Ezequiel Pini y la nueva vida de la Casa Semienterrada

Ezequiel Pini, artista argentino y fundador del estudio Six N. Five convierte una de las viviendas bioclimáticas más emblemáticas del Maresme en su nuevo hogar y estudio, proyectando desde ahí una forma de habitar el futuro donde lo digital y lo natural se entrelazan en armonía.

En lo alto de una colina, semienterrada entre la vegetación autóctona, se alza una joya arquitectónica que parece respirar al ritmo del paisaje. Diseñada en 1986 por el arquitecto Javier Barba, la Casa Semienterrada fue pionera en sostenibilidad y arquitectura bioclimática en España. Hoy, casi cuatro décadas después, inicia un nuevo capítulo de su historia de la mano de Ezequiel Pini, artista digital y fundador del reconocido estudio Six N. Five, quien ha decidido convertir este refugio orgánico en su hogar, espacio creativo y centro de una nueva forma de experimentar la relación entre tecnología, arte y naturaleza.

El encuentro emocional con la casa

La historia de esta nueva etapa comienza con una emoción: «Fue como si la casa ya me conociera», confiesa Pini al rememorar la primera vez que visitó la vivienda. El flechazo fue inmediato y visceral, una sensación de reconocimiento silencioso que lo llevó a comprender que había encontrado un espacio capaz de ofrecerle la pausa que tanto buscaba tras años de vida urbana.

Una arquitectura que desaparece en el paisaje

Pero la Casa Semienterrada es mucho más que una vivienda. Diseñada para fusionarse con el terreno, con su cubierta ajardinada y sus muros de hormigón mezclados con minerales de la región, el edificio desaparece en el paisaje y emerge a la vez como una declaración de intenciones. Aquí no hay grandilocuencia, sino un respeto profundo por el entorno y una forma de entender la arquitectura como extensión del terreno y del tiempo.

El arte digital como extensión del entorno

Ese mismo espíritu es el que Pini busca trasladar a su práctica. «La casa tiene un lenguaje que podría haber sido diseñado hoy. Sus curvas, la forma en la que se entierra, cómo dialoga con la luz y con la topografía… todo eso está muy cerca de lo que busco en mis obras digitales», explica. Desde renders oníricos hasta instalaciones contemplativas, su trabajo siempre ha girado en torno a la creación de espacios que envuelven, que sugieren y que respiran. Y ahora, por primera vez, ese universo digital tiene una base física desde la que expandirse.

La decisión de convertir esta casa en su hogar y estudio no fue solo estética o funcional: fue también ideológica. «Es como habitar una visión adelantada», dice sobre el legado de Javier Barba. En un momento histórico en el que la sostenibilidad se ha convertido en una etiqueta de marketing, vivir en una casa que ya fue coherente con esa ética desde su concepción resulta una declaración de principios.

Ezequiel entiende su papel como el de un cuidador que suma una nueva capa a una historia en constante evolución. «No busco rediseñar, sino conversar», afirma. Esa conversación se da tanto con la casa como con el arquitecto y los antiguos propietarios, Ana e Ignacio, con quienes mantiene una relación cálida y de admiración mutua. «Me siento parte de una continuidad, no de una ruptura», concluye.

La tecnología tendrá un papel fundamental en esta nueva etapa, pero no como protagonista visible, sino como atmósfera. «Todos podemos imaginar cómo es la casa de un artista, pero nadie conoce la casa de un artista digital», reflexiona. En su visión, la innovación no sustituye a la naturaleza, sino que la expande. Está desarrollando esculturas que reaccionan a la luz y las estaciones, vegetación que solo puede existir en el plano digital, y zonas donde lo virtual invita a una percepción expandida del espacio. «Lo digital no como distracción, sino como extensión de lo natural», matiza.

Su práctica se ha vuelto cada vez más contemplativa. «Observar la naturaleza y luego traducirla en un entorno digital es profundamente meditativo», asegura. En este sentido, la Casa Semienterrada no solo le ofrece un espacio físico, sino una inspiración viva, un terreno simbólico desde el que explorar nuevas formas de espiritualidad contemporánea a través del arte.

Miradas hacia el futuro

Esa visión se proyecta también hacia el futuro. Ezequiel imagina este lugar dentro de una o dos décadas como un espacio donde el tiempo se desacelera, donde la experiencia va más allá de lo visual y se convierte en sensorial, emocional. Un lugar donde no solo se vive, sino que se crea, se observa y se respira.

Cuando le preguntamos si esta experiencia puede abrir una nueva vía para que otros artistas digitales resignifiquen espacios arquitectónicos, responde sin dudar: «Lo deseo profundamente». Cree que los creadores digitales tienen una capacidad singular para imaginar mundos, y llevar esos mundos al plano físico puede ser el inicio de una nueva forma de habitar.

