Serboli Bureau transforma un ático de Gràcia con luz y materia

En un ático dúplex de 82 metros cuadrados en el barrio barcelonés de Gràcia, Serboli Bureau transforma una planta fragmentada en un hogar abierto. El mármol Cipollino, la madera de okume y el acero inoxidable dialogan con las vigas originales, mientras una escalera roja conduce a una forma distinta de vivir la casa.

La luz fue el punto de partida de la reforma de RiC 12. Entraba con generosidad en este ático dúplex de Gràcia, aunque la distribución de la planta inferior, dividida en cinco ambientes y marcada por desniveles, impedía percibir el espacio como un conjunto.

Serboli Bureau encontró en esa contradicción la dirección del proyecto: abrir la vivienda para que la claridad pudiera recorrerla y, al mismo tiempo, dar a cada actividad un lugar reconocible sin volver a levantar barreras.

La intervención es profunda, pero no busca que sus 82 metros cuadrados parezcan una casa distinta a la que había. Las vigas de madera, las bóvedas y una franja de ladrillo visto pintado de blanco siguen presentes; junto a ellas aparecen muebles diseñados a medida y materiales de carácter muy definido. Esa convivencia permite entender la reforma como una nueva etapa del apartamento, capaz de responder a la vida actual sin perder las señales de su historia.

Cinco estancias que se convierten en una

La decisión espacial más importante se tomó en la planta baja. Donde antes había cinco ambientes separados, ahora cocina, comedor y salón forman una secuencia continua. Se puede recorrer con la mirada desde un extremo hasta el otro, aunque el proyecto evita que esa apertura convierta todas las zonas en una única habitación indiferenciada.

Para lograrlo, Serboli Bureau trabajó con el mobiliario como si fuera arquitectura. Una pared de armarios de madera acompaña el paso hacia la cocina; al otro lado, un sofá modular diseñado para la vivienda organiza el salón e incorpora almacenamiento oculto y una cama abatible. Son soluciones prácticas, pero su papel no termina ahí: sus dimensiones y su posición establecen recorridos y dan forma a cada rincón sin necesidad de cerrarlo.

Incluso el baño de esta planta se resuelve desde esa voluntad de continuidad. Situado en un retranqueo del perímetro, tiene un acceso discreto integrado en la pared. La casa conserva así una circulación abierta, mientras las funciones que necesitan intimidad encuentran su sitio dentro del conjunto.

Un zócalo de veinte centímetros recorre la planta y contribuye a unir visualmente las distintas áreas. Por encima, el ladrillo pintado de blanco dialoga con las vigas y bóvedas originales. Son detalles que se descubren después de la primera impresión y explican por qué, pese a la fuerza de algunas piezas, el espacio se percibe como una casa completa y no como una suma de objetos.

Tres materiales, muchas maneras de encontrarse

El proyecto se construye alrededor de tres materiales: mármol Cipollino, madera de okume y acero inoxidable cepillado. La elección es contenida, pero Serboli Bureau obtiene de ella ambientes muy diferentes al variar la escala, la posición y la manera de trabajar cada superficie.

El okume aporta calidez al salón y se extiende por los armarios hasta acercarse a la cocina. Su veta acompaña la longitud de la estancia y ofrece un fondo sereno a piezas con una presencia más marcada. Frente a él, el acero introduce una precisión casi industrial que resulta especialmente visible en la isla de cocina. El mármol, con sus vetas verdes, aparece en varios puntos de la vivienda y aporta una textura que cambia con la luz y con la distancia desde la que se mira.

Ninguno de los tres materiales queda confinado a una sola habitación. Reaparecen a lo largo del recorrido y permiten que el proyecto mantenga su identidad incluso cuando cambia de ambiente. También evitan una oposición demasiado simple entre lo cálido y lo frío: la madera tiene una presencia rotunda, el acero refleja la vida doméstica que ocurre a su alrededor y el mármol introduce movimiento en las superficies más sólidas.

La luz fue el punto de partida de la reforma por parte de Serboli Bureau.

Una cocina concebida para estar en ella

En RiC 12, la cocina ocupa un lugar central en la vida de la casa. El mármol Cipollino define la zona del fregadero mediante una pieza tallada a distintos niveles, cuya presencia escultórica convive con su uso diario.

Frente a ella, un volumen de acero cepillado reúne electrodomésticos y estanterías, mientras una isla ovalada del mismo material incorpora los fogones y se recorta ante el gran ventanal.

La forma de la isla importa tanto como su acabado. Sus extremos curvos facilitan el movimiento a su alrededor y suavizan la geometría de una planta larga y abierta. También invitan a detenerse: cocinar aquí puede formar parte de una conversación con quien está en el comedor o de un momento tranquilo mirando hacia la ventana.

La luz natural alcanza los distintos materiales de maneras muy diferentes. Resbala sobre el acero, revela las vetas del mármol y vuelve más cálida la madera. Es fácil imaginar que la cocina cambie de aspecto durante el día sin que se mueva ninguna de sus piezas; esa variación es parte de la experiencia que Serboli Bureau quiso preservar al abrir la planta.

Una escalera roja cambia el ritmo

En el salón, una escalera de caracol lacada en rojo introduce un gesto inesperado. Su estructura ligera permite seguir viendo el espacio a través de ella, mientras el color anuncia que arriba encontraremos otra atmósfera. Más que un simple elemento de comunicación, convierte el trayecto entre plantas en uno de los momentos más expresivos de la vivienda.

La escalera de caracol lacada en rojo convierte el trayecto entre plantas en uno de los momentos más expresivos de la vivienda.

El dormitorio abandona la contención cromática de la zona compartida e incorpora una moqueta roja y un zócalo de mármol Cipollino. El color que apareció en la escalera continúa así en una estancia más íntima, donde puede envolver el espacio de otra manera. La iluminación, que incluye lámparas TMM de Santa & Cole, acompaña ese cambio de escala y ayuda a construir una habitación con una personalidad propia.

La transición habla de cómo se vive un dúplex: abajo se cocina, se conversa y se recibe; arriba, el ritmo puede ser otro. Serboli Bureau distingue esas experiencias mediante la materia y el color, sin perder los vínculos que hacen que ambas plantas pertenezcan al mismo hogar.

La terraza, otra habitación

En el exterior, la tarima de bambú se pliega para formar un banco corrido. La estructura metálica existente recupera el rojo de la escalera y las alicantinas permiten graduar la luz mediterránea, de modo que la terraza participa del mismo lenguaje que el interior sin renunciar a su condición de espacio abierto.

En RiC 12, la cocina ocupa un lugar central en la vida de la casa.

Ese último tramo completa el recorrido iniciado en la planta baja. La reforma comienza liberando la luz en una casa antes compartimentada y termina ofreciendo un lugar desde el que mirar hacia fuera. Entre ambos puntos, el proyecto demuestra que aprovechar mejor una vivienda no consiste solo en ganar superficie visual, sino en pensar qué puede suceder en ella y cómo queremos movernos de un momento del día al siguiente.

RiC 12 tiene materiales memorables y decisiones de gran fuerza formal, pero su interés reside también en la atención prestada a lo cotidiano: dónde guardar algo, cómo pasar junto a la isla, de qué modo cambia una estancia al subir la escalera o qué rincón elegir cuando entra el sol. Serboli Bureau convierte esas preguntas en arquitectura y da a este ático de Gràcia una nueva vida que se descubre al recorrerlo.

(*) Fotos: Pol Viladoms.

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