Zaventem Ateliers habitan Villa Empain

Zaventem Ateliers convierte un icono art déco de Bruselas en un hogar activo durante diez días.

Villa Empain siempre ha tenido algo de escenario perfecto: mármoles que reflejan la luz como si fueran agua quieta, maderas nobles con la pátina exacta de lo irrepetible, proporciones diseñadas para que el cuerpo camine con calma. Es una casa que impone un ritmo. Y, precisamente por eso, la propuesta que llega a Bruselas del 11 al 19 de marzo de 2026 tiene tanta fuerza: Zaventem Ateliers no viene a exponer en Villa Empain sino viene a vivir dentro de ella.

Durante diez días, este hito art déco se convierte en un ecosistema real de diseño coleccionable contemporáneo y arte belga. No habrá vitrinas que separen al visitante del objeto ni cartelas que condicionen la interpretación. En lugar de seguir el modelo de una exposición tradicional, la villa se transforma en un espacio plenamente habitado donde la vida cotidiana forma parte del propio proyecto. En sus estancias se trabaja, se cocina, se conversa y se desarrollan piezas que pasan a integrarse en el entorno doméstico. Los objetos dejan de presentarse como elementos aislados para convertirse en herramientas activas dentro de la casa, utilizadas, desplazadas y compartidas por quienes la ocupan. Esa relación directa con el uso y con la presencia humana es precisamente lo que define la experiencia.

Una colisión precisa entre dos mundos

Villa Empain fue concebida en 1934 como residencia privada. Su lenguaje es el de la exactitud: ritual doméstico, inteligencia material, líneas pensadas para durar. Zaventem Ateliers, por el contrario, es un territorio de presente absoluto: reúne algunas de las voces más singulares del diseño coleccionable y del arte contemporáneo belga, con prácticas que pueden ser experimentales, radicales, incómodas o deliciosamente imprevisibles.

Lo interesante de este proyecto es que no busca un encuentro amable entre épocas. El interior histórico no se suaviza ni se reinterpreta desde la nostalgia, y tampoco se transforma en una recreación idealizada del pasado. Por el contrario, la propuesta se apoya en el contraste deliberado entre la arquitectura art déco de la villa y las obras contemporáneas que la habitan. Mientras el edificio mantiene intacta su autoridad arquitectónica y su identidad histórica, las piezas actuales se insertan en ese contexto generando tensión, diálogo y nuevas lecturas del espacio.

El resultado promete ser una lectura nueva para ambos: la arquitectura se activa, y lo contemporáneo se afila al contacto con un espacio que no admite banalidades.

No es una exposición: es una casa en funcionamiento

La frase que más se repite entre quienes ya han escuchado los detalles del proyecto es sencilla: “no es una exposición”. Y, sin embargo, eso no significa que sea una performance al uso, ni un gesto conceptual que se agota en la idea. Lo que propone Zaventem Ateliers tiene algo más concreto y más difícil: devolver a Villa Empain su vocación original de hogar, pero hacerlo con las herramientas del diseño y el arte del presente.

Las estancias recuperan su función original como espacios domésticos —salón, comedor, dormitorio, cocina y áreas compartidas— y se activan desde el uso real, no desde una escenografía artificial. En lugar de ambientarse como decorados, se convierten en lugares habitados donde la vida cotidiana forma parte de la experiencia. El visitante entra así en una casa donde las piezas alcanzan su sentido pleno a través del uso y la interacción.

La diferencia es evidente: no es lo mismo observar una silla que verla sostener un cuerpo, ni contemplar una mesa que presenciar cómo se convierte en punto de encuentro para una conversación. Los objetos dejan de ser elementos aislados para integrarse en la dinámica del espacio y convivir con la arquitectura que los rodea.

El plano histórico como marco funcional

En lugar de imponer una escenografía artificial, el proyecto utiliza el plano original de la villa como marco funcional. El edificio no se transforma en un cubo blanco ni se distancia de su historia mediante una musealización fría; por el contrario, su arquitectura se convierte en un elemento activo de la experiencia. Los materiales, los volúmenes, la circulación entre estancias y la manera en que la luz atraviesa los espacios condicionan el diálogo con las obras contemporáneas, que no se limitan a ocupar el lugar sino que responden directamente a él.

En un contexto en el que muchas exposiciones parecen diseñadas para la inmediatez de la imagen, esta propuesta apuesta por un ritmo distinto, basado en la duración, la proximidad y la repetición. El significado no surge de una mirada rápida, sino que se construye a medida que el visitante recorre la casa, vuelve sobre los mismos espacios, capta fragmentos de conversación o descubre una pieza en manos de su propio creador.

La presencia como materia

Una de las ideas centrales que atraviesa el manifiesto del proyecto es la noción de presencia, entendida no como un concepto abstracto sino como una realidad tangible. Durante los diez días de activación, los diseñadores y artistas habitan la casa y activan sus estancias a través de sus propios gestos y rutinas cotidianas, de modo que el proceso creativo y la vida diaria se entrelazan de forma inseparable. La obra, en este sentido, no se entiende como un objeto aislado, sino como algo que se completa a través de la presencia de quien la crea.

Esta dinámica transforma también la experiencia del visitante, que deja de seguir un recorrido lineal para moverse dentro de una casa donde suceden encuentros y situaciones inesperadas: una mesa que muestra las marcas de su uso, una pieza que cambia de lugar porque alguien la ha necesitado o una herramienta que aparece en medio de una conversación.

Poco a poco, la villa adquiere el carácter de un organismo vivo, y el visitante deja de situarse únicamente como espectador para convertirse en alguien que observa e interpreta lo que ocurre a su alrededor.

