Studiolo by Hanghar: el arte de habitar el espacio doméstico multifuncional

El hogar ha evolucionado hasta convertirse en un espacio multifuncional donde convergen el trabajo, la socialización y el descanso. Ante esta transformación, la arquitectura ha apostado por el diseño de espacios versátiles y adaptables, capaces de cumplir diversas funciones dentro de una misma habitación

El proyecto Studiolo, desarrollado por Hanghar en un pequeño apartamento madrileño de 50 m2 de la década de 1970, reinterpreta el significado de la privacidad y el retiro intelectual en el espacio doméstico. Inspirado en los studiolos renacentistas, este proyecto desafía las convenciones arquitectónicas contemporáneas y propone un diálogo entre la habitación como entidad y su relación con el vacío.

La habitación como unidad fundamental

La idea de la habitación, aunque omnipresente en la arquitectura, es un concepto que rara vez se cuestiona. Studiolo pone en crisis esta aparente obviedad al diseccionar el espacio y convertirlo en un objeto de diseño independiente. Hanghar toma un apartamento con vistas a un convento del siglo XIX y lo vacía para insertar una pieza autónoma dentro de él: un volumen compacto de color verde oscuro, hecho enteramente en MDF crudo. Esta estructura, más cercana a un mueble que a una habitación convencional, libera el resto del espacio para que permanezca abierto, aséptico y flexible.

El studiolo del siglo XV servía como un retiro para la reflexión intelectual y la contemplación artística. En esta versión contemporánea, el concepto se reinterpreta como un espacio dentro del espacio, un elemento arquitectónico que funciona como un contenedor de vida y memoria, donde se almacenan pertenencias esenciales en armarios que revelan sus contenidos. Electrodomésticos, ropa de cama y objetos personales se ocultan y emergen con una intención casi escenográfica.

Un vacío que invita a la posibilidad

Si la arquitectura es, en esencia, el arte de dar forma al espacio, Studiolo de Hanghar plantea un ejercicio de negación y afirmación simultáneas. Al vaciar el apartamento y centrar la atención en una sola pieza compacta, se genera un vacío elocuente. Este vacío no es un simple espacio sin uso, sino un lienzo en blanco para la vida cotidiana, un lugar donde la habitación se convierte en un objeto de deseo y no en una imposición arquitectónica.

Como podréis comprobar por las imágenes, en un mundo donde la sobrecarga de información y objetos define nuestro día a día, Studiolo reivindica la importancia del retiro, de la habitación como símbolo de introspección y posibilidad infinita. Una arquitectura que no sólo se habita, sino que se contempla y se piensa.

Recientemente charlamos con Eduardo Mediero, arquitecto y fundador del estudio de arquitectura Hanghar, sobre el proyecto Studiolo y esto fue lo que nos contó. Pasen y lean.

Studiolo recupera una idea renacentista en un contexto contemporáneo. ¿Cómo surgió la inspiración para este proyecto y qué te atrajo de los studiolos italianos del siglo XV?

La idea del studiolo siempre me ha fascinado porque es un concepto arquitectónico que dialoga entre la arquitectura y el mobiliario. Siempre quise materializarlo y, finalmente, pude hacerlo en mi propia vivienda. Es decir, construir una pequeña caja dentro de otra caja, un refugio dentro del hogar donde poder retirarme y descansar.

Planteas que la habitación es un concepto arquitectónico fundamental, pero a menudo se da por sentado. ¿Por qué crees que es importante cuestionarlo y qué has descubierto en el proceso de investigación?

La habitación es la unidad más básica de la arquitectura, el elemento esencial de la construcción, y, sin embargo, muchas veces la pasamos por alto. Es un espacio profundamente político, pues representa el núcleo más primario de lo privado. A partir de la habitación, el resto del espacio se considera prácticamente público, generando diferentes grados de privacidad.

En este apartamento tan pequeño, la idea de crear una habitación dentro de otra ha sido casi como concebir el propio apartamento como una gran habitación. Por ello, construir esta caja de DM verde me permitió jugar con distintos niveles de privacidad sin necesidad de generar otro cuarto independiente. El resto del espacio se mantiene fluido y abierto, sin puertas.

“La idea del studiolo siempre me ha fascinado porque es un concepto arquitectónico que dialoga entre la arquitectura y el mobiliario.”

Hoy en día, la noción de intimidad ha cambiado radicalmente con la tecnología y el teletrabajo. ¿Cómo dialoga Studiolo con esta nueva forma de habitar lo privado?

El teletrabajo ha evidenciado algo que ya intuíamos: el límite entre lo privado y lo compartido dentro del hogar es extremadamente difuso. Operamos en espacios donde las fronteras entre lo íntimo y lo colectivo no están claramente definidas, lo que genera fricciones. Studiolo responde a esta realidad sin imponer divisiones rígidas, permitiendo un uso más flexible del espacio.

En lugar de reorganizar el apartamento, introduces una pieza compacta dentro de él. ¿Por qué decidiste trabajar con este concepto de estructura mínima? ¿Lo consideras más un mueble que una habitación?

Esta pieza de DM verde es tanto un mueble como una habitación; en realidad, es ambas cosas. Decidí explorar este concepto de estructura mínima porque permite hacer arquitectura no con los elementos tradicionales de la construcción, como ladrillo o pladur, sino con los del mobiliario: listones de madera y tableros de DM.

Usas MDF crudo, suelo de goma Pirelli y perfiles de acero galvanizado, materiales más propios de entornos industriales u oficinas. ¿Qué te llevó a explorar estos materiales en un contexto doméstico?

