Entrevista al diseñador industrial Jordi Canudas

Jordi Canudas (Barcelona, 1975) es un grandísimo diseñador barcelonés cuyos trabajos son reconocidos internacionalmente y se pueden encontrar en increíbles lugares como la colección del MoMA de Nueva York o el Museo del Diseño Die Neue Sammlung en Munich. Entre sus diferentes creaciones destaca la lámpara Dipping Light, que se trata de un híbrido entre luminaria, pieza de arte y experimento. Una ecuación que define muy bien su forma de crear y trabajar.

Sin querer desvelaros nada más, os dejamos con la entrevista para que podáis descubrir a través de ella el talento de Canudas. Pasen y lean.

Autodefinición

Me apasionan los fenómenos de la naturaleza, observar una gota colgando de una hoja o un rayo de luz de tarde, iluminando de lado el suelo del bosque…

“De esa observación nace la curiosidad de generar situaciones materiales. Jugar y experimentar con materiales, luz y percepción. Me aburre la repetición y la rutina.”

Soy calmado y metodológico en el hacer, pero inquieto y disperso en el pensar.

¿Qué querías ser de pequeño?

Nunca lo tuve muy claro.

“Me aburría terriblemente la escuela y me costaba mucho estudiar. Con el tiempo aprendí que soy disléxico…”

Por suerte, con mucha paciencia, mis padres consiguieron que llegara a la universidad. Me gustaba la arquitectura pero no me llegaba a la nota, así que acabé en diseño. Viéndolo con perspectiva, creo que fue una gran suerte: ¡menos papeleo! Además, mirando atrás, recuerdo que siempre andaba desmontando o customizando objetos, construyendo cosas… ¡Igual que ahora!

¿Cuándo descubriste a lo que te querías dedicar y cómo fueron tus inicios?

Después de estudiar diseño industria, pasé unos años trabajando en arquitectura efímera, colaborando con empresas y estudios de arquitectura hasta que, ya con 30 años, me fui a Londres. Primero para aprender inglés y buscarme la vida, y luego para estudiar en el Royal College of Art, donde se engendró mi manera de hacer.

¿Cómo definirías tu estilo?

No creo que tenga un estilo definido. Trabajo a partir de una metodología propia, experimentando con materiales. Durante este proceso me interesa lo que pasa y la parte formal suele ser espontánea, caótica, sucia. Muchas veces los proyectos acaban así. Otras veces generan suficiente interés como para seguir trabajando en ellos y se va depurando la parte estética hasta convertirlos en instalaciones o productos.

Diseñadores de todos los tiempos a los que admiras

Richard Serra, Rebecca Horn, Olafour Eliasson… son artistas, pero considero que trabajan como diseñadores. A veces las disciplinas se difuminan…

¿Qué puedes contarnos sobre la historia de la Dipping Light?

Empezó como un experimento en el que sumergía una bombilla encendida en un cubo de pintura. La idea era crear la pantalla de la lámpara con pintura directamente encima la bombilla. Como una sola capa de pintura no oscurecía suficientemente la luz, le aplicamos más capas, y entonces aparecieron las líneas y el degradado característico de la Dipping. El proyecto se desarrolló como una instalación «performativa» en el escaparate del mítico restaurante Il Giardinetto en Barcelona. Fue un encargo del festival Undrestanding Design. Allí tuvimos una bombilla subiendo y bajando, y entrando en pintura de color verde, y con la base de latón salió la Giardinetto’s Green. Hicimos una pequeña edición y nos las quitaron de las manos. Luego aparecieron los colores y pasó a llamarse Dipping Light. Fuimos produciendo en pequeñas cantidades hasta que tuvimos un pedido grande de la tienda del MoMa. En aquel momento nos vimos superados, ya que no contábamos con los medios necesarios, pero por suerte apareció Marset, una empresa con tradición, conocimiento industrial y con la infraestructura comercial imprescindible, y pudimos volver a lo nos gusta, a lo que sabemos hacer.

La verdad es que el proyecto ha crecido mucho con Marset. Ellos le dieron mucha calidad al producto y enseguida desarrollamos la familia con aplique, suspensión.

“Visto en perspectiva me doy cuenta que no solamente diseñamos una lámpara, también inventamos un sistema.”

El proceso de producción sigue siendo muy parecido a lo que era al principio. Se hacen en la Dipping room, un espacio acondicionado donde se siguen sumergiendo pintura manualmente. Por ello, todas son distintas, y con la lámpara encendida se pueden ver posibles imperfecciones. Sigue siendo una performance.

¿Qué recuerdos guardas del colectivo londinense OKAY Studio y de tu experiencia en Londres? ¿y qué tal fue tener a Ron Arad como profesor?