Al final, lo que está sucediendo en la Casa Semienterrada es mucho más que una mudanza. Es una declaración de intenciones, un gesto poético y una propuesta de futuro. Allí donde la arquitectura bioclimática de los 80 y el arte digital del siglo XXI se encuentran, está naciendo algo nuevo. Un nuevo lenguaje. Una nueva forma de mirar.

Entrevista completa a Ezquiel Pini

¿Qué sentiste la primera vez que visitaste la Casa Semienterrada? ¿Cómo fue ese instante en el que entendiste que querías hacer de ella tu hogar y tu estudio?

Fue como si la casa ya me conociera. Un reconocimiento silencioso.

Había pasado años buscando un espacio que me hiciera respirar distinto, que me diera esa pausa que uno no encuentra en la ciudad. Y, al entrar, todo eso se manifestó. No fue una decisión racional, fue emocional. En ese momento no sabía exactamente cómo, pero supe que quería vivir ahí, compartirlo con mi familia y, en un futuro cercano, desarrollar a su lado un estudio donde todo lo que vengo creando digitalmente pueda tomar cuerpo.

Hoy es hogar. Pronto será también el corazón de nuevas exploraciones.

¿De qué manera sientes que esta casa icónica, concebida hace casi 40 años, dialoga con tu práctica artística y tu visión contemporánea del diseño digital?

La casa tiene un lenguaje que podría haber sido diseñado hoy. Sus curvas, la forma en la que se entierra, cómo dialoga con la luz y con la topografía… todo eso está muy cerca de lo que busco en mis obras digitales. Espacios que no imponen, sino que envuelven. Que sugieren sin necesidad de decir. La arquitectura de Javier ya tenía esa sensibilidad mucho antes de que yo pudiera construirla en mis renders.

Casa Riera fue un hito en arquitectura bioclimática. ¿Qué significa para ti vivir y trabajar en un espacio que ya fue pionero en sostenibilidad antes de que fuera una tendencia global?

Es como habitar una visión adelantada. Esta casa no se pensó para lucirse, sino para convivir con su entorno. Para mí, eso tiene un valor enorme. En un tiempo en el que se habla tanto de sostenibilidad, vivir en un espacio que ya fue coherente con esa ética desde el inicio me recuerda que las buenas decisiones vienen del respeto, no de las modas.

“Esta casa no se pensó para lucirse, sino para convivir con su entorno.”

Hablas de querer preservar su esencia, pero también proyectarla hacia el futuro. ¿Cómo se equilibra ese respeto por la memoria arquitectónica con la necesidad de transformación y evolución?

Mi enfoque es más de acompañamiento que de intervención. No busco rediseñar, sino conversar. La casa tiene una voz clara. Yo simplemente quiero extender lo que ya hay, aprender a ver y escuchar lo que había ya de antemano y trabajarlo desde ahí. Es como cuando Javier, en su momento, analizó el terreno y la naturaleza, lo que ya existía, para poder crear desde ahí.

Acá lo veo igual: es añadir una nueva capa en esta historia. Que esta casa pueda seguir creciendo, pero desde su propia raíz. Que evolucione y se alinee a mis valores, estilo de vida y creencias, sin olvidar lo que la hizo única.

“No busco rediseñar, sino conversar.”

El proyecto habla de fusionar lo natural y lo digital. ¿Qué papel jugará la tecnología en esta nueva etapa de la casa? ¿Puedes darnos ejemplos de cómo imaginas esa interacción entre lo físico y lo virtual?

Al igual que en mi práctica, la tecnología no va a ser un adorno, ni algo visible. Va a ser una presencia, una atmósfera, donde pueda vivir aquello que imagino en un mundo. Todos podemos conocer cómo sería la casa de un artista, pero nadie conoce la casa de un artista digital. En mi caso, soy un apasionado de la arquitectura, los materiales nobles, la elegancia, y también la tecnología y muchos medios creativos y contemporáneos de expresión.

Estoy creando algunas esculturas que reaccionen al paso de la luz, a las estaciones del año, vegetación que solo pueda existir en una realidad digital y que crezca de formas que sean posibles aquí, pero que a la vez convivan con la que ya conocemos, y ambos se desarrollen y evolucionen con el paso del tiempo. Zonas que inviten a una percepción expandida del espacio. Lo digital no como distracción, sino como expansión de lo natural, manteniendo el respeto y la elegancia que imagino en mis piezas.

La idea de «vegetación imaginaria» es fascinante. ¿Hasta qué punto tu trabajo digital se convierte también en una práctica contemplativa o espiritual?

Mucho más de lo que pensaba. El acto de observar la naturaleza y luego traducirla en un entorno digital es profundamente meditativo.

No estoy copiando lo que veo, estoy tratando de entenderlo, de rendirle homenaje y de poder crear a mi gusto.

