Café Schallert: el café con alma austríaca que conquista Barcelona
Durante años, Hotel Brummell ha sido uno de esos lugares que siempre recomendamos cuando alguien nos pregunta dónde alojarse en Barcelona. No solo por el edificio, el diseño o la ubicación. Sobre todo por la sensación de entrar en un hotel donde todo parece funcionar con naturalidad. Ahora, esa misma filosofía da un paso más con la apertura de Café Schallert.
En 1976, los padres de Christian Schallert abrieron una cafetería en Höchst, un pequeño pueblo del oeste de Austria. Christian creció entre vitrinas de pasteles, café recién hecho y el ritmo cotidiano de un negocio familiar donde la hospitalidad se expresaba de una manera muy sencilla: con tiempo, cercanía y la sensación de que todo el mundo era bienvenido.

Casi cincuenta años después, aquella historia continúa en Barcelona. No como una réplica del café original ni como un ejercicio de nostalgia, sino como una nueva interpretación que encuentra su lugar dentro de Hotel Brummell, el proyecto que Christian lleva construyendo desde hace más de una década en Poble-sec.
Una forma de entender la hospitalidad
Quienes conocemos Hotel Brummell desde hace años sabemos que nunca ha sido un hotel convencional. Desde el principio ha transmitido una forma muy particular de entender la hospitalidad. El edificio, una construcción del siglo XIX rehabilitada con sensibilidad, combina referencias al modernismo tropical, mobiliario contemporáneo, antigüedades y arte local en una atmósfera tranquila, alejada de cualquier gesto innecesario. Sin embargo, lo que realmente define Brummell no es el diseño, sino la manera en que uno se siente cuando cruza la puerta.

A lo largo de los años hemos tenido ocasión de visitarlo en muchas ocasiones y siempre nos hemos llevado la misma impresión: detrás del proyecto hay un equipo que disfruta de lo que hace. Esa cercanía no responde a un protocolo aprendido ni a una estrategia de marca. Forma parte de la cultura que Christian Schallert ha construido con el tiempo y que hoy identifica a todos los proyectos de Brummell.

Austria y el Mediterráneo en una misma mesa
La carta refleja muy bien ese encuentro entre Austria y el Mediterráneo. En el obrador, ubicado en el propio hotel, Agus —la responsable del pan y la repostería artesanal— elabora cada mañana clásicos como la Sachertorte, el strudel o la tarta de queso vienesa, todos preparados de forma artesanal.
A su alrededor, la cocina incorpora referencias a Cataluña, los Pirineos y Marrakech, tres destinos estrechamente ligados al universo Brummell, mientras el café de especialidad de Three Marks Coffee acompaña la experiencia.

También hay platos que invitan a volver a cualquier hora del día: el bikini de brioche, el pretzel —un guiño a los orígenes austríacos de Christian —, los huevos cocotte cocinados lentamente o las tortitas de inspiración marroquí. Aunque, si tuviéramos que elegir, probablemente nos quedaríamos con algo mucho más sencillo: un buen café y cualquiera de las piezas de pastelería recién salida del horno, disfrutados con calma en el patio interior.

Un café pensado para el barrio
Uno de los mayores aciertos de Café Schallert es que no gira alrededor del hotel. Y es que aunque ocupa su planta baja, funciona como un lugar abierto al barrio. Desde primera hora de la mañana conviven huéspedes, vecinos de Poble-sec, personas que trabajan con el ordenador durante unas horas o quienes simplemente se acercan para desayunar antes de empezar el día.

El patio interior es muy acogedor, y la cocina abierta y el obrador a la vista permiten ver cómo se hornea la pastelería. Lo cierto es que el ritmo pausado del espacio contrasta con el de una ciudad donde cada vez resulta más difícil encontrar lugares que no inviten a consumir deprisa.
Las personas también forman parte del proyecto
Si hay algo que siempre nos ha gustado de Hotel Brummell es que el diseño nunca eclipsa a quienes lo hacen posible. Christian Schallert ha conseguido reunir un equipo que comparte una misma forma de entender la hospitalidad. Se percibe en la naturalidad con la que reciben a cada persona, en la atención a los pequeños detalles y en una manera de trabajar que hace que uno se sienta más invitado que cliente.
Esa sensación acompaña también a Café Schallert. Y quizá por eso resulta tan fácil sentirse cómodo desde el primer momento.

Un nuevo imprescindible en Barcelona
Barcelona, como muchas ciudades europeas, están repletas de cafés de especialidad. La oferta no ha dejado de crecer en los últimos años y cada vez es más fácil encontrar buenos cafés y excelentes obradores. Sin embargo, Café Schallert aporta algo diferente. No tanto por la carta —que también— como por la historia que hay detrás y por la coherencia con la que se integra en un proyecto que lleva años defendiendo una forma de entender la hospitalidad basada en el diseño, la cercanía y el cuidado por los detalles.

Una visita imprescindible para quienes disfrutan descubriendo los lugares especiales, en una ciudad tan fascinante como Barcelona.
(*) Fotografias proporcionadas por el Hotel Brummell.