Entrevista a Okuda San Miguel

Hace unos días entrevistamos al gran Okuda San Miguel famoso por su singular lenguaje iconográfico, formado por estructuras geométricas y patrones multicolores, que junto a su activa participación en grandes proyectos de calado social y en proyectos públicos a gran escala, lo han convertido en uno de los artistas más reconocidos y admirados del mundo.

Okuda cuenta en su haber con intervenciones murales y escultóricas, exposiciones en galerías y museos que han podido ser disfrutadas en los cuatro continentes. Destacan logros como el de ser el primer artista contemporáneo requerido para la creación de la Falla Municipal de Valencia; su espectacular itinerario de esculturas por el paseo marítimo de Boston; o su participación en Titanes, proyecto de inclusión social a través del arte.

Autodefinición

Soy una persona súper positiva, enérgica y que sobre todo tiene la necesidad de viajar y de crear para ser feliz.

¿Qué querías ser de pequeño?

Creo que futbolista, porque empecé a jugar en el barrio, en Santander. La verdad es que jugaba mucho, porque mis padres tenían un bar y yo estaba mucho en la calle. Así que futbolista o patinador profesional de skate fueron dos de las cosas que quise ser cuando era un niño. También dibujaba, pero nunca pensé que te podías dedicar profesionalmente a eso.

¿Cuándo pasaste de tomarte el arte como un pasatiempo a que éste se convirtiese en tu trabajo?

Cuando empecé la Universidad, que coincidió con que me vine a Madrid. Eso fue en el año 2000. A partir de ahí todo fue sucediendo de forma muy fluida. Madrid fue un escaparate mayor para todo lo que hacía, a pesar de que también me movía bastante, no paraba de trabajar y de pintar murales con amigos – más que ir a la Universidad jajaja –. Así que supongo que, entre eso y algunos viajes a eventos internacionales, me fui concienciando de que esto es lo que quería hacer.

Por otro lado, si que es verdad que hubo algo que marcó un antes y un después, pero que fue posterior, ya que estamos hablando de 2014. Yo ya hacía muchísimas cosas y viajaba por todo el mundo, pero digamos que el proyecto de pintar la Iglesia de Llanera en Asturias – Kaos Temple – fue como una especie de bomba mediática, que hizo que todo el mundo me conociese, tanto a mí como a mi trabajo. Fue increíble. Me tiré más de un año haciendo entrevistas y aquello fue un detonador para todo lo que vino después.

¿Has “customizado” alguna iglesia más con tu arte?

Sí, tres. Una en Marruecos y otra en Denver. La de Marruecos fue brutal, porque era exterior y un espacio que no se utilizaba para nada. Lo que me marcó fue ver que al acabar la obra vinieron muchos chavales y todos ellos eran árabes. Y justo en ese momento fue cuando me di cuenta de que el color y el arte pueden eliminar las barreras religiosas y culturales. El lenguaje de la imagen está por encima de todo eso. Además, sé que ahora mismo ese espacio se usa como galería y me me parece genial.

La de Denver es la International Church of Cannabis jajaja Y utilizan el lugar como un multiespacio para conciertos y donde se hacen mil cosas culturales. Lo que me encanta de este tipo de proyectos es cambiar la piel a estos «recintos religiosos» y convertirlos en algo relacionado con el arte y la cultura.

¿Cómo fueron tus inicios?

En Santander y en la calle. En 1996 a mi grupo de amigos y a mí nos encantaba descubrir edificios grandes y abandonados, como fábricas… que para la mayoría eran «espacios de mierda», pero que para nosotros eran tesoros en los que podíamos pintar sin parar.

«Nos pasábamos los fines de semana allí, pintando y con música, y éramos felices.»

Después estuve experimentando en estudio, con nuevos materiales, técnicas y demás cosas que aprendí en la Universidad, donde estudié Bellas Artes.

¿Qué sientes cuando te dicen o lees que eres uno de los artistas españoles más admirados del mundo?

Eso es algo que me motiva más. En realidad, todo lo que leo sobre mí o de amigos como Felipe Pantone me alegra muchísimo y me da más energía para trabajar más y más. Es como que me da la sensación de que he empezado algo grande, pero que todavía no he hecho nada. Digamos que están empezando a pasar las cosas importantes ahora, y siento que esto es el inicio de algo muy grande. Yo me exijo bastante y estoy contento de lo realizado, pero creo que el nivel tiene que subir, sobre todo con trabajo, disciplina, y enfocado en lo que tengo que hacer que es la creación.

¿Podríamos decir que de alguna manera tendrías que darle las gracias a Banksy por haber revalorizado el Street art y llevarlo a los museos, entre otras cosas?

Sí. Banksy ha cambiado el mercado del arte y es un genio.

«Artistas como Obey y otros muchos, entre los que me incluyo, somos el último paso de la historia del arte.»

