Anobjct: objetos que habitan entre la función y la emoción
Anobjct es mucho más que una colección de piezas de diseño; es un lenguaje visual que articula tensión, memoria y emoción. Fundado en Berlín por Till Helmbold y actualmente desarrollado junto a su esposa, la diseñadora Sabrina Dehoff, el estudio explora la delgada línea entre lo funcional y lo escultórico, lo industrial y lo poético. Sus objetos no solo habitan el espacio: lo transforman. En esta conversación, nos adentramos en su universo creativo, donde cada forma es una declaración y cada detalle, una invitación a mirar dos veces.
Como media partners de la Berlin Design Week, recientemente hablamos con Till Helmbold y esto fue lo que nos contó. Pasen y lean.

Anobjct nace del deseo de crear piezas con significado, capaces de conectar con el espacio y el tiempo. ¿Cómo definirías hoy en día la filosofía del proyecto?
La esencia de Anobjct reside en el diálogo entre función y diseño: el material, la forma, el color. El nombre hace referencia a nuestro propósito de dotar a los objetos de un significado, una metáfora o una referencia que va más allá de su funcionalidad. Esto puede materializarse en una propuesta minimalista, conceptual o artística: es un objeto. La frase «la forma sigue a la función» no encaja con nuestro enfoque; para nosotros, el diseño es lo que importa —incluyendo la función.
“La esencia de Anobjct reside en el diálogo entre función y diseño: el material, la forma, el color.”
Anobjct consiste en crear piezas que resuenen con el espacio arquitectónico mientras evocan una emoción, un recuerdo o una tensión. Es una forma de abrazar la contradicción: revelar suavidad en lo rugoso, y belleza en lo funcional. Buscamos diseñar objetos que se sientan al mismo tiempo futuristas y nostálgicos, arraigados pero trascendentes.
Tus piezas combinan el minimalismo, los materiales en bruto y una fuerte presencia escultórica. ¿Qué te inspira a equilibrar la función y la forma en tus diseños?
Crecí en la RDA, y parte de mi familia vivía en Alemania Occidental. La escasez de productos en la RDA hacía que cada paquete que llegaba del otro lado pareciera contener objetos extraños y fascinantes, a los que les dedicaba una atención casi devocional. Tal vez de ahí proviene mi fuerte vínculo con el diseño.
Más adelante, comencé a estudiar la historia del diseño italiano desde los años 40 hasta los 80. La abundancia, variedad y libertad con la que diseñadores y fabricantes colaboraban entre sí era algo único en el mundo. En esa época, muchos de los diseñadores eran arquitectos que también creaban muebles e iluminación. Por ejemplo, la mesa de café «Fasce» de Azucena, diseñada por Luigi Caccia Dominioni, se compone de perfiles de acero en L, un marco cromado ancho y una tapa de cristal. Este diseño de los años 50 sigue siendo, incluso 75 años después, relevante y moderno. Me apasionó descubrir cómo surgió, cómo evolucionó y cómo ha marcado una forma de vivir que perdura hasta hoy. El renovado interés por el diseño posmoderno —desde Prouvé hasta Gabriella Crespi— demuestra precisamente esa fascinación por objetos de una era pasada.

