Entrevista a Beatriz Serrano, autora de la novela «El Descontento»

Leímos «El descontento» hace un par de semanas y nos fascinó. No conocíamos a su autora, Beatriz Serrano, ni tampoco su podcast, «Arsénico caviar», ganador el Premio Ondas 2023 al «Mejor Podcast Conversacional», pero lo cierto es que ha sido un gran descubrimiento.

Antes de las fiestas navideñas charlamos con ella sobre su primera novela y sobre los controvertidos e interesantísimos temas que aborda, y esto fue lo que nos contó. Pasen y lean.

En primer lugar, enhorabuena por tu primera novela. Es magnífica. Inteligente, dura y divertidísima. ¡La hemos devorado!

¿En quién te inspiraste para crear esta historia? ¿en la vida de otras personas que han trabajado como head of creative strategy?

Jamás he tenido el cargo de Marisa y siempre me he dedicado al periodismo. Al principio estaba de freelance, pero luego empecé a trabajar en Buzzfeed y formé parte del equipo fundador en España, hasta que cerraron a principios de 2019.

Después de aquello volví a ser freelance y a trabajar para marcas. Y tras un tiempo así, me contrataron en una empresa de medios, para trabajar en su estudio creativo. Fue mi primer trabajo de oficina que no era una redacción. Y luego entré en otra corporación hasta que empecé a trabajar en El País.

“Aunque no he trabajado nunca en una agencia de publicidad, sí que he tenido a muchos amigos trabajando ahí, y sí que he vivido la urgencia absurda que se da en esos lugares.”

Aunque no he trabajado nunca en una agencia de publicidad, sí que he tenido a muchos amigos trabajando ahí, y sí que he vivido la urgencia absurda que se da en esos lugares. Así como ese ajetreo constante como con gente yendo con papeles de un lado para otro porque un cliente se ha cabreado por la tontería más nimia. Muchos amigos me han contado historias, pero también hay mucho de mi imaginación, y me he basado en cosas que me parecían bastante reales.

A pesar de la ansiedad y desazón que sufre tu protagonista, su ironía y sentido del humor equilibran su panorama, muchas veces desolador. ¿Es el humor la panacea?

Me encantaría decirte que fue una decisión completamente consciente el hecho de utilizar el humor de esa forma, pero creo que cuando empecé a escribir el libro esto fue algo que surgió solo. Y creo que eso debe a que para mí Marisa está en un momento vital tan apático debido a un trastorno de ansiedad generalizado y probablemente una depresión no diagnosticada, que en cierta manera parecía que ella debía tener una especie de distancia irónica sobre todo lo que veía. Es decir, tenía que tener ese cinismo, sobre todo para ver ese teatro de lo absurdo en el que todos estamos metidos, y en el que te das cuenta de que muchos de esos sucesos son una tontería y que, además, tienen muchísimos elementos de comedia.

También creo que al ser una primera novela y no saber si ni siquiera llegaría a publicarse, eso fue algo que hizo que la empezase a escribir desde los sentimientos que me surgían en aquel momento, que eran la rabia, el desahogo, el hartazgo… Por eso, cuando pones por escrito todo eso que sientes, efectivamente te permite establecer cierta distancia para poder contarlo con humor. Porque al final es como cuando le estás contando tu drama del trabajo a una amiga y acabáis riéndoos de la situación…

Como decía Nora Epfron: «Si te resbalas con una piel de plátano, te haces daño y los demás pueden reírse de ti; pero si eres tú misma la que lo cuentas, te haces con el control de la historia y eres tú la que haces reír a la gente». Y quizás eso es lo que me hizo escribirlo de esta forma.

Tengo que reconocer que me ha sorprendido que el libro se haya percibido de esta manera. De hecho, esta semana en un Club de lectura me preguntaron también por el humor, y yo les dije que no sabía que la novela iba a considerarse tan graciosa. Así que aunque me ha sorprendido, lo cierto es que me ha gustado. Y esto me ha recordado a un texto que escribí precisamente sobre este asunto:

«Existe una fórmula matemática de uso bastante extendido a la hora de escribir comedia que dice así: tragedia + tiempo = comedia. La frase ha sido atribuída a numerosos escritores, guionistas y comediantes de stand-up, pero lo cierto es que pertenece a Steve Allen, el creador de The Tonight Show, y la frase está sacada de una entrevista en la revista Cosmopolitan en 1957: “Cuando le expliqué a un amigo que el tema de la mayoría de las comedias nace de un suceso trágico (alcoholismo, sobrepeso, problemas financieros, accidentes) me preguntó: ‘¿Quieres decir que los terribles sucesos del día a día son un tema apropiado para la comedia?’. ‘No’, respondí, ‘pero lo serán pronto’.»

