporarlo a una pieza?
Nos gustan los materiales sólidos, fuertes, y utilizarlos de una manera ligera y elegante.
El metal suele ser el pegamento en nuestras obras. Nos permite crear algo fuerte y, al mismo tiempo, ligero y aéreo.
“El metal suele ser el pegamento en nuestras obras.”
La pureza de la forma es una de las señas de identidad de vuestras colecciones. ¿Cómo conseguís que el minimalismo se sienta cálido y acogedor, y no frío o distante?
Usando los materiales, colores y formas adecuadas. La mezcla correcta de todos ellos es la clave.

La colaboración ocupa un lugar esencial en vuestro estudio, desde artesanos locales hasta marcas globales. ¿En qué se diferencia vuestro proceso creativo cuando trabajáis en proyectos propios frente a colaboraciones con firmas como BD Barcelona o valerie_objects?
En realidad no es tan diferente. La principal diferencia es que cuando creamos algo para nuestra propia producción o para una galería, tenemos que encargarnos de todo nosotros mismos, de principio a fin. Pero cuando se trata de una marca, ellos suelen ocuparse de la ejecución. Encuentran a los fabricantes, buscan los materiales y coordinan con las personas adecuadas para garantizar la calidad y la artesanía.
Habéis comentado que conectar disciplinas forma parte de vuestro proceso creativo. ¿Podéis compartir un ejemplo de una influencia inesperada que haya dado forma a uno de vuestros diseños?
En los jarrones que diseñamos para Bitossi, de repente vimos modelos para unos armarios fantásticos. Fue un momento eureka, realmente increíble. Una cosa no tiene nada que ver con la otra, salvo por la forma. La base del jarrón se convirtió en la base de un armario.

Muchas de vuestras piezas parecen arquitecturas en miniatura. ¿Diseñáis con una narrativa espacial en mente o esa dimensión surge de manera orgánica?
La arquitectura es una referencia constante en nuestro trabajo — no solo en la forma, sino en cómo pensamos el espacio, la estructura y la función. Nos interesa cómo un objeto puede sugerir refugio, umbral o experiencia espacial, incluso a pequeña escala.

El pensamiento arquitectónico nos impulsa a considerar cómo una pieza se relaciona con su entorno, cómo se entra en ella o se interactúa con ella, y cómo ocupa el espacio a lo largo del tiempo. El objetivo no es replicar edificios en miniatura, sino destilar ideas arquitectónicas en objetos que inviten a la interacción y a la contemplación.
“El objetivo es destilar ideas arquitectónicas en objetos que inviten a la interacción y a la contemplación.”
Después de más de una década trabajando juntos, ¿cómo ha evolucionado vuestro diálogo creativo como dúo? ¿Hoy os retáis más o menos que en los primeros años?
No es muy diferente de cómo solíamos hacerlo. La diferencia es que ahora asumimos menos tareas.
Antes hacíamos absolutamente todo nosotros mismos: transportar, acabar las piezas, embalar, montar exposiciones… Ahora podemos centrarnos mucho más en el simple hecho de diseñar.

Vuestro trabajo forma parte ya de colecciones de instituciones como el Centre Pompidou o el Vitra Design Museum. ¿Cómo influye ver vuestras piezas en un contexto museístico a la hora de pensar en futuros diseños?
Es un impulso. Te da una sensación de credibilidad, motivación, incluso orgullo. Es uno de los mayores cumplidos que se pueden recibir. Pero no cambia nuestra manera de trabajar, ni hace que diseñemos de forma distinta. Más bien significa: «estáis haciendo un buen trabajo».
De cara al futuro, ¿qué campos de exploración o materiales os generan más curiosidad en este momento?
Veremos qué se cruza en nuestro camino. Lo cierto es que el descubrimiento casual de un material o de una idea puede surgir en cualquier momento y lugar. A menudo nos ocurre que encontramos nuevos materiales o ideas mientras estamos de viaje.
“Encontramos nuevos materiales o ideas mientras estamos de viaje.”

¿Cuáles son vuestros planes y aspiraciones para los próximos años, tanto a nivel creativo como en lo que respecta a colaboraciones?
En este momento estamos en conversaciones con algunas marcas nuevas muy interesantes, aunque todavía no podemos dar más detalles. Mientras tanto, seguimos desarrollando nuestro trabajo a través de galerías, colaboraciones con marcas y nuestras propias producciones.
También estamos trabajando en un libro, sobre el que podremos compartir más información muy pronto. Es gratificante explorar estas distintas direcciones y permitir que cada proceso avance a su propio ritmo.
Un futuro abierto a la experimentación
A lo largo de más de una década, Muller Van Severen han conseguido crear un lenguaje propio, reconocible y profundamente coherente, sin dejar de reinventarse. Su obra es testimonio de cómo el diseño puede ser a la vez funcional y poético, útil y contemplativo, mínimo y exuberante.
El futuro para ellos parece tan abierto como sus procesos creativos: nuevos materiales, colaboraciones, proyectos editoriales y, sobre todo, la convicción de que el diseño puede ser un vehículo de libertad y descubrimiento.
En sus palabras, no se trata de decidir si un objeto es arte, diseño o arquitectura, sino de dejar que ocupe su lugar en el espacio y en la vida de las personas, invitando a la interacción y a la emoción. Un recordatorio, quizá, de que el mejor diseño no es aquel que simplemente se utiliza, sino aquel que también se vive.

(*) Fotos proporcionadas por Club Paradis.





