La Nave en La Pau, un proyecto de Atienza Maure
De la frialdad del acero al calor de un hogar: una nave industrial de 450 m² se transforma en un espacio habitable y de trabajo, donde la luz natural y la arquitectura prefabricada marcan el ritmo.


Un enclave con personalidad industrial en las afueras de Barcelona
No lejos de Les Tres Xemeneies que aún recuerdan el pasado fabril de Sant Adrià de Besòs, a escasos minutos del ahora gentrificado Poblenou, se ubica un proyecto que desafía los códigos tradicionales de la rehabilitación arquitectónica.
En la cuarta planta de un edificio industrial entre medianeras, una antigua imprenta ha sido transformada en un espacio híbrido que alberga tanto las oficinas de la empresa Giagchico como la vivienda de sus fundadores, Agustín Iglesias y Giulia Amos.
La intervención, firmada por el estudio barcelonés Atienza Maure, junto al propio Iglesias y su hermano Abel, parte de una premisa clara: crear un lugar para vivir y trabajar con un presupuesto limitado de apenas 380 €/m².

Presupuesto limitado: estrategia prefabricada y lógica de autoconstrucción
Lejos de una reforma tradicional, el proyecto se erige como una estrategia experimental de montaje in situ. El equipo optó por sistemas prefabricados de acero galvanizado, contrachapado de abedul y hormigón blanco encofrado, lo que permitió una construcción ágil, económica y visualmente expresiva.
La autoconstrucción fue clave: los propios clientes se implicaron directamente en la obra, lo que permitió una toma de decisiones flexible y colaborativa durante el proceso.

Una planta abierta que transforma la luz en protagonista
El edificio, de 39 metros de profundidad, solo recibe luz natural por sus fachadas norte y sur. Imposibilitados de abrir nuevos vanos o lucernarios, los arquitectos propusieron una planta esencialmente libre. Esta apertura permitió que la luz fluyera desde ambos extremos, iluminando todo el volumen sin interrupciones.
El espacio se organiza mediante cajas autónomas de madera —verdaderos «colchones acústicos y visuales»— que agrupan funciones como baños, vestidores, salas técnicas o habitaciones de invitados.

Dos mundos conectados: vivienda y oficina en un solo flujo
La nave acoge 193 m² de oficina y 333 m² de vivienda, separadas —pero no aisladas— por estas cajas funcionales. Gracias a escaleras dobles, accesos múltiples y una estructura lógica de circulación, los espacios pueden utilizarse indistintamente según la necesidad. Por ejemplo, una sala de reuniones ubicada en un altillo es accesible tanto desde la cocina como desde el área de trabajo, mientras que otro altillo funciona como habitación de invitados o estudio independiente.

Sistemas constructivos que celebran lo técnico
La estructura principal emplea estanterías de perfiles en L con bandejas de rejilla, utilizadas como soporte para instalaciones, almacenaje, pasarelas y jardineras. Este sistema modular queda completamente expuesto, celebrando lo técnico y lo industrial en lugar de ocultarlo. Los cerramientos de contrachapado y las plataformas intermedias de madera refuerzan la calidez del conjunto.

Domesticidad lúdica y materialidad telúrica
En contraste con la racionalidad de la zona de trabajo, el ámbito doméstico apuesta por una espacialidad abierta y lúdica. Plataformas de descanso de abedul se elevan y conectan mediante escaleras ligeras, generando pequeñas «cuevas» para dormir, leer o simplemente estar.
Estas áreas, revestidas en madera y suavizadas con textiles, se complementan con elementos fijos de hormigón blanco —bancos, encimeras, bañera— que aportan una gravedad visual y táctil, evocando una domesticidad más contemplativa y hedonista.

Una estética de sinceridad constructiva
La propuesta arquitectónica no busca ocultar los sistemas, sino hacerlos visibles y coherentes. Frente a discursos minimalistas que tienden a ocultar la técnica, Atienza Maure propone lo contrario: mostrarla, celebrarla y contraponerla a la calidez de lo macizo. El resultado es una convivencia armónica entre el lenguaje racional del acero y la textura emocional del hormigón y la madera.

Una arquitectura técnica, hedonista y profundamente humana
La Nave en La Pau no solo es la transformación de una imprenta olvidada. Es un manifiesto construido, una prueba palpable de que la arquitectura contemporánea puede ser económica sin ser pobre, técnica sin ser fría, y doméstica sin dejar de ser experimental.
Plataformas, estructuras vistas, materiales nobles y decisiones tomadas in situ dialogan con la luz natural, la vegetación y el paso del tiempo. Aquí, la técnica no se esconde, se celebra. Un espacio donde lo técnico se hace poético, y lo cotidiano se convierte, sencillamente, en arquitectura.
(*) Fotografías: Simone Marcolin.