Los personajes están muy bien trabajados. Cada uno tiene sus issues, pero entre ellos se establecen las relaciones más auténticas aunque poco convencionales de todas las que narras en tu novela. ¿Te has inspirado en personas reales?

Lo cierto es que no. Los personajes más satélite como Natalia, la chica del equipo de Marisa, o Maika, su jefa, la villana, responde a arquetípicos, así que en estos casos sí que me he inspirado en personas que he conocido a lo largo de mi vida y que se parecen.

“Con Marisa tuve claro que quería construir a alguien que me pareciese real. Y para ello debía ser un personaje muy contradictorio y con muchas dudas sobre sí misma.”

Con Marisa tuve claro que quería construir a alguien que me pareciese real. Y para ello debía ser un personaje muy contradictorio y con muchas dudas sobre sí misma. Y esto me daba un poco de miedo porque no sabía si Marisa iba a caer bien o mal. Por eso intenté, mientras lo escribía, mostrar su parte más oscura pero a su vez ponerle siempre una escena donde se mostrasen sus partes luminosas y buenas.

Pablo me pareció muy interesante porque quería crear un «hetero» bueno (risas). La relación entre ellos me gusta tal cual está, porque tuve claro que no quería convertir esta historia en una de amor, y que el mensaje fuese «el amor te va a salvar». Y como ellos tienen esta relación que en inglés la llaman «situationship», porque no está claro lo que son o no son y demás, me apetecía justamente mostrarlo así. Básicamente porque tú puedes tener una relación con alguien y que no se corresponda con ninguna de las etiquetas que estamos acostumbrados a usar, y no por eso significa que sea menos o que haya que minusvalorarla y juzgarla. Lo importante es que te hagan feliz a ti, independientemente de lo que piensen los demás. Y en este caso, Marisa y Pablo son felices. Y a mí eso me parecía muy bonito. Con ello lo que también trataba de mostrar es que necesitamos vínculos fuertes, personas que estén ahí y que cuiden de nosotros. Pablo tenía que ser ese apoyo para sacar ese lado bueno de Marisa y para verla a ella relajada y tranquila.

En lo que respecta a Elena… ¡La verdad es que es un extraterrestre! (risas) en el sentido de que es mucho más difícil identificarse con ella. Aparece totalmente cambiada, con las tetas operadas y acompañada de un tío viejo, algo que descoloca a Marisa enormemente, a pesar de que ellas se adoran. A mí me pasa algo así con mi mejor amiga, que es la misma del colegio. No hablamos todos los días, pero cuando estamos juntas está todo bien. Me pareció muy bonito incluir a dos amigas que se encuentran en el mismo punto a pesar de venir de experiencias diferentes.

“Rita funciona como un espejo para Marisa, el reflejo en el que ella no se quiere mirar. Y también funciona como un presagio.”

Rita es lo que le puede pasar a Marisa si sigue llevando ese camino… Por ello, una de las cosas que me parecía curiosa era la idea de crear un personaje muy enigmático y por el que Marisa se sintiese muy unida, a pesar de que Rita no lo estaba tanto…

Mencionas en el libro una frase de Dostoyevski que dice “Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular”. Le va al pelo a Marisa, pero ¿y a ti? ¿cuánto hay de ti en ella?

Eso me lo he planteado mucho… Esa es una frase de «Los hermanos Karamazov» de Dostoyevski que tenía subrayadísima, porque cuando me lo leí me encantó. Y cuando estaba escribiendo el libro volví a recordarla y decidí incorporarla.

La verdad es que creo que lo que trata de decir esta frase nos pasa a todos, y yo me identifico bastante con ella.