Como arquitecto, me interesa enormemente la experimentación material, y este proyecto es un claro ejemplo de ello. Está resuelto con materiales que, a priori, no se asocian con el ámbito residencial. El suelo es de goma Pirelli, un material habitual en aeropuertos y autobuses; el MDF hidrófugo es un material crudo empleado en mobiliario de cocina, que decidimos dejar visto y simplemente barnizar para protegerlo; el techo metálico, normalmente usado en oficinas y terrazas, se mantuvo expuesto sin lacar. Además, la cocina proviene de una empresa de cocinas industriales y el lavabo es de un distribuidor de sanitarios para espacios deportivos.

La intención es demostrar que estos materiales, lejos de ser inapropiados para una vivienda, poseen una belleza propia que merece ser explorada. No debemos dejarnos llevar por lo que dicta el mercado, sino atrevernos a recontextualizar los materiales y descubrir su potencial en nuevos entornos.

“Decidí explorar este concepto de estructura mínima porque permite hacer arquitectura con los elementos tradicionales del mobiliario.”

El resto del apartamento queda prácticamente libre, sin una función predeterminada. ¿Cómo influye este vacío en la experiencia del espacio? ¿Buscabas provocar una cierta ambigüedad en el habitar?

Sí, había una intención clara de condensar todo el programa más definido—almacenamiento y zona de descanso—en una sola caja, liberando el resto del espacio. Esto permite que el apartamento se transforme según nuestras necesidades y no quede limitado a una única función.

A mi pareja y a mí nos interesa la idea de un espacio versátil, que pueda usarse para distintos eventos y funciones más allá de ser solo una vivienda. De ahí que comprimir lo esencial en una estructura mínima nos permitiera dejar el máximo espacio posible sin determinar, listo para adaptarse a nuevas situaciones.

El apartamento tiene vistas a un convento del siglo XIX. ¿Cómo se relaciona el proyecto con su entorno inmediato? ¿Fue una influencia en la propuesta?

Sí, el Studiolo se ubica junto a un convento de tres plantas, mientras que nuestro apartamento está en una quinta planta. Esto nos brinda vistas privilegiadas a los tejados de Madrid y a un amplio horizonte de cielo, algo poco común en la ciudad.

Estas vistas son clave en el proyecto. Por eso, decidimos potenciar su presencia con ventanales que recorren toda la fachada. Además, dejamos un margen entre la estructura de DM verde y los ventanales para garantizar una conexión visual continua con el exterior. Sin estos ventanales, el proyecto habría sido completamente distinto.

Mencionas que el studiolo opera en un umbral entre lo real y lo ficticio. ¿Puedes explicarnos más sobre esta idea? ¿Cómo puede la arquitectura generar espacios en ese límite?

Esta idea se relaciona con la capacidad del espacio indefinido para transformarse en múltiples funciones. En lugar de segregar el hogar en usos rígidos—dormitorio, comedor, salón—, propongo organizarlo en torno a cualidades espaciales: más amplios o compactos, más altos o bajos, más oscuros o luminosos. Al diseñar desde estas cualidades en lugar de programas funcionales, los espacios adquieren un carácter más abierto y versátil, lo que introduce cierto grado de «ficción» en su interpretación.

El studiolo no solo es refugio, sino también almacenamiento. Los armarios revelan su contenido: ropa, electrodomésticos, objetos personales. ¿Cómo interpretas esta dualidad entre lo oculto y lo expuesto?

Es una cuestión muy interesante, porque, al final, lo que define nuestra identidad no es tanto el espacio en sí, sino los objetos con los que nos rodeamos.

Ocultar ciertos elementos y exponer otros responde a una intención muy clara: priorizar determinados usos sobre otros. En nuestro caso, decidimos «desdibujar» la cocina, escondiéndola tras los armarios de DM verde, para que no dominara la percepción del espacio. En cambio, en la zona de estar, los objetos expuestos son piezas que hemos coleccionado con el tiempo, definiendo el carácter y el uso de ese ambiente.

“La arquitectura debe funcionar como una estructura base sobre la que cada persona construya sus propias experiencias.”

Tu proyecto parece contar una historia, tanto en su concepción como en su materialidad. ¿Crees que la arquitectura debe aspirar a ser una narradora de experiencias?

Más que narrar experiencias, creo que la arquitectura debe contar historias sobre formas de vida. Especialmente en la vivienda, que es un reflejo de cómo habitamos y de nuestras particularidades.

Para mí, la arquitectura debe funcionar como una estructura base sobre la que cada persona construya sus propias experiencias. No se trata de imponer una narrativa cerrada, sino de crear un marco flexible que posibilite diferentes maneras de habitar.

¿Ves este proyecto como un manifiesto para futuras exploraciones? ¿Podría Studiolo replicarse en otros contextos o es una respuesta específica a este apartamento en Madrid?

Más que replicar proyectos, cada intervención es una oportunidad para explorar nuevas ideas. Si bien estas ideas pueden repetirse en diferentes formas, cada proyecto genera el sedimento para el siguiente, independientemente de sus similitudes.

Finalmente, más allá de Studiolo, ¿cómo definirías tu enfoque arquitectónico? ¿Qué temas te obsesionan en tu práctica?

Busco una arquitectura honesta, sin elementos superfluos, pero tampoco aséptica. No me interesa el minimalismo, pero sí la esencialidad: que cada proyecto responda exactamente a lo necesario, sin excesos ni carencias.

Mi mayor obsesión es la vivienda. No solo por la crisis de acceso a la misma, sino porque es el tipo de arquitectura que más nos define como seres humanos. A lo largo de la historia, la tipología de la vivienda ha cambiado sorprendentemente poco. Esto hace que, para mí, cada proyecto de vivienda sea un ejercicio de sutileza y precisión, donde cada decisión cuenta.

(*) Fotos: Luis Diaz Diaz.

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