Hablas de «narrativas invisibles» dentro de los objetos. ¿Puedes compartir cómo influye el storytelling en tu proceso creativo y cómo se manifiesta en la pieza final?
Cada objeto nace de una intención poderosa que pone en marcha todo el proceso —diseñar como una aventura es algo que disfruto profundamente. Por ejemplo, la estantería «ONETWO» cuenta con dos elementos diferentes que sirven de soporte a las baldas superiores. Probé distintas ideas con el objetivo de generar un relieve repetitivo que recordara a una fachada. El resultado es un diseño que evoca las obras gráficas de artistas del movimiento ZERO, como Sol LeWitt. En este caso, la función es clara, pero el reto radica en su realización escultórica.
La silla «Quasar», por otro lado, es el resultado de una exploración del Radical Design italiano de los años 70. La forma lateral, que permite dos posiciones de asiento, fue el punto de partida. Un diseño que, por un lado, propone una nueva silueta y, por otro, desafía la lógica funcional, convirtiéndose así en una referencia al anti-diseño italiano, que fue una crítica al consumismo de esa época. Estos laterales generan una nueva experiencia del «dentro y fuera». La transparencia hace que el asiento y el respaldo parezcan flotar, mientras que los reflejos en los bordes esbozan la forma ante los ojos del espectador. La estabilidad de las dos posiciones de asiento solo pudo lograrse gracias a una palanca especial, una solución que solo fue posible desarrollar en colaboración con un ingeniero automotriz.
La artesanía parece jugar un papel central en tu enfoque. ¿Qué importancia tienen lo hecho a mano, lo imperfecto o lo único en tus colecciones?
La imperfección es un aspecto interesante que puede tener distintos orígenes y que, a menudo, resulta cautivador. Para mí, la imperfección no es una carencia de habilidad técnica o artesanal, sino más bien una decisión consciente para crear un estilo determinado. Durante muchos años trabajé con óleo sobre lienzo o madera. La calidad artística de los motivos o formas hechas a mano rompe con la estética de lo industrial, dando lugar a murales iluminados —como la serie 10 Glowing Modern Art Greats— que también pueden interpretarse como apliques escultóricos. Me interesa seguir explorando esta combinación de técnicas artísticas manuales con piezas fabricadas a máquina. Es un lenguaje híbrido que tiene mucho por decir.
¿De qué manera tu entorno físico y cultural influye en tu proceso creativo —ya sea el paisaje, las tradiciones o la belleza cotidiana que te rodea?
Creo profundamente en el poder creativo de la naturaleza. La cultura japonesa celebra esta idea de una forma tan delicada y poética que a los europeos simplemente nos asombra, aunque también podemos encontrar esa sensibilidad en nuestra tradición occidental.
Recuerdo que solía salir a recolectar piedras con mi padre: amatistas, ágatas… Las abríamos para descubrir sus interiores ocultos. Semanas después, cuando supe de una cantera de mármol abandonada en el sur de Alemania, cargué enormes piedras de mármol en el coche, las llevé a cortar y las usé como bases de lámparas. Imperfectas porque eran irregulares, estas piezas irradian una fascinación especial por las formas naturales.
“Creo profundamente en el poder creativo de la naturaleza.”
Vivo con mi esposa y socia en Anobjct, Sabrina Dehoff, en Berlín. Es una ciudad hermosa, áspera y también fea, todo al mismo tiempo. Esa mezcla es liberadora y todavía deja espacio para lo nuevo, incluso —o precisamente— por el avanzado proceso de gentrificación.

¿Cómo abordas los materiales, procesos o la producción desde una perspectiva consciente?
He coleccionado lámparas de los años 50 a los 80, y nadie se desharía de ellas sin más —como mucho, las dejaría en la calle para que alguien más las aproveche. Un buen diseño convierte los objetos en piezas sostenibles y atemporales.
Por supuesto, también consideramos aspectos como la huella de carbono del material, la producción y el transporte. Nos sentimos muy satisfechos trabajando con nuestro fabricante en Alemania y apostamos por una producción regional consciente. Sin embargo, nos hemos enfrentado al problema de que, en algunos casos, los precios de mercado y los costes calculados son tan elevados que la comercialización se vuelve inviable —o bien se opta por producir ciertas piezas en China.
Por ejemplo, si una pieza personalizada cuesta 3,50 € en China y 9 € en Europa, un accesorio que requiere ocho de esas piezas no sería factible sin recurrir a la fabricación china. En estos casos, nos planteamos hasta qué punto esas piezas son esenciales y qué alternativas existen. Es un dilema constante entre valores, diseño y viabilidad comercial.
Tu trabajo se mueve entre el objeto y el arte —entre lo útil y lo poético. ¿Dónde trazas la línea entre diseño y escultura?
Para mí, una escultura en su sentido más puro solo tiene una función: el placer estético de contemplarla, tocarla, sentirla. En los últimos años, el término «objeto» se ha vuelto habitual en el ámbito del diseño de interiores. Creo que en este contexto, el «objeto» hace referencia a un diseño escultórico —eso es, precisamente, Anobjct.
Mientras exista una función adicional que vaya más allá de lo estético —incluso si es espiritual—, yo lo consideraría diseño. Es justo en ese punto donde la línea se vuelve difusa. Gabriella Crespi, por ejemplo, diseñó numerosas lámparas y accesorios para el hogar cuya presencia escultórica está cargada de una espiritualidad palpable. Eso me resulta profundamente fascinante.

