Crystal Sauna: arte para entrar en calor
En el norte de Suecia, Bigert & Bergström convierten un cristal de litio en una sauna pública y una antigua zona industrial contaminada en escenario para pensar sobre el clima, la tecnología y las contradicciones de la transición verde.


A orillas del río Skellefte, en el norte de Suecia, un enorme cristal rosa refleja ahora el bosque, el agua y un paisaje que durante buena parte del último siglo tuvo un significado muy distinto. Aquí se encontraba la antigua zona industrial de Scharin, uno de los terrenos más contaminados de Västerbotten después de décadas de producción y emisiones vinculadas a la industria de la pulpa.
Diecisiete años de trabajos de descontaminación han permitido recuperar el lugar y devolverlo a la vida pública con un nuevo propósito. Desde mayo de 2026, el antiguo enclave industrial alberga WasteLand, un parque donde arte, investigación, adaptación climática y desarrollo urbano se encuentran para explorar cómo transformar no solo un territorio dañado, sino también nuestra manera de imaginar qué hacer con él.
En el centro aparece Crystal Sauna, una escultura pública de Bigert & Bergström que puede contemplarse desde fuera y experimentarse desde dentro porque, además de obra de arte, es una sauna completamente funcional con capacidad para entre 12 y 15 personas.
Su presencia resulta difícil de ignorar. Un volumen facetado, brillante y deliberadamente extraño se levanta sobre una plataforma de madera entre la vegetación recuperada. Sin embargo, detrás de su espectacular aspecto hay una historia que conecta minería, tecnología, rituales ancestrales, crisis climática y una de las tradiciones sociales más arraigadas del norte de Europa.
Un cristal de litio junto al río
Mats Bigert y Lars Bergström llevan trabajando juntos desde 1986 y buena parte de su trayectoria ha investigado nuestra relación con el clima y con aquellas fuerzas naturales que intentamos comprender, modificar o controlar.
Crystal Sauna continúa esa investigación tomando como referencia uno de los materiales que mejor representan las contradicciones de nuestro presente: el litio.
Necesario para las baterías que impulsan buena parte de la electrificación contemporánea, este mineral se ha convertido en protagonista de la transición energética, aunque su extracción también genera un importante impacto sobre los territorios donde se produce. Para los artistas, esa dualidad resultaba especialmente apropiada en Skellefteå, una ciudad estrechamente vinculada durante los últimos años al desarrollo de la industria de las baterías.
La forma de la sauna reproduce un gigantesco cristal asimétrico construido a partir de geometrías hexagonales. Su superficie está formada por aproximadamente 280 prismas revestidos con acero inoxidable de espejo de color rosa, conseguido mediante un recubrimiento de titanio.
Crystal Sauna cambia continuamente. El río y los árboles se fragmentan sobre las caras de la escultura mientras el visitante se mueve a su alrededor, haciendo que el volumen parezca absorber partes del paisaje y devolverlas convertidas en reflejos. La naturaleza que lentamente ha regresado después de la descontaminación queda literalmente inscrita sobre la piel del edificio.
Además, toda la estructura se inclina además cuatro grados hacia atrás, una decisión que remite a las irregularidades de las formaciones rocosas naturales y que convirtió su construcción en uno de los proyectos técnicamente más complejos realizados por Bigert & Bergström.
Construir una roca con precisión digital
La apariencia mineral de Crystal Sauna esconde un proceso de fabricación extremadamente preciso.
La escultura fue desarrollada digitalmente y sus más de 140 láminas metálicas —58 piezas superiores y 86 laterales— se cortaron mediante tecnología láser antes de ensamblarse con más de 3.500 tuercas y tornillos. Cada encuentro debía resolver ángulos diferentes para conseguir que la sucesión de prismas formase una superficie continua.
El proceso completo necesitó alrededor de un año y medio desde los primeros bocetos.
Esa sofisticación tecnológica contrasta con la plataforma sobre la que descansa: una base hexagonal realizada con duramen de pino local. La relación entre ambos materiales anticipa lo que sucede al cruzar la entrada, cuando la superficie metálica y casi futurista desaparece para dar paso a un interior mucho más primitivo.
Entrar en una cueva
Bigert & Bergström imaginaron el interior como una cueva de madera. Y ese contraste con el exterior es deliberadamente físico. Después del acero rosa, los reflejos y las geometrías afiladas del exterior, dentro aparecen superficies cálidas, madera y un espacio recogido organizado alrededor del fuego contemporáneo de cualquier sauna: su estufa.
La referencia lleva la obra hasta los primeros refugios humanos y al momento en que aprender a dominar el fuego transformó nuestra forma de habitar el mundo.
Las paredes interiores están realizadas mediante corte CNC con chapa fina de madera resistente al calor y una estructura certificada de abeto, mientras que el suelo utiliza duramen de pino del norte de Suecia naturalmente rico en resina. La madera se selecciona mediante tecnología de rayos X para identificar piezas capaces de resistir la humedad y la putrefacción sin tratamientos químicos. Los bancos, por su parte, están realizados artesanalmente en aliso.
La tecnología vuelve así a aparecer donde menos se ve. Un interior concebido para evocar una experiencia ancestral depende también de herramientas contemporáneas, investigación de materiales y fabricación digital.
Una piedra de 700 kilos
En medio de la cueva se encuentra probablemente uno de los elementos más singulares del proyecto.
