A propósito de nada: las memorias de Woody Allen

Independientemente de todo lo que se ha dicho o llegue a decirse sobre Woody Allen, nosotros somos grandes admiradores de sus películas, de sus libros y de sus guiones, los cuales hemos consumido con deleite. El ingenio del cineasta neoyorkino es único, incluso cuando tiene que hablar de su vida y de los momentos más oscuros.

«Yo no me dedico a producir éxitos, sino los mejores filmes que pueda. El fracaso es uno de los gajes del oficio.»

A propósito de nada es un compendio minucioso por sus 84 años de vida. Desde su infancia en Brooklyn, donde vivía con sus padres y hermana, con la que tiene un fuerte vínculo, pasando por sus fracasos escolares en la escuela pública nº 99, donde nunca encajó, hasta su fascinación por los gánsters, los jugadores de béisbol, las películas de Bob Hope y su siempre queridísima Manhattan desde que era un crío, así como sus primeros desamores, sus coqueteos con el jazz, el cine y la escritura – Allen comenzó a trabajar en el mundo del espectáculo a los dieciséis años escribiendo chistes para las columnas dedicadas a Broadway -, su pasión por la magia y su habilidad con el póker y los juegos de cartas, entre muchas otras cosas. Allen repasa sus inicios, quitándose todo mérito y atribuyéndoselo todo a la suerte y a la gente que ha confiado en él. Y es que el cineasta de Brooklyn nunca ha presumido de una gran autoestima. Es exigente, padece de «chronic insatisfaction», es melancólico, hipocondríaco, según él «no es culto» – algo que para nosotros es muy discutible -, pero si muy constante y trabajador, divertido y con un don para escribir y para la comedia, que es una realidad irrefutable.

«Si el ochenta por ciento de la vida consiste en estar presente, el otro ochenta por ciento, como podría haber dicho Yogi Berra, depende de la suerte.»

A lo largo de las 439 páginas nos muestra a todas las personas que le ayudaron o que han estado presentes en su vida. Tanto actores, productores, artistas, escritores… y, por supuesto, parejas. Habla de su primera y segunda esposa, de Diane Keaton, con quien vivió un bonito romance y a quien le sigue uniendo una gran amistad, pero también de su polémica relación con Mia Farrow – a la que conoció sabiendo que ya tenía 7 hijos adoptados, con quien nunca se casó y con la que tampoco compartió techo durante sus trece años juntos -. A ella y a los conflictos que arrastra con ella le dedica una buena parte del libro, tanto para describir lo que fue su historia como para hablar de la relación que tenía la Farrow con sus hijos adoptivos y, como no, para hablar y defenderse de las acusaciones de abusos por parte de su hija adoptiva Dylan Farrow, después de que una parte de Hollywood le haya dado la espalda.

El prolífico cineasta con 50 películas a sus espaldas narra sin pelos en la lengua las mentiras que se han dicho sobre él en la prensa – como que ha gravitado hacia chicas jóvenes, cuando de todas sus parejas, la única que realmente cumple con ese prejuicio es Soon-Yi, 35 años menor que él y con quien lleva casado desde hace más de 22 años – e insiste en que ella no es su hija sino la hija adoptiva de Mia con otro hombre, y que cuando iniciaron el romance ella tenía 21 años y era mayor de edad. También cuenta que lógicamente Mia Farrow enloqueció cuando se enteró, y que por venganza inoculó en Dylan todo el veneno que pudo para convencerla de que su padre adoptivo había abusado de ella.

«Jamás puse un dedo sobre Dylan, nunca le hice nada que pudiera malinterpretarse como un abuso; fue una invención total de principio a fin, cada partícula subatómica de ello.»

En toda esa maraña de odios y despropósitos, Woody Allen cuenta la mala vida que tuvieron sus hijos adoptivos con la que fue su musa. A Soon-Yi la castigaba sujetándola boca abajo, colgándola, y amenazándola con ingresarla en un manicomio si no aprendía más rápido; con sus hijos biológicos Fletcher Previn y Ronan Farrow tenía relaciones «antinaturalmente cercanas»; otros dos de sus hijos adoptados se suicidaron y otra de sus hijas adoptivas diagnosticada con VIH fue abandonada por Mia para morir sola de sida en un hospital el día de Navidad… ; y por si toda esta locura no fuese suficiente… Mia también decidía cambiarles el nombre a sus hijos cuando le apetecía. ¡Menuda estampa!.

«Cambió el nombre de Dylan primero por Eliza y luego por Malone e intentó cambiar el de Soon-Yi por Gigi, pero ella no lo aceptó. Ronan primero fue Satchel, luego Harmon, luego Seamus y finalmente Ronan…»

En cualquier caso, y aunque tal y confiesa no es una persona a la que le afecten las opiniones ajenas, se nota que está muy dolido, como es lógico. Que te acusen de algo que no has cometido, y que además los jueces del caso te han absuelto oficialmente, pero que aún así este hecho sea insuficiente y siga tu escarnio público y mediático, sin pruebas fehacientes que contradigan lo legal, pues… debe ser durísimo. Aún así, asegura que, a pesar de todas las acusaciones vertidas, si Dylan quisiese volver a contactar con él y Soon-Yi, le darían la bienvenida con los brazos abiertos, ya que no le guardan ningún rencor y saben que fue manipulada durante años por su madre adoptiva.

Sin más, y visto el revuelo que está teniendo este libro… nosotros principalmente se lo aconsejamos a aquellos que de verdad admiráis la carrera cinematográfica de Allen y que estáis interesados en conocer los detalles de sus inicios, entender como se convirtió en director de cine y mil anécdotas más sobre el rodaje de sus películas y su vida. Está claro que A propósito de nada también ahonda en su punto de vista sobre sus asuntos personales más escabrosos, pero para nosotros, esta gran autobiografía es mucho más que eso.

«Para escribir sobre este asunto he intentado documentar los hechos siempre que he podido, con el fin de no limitarme solo a exponer mi versión y poder corroborarla con declaraciones oficiales de los investigadores y experiencias vividas por Moses y Soon-Yi. He citado palabra por palabra las conclusiones de las investigaciones de Yale-New Hacen y Nueva York, así como los testimonios de los supervisores designados por la corte tal y como fueron registrados por el juez del tribunal. Dos mujeres que trabajaron en casa de Mia y presenciaron de primera mano numerosos encuentros han dado testimonio por separado de incidentes terribles que allí se produjeron…»

(*) Foto portada: Collin Swan.


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