Fujiko Nakaya y el arte de transformar lo invisible

La pionera de las esculturas de niebla toma la Bourse de Commerce de París con una nueva intervención que dialoga con la arquitectura de Tadao Ando y con más de cinco décadas de investigación sobre la percepción.

La niebla suele entenderse como una condición atmosférica. Para Fujiko Nakaya, sin embargo, es también un material escultórico. Desde principios de los años setenta, la artista japonesa ha desarrollado una práctica única en la historia del arte contemporáneo, utilizando vapor de agua para crear instalaciones que alteran la percepción del espacio y modifican la relación entre el cuerpo, la arquitectura y el entorno.

Este verano, Nakaya presenta una nueva intervención en la Bourse de Commerce – Pinault Collection de París. Titulada Cloud #07156, la obra ocupa la monumental Rotonda del edificio y establece un diálogo particularmente significativo con la arquitectura concebida por Tadao Ando para la institución parisina. Más que una pieza concebida para ser observada a distancia, la instalación modifica temporalmente las condiciones del espacio y convierte la atmósfera en parte esencial de la experiencia arquitectónica.

Una trayectoria construida a partir de un material inasible

A sus 91 años, Fujiko Nakaya ocupa una posición singular dentro del panorama artístico internacional. Aunque hoy las esculturas de niebla forman parte del imaginario del arte contemporáneo, cuando comenzó a trabajar con ellas a finales de los años sesenta no existía ningún precedente comparable.

“La primera gran intervención de Fujiko Nakaya se presentó durante la Exposición Universal de Osaka de 1970.”

Su primera gran intervención se presentó durante la Exposición Universal de Osaka de 1970. Allí desarrolló una de las primeras esculturas de niebla a gran escala, un proyecto que marcó el inicio de una investigación artística que continúa más de medio siglo después. Desde entonces, sus instalaciones han sido exhibidas en museos, parques, espacios públicos y edificios emblemáticos de todo el mundo, adaptándose siempre a las condiciones específicas de cada emplazamiento.

A diferencia de una escultura tradicional, las obras de Nakaya no poseen una forma fija. Se construyen mediante sistemas de pulverización de agua a alta presión que generan partículas microscópicas capaces de crear densas masas de niebla. El resultado depende constantemente de factores externos como la temperatura, la humedad o las corrientes de aire, de modo que cada aparición de la obra es distinta de la anterior.

Esta condición variable ha sido una de las claves de su trabajo desde el principio. Lejos de perseguir la permanencia asociada históricamente a la escultura, Nakaya ha desarrollado un lenguaje artístico basado en la transformación continua.

Del laboratorio a la práctica artística

La relación de la artista con los fenómenos atmosféricos tiene también una dimensión biográfica. Su padre, Ukichiro Nakaya, fue uno de los científicos más influyentes en el estudio de los cristales de nieve y logró crear nieve artificial en laboratorio por primera vez.

Aunque Fujiko Nakaya desarrolló una trayectoria independiente dentro del arte contemporáneo, el interés por los procesos naturales y por las formas cambiantes de la materia ha acompañado su trabajo desde sus inicios. No resulta casual que eligiera precisamente la niebla como medio de expresión. Se trata de un fenómeno que existe en constante transformación y que desafía cualquier intento de fijar una imagen definitiva.

Esa relación entre ciencia, tecnología y naturaleza ha convertido su obra en una referencia para varias generaciones de artistas interesados en los sistemas medioambientales y en los procesos vivos. Mucho antes de que cuestiones como la ecología o la sostenibilidad ocuparan un lugar central en el debate cultural, Nakaya ya trabajaba con fenómenos naturales como parte esencial de su práctica.

Un diálogo con Tadao Ando

La presentación de Cloud #07156 en la Bourse de Commerce adquiere una dimensión especial por el contexto arquitectónico en el que se desarrolla.

Cuando Tadao Ando transformó el histórico edificio parisino para albergar la colección de François Pinault, introdujo en su interior un gran cilindro de hormigón que reorganiza la circulación y define la experiencia espacial del museo. La intervención se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del proyecto y en una de las aportaciones arquitectónicas más relevantes realizadas en París durante los últimos años.

