Woody Allen homenajea en Rifkin’s Festival a los grandes clásicos del cine

Tenemos que confesar que somos grandes admiradores de la filmografía de Woody Allen, a pesar de que con los años y debido a su vasta carrera, nos hayamos topado con cintas que no nos han apasionado demasiado. Sin embargo, en esta ocasión, e independientemente de las formas o de las interpretaciones de sus actores, ha sido un placer volver a  reencontrase con los ingredientes Made in Woody Allen y su constante gran pregunta vital: ¿Cuál es el sentido de la vida?.

En esta ocasión, Allen ha rodado en San Sebastián y ha centrado el argumento en los desacuerdos que sufre una pareja casada desde hace años y que sufre los sinsabores del paso del tiempo y del desencanto, con todo lo que eso conlleva. El Festival de cine es el marco, en el que tienen lugar estas desventuras, interpretadas por el actor secundario, ahora protagonista, Wallace Shawn, quien ya ha aparecido en otras películas del director neoyorkino, junto a Gina Gerhson, quien alcanzó fama internacional por su papel en Showgirls, acompañados de Elena AnayaLouis Garrell, conocido por su actuación enSoñadores, dirigida por Bernardo Bertolucci.

Como viene siendo habitual, en Rifkin’s Festival hay varios triángulos «amorosos», que ponen patas arriba las convicciones y el estado de bienestar existente en una pareja, que convive desde hace mucho tiempo y que, al menos una de las partes, ha olvidado los motivos por los que se enamoraron. Y es que como muy bien plantea Allen, el ser humano es un animal de costumbres y tiene la tendencia a acomodarse, aunque precisamente en ese lugar no sea feliz. Digamos que, sin querer haceros demasiado spoiler, cuestiona esa especie de situación enconada de la que a veces es difícil salir, hasta que, en algunos casos, uno de los dos desactiva el piloto automático y se convierta en el malo de la película…

Una «matrioska» audiovisual que rinde tributo al mejor cine clásico

La principal perlita de este film son esas ensoñaciones cinéfilas, que nos hacen viajar al mejor cine clásico, que tanto le gusta a Allen y que tanto le ha influenciado, como por ejemplo Ciudadano Kane, El ángel exterminador, Jules y JimOcho y medio o El séptimo sello, entre otras. Una delicia para los amantes del cine.

Aunque lo mejor es que vayáis al cine a verla, os adelantamos que Rifkin’s Festival es divertida, reflexiva, vitalista, destila belleza y permite volver a ver una historia con el sello inimitable de Allen, cada vez más mayor y en un momento de su vida, en el que su país ha decidido demonizarle. Está claro que no es redonda y que hay interpretaciones que no nos han gustado y que en cierta forma han roto la armonía del film, pero aún así, volveríamos a pasar una tarde contemplando una nueva entrega de su cine, el cual ha formado parte, sigue formando parte y formará parte de la historia de nuestras vidas. Por eso, por todo lo grande que ha hecho; por su constancia y energía para ser tan prolífico a pesar de los años; por su amor incondicional por el cine; por su incuestionable talento, a pesar de sus detractores; por su inteligencia; por conseguir, sin pretenderlo, que nos psicoanalicemos o al menos nos cuestionemos ciertos aspectos fundamentales de la vida; así como por su humor, nos declaramos fans incondicionales de su obra. Como decíamos antes, por supuesto que hay peros y que no todas sus películas son Master pieces, pero se trata de Woody Allen, uno de los grandes, le pese a quien le pese.

(*) Fotos: © 2020 The Mediapro Studio, Quim Vives. Foto de Christoph Waltz by Lobo Altuna. Cartel by Jordi Labanda.


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