¿Existe alguna pieza que consideres definitoria del espíritu de Anobjct, o que haya marcado un punto de inflexión en tu trayectoria?
Comencé a diseñar mobiliario e iluminación en 2006 para la tienda de mi esposa, Sabrina Dehoff. Desde entonces han surgido muchas cosas: muebles, expositores, interiores, luminarias.
Quizá la pieza que mejor ilustra el proceso creativo actual es un objeto aparentemente sencillo: la bandeja apilable de papel Lyra. La forma básica para cumplir su función como bandeja apilable se resolvió rápidamente. Pero definir las líneas laterales y traseras fue un auténtico desafío. ¿Qué es demasiado? ¿Qué rompe la coherencia? ¿Cómo interactúan dos superficies que se encuentran? Todas esas preguntas oscilan entre el «gusto subjetivo» y la «coherencia objetiva».
Ese proceso es, en realidad, más artístico que funcional: una búsqueda en la que la forma no responde a la utilidad, sino al impacto estético.
¿Cómo imaginas la evolución de Anobjct en los próximos años? ¿Hay nuevos formatos, disciplinas o colaboraciones que te gustaría explorar?
Anobjct comenzó en 2017 como una plataforma para dar forma a mis inquietudes en torno al diseño. El primer resultado fue una colección de luminarias que combinaba piezas únicas y ediciones limitadas.
En 2024, Sabrina me propuso profesionalizar el proyecto, y juntos iniciamos un proceso de diseño intensivo. Aún no hemos materializado todo lo que imaginamos, pero en enero de 2025 presentamos en Maison & Objet, París, una colección de mobiliario y objetos para el hogar. Hasta ahora, Sabrina había colaborado como asesora creativa; en los próximos meses, participará de forma más activa con sus propios diseños, enriqueciendo la colección.
“También vemos Anobjct como una oportunidad para desarrollar proyectos en colaboración con otros diseñadores y artistas.”
A largo plazo, nos interesa explorar nuevos materiales y procesos, pero también vemos Anobjct como una oportunidad para desarrollar proyectos en colaboración con otros diseñadores y artistas. Esa apertura a la colaboración es, para nosotros, un valor esencial en el futuro de la marca. Esa energía positiva es, sin duda, una de las fuentes más valiosas de nuestra evolución y también de nuestra alegría.

Participas en la próxima edición de la Berlin Design Week —¿qué puedes contarnos sobre el proyecto que presentas y qué significa para ti formar parte de este evento?
El 10 de abril abrimos nuestra tienda Anobjct en Berlín. Se trata de un art concept store que reúne piezas seleccionadas de la colección de Sabrina Dehoff. Será la primera vez que presentamos la colección en Berlín, después de París.
Design Week Berlin nos pareció la plataforma ideal para dar visibilidad al espacio y a la propuesta. Estamos entusiasmados por ver cuántos amantes del diseño se acercarán a conocernos.
(*) Fotografías proporcionadas por Anobjct.