A la humanidad como concepto la queremos salvar, pero luego es muy difícil tratar con seres humanos, y sobre todo es muy difícil cuando estás en un ambiente, como es el laboral, que es antinatural y donde se crean ciertas jerarquías y ciertas alianzas bastante cuestionables… Es una especie de Gran Hermano. Y ahí es donde se engendra esa aversión a la gente, al tener que tratar con personas con las que naturalmente no eres afín y a quienes debes rendir cierta pleitesía, en algunos casos.

“Creo que le he transmitido a Marisa dudas o conflictos que yo he podido tener, pero su personaje es mucho más oscuro que yo.”

Con respecto a mi similitud con Marisa, yo creo que le he transmitido dudas o conflictos que yo he podido tener, pero su personaje es mucho más oscuro que yo. Yo soy mucho más alegre y menos radical, y la verdad es que no me atrevería a hacer muchas de las cosas que ella hace. Además, yo tengo una relación excelente con mis padres, tengo pareja y muy buenos amigos. Me siento una persona muy querida y muy acompañada. Lo que sí que tenemos en común es el sarcasmo y el sentido del humor.

De todos modos, sí que es cierto que hubo un momento, cuando estaba muy harta de ciertos trabajos, en el que me planteé qué pasaría si no tuviese esos lazos, si se rompiesen de alguna forma, y si tuviese que sobrevivir en este mundo con esa soledad…

Hay quien dice que el hastío laboral que describe Marisa es propio de la generación “Millennial”, a pesar de que también es el de la X y probablemente el de la Z. Y es que lo que tienen en común es ese desencanto por no ver satisfechos esos planes y expectativas que parecían destinados a cumplirse. ¿Cuál crees que es la solución para salir de ese estado vital?

Tristemente es algo que vivimos varias generaciones. Esa desazón por saber que no te vas a poder comprar una vivienda o por tener que aceptar la precariedad laboral, entre otras cosas, que afectan enormemente a nuestra vida. Eso es algo que yo he vivido y mucha gente de mi entorno.

Lo que sucede desde hace unos años es una tragedia generacional y un fracaso social, y todo esto fue el caldo de cultivo de «El Descontento». Y lo curioso, es que a pesar de este panorama desolador no llegamos a estar furiosos, ni estamos quemando contenedores, mientras permanecemos apáticos y en una actitud de derrota… El otro día me dijo Guillermo Alonso que: «es mejor estar enfadado que deprimido», y no puedo estar más de acuerdo con él, porque la ira te mueve, pero la tristeza te inmoviliza. Es tristísimo.

En relación a la solución… y relacionándolo con el libro, al final Marisa consigue lo que quiere. Su final es feliz para ella, porque era lo que buscaba. Una de las dudas que tuve fue en relación a que nos resulta más fácil imaginarnos el fin del mundo que el fin del capitalismo. Y por eso el libro da una solución individual a un problema colectivo. Con esto, lo que he intentado plasmar son muchas preguntas, aunque no tengo ninguna respuesta porque es muy complicado.

Lo que sí veo son caminos individuales: por ejemplo, gente que se va a vivir al campo y se monta su propio negocio; personas que vuelven a su ciudad de toda la vida que es más barata y teletrabajan…. Pero encontrar una solución colectiva me parece muy difícil, porque hay muchísimos temas que solucionar… ¿Por dónde empezamos? ¿La vivienda, los salarios, la gentrificación, el cambio climático…? Así que opté por centrarme en Marisa

En tu novela, Marisa opta por las drogas sobre todo legales y también las ilegales para soportar el tedio y la ansiedad por tener que encajar en una sociedad que le exige trabajar y realizar una serie de cosas para sobrevivir. ¿Has querido con esto mostrar el problema real que hay en España con la toma masiva de ansiolíticos y antidepresivos? ¿Es el atajo para evitar enfrentarse al dolor que a veces provoca la vida y mitigar el ruido mental?

Sí, totalmente.

“Hay tres elementos que quise introducir en la novela a propósito, y que son las drogas legales y las ilegales, y las pantallas.”

