The Great Exhibition: creatividad en bucle y sin frenos

The Great Exhibition, la agencia sueca que ha instalado una montaña rusa dentro de una oficina, nos recuerda que la creatividad no debería tener techo… ni suelo.

Cuando el discurso creativo suena a mantra gastado —innovación, disrupción, storytelling, impacto—, hay quienes prefieren salirse del carril. O, mejor aún, diseñar uno propio… en forma de montaña rusa.

Desde Estocolmo, The Great Exhibition ha captado la atención del planeta con una instalación tan inesperada como poética: la primera montaña rusa del mundo ubicada dentro de una oficina. Un proyecto que va mucho más allá del espectáculo: es una declaración de principios.

Su visión, profundamente lúdica y radical, nace de una convicción clara: la creatividad está en peligro cuando se vuelve predecible. Y su respuesta a esa amenaza ha sido construir una experiencia que combina diseño, provocación y una llamada urgente a imaginar otros futuros posibles.

Hablamos con ellos sobre sueños infantiles, límites industriales, oficinas que dejan de parecer oficinas y por qué, a veces, para avanzar hay que dar vueltas.

El concepto de una montaña rusa dentro de una oficina es algo completamente inédito. ¿De dónde surgió la idea inicial y qué queríais comunicar con este proyecto?

La idea ha estado presente en la mente de nuestro fundador, Petter, durante décadas. Era su sueño de infancia tener su propia montaña rusa. Creo que esta instalación ilustra dos cosas. Primero, que es algo hermoso, no solo como objeto o instalación, sino como símbolo. Casi como un acto de resistencia, de hacer algo completamente diferente a los demás. Se supone que estamos en el negocio de la creatividad, pero siendo sinceros, la creatividad se ha vuelto bastante predecible.

Es como si la industria hubiese aceptado jugar en una esquina pequeña y bien definida. Nuestra montaña rusa es un intento de escapar de esa esquina, donde la creatividad corre el riesgo de volverse aburrida.

“El sueño de infancia de Petter, nuestro fundador, siempre fue tener su propia montaña rusa.”

Y lo segundo que ilustra es que hay dos formas de enfrentarse a los sueños: seguirlos o no. No es imposible solo porque nadie lo haya hecho antes. Tal vez no sea fácil, pero tampoco es tan difícil.

The Great Exhibition suele jugar con los límites entre arte, provocación y utilidad. ¿De qué manera veis esta instalación como una pieza de diseño más allá del espectáculo?

Es el tipo de diseño que nos interesa. Resolución de problemas basada en una comprensión profunda del contexto. Es un diseño enormemente complejo: curvas, pesos, fuerzas G, sistemas de freno, inclinaciones, diámetros, sistemas de seguridad…

Visualmente es muy evidente que hay diseño, pero lo verdaderamente complejo es lo que nadie ve. La montaña rusa está diseñada con un propósito claro, lo que la sitúa casi en el extremo opuesto del simple espectáculo.

¿Cuáles fueron los principales desafíos creativos o logísticos para hacer realidad esta visión dentro de un entorno de oficina real?

Muy buena pregunta. Al principio hubo muchas conversaciones sobre si perturbaría el trabajo de quienes están en la oficina.

La reacción instintiva de muchas personas es pensar que una montaña rusa podría causar problemas de ruido, bloqueo del espacio o seguridad. Entiendo y respeto totalmente esa forma de pensar más tradicional, esa resistencia a lo que no se ha experimentado antes. Pero en algún momento, la curiosidad ganó. Y eso es algo maravilloso de la gente que trabaja aquí: la curiosidad.

Una vez decidimos que valía la pena explorarlo, empezó el verdadero trabajo. No puedo explicar toda la logística en detalle, pero se fabricó en China con una precisión extrema para que encajara exactamente. Teníamos muy pocas posibilidades de hacer ajustes una vez entregada.

La instalación fue rápida: cuatro personas, cuatro días. La mayor parte del montaje fue realizada por solo dos personas en dos días. Es bastante increíble lo rápido que fue instalarla, comparado con el tiempo que llevó diseñarla y producirla.

¿Os ha sorprendido la reacción del público y los medios? ¿Cómo han reaccionado los visitantes y los trabajadores de la oficina?

Las reacciones no han sido tan sorprendentes. Es la primera de su especie, y además es lúdica. Es una buena historia, fácil de contar.

Creo que eso revela uno de los problemas del mundo creativo: no hace falta tanto para destacar y convertirse en noticia global. Tal vez sea porque hemos aceptado un sistema que premia lo modesto y lo predecible. Y así, las ideas verdaderamente interesantes se quedan fuera.

Nos dicen que seamos impredecibles y únicos, pero solo dentro de un conjunto muy limitado de reglas. Diferentes, sí… pero no demasiado. Y cuando rompes esa regla, la reacción suele ser: «¿Qué acabas de hacer?». Y a la gente le encanta. No se cansa.

Se trata de una experiencia que no se olvida, porque nunca antes has vivido algo así.

“Se trata de una experiencia que no se olvida, porque nunca antes has vivido algo así.”

La instalación parece tocar temas más amplios como la productividad, la rutina, la evasión o lo absurdo del mundo corporativo. ¿Qué tipo de conversaciones esperáis que despierte este proyecto?

Como bien dices, puede generar muchas conversaciones diferentes. Supongo que la que más nos gustaría provocar es la más cálida y sencilla: la de abrazar plenamente lo lúdico.

En un sentido más amplio, ¿cuál es la misión de The Great Exhibition y cómo elegís los espacios o formatos en los que intervenir?

Nuestra misión es hacer que la gente desconecte por un momento de la realidad. Todo lo que hemos hecho y que ha funcionado podría haber sido perfectamente un sueño. No importa si se trata de un millón de pelotas de baloncesto saliendo de un coche, flores que explotan, cámaras de cartón, una peluquería que solo hace un corte de pelo muy específico… o una montaña rusa.
Las imágenes o experiencias que nos gusta diseñar siempre sugieren algo más lúdico, quizá más bello. Extraño. Interesante. Cosas que nunca antes habías visto.

“Nuestra misión es hacer que la gente desconecte por un momento de la realidad.”

Por eso elegimos el nombre The Great Exhibition. En 1851, en Londres, se mostraron al público cosas que jamás habían visto. Eso nos inspira. Mucho.

¿Creéis que proyectos como este pueden realmente transformar la forma en que pensamos los espacios de trabajo, o son más bien una forma de relato y crítica?

Cada vez que ves algo que no encaja, haces espacio para ello en tu mente. Por ello, hemos desplazado, aunque sea un poco, la percepción de lo que es posible. Y al hacerlo, bajamos el umbral para la siguiente idea «imposible». ¿Cuánto impacto tiene eso? No lo sabemos. Pero es un comienzo.

¿En qué estáis trabajando? ¿Hay nuevos conceptos o ciudades que os entusiasme explorar?

Ahora mismo estamos trabajando con estructuras inflables. Es algo muy inspirador. Y estamos haciendo mucho foco en Shanghái, porque allí está ocurriendo un cambio muy interesante. Un poco como decía El Joker: esto es lo que pasa cuando una fuerza imparable se encuentra con un objeto inamovible. Es un lugar fascinante.

(*) Imágenes proporcionadas por The Great Exhibition. Foto portada, foto horizontal fija 1 y 2, rollover 1 y 2 y foto vertical 1, 4 y 6: NoahFernstrom; Rollover 3-6: Mikael Olsson; Foto vertical 2, 3 y 5: Joseph Eriksson.

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