Laura Agustí y su “Furor botánico”: una oda ilustrada a la calma, la memoria y las raíces
Hay libros que se leen, y otros que se habitan. «Furor botánico», el último trabajo de Laura Agustí (@lalauri), pertenece a esta segunda especie: una obra delicadamente ilustrada que late como un diario íntimo entre mudanzas vitales, cuidados cotidianos y vínculos emocionales con el mundo vegetal. A través de sus páginas, la artista comparte su transición de Barcelona a Nevà, el legado botánico de las mujeres de su familia y su forma de resistir al vértigo contemporáneo desde la belleza de lo pequeño.
Conversamos con Laura sobre miedos, cambios, lirios morados, animales y, por supuesto, de plantas como el ficus que —como ella— crecen en silencio, pero con fuerza. Pasen y lean.
“Furor botánico” es mucho más que un libro ilustrado: es un diario de transición, descubrimiento y cambio. ¿Qué fue lo primero que te llevó a escribirlo?
Siempre había querido hacer un libro de plantas, porque es una de las cosas que más me apasionan. De hecho, durante la pandemia ya estaba dibujando plantas y había planteado una idea de libro, aunque muy diferente a «Furor botánico». Se trataba de una carta que escribía a mi abuela, con ilustraciones de flores y plantas que me recordaban a ella por distintos motivos. Mientras lo escribía y dibujaba, murió Oye. Después, escribí el libro sobre él y más adelante retomé aquella carta a mi abuela. Entonces sentí que se quedaba corta.
Lola, mi editora, me sugirió que quizás podía hablar también de mi madre. Y tenía razón: la pasión por las plantas no era solo de mi abuela, sino de todas las mujeres de mi familia. Así fue como empezamos a darle una nueva forma al libro, conectando esas historias con el presente: el traslado de Barcelona a Nevà y la casa a la que nos íbamos, una casa llena de recuerdos… pero que no eran míos.
Al principio del libro mencionas una frase: “controlar el presente preocupándote por el futuro”. ¿Qué relación tienes con la incertidumbre y el miedo?
Sí, porque el libro está escrito como un diario. Y comienza en un momento de mucha incertidumbre: la posibilidad de mudarnos de Barcelona a Nevà. Ahí surgieron los miedos: ¿saldrá bien?, ¿nos arrepentiremos? Ese ruido mental estaba muy presente. Yo tiendo a futurizar y vivo más en el futuro que en el presente. Y claro, el presente se me escapa pensando en lo que vendrá. Es agotador.
Lo bueno es que ahora estoy en otro lugar. Abrazo el presente, la calma y la decisión tomada. No nos hemos arrepentido ni un solo día. Todo ha salido mejor de lo que esperábamos. En mi cabeza parecía mucho más duro de lo que ha sido en realidad, y eso que los cambios han sido grandes: no solo nos mudamos de la ciudad al campo, sino que ahora trabajamos juntos, vivimos aislados, sin apenas vida social. Aun así, no echamos de menos prácticamente nada. Estamos felices.
“Cuidar plantas es una forma de salir del estrés diario y entregarte a un acto de amor.”
Dices que cuando cuidas plantas, también te cuidas a ti misma. ¿Crees que el autocuidado necesita más atención hoy en día? ¿Qué has aprendido de ti a través del acto de cuidar?
Cuidar plantas es un momento contigo misma. La clave está en cuando dejas de verlas como objetos decorativos y empiezas a tratarlas como seres que quieres cuidar. Esa necesidad de dedicarles tiempo es preciosa. Es una forma de salir del estrés diario y entregarte a un acto de amor. Cuidarlas se convierte en cuidarte.
Implica estar más presentes, algo que no hacemos lo suficiente. Y cuando estás con las plantas, tienes que estar atenta, prestar atención. No puedes hacer otra cosa a la vez.
Las ilustraciones del libro no solo son bellísimas, también muestran tu versatilidad como artista. ¿Cómo fue el proceso creativo al ilustrarlo?
Ha sido un reto. Además del texto —que siempre me cuesta—, lo más difícil fue el color. Calculé mal el tiempo de producción.
Empecé a escribir en noviembre de 2023, justo cuando comenzó el planteamiento de una nueva vida y pensé en cómo trasladar y cuidar las plantas. Con mis amigas de Barcelona —que también eran vecinas— siempre nos coordinábamos para cuidar las plantas de todas cuando alguna se iba de viaje. Esta vez también conté con ellas.
Después me fui a casa de mi hermana cuatro veces para concentrarme en escribir, y eso me ayudó mucho. A eso le sumamos fines de semana enteros hablando por teléfono o en videollamadas, corrigiendo y compartiendo curiosidades.
El error fue con las ilustraciones: pensé que, si con «Historia de un gato» tardé tres meses dibujando a tope, con este libro necesitaría el doble… pero fue el triple. En estos dos años, mi forma de dibujar ha cambiado y, al estar repletas de color, estas ilustraciones me exigieron muchas más horas. No lo sabía, y por eso tuve que retrasar la entrega varias veces. Aun así, aunque sufrí, el resultado me hace muy feliz. Cada libro me enseña a hacer mejor el siguiente.
¿Cuándo sentiste por primera vez el “furor botánico”?
Creo que fue cuando dejé de ver a las plantas como objetos decorativos y establecí con ellas una conexión real: «quiero cuidarte» y «quiero saber de ti».