Hay tres elementos que quise introducir en la novela a propósito, y que son las drogas legales y las ilegales, y las pantallas. Mi intención era ponerlas en el mismo nivel, en el sentido de que no sé porque se ve tan problemático que alguien un viernes llame a su camello y se ponga del revés, que está claro que está mal, pero que luego no se demonice el hecho de que hay mucha gente en la oficina que toma Orfidales, por poner un ejemplo. El abuso de ambas drogas son parte del mismo síntoma que sufre esta sociedad cuya principal pandemia (la mayor de este siglo según la OMS) es la ansiedad y la depresión. Para evitar el dolor parcheamos todas esas emociones y problemas con drogas legales e ilegales y con las pantallas. Estas tres válvulas de escape forman parte de los mismo.

Asimismo, lo que quería mostrar con respecto a las pantallas es que a través del ruido que procede de ellas logramos no dar vueltas alrededor de nuestros problemas. Tal y como le sucede a Marisa, preferimos centrar nuestra atención en otra cosa para evitar el silencio y sobre todo nuestro propio ruido. Por ello, ella prefiere refugiarse en los brazos de YouTube, que le ofrece esa sensación de familiaridad a través de videos de personas que hablan a cámara, y que le dan la sensación de estar hablando con ella…

Linkando esto con Youtube y las redes sociales… ¿consideras que son herramientas creadas por el sistema para seguir anestesiados mientras mostramos nuestra mejor versión? ¿hasta que punto crees que nuestra imagen en ellas nos ha fagotizado o puede llegar a hacerlo?

Mi generación, la Millenial, tuvimos una relación con las redes sociales, al inicio, muy inocente y muy real. Subíamos lo que fuese sin darle la mayor importancia, sin pensar que luego ese material podría servir para echarnos en cara ciertos comentarios o mensajes. No medíamos las posibles consecuencias ni esa huella digital imborrable.

Actualmente, tenemos una relación compleja con las redes. Hemos pasado de un momento muy libre e inocente a un momento muy consciente. Y siendo muy conscientes de nosotros mismos y de lo que queremos proyectar… dejamos de ser nosotros.

Creo que en redes nos está pasando eso, que queremos tener mucho control sobre lo que mostramos. Pero a su vez lo entiendo, porque ya estamos viendo cómo cualquier cosa puede usarse en nuestra contra.

Un aspecto muy interesante de tu libro es cómo narras las relaciones en el trabajo, tanto por parte de personas con diferentes puestos de responsabilidad y poder, como por cómo son visibilizadas las madres y las no madres, y cualquier persona que se ponga enferma. De ahí que hayas asegurado algo en lo que estamos muy de acuerdo: “El trabajo es el único espacio en el que toleramos ciertas violencias que no soportamos en otros ámbitos”. ¿Por qué crees que aguantamos más en el trabajo? ¿por miedo?

Sí. Ellos saben que tú necesitas el trabajo para sobrevivir, para pagar tu alquiler, etc…

“En el trabajo se produce una relación desigual, y eso genera que se puedan producir ciertas violencias.”

En el trabajo se produce una relación desigual, y eso genera que se puedan producir ciertas violencias. De ahí que cuando una persona sabe que la otra no tiene alternativa, puede llegar a tomarse ciertas libertades y ejercer ese tipo de violencias sin ningún tipo de consecuencia. Por ello, lo que a mí más me fascina de esto, al margen de llegar a situaciones extremas, es lo normalizada que está esta violencia, y cómo soportamos que alguien nos hable de esa forma, cuando en otros entornos y con otras personas no lo permitiríamos.

Una cosa que me hace mucha gracia es como Marisa se relaciona en la oficina, ya que es por imitación, con el propósito de evitar conflictos. Y, desgraciadamente, esto es muy real.

El pasaje de la actividad de team building es buenísimo. ¿Has vivido algo parecido? ¿qué opinión te merecen este tipo de actividades?

No, nunca he participado en ningún team building, pero he leído mucho sobre ellos y he hablado con gente que sí que los han vivido.

Siempre he hecho lo que me ha apetecido y siempre he puesto límites en el trabajo. He participado en cosas, por supuesto, pero nunca he hecho nada que no me haya interesado de verdad. Y tengo que reconocer que no haberlas hecho me ha penalizado.