¿Cómo definirías tu estilo? Y ¿cómo diste con la idea que desembocó en tus características figuras fragmentadas en formas geométricas y llenas de color?

El primer mensaje es positivismo, pero realmente hablo de cosas más serias. Cuando más obras mías ves, creo que se percibe mejor. En mis cuadros más grandes puedes sumergirte más y sentir un poco lo que trato de transmitir. En mi último libro “Colouring the world”, que publicamos con Planeta justo antes del confinamiento hablo sobre ello y sobre los símbolos de mis obras a lo largo de 11 capítulos. Para mí ha sido muy interesante, ya que he podido desarrollar todo lo que tengo en mi cabeza, y además ayuda a que la gente lo entienda también, más allá del mensaje positivo de mis obras.

Con respecto a las formas fractales, la verdad es que ha sido una evolución muy lenta. Yo hacía letras en la calle y ya eran desde un principio diferentes de los grafittis tradicionales, porque eran más como si fuesen 3D, más volumétricas y más próximas al dibujo técnico. Tenían caras o medias caras o algún elemento dentro, y eso era por la influencia del surrealismo en todo lo que hago. Y poco a poco, todo eso poco a poco se fue simplificando y geometrizando. Y posteriormente, haciendo las esculturas en diseño 3D, he podido confirmar eso: es decir, que en realidad podía geometrizarlo todo, porque las mallas 3D que se usan para hacer en digital cualquier volumen son uniones de puntos que forman triángulos. Y eso me hace pensar en que quizás tuviese una especie de lenguaje digital en mi interior. Como si mi cerebro funcionase como un ordenador… Muy curioso.

¿Cuáles son tus principales influencias?

El surrealismo, el pop art, Magritte, Dalí, El Bosco, Max Ern, Lichtenstein, Keiichi Tanaami o Tomokazu Matsuyama, y muchos más artistas. Una mezcla de surrealismo y pop. Y luego, en general, lo que me inspira y de lo que me nutro cada día para crear es todo lo que me rodea, la moda – por ejemplo, Iris Van Herpen me flipa –, Japón y toda la locura que tienen con los toys, las culturas ancestrales e indígenas… Me interesa tanto el pasado como el futuro. Y luego está la música, que la necesito todos los días para crear. Pero lo que más me influencia son los viajes. Me abre la mente.

«Estoy enganchado a viajar, a cambiar de entorno, a retroalimentarme de otras culturas…»

Viajas por todo el mundo, pero ¿qué destino de todos los que has descubierto te ha marcado más: o por la obra que has desarrollado o por la vivencia que te ha supuesto?

Siempre he tenido una conexión brutal con India. La primera vez que pinté allí fue en 2011 y eso sirvió de inspiración para otros artistas, porque digamos que fue en ese año cuando el movimiento Street art nació en India. Y eso es algo que me fascina y conecta mucho con mi obra, así como los colores. Haber estado allí me ha cambiado la perspectiva de muchas cosas. Me ha enseñado a valorar lo que tenemos. Y es un lugar al que volveré, porque tengo muy buenos amigos allí, y queremos hacer más cosas.

Por otro parte, Tokio y Nueva York me parecen lo más. Me iría a vivir a ambas ciudades una temporada de mi vida. Es algo que tengo en mente desde hace tiempo, lo que pasa es que como ahora viajo tanto es imposible. Pero sé que antes o después lo haré.

¿Qué experiencia de todas las que has vivido te ha marcado más? Porque has hecho de todo, hasta una falla… ¿qué proyecto te ha gustado más desarrollar?

Varias. India sería una de ellas por la experiencia humana y las conexiones que siempre he tenido cuando he visitado ese país y he trabajado en él.

«Y Las Fallas, que ha sido un proyecto que me ha marcado mucho y para muy bien.»

Es una fiesta que yo no conocía y me parece una de las fiestas tradicionales más guays de España e incluso del mundo, porque detrás de todo esto lo que hay son 800 esculturas que hace la gente durante un año. A mí me hicieron sentir como que yo estaba allí para cambiar algo, cambiar el lenguaje, el concepto y modernizar un poco Las Fallas. Conocerlas desde dentro y ver como millones de personas estaban alrededor de mi creación como locos fue increíble. Y la relación con el fuego… Algo que entendí cuando se quemó y que me hizo pensar en que nada vale nada y que lo que realmente importa es otra cosa y no lo material. Y la exposición que acompañó este proyecto en el Centre del Carme fue espectacular. Así que fue una experiencia inolvidable.

Por cierto, ¿qué tal llevas el confinamiento?

Mientras no llueva, yo lo llevo fenomenal. Me gusta dibujar fuera, en la terraza. Eso es lo que me salva.

¿Cuál es tu proceso de trabajo?