OKAY Studio somos un grupo de amigos que nos conocimos estudiando en el RCA, una experiencia intensa que nos unió mucho. Tras aquello, seguimos juntos compartiendo estudio y algunas aventuras, e incluso algunos proyectos. Son mi familia londinense. Los que viven en Londres siguen compartiendo estudio y taller, así que cuando voy siempre tengo un lugar para sentirme en casa. Ahora que viajo mucho menos por el Covid-19, ¡les echo de menos!

Me gustan mucho algunos diseños de Ron Arad y muy poco algunos otros, pero le respeto enormemente sobre todo por su afán de innovación. Siempre buscando nuevas aplicaciones inteligentes a materiales y tecnologías.

“Como tutor, Ron Arad era muy duro. Si no lograba empatizar con tu proyecto, se largaba sin dar más explicaciones. Sin embargo, si le interesa lo que hacías, te daba un feedback breve, muy fino, agudo, y siempre daba en el punto clave del proyecto. Tiene una inteligencia brillante.”

Tu trabajo se exhibe internacionalmente y se puede encontrar en la colección del MoMA de Nueva York y el Museo del Diseño Die Neue Sammlung en Munich, entre otros. ¿Cómo te sientes al haber logrado estos hitos y al ver como tu trabajo es reconocido de esta manera?

Te da más confianza. Los proyectos de investigación en diseño, que no responden directamente a un mercado, a menudo son difíciles de contextualizar, ya que no tienen una aplicación directa. El reconocimiento de estas instituciones te da confianza para seguir. Cómo palmaditas en la espalda.

Hace poco diseñaste un colorido trofeo para los premios Young Guns 2019, organizado por The One Club for Creativity. ¿Cómo surgió esta colaboración?

Fue una propuesta de Hey Studio, quien diseñó toda la identidad de ese año. El trofeo siempre es un cubo de 3×3 pulgadas y Hey Studio trabajó el color. Hicimos varias propuestas y después de varios experimentos con gelatina y caramelo se definió el diseño. Luego los fabricamos en resina.

¿Qué objeto te hubiese gustado diseñar? la lampara Eclisse de Vicco Magistretti ¿y en qué proyecto andas involucrado en estos momentos?

“Ahora mismo estoy empezando a investigar sobre tejidos para un proyecto propio que hace tiempo quiero desarrollar.”

¿De cuál de tus diseños te sientes más orgulloso?

Hay dos proyectos que han marcado mi carrera: La Less Lamp, que se tiene que romper para dejar salir la luz. Se publicó y se expuso en todo el mundo, pero a pesar de que se llegó a producir industrialmente, nunca funcionó muy bien como producto. La dipping Light mantiene esa misma parte «performativa» con el sistema de inmersión pero independientemente de esto, ha funcionado muy bien como producto.

Es una lámpara muy completa. El reto ahora es ¡conseguirlo de nuevo!

También das clase en la Escuela Superior de Diseño Elisava en Barcelona. ¿Qué tal es estar en el otro lado y cómo consigues organizarte para poder hacer tantas cosas?

¡Estar al otro lado es mucho más fácil! Para poder seguir con el estudio y las clases mi secreto es nunca dedicar más de dos días por semana a la Universidad, para que haya tiempo para el estudio. Bueno, eso y… ¡muchas noches repasando proyectos! Solamente imparto clases de proyectos, porque soy demasiado disléxico para las teóricas ;-)

Como construimos las clases con equipos de tutores muy competentes y diversos, me resulta muy enriquecedor. En Elisava hay una reflexión muy interesante sobre el futuro de la profesión y la responsabilidad de formar a profesionales capaces de intervenir positivamente en este escenario. El diseño (de producto) puede seguir muy ligado a la industria pero también a la sociología o la biología, a la tecnología…

“Me considero afortunado de poder seguir en la Universidad, me conecta con el futuro.”

¿Qué tiene Barcelona que no tengan otras ciudades, además de ser tu ciudad natal?

Bar-Cel-Ona que dijo Mariscal; Muchos bares, un buen clima y el mar. Y ¡muchos amigos! Pero también mucha densidad. Cuando has vivido en ciudades más esponjosas, con más zonas verdes y calles tranquilas te das cuenta de eso. Ahora nos hemos mudado al campo cerca de Barcelona; más verde, más silencio, más tranquilo para los niños.

¿Qué tiene que tener un diseño para que te guste? ¿funcionalidad y estética deben ser un must?

“Para que un diseño me guste debe ser innovador, que aporte algo positivo, que sume al conocimiento ancestral del que partimos.”

La estética es un must, ya que sin ella ¡nada puede funcionar bien!

Lugar favorito en el que perderte…

En el bosque, donde más siento el ecosistema del que formamos parte.

Un sueño…

Un futuro para nuestros hijos. Que los humanos aprendamos a gestionar sosteniblemente los recursos que tenemos.

(*) Foto portada: Alba Yruela. Foto Less Lamp: Beatriz Janer. Foto premio: Enric Badrinas.


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