También nos han gustado las referencias musicales como “Heavens knows I’m miserable now” de The Smiths, que habla del desasosiego de la clase trabajadora, de la infelicidad constante a pesar de cumplir con las expectativas, de hacer lo que se supone que uno debe hacer y, sin embargo, no tener nunca una sensación de plenitud. ¿Buscaste estas canciones proactivamente o aparecieron mientras escribías el libro?

The Smiths me encantan y esa canción en concreto me gusta mucho. De hecho, esa canción la escuché cuando después de quedarme en el paro tras el cierre de Buzzfeed encontré un trabajo, y justo pensé que tenía que haber aprovechado más ese tiempo porque en realidad fui bastante feliz. Y recuerdo que en aquel momento hasta mi novio me dijo: «¡eres esa canción de The Smiths! «(risas) Era un resumen perfecto de cómo estaba (risas).

Mientras escribía el libro, leí ensayos sobre temas relacionados con el trabajo, entre otras cosas, y de alguna manera apuntalaban las ideas que iba construyendo. Y con la música me pasó lo mismo. No las busqué proactivamente, pero esas referencias que yo ya tenía me vinieron a la cabeza y decidí incluirlas.

Curiosamente, aunque a Marisa no le gusta mucha gente, sentir el reconocimiento y el calor de sus compañeros le hace sentir bien. Y eso hace que pensemos que, en el fondo, a pesar de ser una hater, lo que quiere es que la quieran. ¿Es ese nuestro fin último a pesar de todo?

Sí, es eso. Es un poco lo que te comentaba de los lazos.

“Para mí, este es un libro que toca muchos temas, y entre ellos la necesidad de los vínculos.”

Para mí, este es un libro que toca muchos temas, y entre ellos la necesidad de los vínculos. Y sí, es cierto que Marisa se siente bien porque tiene la sensación de que pertenece a un grupo, porque al final eso es lo que buscamos los humanos, porque nos da calorcito, nos hace sentirnos bien, queridos, tranquilos… Sin embargo, lo que pasa es que luego ella reniega de eso, porque no es el entorno que quiere en realidad.

En relación a esto, me acuerdo de la última frase del libro, en la que dice algo así como que todos necesitamos un buen almohadón, gente que nos quiera y tomates que sepan a algo (risas).

Por cierto, ¿qué es para ti la felicidad? ¿y el éxito?

Mi noción de éxito sería ser feliz y estar bien el mayor tiempo posible.

“Mi noción de éxito sería ser feliz y estar bien el mayor tiempo posible.”

Y la felicidad para mí es una sobremesa larguísima con mucha gente a la que quiero; tener tiempo para mí, para escribir mis cosas o para charlar una hora al teléfono con mi madre, porque la noto un poquita decaída y quiero estar para ella; o para estar con mis amigos; o para disfrutar de la hora del vermut; yo para pasar la tarde con mi novio… Todos esos momentos son para mí la felicidad.

Aún así, es evidente que es muy difícil definirla, ya que parece como una línea en el horizonte. La felicidad es un concepto muy amplio y casi parece como una meta.

Por otro lado, considero que para que un ser humano sea feliz, también debe tener un propósito.

Tu podcast “Arsénico Caviar” ha ganado el Premio Ondas 2023 al Mejor Podcast Conversacional. ¿Cómo te sientes ante tal galardón? ¿qué ha sucedido después de recibirlo?

El odio une mucho (risas). Estamos felices y sorprendidos, porque nuestro podcast no estaba pensado para el mainstream, sino para algo muy nicho. Así que haberlo logrado nos parece increíble. Estamos muy agradecidos.

A raíz del premio, el podcast lo ha empezado a escuchar mucha más gente.

¿Tienes previsto publicar otro libro?

Sí. Quiero seguir escribiendo, y de hecho ya tengo una idea.

A partir de ahora tendré un poquito más de tiempo, y quiero aprovechar para ponerme a escribir.

Tengo que reconocer que tengo un poco de miedo al segundo libro, porque quizás la gente espera algo parecido, pero la idea que yo tengo no tiene absolutamente nada que ver. Mi editora me dice que para quitarle hierro piense que soy una escritora «one-hit wonder». (risas)

(*) Foto: Andrea Casino.

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