OFFF cumple 25 y estrena identidad visual de COLLINS
Este año OFFF celebró su 25 aniversario, consolidándose como uno de los festivales de diseño y creatividad más influyentes del mundo. Para marcar este hito, el festival confió su nueva identidad visual a COLLINS, una agencia internacional con base en Nueva York que destaca por su enfoque narrativo, estratégico y profundamente emocional del diseño. Conversamos con Lorena G. Ortiz, parte del equipo creativo responsable del proyecto, para entender cómo se construye una identidad que no solo representa un festival, sino a toda una comunidad global de creadores. El resultado: una propuesta magnética, vibrante y con alma.


Este año OFFF celebró 25 años, y habéis sido los responsables de dar forma a su nueva identidad visual. ¿Qué significó para vosotros asumir este reto y cómo lo abordasteis creativamente?
La verdad es que fue un reto muy importante, ya que no se trata de cualquier festival. Tras 25 años de trayectoria, OFFF es uno de los eventos más relevantes de la industria, al que miles de personas prestan atención. Y no solo eso: la mayoría de los asistentes son expertos en la materia y diseñadores con una gran trayectoria.
“Para nosotros, OFFF es como un imán, una fuerza magnética con dos polos.”
Esta identidad, además, representa también a toda la comunidad y a los ponentes que participan cada año en el festival, a quienes admiramos profundamente. Así que la presión —y también la motivación— eran altas.
A nivel creativo, muchos de nuestros proyectos comienzan en la librería del estudio, así que organizamos un workshop interno para poder explorar, salir de la pantalla y no limitarnos a lo que se está haciendo actualmente. Queríamos aportar una visión más inesperada.
OFFF no es solo un festival de diseño, es también un lugar de encuentro, inspiración y visión de futuro. ¿Cómo se traduce todo eso visualmente? ¿Qué queríais comunicar con esta nueva identidad?
Exacto, esa idea del festival como punto de encuentro, donde todas las miradas confluyen, fue el detonante del concepto que queríamos representar. Para nosotros, OFFF es como un imán, una fuerza magnética con dos polos. Por un lado, atrae a toda la comunidad creativa, y por otro, «repele» —o mejor dicho, esparce y propaga— ideas, conocimiento, procesos, referencias…
La identidad creada para OFFF combina lo digital, lo experimental y lo emocional de una forma muy impactante. ¿Qué referencias o ideas nutrieron este universo visual?
Como explicábamos anteriormente, nuestra referencia para desarrollar el concepto fueron las fuerzas magnéticas, así que en esta identidad todos los elementos se han visto afectados por esa energía.
Desde el logotipo —en el que las letras de OFFF se compactan bajo una fuerte atracción para formar una silueta icónica y muy reconocible— hasta los propios módulos de color que componen el sistema gráfico. Como puede verse en los formatos digitales, el logo actúa como un imán, atrayendo y redistribuyendo los módulos alrededor de cada pieza.
Para acentuar esta sensación de magnetismo, tanto los colores como la tipografía juegan un papel esencial: por un lado, la tipografía de los titulares también se ve afectada, formando manchas tipográficas muy densas; por otro, buscamos que los colores tuvieran una alta vibración y saturación, para aportar al sistema una gran energía y vitalidad.
OFFF es un festival con raíces locales y alcance global. ¿Cómo habéis gestionado esa dualidad entre lo barcelonés y lo internacional en el diseño?
La dualidad y el enfoque internacional fueron fáciles de reflejar, porque ya estaban presentes en el propio equipo de COLLINS que dio forma a la identidad.
Sergio Lairisa, graphic designer y mejor compañero de proyecto, es de Barcelona. Yo soy de Tarazona, un pueblo de Zaragoza, aunque viví diez años en Barcelona y la siento como casa. Rebeka Arce, nuestra querida creative director del proyecto y mejor persona, es del País Vasco. Los tres vivimos actualmente en Nueva York.
La dimensión global se amplificó con John Choi y Eric Park, increíbles motion designers con sede en Nueva York pero originarios de Corea del Sur, y con la magia de Maddy Carrucan, copywriter australiana. Completaron el equipo creativo Nick Ace, chief creative officer; Sam Elliott, engagement director; y Brian Collins, founder & chief creative officer, tres voces estadounidenses clave en la visión y dirección del proyecto.

COLLINS tiene una forma muy especial de contar historias a través del diseño. ¿Cómo definiríais vuestro enfoque creativo en una sola frase?
En COLLINS, el diseño es más que una solución estética, es una herramienta para imaginar y construir futuros deseables.
En vuestros proyectos hay una fusión muy cuidada entre estrategia, emoción y cultura. ¿Cómo influye la tecnología en ese equilibrio creativo?
En COLLINS, el uso de tecnología está profundamente vinculado a la exploración de nuevos formatos y lenguajes expresivos (como el uso del 3D, realidad aumentada o la tipografía cinética), pero siempre desde un enfoque estratégico y narrativo. Usamos la tecnología no solo como novedad, sino como catalizador cultural y emocional.
Pero está claro que la tecnología dentro del diseño debe ser una herramienta que haga posibles las cosas, no la protagonista.
En una era de scroll infinito y branding efímero, ¿cómo lográis construir identidades que no solo llamen la atención, sino que generen significado real?
No diseñamos para el algoritmo, diseñamos para la imaginación. En COLLINS creemos que lo que perdura no es lo que solo destaca visualmente, sino lo que emociona, lo que toca una fibra humana profunda.
“No diseñamos para el algoritmo, diseñamos para la imaginación.”
En lugar de perseguir la relevancia momentánea, trabajamos para construir sistemas vivos, cargados de significado, que evolucionen con el tiempo y permitan a las marcas crecer, hablar, equivocarse y volver a conectar. La clave en contar una historia que merezca ser contada, una que la gente quiera hacer suya.
Vuestro enfoque va mucho más allá del diseño gráfico tradicional. ¿Qué otras disciplinas alimentan vuestra forma de pensar y crear?
Personalmente, como diseñadora, me gusta pensar que los diseñadores somos muchas profesiones a la vez. Si tienes que hacer un proyecto sobre energía de la biomasa, lo primero es aprender sobre sus procesos para poder representarlos gráficamente. Cada proyecto se alimenta de una disciplina distinta, según su naturaleza.
Además, el diseño no es solo estética, es una forma de pensar que atraviesa distintas áreas, buscando siempre cómo las personas perciben y experimentan el mundo. Nos nutrimos de múltiples disciplinas para crear experiencias que no solo se vean, sino que se sientan y resuenen emocionalmente, transformando el diseño en algo vivido.
La inteligencia artificial está reconfigurando el panorama creativo. ¿Qué potencial —o riesgo— veis en su integración dentro de procesos de diseño narrativo y estratégico?
La inteligencia artificial ofrece un enorme potencial para ampliar las posibilidades del diseño, sin embargo, el mayor riesgo radica en perder la esencia humana del proceso creativo. La IA puede generar patrones o respuestas, pero carece de la capacidad para comprender el contexto cultural, emocional o el ‘por qué’ detrás de una historia.
La clave está en usar la tecnología como una herramienta para amplificar la creatividad humana, no reemplazarla.
“La clave está en usar la tecnología como una herramienta para amplificar la creatividad humana, no reemplazarla.”
(*) Imágenes proporcionadas por COLLINS.