La estufa de la sauna está inspirada en un chopper de la cultura Olduvayense de África Oriental, una herramienta de piedra de aproximadamente 2,5 millones de años de antigüedad considerada entre los utensilios más antiguos creados por nuestros antepasados.
Bigert & Bergström han convertido aquella primera tecnología en el corazón térmico de una infraestructura contemporánea.
La pieza está forjada a mano, contiene 260 kilos de olivino y se reviste con sílex negro procedente de la costa de Normandía, un territorio relacionado históricamente con la producción de herramientas de piedra. En total pesa alrededor de 700 kilos.
Su aspecto primitivo esconde otra innovación: Crystal Sauna incorpora una estufa concebida para funcionar con baterías y que puede recibir energía tanto de sistemas de almacenamiento independientes como de vehículos eléctricos.
El proyecto Vehicle-to-Sauna, desarrollado junto a Skellefteå Kraft, experimenta precisamente con la posibilidad de utilizar la batería de un coche eléctrico para suministrar electricidad a la sauna y a otras partes de WasteLand.
Desde una herramienta de piedra hasta una batería eléctrica, millones de años de tecnología humana terminan reuniéndose alrededor del mismo gesto: producir calor.
Sentir la temperatura
La elección de una sauna tampoco es accidental. Para Bigert & Bergström, la temperatura lleva décadas siendo una herramienta artística. Sus proyectos han abordado el cambio climático a través de instalaciones, películas, performances y experimentos que intentan convertir procesos difíciles de percibir en experiencias físicas.
En una sauna ocurre algo especialmente interesante: el calor deja de ser una cifra. El cuerpo lo experimenta directamente y, además, lo hace acompañado de otras personas. La sauna nórdica introduce una dimensión social que transforma la obra en un lugar de encuentro, algo que los artistas ya habían explorado con Solar Egg, la sauna dorada con forma de huevo creada en 2017 en relación con la transformación de Kiruna.
Crystal Sauna retoma aquella idea desde un contexto diferente. Aquí, el visitante entra voluntariamente en un ambiente de calor extremo mientras fuera la conversación sobre el aumento global de las temperaturas adquiere una dimensión cada vez más urgente. Y aunque no pretende convertir una sesión de sauna en una explicación literal de la crisis climática, el interés está precisamente en utilizar una experiencia cotidiana y placentera para abrir un espacio donde cuerpo, percepción y conversación puedan encontrarse.
De WasteLand a un lugar compartido
Crystal Sauna adquiere todo su significado cuando se entiende como parte de WasteLand, inaugurado el 28 de mayo coincidiendo con Society Expo 2026.
El nombre del parque toma como referencia The Waste Land, el poema publicado por T. S. Eliot en 1922, y recupera la idea del territorio devastado como un lugar donde también puede comenzar algo nuevo.
El parque ocupa la antigua área de Scharin en Ursviken, a unos quince minutos del centro de Skellefteå, allí donde el río se aproxima al mar. Hoy se presenta como un espacio abierto dedicado al arte, el movimiento, la cultura de la sauna y el diálogo alrededor de la transformación climática.
Crystal Sauna comparte el terreno con otras intervenciones que amplían esa conversación. Por un lado, Circle Walk, también de Bigert & Bergström, traza un recorrido circular de 400 metros entre la vegetación para caminar y conversar, mientras Broken Greenhouse dispersa cinco grandes estructuras de invernadero por un laberinto forestal para materializar, en colaboración con investigadores climáticos, cinco posibles escenarios futuros.
A ellas se suma un mirador desarrollado por estudiantes de máster de la Oslo School of Architecture and Design y First Came the Landscape, de la artista sueca Ingela Ihrman. Esta última adopta la forma de un esqueleto de doce metros construido con ramas y raíces que descansa directamente sobre un suelo marcado por la explotación humana, recordando que el paisaje estaba allí antes que la industria.
WasteLand incorpora además espacios para jugar, caminar, reunirse o simplemente permanecer. Su acceso es gratuito y Crystal Sauna puede reservarse independientemente, de modo que aquello que comenzó como una operación de recuperación ambiental funciona ahora como un nuevo lugar público.
Construir sobre las cicatrices
Hay algo relevante en la decisión de no esconder completamente el pasado industrial del terreno. WasteLand utiliza precisamente esa historia como materia para pensar el futuro. La contaminación no se convierte en una anécdota previa a la inauguración del parque, sino en parte del relato que explica por qué este lugar existe.
Por otro lado, la forma de Crystal Sauna remite al litio que alimenta la transición energética, mientras recuerda que extraer minerales también transforma paisajes. Su exterior necesita fabricación digital de alta precisión, aunque su interior mira hacia las primeras cuevas habitadas por seres humanos. Su estufa adopta la forma de una herramienta prehistórica y, al mismo tiempo, puede recibir electricidad de la batería de un automóvil.
Incluso el propio ritual de la sauna contiene esa tensión. Porque entrar significa someter el cuerpo a una temperatura extrema para después salir, enfriarse y comenzar de nuevo.
En Skellefteå, Bigert & Bergström han convertido ese ciclo en una experiencia colectiva situada sobre un territorio que también intenta comenzar otra etapa. El enorme cristal rosa refleja ahora un bosque que vuelve a crecer, un río que continúa pasando y las huellas de una industria que durante décadas transformó el paisaje.
Crystal Sauna no pretende borrar ninguna de esas capas, sino que las reúne en un mismo lugar y deja que el calor haga el resto.
(*) Crystal Sauna by Bigert & Bergström, WasteLand, Skellefteå. Fotografías: Jonas Westling.