En general, voy al estudio y en un día marco 8-10 obras en líneas generales. Y en el avance de la obra lo primero que hago son los fondos, y el resto va en los cuerpos principales y que hacen mis asistentes. Luego me encargo de los elementos que la propia obra “me dice” que debo incluir.

«Nunca hago bocetos y es cuando me enfrento a la obra cuando veo lo que voy a hacer.»

Según la composición del espacio marco lo que se me va ocurriendo, y lo mismo con los cuadros.

¿Tienes alguna preferencia a la hora de crear tu obra? Es decir ¿prefieres grandes superficies o éstas sean exteriores?

Prefiero exteriores, a no ser que sea un edifico clásico con arquitectura tipo iglesia o un castillo. Y a la hora de seleccionar un proyecto, las prioridades de selección suelen ser que sea un país nuevo o que el soporte donde vaya a llevar a cabo la obra sea en un edificio de arquitectura clásica, que permita el contraste con el arte contemporáneo, como fue el caso del castillo del siglo XIX que hice en Francia. Esto suma a la hora de decidir y es un valor añadido. Me apetecen mucho las arquitecturas complejas, ya he hecho muchos edificios planos.

¿Qué tal tu experiencia con las marcas? ¿suelen darte libertad para trabajar?

Para mí el principal requisito para trabajar con una marca es libertad, y que no invadan la obra con su logo y tal. Y lo cierto es que lo respetan y me siento bastante cómodo. Yo los veo como los mecenas de ahora. Hay muchos proyectos que si una marca no lo paga no se puede hacer.

¿Con qué disciplina te sientes más cómodo? y ¿tienes en mente explorar nuevas?

Tengo varias cosas en mente desde hace tiempo, como hacer una peli de animación, que de hecho justo ahora mismo, gracias al confinamiento, estoy aprovechando para escribir el guión, que va sobre un personaje que es se llama Coloravirus y que vive en un mundo gris, y que si te infecta resulta algo positivo porque te conviertes en un personaje en color y la creatividad se apodera de ti. Esta es la idea a grandes rasgos jajaja Y también tengo ganas de hacer algo en cine y ver mi trabajo en movimiento.

Por otro lado, hace un año aproximadamente he empezado a hacer piezas enormes de 5m x 4m o 7m x 5m – la primera que hice fue para Art Madrid, porque normalmente no entran en galerías – y todas ellas son interpretaciones del Jardín de las Delicias de El Bosco. Mi intención es llevarlas algún día al Museo del Prado.

«Trabajo en nuevas cosas todo el tiempo. Por ejemplo, mi trabajo escultórico nace de mi necesidad de ver mis pinturas cobrar vida en 3 dimensiones.»

¿Qué papel han tenido y tienen las redes sociales en tu trabajo?

Pues creo que me han dado el poder de decidir y no necesitar a nadie que mueva mi trabajo. Puedes mostrarte al mundo como quieras y viajar hace que llegue a mucha gente. Yo tengo mi Instagram muy activo, porque me gusta. Es como mi diario. Además, no solo hablo de mi sino que recomiendo también a otros artistas.

¿Qué proyectos estás deseando presentar cuando todo esto acabe?

El libro que saqué justo antes del confinamiento, que cuando todo esto acabe haremos con Planeta la firma de libros, presentaciones y demás. De hecho, y durante estos días, Cayetana Guillén Cuervo está leyendo en su IG partes del libro. Todavía no está a la venta, pero lo retomaremos cuando acabe el estado de emergencia. También está mi primera gran expo en un Museo en China en Shenzeng. Es una retrospectiva y meteremos una obra mueva, que es como como un túnel de espejos caleidoscópico, que se trata como de un viaje por mi carrera. Además, estamos preparando también una escultura enorme de un caballo como de 10 metros de alto exterior para otra ciudad china, algo que me encanta porque justo ahora estoy muy centrado en mis esculturas de gran formato para la calle. Y de cara al año que viene planeo la inauguración de nuestra nueva nave coincidiendo con ARCO.

¿Qué te hace feliz?

Seguir viajando y creando. Con eso lo tengo todo y no necesito lujos ni cochazos ni nada eso. También el hecho de poder tener un equipo que me permite estar solo enfocado en la creación. También me da alegría mantener el nivel y crecer. Como lo de abrir mercado en Asia y otras cosas que tenemos en mente.

Lugar favorito en el que perderte

Tahití, Bora-Bora, Morea… Tengo una buena amiga allí, que fue Miss Tahití y que habla muchísimos idiomas, que es la que organiza los eventos en los que he participado pintando murales y es una crack. He ido ya unas cuantas veces y es una maravilla.

(*) Fotos: Foto 1 static images de Andrew Gubenko · Foto 2 static images de Delimbo Madrid · Foto vertical de Okuda El Chino Po · Foto de Las Fallas de Martha Cooper · Foto del proyecto Titanes de Rivera y Donas.


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