El Hivernacle: renace una de las joyas del Parc de la Ciutadella

Este magnífico edificio modernista se encuentra en el interior del Parc de la Ciutadella, junto al Castell dels Tres Dragons. Se trata de un invernadero diseñado por Josep Amargós i Samaranch y protegido como «Bien Cultural de Interés Local». Fue construido entre los años 1883 y 1887, y forma parte del patrimonio modernista de Barcelona.

 

 

Dirección: Passeig de Picasso, 7 · Parc de la Ciutadella (Barcelona)

A pesar de que el Hivernacle fue concebido para cultivar plantas tropicales, durante la Exposición Universal de 1888 de Barcelona, fue utilizado como salón de fiestas y conferencias, igual que el Umbracle. Después también funcionó como restaurante durante un tiempo. Sin embargo, desde el año 2006 ha estado en desuso.

“El Hivernacle es una de las joyas del parque de la Ciutadella.”

Una rehabilitación para una nueva vida

Después de una temporada cerrado para ser rehabilitado, el Hivernacle ha recuperado su actividad principal: incluir plantas de la colección botánica y divulgar el conocimiento sobre el verde, la biodiversidad y la jardinería entre la ciudadanía. 

Su restauración ha conservado la mayoría de los parterres y alcorques históricos que había, de forma que los visitantes podamos contemplar ejemplares en las tres naves que integran el edificio. De hecho, mediante la misma se ha descubierto que el programa decorativo del Hivernacle es obra de Alexandre de Riquer i Ynglada, uno de los artistas plásticos más destacados del Modernismo catalán.

Curiosidades sobre el edificio

Construido hace 135 años por Josep Amargós i Samaranch, el Hivernacle consiste en un espacio ajardinado de estilo modernista distribuido en tres ámbitos: la nave central, la nave Magnolias y la nave Picasso. El acceso principal se realiza por la nave central, que queda abierta por dos lados.

“Es un edificio singular y un destacado ejemplo de la arquitectura del hierro en la ciudad.”

Se trata de uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura del hierro que se desarrolló en Barcelona a finales del siglo XIX, y también destaca por sus decoraciones, que acaban de ser restauradas y recuperadas y lucen de nuevo con todo su esplendor.

Un nuevo equipamiento para la ciudad

El Hivernacle vuelve a brillar, y junto a él la ciudad y sus habitantes. Y es que además de poder disfrutar de su belleza, tiene otros usos muy interesantes:

/Cuenta con más de cien especies de plantas de alto interés botánico y agrícola. De ahí que se presente como un espacio de cuidado y exposición al público de colecciones vegetales.

/En su espacio se organizan una gran diversidad de actividades divulgativas que tienen como objetivo acercar la naturaleza y el conocimiento botánico a la ciudadanía, y al mismo tiempo reforzar el valor patrimonial del parque de la Ciutadella.

/Incluye el punto de información de los visitantes del parque de la Ciutadella y, por extensión, de todos los espacios verdes de la ciudad.

Todas estas iniciativas son públicas y sin ánimo de lucro.

Verde que te quiero verde

Las plantas que han sobrevivido durante todos estos años se han incorporado en el nuevo programa de plantación, que incluye más de un centenar de especies vegetales. La mayoría de ellas se encuentran en la nave Magnolias, que es la que acoge la mayor colección, aunque en la nave central y en la nave Picasso también pueden contemplarse diversas variedades.

Para escoger las especies vegetales que se exponen se han tenido en cuenta diferentes criterios: que las plantas estuvieran disponibles en los viveros de suministro; que pudieran vivir en un invernadero frío y sin sombreado; que fueran, sobre todo, plantas de interior tradicionales para invernaderos, y que tuvieran un interés botánico o agrícola.

La colección incluye algunas plantas que eran habituales en los invernaderos de exposición del siglo XIX, particularmente en Europa (en países como el Reino Unido, Francia o Alemania) en jardines botánicos o en invernaderos de grandes jardines privados. Estas especies conviven junto a ejemplares de otras tipologías.

Una historia de vaivenes 

Después de la Exposición Universal, el 23 de noviembre de 1893, la Asociación de Publicistas de Barcelona, que velaba por los intereses literarios y artísticos en la ciudad, pidió al Ayuntamiento que les cediera el Hivernacle para utilizarlo como sede y para impartir allí clases.

La entidad se comprometía a terminarlo, porque los cierres del cuerpo central aún no se habían hecho, y adaptarlo a sus necesidades, pero no se llevaron a cabo ninguna de estas intervenciones.

A principios del siglo XX, el Hivernacle estaba prácticamente abandonado. Solo se utilizaba como depósito temporal de plantas. En 1907, la Junta de Ciencias Naturales de Barcelona, un órgano que dependía del Ayuntamiento, pidió que se hicieran las obras necesarias para que pudiera acoger algunas especies animales: aves – que vivirían en semilibertad -, serpientes y reptiles – aprovechando las zonas adosadas en los muros laterales—, y otros reptiles más pequeños y peces en la zona central, donde se podría instalar una fuente y un estanque.

La guerra civil española (1936-1939) significó, como en tantos otros ámbitos de la vida cotidiana barcelonesa, un punto y aparte para el Invernadero. El edificio, frágil y expuesto, sufrió fuertemente los efectos de los bombardeos sobre la ciudad.

A principios de los años sesenta, el Hivernacle requería de una rehabilitación profunda. En 1961, los Amigos de los Jardines pidieron al Ayuntamiento que lo restaurara, junto con otros lugares del parque de la Ciutadella. En 1963 se inició una gran reforma del parque, empezando por el lago, la cascada y el paseo de entrada. Al Hivernacle le llegaría su turno en 1965, junto con el edificio del Umbracle.

Después de unos años sesenta de plenitud, y probablemente por la imposibilidad de asumir el mantenimiento de la colección y del edificio, en los años setenta el Hivernacle volvió a sufrir una decaída.

En 1983, el Hivernacle, que permanecía abierto al público pero en un estado de abandono, se reformó de nuevo. El Ayuntamiento quiso instalar allí el Centro del Medio Urbano, pero el proyecto no prosperó.

La penúltima rehabilitación empezó en el 2015, cuyos trabajos tuvieron que suspenderse en setiembre del 2016. Se pudo restaurar una gran parte de la estructura de hierro visible de las tres naves, pero no se llegó a actuar en los elementos ornamentales de las fachadas. La obra quedó inacabada.

En el 2021 se encargó un proyecto para acabar la rehabilitación de esta pieza patrimonial que había quedado interrumpida en diferentes ocasiones. Estas obras se iniciaron en el mes de setiembre del 2022 y han durado 15 meses con dos grandes objetivos. Por una parte, recuperar la imagen original del Hivernacle y, por la otra, resolver las patologías que habían aparecido a lo largo de su historia.

Ahora, y después de todas estas idas y venidas, podemos disfrutar de un lugar bucólico, bellísimo y muy inspirador.

(*) Fotos: CC/studio.

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