Entre otras cosas, crear espacios o naturaleza que no existen en un mundo tal como lo conocemos, pero que se comportan como si vivieran, es mi forma de hablar de algo más grande que yo. Es contemplación, es presencia, y también es una búsqueda espiritual.

“El acto de observar la naturaleza y luego traducirla en un entorno digital es profundamente meditativo.”

En esta casa confluyen arquitectura, arte, ecología y paisaje. ¿Crees que el hogar del futuro será, necesariamente, un espacio híbrido y multidisciplinar?

Sí, sin dudas. El hogar del futuro no será solo un refugio físico. Será un ecosistema emocional, natural, simbólico y digital. Y que tanto yo como mi familia podamos convivir en él. Un lugar donde convivan capas distintas y donde el diseño no esté al servicio de la eficiencia, sino de la sensibilidad. Espacios donde uno pueda crear, observar, detenerse.

Estamos en una nueva generación de artistas, y también de personas que aprecian el arte de distintas maneras. Este es mi desafío.

¿Cómo ha influido tu relación con los propietarios originales y con Javier Barba en la forma en que te aproximas a la vivienda? ¿Sientes que hay un traspaso de legado creativo?

Totalmente. Conocer a Ana e Ignacio, escuchar sus historias, entender cómo vivieron este lugar durante décadas, me ayudó a conectar de forma más profunda. Hay algo muy valioso en poder continuar una historia así. No llegué a imponer una visión nueva, llegué a cuidar algo que ya tenía alma.

Logramos una conexión donde tenemos muchas cosas e historias compartidas, con varias décadas de diferencia, y eso nos hizo formar una gran amistad. Me siento parte de una continuidad, no de una ruptura.

¿Qué valores arquitectónicos y humanos rescatas del trabajo de Javier Barba y cómo los integras en tu propia filosofía de vida y creación?

El respeto. La relación honesta con el entorno. La belleza silenciosa, sin necesidad de grandilocuencia. Javier diseñó para habitar, no para lucirse. Eso me marcó mucho. En mi trabajo intento crear con esa misma premisa: que las cosas conmuevan sin gritar. Que respiren. Que acompañen.

¿Cómo imaginas este lugar dentro de diez o veinte años? ¿Qué te gustaría que quienes lo visiten, física o virtualmente, sientan al recorrerlo?

Me gustaría que sientan una pausa. Un espacio donde el tiempo se desacelera. Que puedan mirar la luz, o cómo se mueve una hoja, y sentirse parte de eso. Que sea una experiencia sensorial, emocional, no solo visual. Que quienes lo visiten no se lleven solo una imagen, sino una sensación que les quede adentro.

Será un lugar en donde, además de vivir nosotros, también vivirá mi estudio, mis gustos, mis creaciones y las de aquellos que me acompañaron en este viaje.

¿Crees que esta experiencia puede abrir un nuevo camino para que artistas digitales habiten y resignifiquen espacios arquitectónicos desde un enfoque más profundo y sensible?

Lo deseo profundamente. Creo que los artistas digitales tenemos una sensibilidad única para imaginar mundos. Y llevar eso al plano físico puede ser una forma de construir nuevas realidades, más emocionales, más humanas.

Este proyecto me está mostrando que no se trata de elegir entre lo digital y lo real, sino de encontrar un punto de encuentro. Uno que nos permita habitar de otra forma.

Diseño, conciencia y tecnología en movimiento

Nuestra visita a la Casa Semienterrada fue también una experiencia sobre ruedas. El recorrido hasta el Maresme lo hicimos a bordo del nuevo Lynk & Co 01, un híbrido enchufable que conjuga diseño, eficiencia y tecnología desde su misma concepción. Con hasta 75 km de autonomía eléctrica en modo 100 % limpio, este modelo se adapta tanto a trayectos urbanos como a escapadas más largas.

El diseño es uno de sus grandes valores diferenciales: su silueta potente y elegante destaca a simple vista, mientras que el interior —versátil y confortable— está pensado para el disfrute del viaje: desde asientos plegables, múltiples compartimentos, un maletero amplio y funcional, hasta un techo solar panorámico.

A nivel tecnológico, el nuevo 01 incorpora una pantalla de 15,4 pulgadas, conectividad 5G con punto de acceso WiFi, un sistema de infoentretenimiento fluido y actualizaciones remotas. Además, suma funciones de seguridad como el reconocimiento de señales y la asistencia en carretera.

La verdad es que disfrutamos muchísimo del trayecto en coche desde el corazón de Barcelona hasta el bucólico paisaje del Maresme. Y al igual que el nombre de la nueva campaña del nuevo Lynk & Co 01: «Wonder.Full.», creemos en viajar sintiendo cada lugar, con la mente abierta y con curiosidad. Have love, let’s travel!

Si te apetece probarlo, puedes reservar una prueba de conducción gratuita a través de este link.

(*) Fotos: Ely Sánchez (CC/studio). Outfit Cecilia: Lazy Oaf.

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