La obra de Nakaya se instala precisamente en ese espacio central.

La niebla altera temporalmente la lectura de la arquitectura, modifica la percepción de las proporciones y transforma la relación entre los visitantes y el edificio. Las superficies de hormigón desaparecen parcialmente y vuelven a revelarse a medida que la nube se desplaza. La Rotonda deja de percibirse como una estructura estática para convertirse en un entorno cambiante donde la visibilidad fluctúa constantemente.

Más que intervenir la arquitectura, Nakaya parece trabajar con aquello que normalmente permanece fuera de ella: el aire, la humedad, la luz y los movimientos imperceptibles que recorren el espacio.

La influencia de Japón más allá de la estética

La obra de Fujiko Nakaya suele asociarse a una sensibilidad japonesa, aunque no tanto por cuestiones formales como por su manera de entender el espacio y la percepción.

En muchas de sus instalaciones, la atención se desplaza desde el objeto hacia las relaciones que se establecen entre los elementos.

La niebla no funciona como una forma escultórica convencional, sino como una condición que modifica la experiencia del entorno. Lo importante no es la nube en sí misma, sino lo que ocurre cuando esta aparece.

Esta aproximación conecta con ciertas tradiciones culturales japonesas en las que conceptos como la impermanencia, la transformación o la atención al entorno desempeñan un papel fundamental. Sin necesidad de recurrir a símbolos evidentes, la obra de Nakaya incorpora una visión del espacio que se aleja de la monumentalidad occidental y se aproxima a una percepción más dinámica y cambiante de la realidad.

“Su padre fue uno de los científicos más influyentes en el estudio de los cristales de nieve y logró crear nieve artificial en laboratorio por primera vez.”

Una figura clave en la historia del arte contemporáneo

La influencia de Fujiko Nakaya trasciende ampliamente el ámbito de las esculturas de niebla. Su trabajo formó parte del contexto experimental que surgió en torno a Experiments in Art and Technology (E.A.T.), la plataforma creada en los años sesenta para fomentar la colaboración entre artistas, ingenieros y científicos.

En aquel momento, muchos creadores comenzaron a explorar las posibilidades de la tecnología como herramienta artística. Sin embargo, mientras buena parte de aquellas propuestas quedaron ligadas a los dispositivos de su época, la obra de Nakaya mantiene una sorprendente capacidad de adaptación.

Quizá la razón resida en que nunca utilizó la tecnología como un fin en sí mismo. Los sistemas técnicos que hacen posible sus instalaciones permanecen en segundo plano. Lo esencial sigue siendo la experiencia física del espacio y la capacidad de alterar la percepción del visitante mediante elementos tan básicos como el agua, el aire y la luz.

Una intervención para la Bourse de Commerce

La llegada de Cloud #07156 confirma la voluntad de la Pinault Collection de situar la arquitectura y el espacio expositivo en el centro de su programación. La instalación no ocupa simplemente la Rotonda; redefine temporalmente la forma en que esta puede ser experimentada.

Más de cinco décadas después de sus primeras esculturas atmosféricas, Fujiko Nakaya continúa demostrando que algunas de las investigaciones más radicales del arte contemporáneo no pasan necesariamente por la incorporación de nuevas herramientas, sino por la capacidad de observar de otra manera aquello que siempre ha estado delante de nosotros.

“La niebla no funciona como una forma escultórica convencional, sino como una condición que modifica la experiencia del entorno.”

En París, la artista vuelve a trabajar con un material que no puede almacenarse, coleccionarse ni conservarse. Un material que existe únicamente mientras determinadas condiciones lo permiten. Quizá sea precisamente esa fragilidad la que explica la vigencia de una obra que, desde hace más de medio siglo, sigue recordando que la percepción también puede ser un territorio de exploración artística.

(*) Fotos proporcionadas por Presse Bourse de Commerce – Collection Pinault.

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