Un tempo distinto en plena temporada internacional

La elección de las fechas tampoco es casual. La activación tiene lugar durante TEFAF Maastricht y Collectible Brussels, dos citas clave del calendario internacional en las que el diseño y el arte suelen moverse al ritmo del mercado, con agendas intensas e inauguraciones que se suceden casi sin pausa.

Frente a ese entorno acelerado, Zaventem Ateliers plantea una experiencia diferente, basada en un tempo más silencioso y cercano, donde el valor no reside en el impacto inmediato sino en una relación más prolongada y consciente con el espacio, los objetos y quienes los crean.

Más que buscar el gesto espectacular, el proyecto propone una forma de atención sostenida, una presencia que se construye lentamente a lo largo de los días.

Sonido como arquitectura invisible

Para completar la experiencia espacial, el estudio EyevEyes ha desarrollado un diseño sonoro que acompaña y guía el recorrido por la casa. Más que un simple fondo ambiental, funciona como un sistema de orientación sensible, una suerte de arquitectura invisible que aporta profundidad, calidez y movimiento al conjunto, reforzando la sensación de que la villa está verdaderamente habitada.

A través de esta intervención sonora se genera continuidad entre las estancias y se modela la percepción del espacio, invitando al visitante a recorrer la casa con un ritmo más pausado.

El sonido se convierte así en una presencia sutil que anima a detenerse en los umbrales, a percibir la transición entre habitaciones y a entender que la experiencia no se construye únicamente a partir de los objetos, sino también de la atmósfera que los envuelve.

Prototipo de realidad: el manifiesto

El manifiesto que acompaña el proyecto evita cualquier tipo de eufemismo y se presenta con un tono directo, casi físico. Su idea central se resume en una frase clara —“no exhibimos, habitamos”— que refleja una preocupación muy contemporánea por la erosión de lo tangible, el desplazamiento del gesto manual y la fragilidad de las relaciones con lo material.

Frente a esta situación, los diseñadores plantean una respuesta tan sencilla como radical: ocupar un lugar como un acto legítimo de presencia.

No se trata de una provocación, sino de reivindicar el derecho a estar, a tomar espacio y a afirmarse en lo real. En ese contexto, incluso la palabra “squat” adquiere un nuevo significado, alejándose de la idea de vandalismo para entenderse como una forma de existir y como una responsabilidad hacia lo concreto.

Desde esa perspectiva, el diseño deja de concebirse como un elemento decorativo para convertirse en la expresión de una postura clara: humana, material, honesta y profundamente vinculada a la realidad.

Por qué este proyecto importa

Zaventem Ateliers inhabits Villa Empain no es solo una cita para amantes del diseño coleccionable. Es una declaración sobre cómo queremos relacionarnos con los objetos, con la arquitectura y con el tiempo.

– Rompe la distancia museística sin caer en la teatralidad.

– Devuelve al diseño su dimensión doméstica, que es donde a menudo se vuelve más verdadero.

– Propone una lectura contemporánea del patrimonio sin nostalgia ni maquillaje.

– Reivindica la presencia del creador como parte de la obra.

– Invita a mirar más lento, en un sector que vive acelerado.

Y, además, lo hace desde Bélgica, un territorio que lleva años consolidando una escena potente de diseño y arte contemporáneo con una personalidad propia: menos estruendo, más precisión; menos tendencia, más carácter.

Quiénes habitan Villa Empain

La lista de participantes funciona como mapa de una escena: estudios consolidados, voces emergentes, prácticas que van del objeto al espacio, de la artesanía al experimento, del material noble a la materia inesperada.

Participan 32 diseñadores y artistas de Zaventem Ateliers: Krjst Studio, Maison Jonckers, Mathilde Wittock, Vladimir Slavov, Aurélie Lanoisélée, Arno Declercq, Thomas Serruys, Lionel Jadot, Roxane Lahidji, Home Sails, Adeline Halot, Pierre Emmanuel Vandeputte, Pascale Risbourg, Sophie Coucke, Lila Farget, Emma Cogné, Precious Peels, Cédric Van Parys, Thibault Huguet, Ben Storms, Aurélien Veyrat, Pierre Coddens, Basile Boon, Remwol, Simon Callens, Charles Schambourg, Lieselot Geeregat, Clem Vanhee, Studio Élémentaires, Sharon Van Overmeiren, Joséphine Zitta, Serban Ionescu.

Más que un cartel, es una comunidad instalada: una familia, como insiste el manifiesto. Un lugar donde las voces ganan postura.

Qué puede esperar el visitante

Quienes visiten Villa Empain durante esos días no seguirán un recorrido cerrado ni una narrativa expositiva convencional. En su lugar, entrarán en una casa en pleno funcionamiento, donde la actividad cotidiana forma parte esencial de la experiencia.

Los objetos pueden cambiar de lugar porque se utilizan, algunas piezas revelan su sentido cuando alguien las activa y las conversaciones que surgen en el espacio se integran de manera natural en el recorrido. También se hacen visibles los momentos de trabajo, que no se esconden sino que forman parte del propio proceso creativo.

Todo ello genera un diálogo constante entre materiales y épocas, en el que el refinamiento disciplinado del art déco convive con la energía experimental del diseño contemporáneo. Este tipo de experiencia suele dejar en el visitante una sensación poco habitual: la de haber presenciado algo irrepetible, ya que una casa habitada nunca se presenta exactamente de la misma manera dos veces.

Información práctica

Fechas y horarios: 11 al 19 de marzo: apertura al público. Abierto diariamente de 12:00 a 20:00.

Dirección: Villa Empain (Avenue Franklin Roosevelt 67, Bruselas)

(*) Fotografías: © Stan Huaux.

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