En mi familia ese furor botánico estaba muy presente, así que seguramente lo sentí desde niña. Siempre me gustó saber sobre flores, sobre plantas, y cuidarlas, como hacían las mujeres de mi familia.
“Sentí el furor botánico cuando dejé de ver a las plantas como objetos decorativos.”
Si fueses una planta, ¿cuál serías? ¿Y qué representa para ti el lirio morado? ¿Tiene un significado especial?
Sería un ficus. Me identifico mucho: no toma el sol, no es ornamental, no tiene flores, es verde oscuro —mi color favorito—, es silencioso, pero tiene presencia…
De hecho, Arnau hizo un proyecto fotográfico que llamó «Ficus», en honor a nuestra relación y porque es una planta muy curiosa: cuando está en exterior, puede convertirse en un árbol enorme y dar frutos.
Y el lirio morado me encanta porque me recuerda a mi familia. Tiene un significado profundo en muchas culturas: elegancia, sabiduría, respeto, inspiración… me conmueve.
En la página 52 escribes que “las plantas más sencillas pueden alcanzar su esplendor cuando están en el lugar adecuado”. ¿Dirías que “Furor botánico” es también una reflexión sobre encontrar tu lugar en el mundo?
Sí, exactamente. Descubrir una vida que va a otro ritmo ha sido revelador. Me he dado cuenta de que esto es lo que necesitaba y lo que quiero. Aspiro a una vida más lenta, más consciente. Y mi vida ahora va en esa dirección.
Dejar Barcelona y empezar una nueva vida en Nevà ha marcado un antes y un después. ¿Qué buscabas al irte… y qué has encontrado?
Buscaba paz. Y he encontrado paz. Un ritmo de vida más lento, sin ruidos, sin prisas. Eso era clave para mí. También estar en contacto con la naturaleza. Estamos todos encantados, las gatas incluidas.
“Buscaba paz. Y he encontrado paz. Un ritmo de vida más lento, sin ruidos, sin prisas.”
Por cierto, ¿cómo se llevan tus gatas con las plantas y flores?
¡Súper bien! Tenemos mucha suerte. Son gatas muy buenas y muy tranquilas.
Hablas de los “baños de bosque” con Arnau como una forma de regular el estrés. ¿Qué otras prácticas cotidianas te conectan contigo misma?
Los baños de bosque los hacemos cada día. Nos encanta. De hecho, estamos pensando en hacerlos en silencio para no asustar a los animales y poder ver más ciervos… aunque hablemos bajito, se asustan.
Leer, cuidar plantas, estar con mis gatas, desconectar del teléfono y de las redes sociales después del trabajo… todo eso me conecta conmigo y con mi pareja.
También queremos ponernos con el jardín de la casa y devolverle su antiguo esplendor. Plantar rosales en la fachada, como cuando vivía la abuela de Arnau. Y meternos con el huerto, aunque bajo la supervisión de mi suegro, que es el experto (risas).
Y gracias a una amiga que me ha regalado un maletín de óleos, ¡voy a volver a pintar! Lo estoy deseando.
En tus libros hay una sensibilidad hacia lo pequeño, lo cotidiano, lo que a veces pasa desapercibido. ¿Crees que embellecer lo cotidiano es una forma de resistencia o de sanación?
A mí me sale así. Cuando dibujo, dibujo lo que tengo cerca. Lo hago desde la observación directa, la memoria o las fotos. Me encanta hacer fotos, y tengo el móvil lleno.
Dibujar lo cotidiano es lo más honesto para mí, lo que más me atrae. No solo plantas, también bodegones… me apetece ir más en esa dirección.

“Dibujar lo cotidiano es lo más honesto para mí, lo que más me atrae.”
“Furor botánico” es un libro íntimo, generoso y muy honesto. Nosotros lo hemos sentido como una caricia. ¿Qué esperas que despierte en quienes lo lean?
¡Muchas gracias! ¡Me encanta que lo hayáis sentido así! Lo que más deseo es que el libro regale un ratito de paz, que ayude a bajar el ritmo… y que despierte el furor botánico.
Hace poco estuve en un encuentro con influencers de libros y algunos me escribieron después para decirme que se habían ido a comprar plantas nada más salir. Me hizo una ilusión enorme.
¿Qué consejo le darías a alguien que está atravesando una etapa de cambio o que, como tú, busca replantarse?
Que no futurice y que se entregue al cambio. Porque el cambio no tiene por qué ser definitivo: siempre puedes dar un paso atrás si no es lo que esperabas.
Si ahora tuviera que cambiar de vida, lo haría de otra manera. Ahora tengo la experiencia —que ha sido muy buena—, pero estoy segura de que lo viviría con menos miedo y sin pensar tanto en lo que podría salir mal. En la mente siempre todo parece más difícil.
¿Tienes ya en mente algún nuevo proyecto, o simplemente te estás dejando crecer como las plantas, sin prisa?
Ahora mismo no tengo un nuevo proyecto editorial, pero sí tengo que diseñar los nuevos calendarios, la agenda… Me apetece mucho hacer un libro de colorear. Tengo varias cosas en mente, pero sobre todo quiero disfrutar de la promoción de este libro… y descansar.
(*) Fotos: Arnau Sidera.