Good Company: una librería donde el diseño cultiva el encuentro

Concebida por Studio Pim en Lisboa, Good Company es mucho más que una librería: es un lugar donde el diseño se convierte en lenguaje común, la arquitectura en hospitalidad, y los libros en excusa para habitar el tiempo de otra manera.

Un nuevo clásico en el corazón de Lisboa

Lisboa es, desde hace años, un imán para la creatividad. Entre cafés históricos y nuevos espacios culturales, ha florecido Good Company, la mayor librería en inglés de la ciudad, que combina literatura, arquitectura y comunidad en una propuesta única. Ubicada en el barrio de Estrela, esta librería-café-bar nace del sueño compartido de Samuel Miller y Giovanna Centeno, una pareja apasionada por el lenguaje y la edición, con la visión de tender puentes entre el mundo lusófono y el anglosajón.

Ellos imaginaron un espacio accesible, cálido, impregnado de la identidad lisboeta pero con una mirada contemporánea. Y fue Studio Pim, el despacho liderado por Perrine Velge, quien supo traducir esa visión en un entorno que respira memoria, belleza y pertenencia.

Arquitectura emocional: cuando el diseño escucha

El interiorismo de Good Company está marcado por una sensibilidad silenciosa, casi literaria. No busca impresionar, sino acoger. El espacio se distribuye en dos niveles (132 m² arriba, 74 m² abajo), con una serie de decisiones de diseño que dialogan con la tradición lisboeta y la vida contemporánea.

El gran protagonista es el bar de mármol, que recorre uno de los brazos del local conectando simbólicamente la parte de librería y la zona de café. Inspirado en los cafés emblemáticos de la ciudad como Café Nicola o Galeto, este gesto estructural evoca una idea de continuidad urbana, de lugar que «siempre estuvo ahí».

Frente a los ventanales, banquetas curvas tapizadas con un vibrante tejido de Pierre Frey acogen al visitante sin interrumpir la vista de la calle. Las estanterías de madera clara, diseñadas a medida por Studio Pim, conviven con frescos cerámicos pintados por la artista local Henriette Arcelin, en un homenaje a las librerías tradicionales de Lisboa como la desaparecida Aillaud e Lellos.

Un faro para la comunidad creativa

Todo en Good Company está pensado para durar y para conectar. La enorme lámpara esférica del vestíbulo funciona como un faro urbano, visible desde las cuatro esquinas que rodean el edificio, y simboliza esa voluntad de invitar, atraer y reunir. Al caer la noche, el café da paso al vino, la conversación y los eventos: lecturas, clubes de libros, micrófonos abiertos. La librería se transforma en lugar de encuentro, en extensión de la vida cultural de la ciudad.

La elección de materiales —mármol, madera, tejidos de lana de Burel, lámparas de algodón tejidas a mano por Atelier Ubá— aporta una dimensión táctil, casi doméstica. La iluminación, enteramente decorativa y diseñada por el estudio, evita focos técnicos para apostar por una calidez envolvente que recuerda al placer de pasar páginas lentamente.

Leer con el cuerpo, pensar con las manos

Más allá de su catálogo exquisitamente curado —centrado en arte, diseño, ensayo y poesía—, Good Company propone otra forma de estar. No se trata solo de comprar libros, sino de habitarlos. Como explica Perrine Velge, «queríamos que el espacio se sintiera como si hubiese evolucionado desde la ciudad misma, con raíces en su historia, pero con frescura actual».

El resultado es una librería que no solo responde a una necesidad cultural, sino que eleva la experiencia de lo cotidiano a un acto de contemplación. Un espacio donde leer es también una forma de cuidarse.

“We read to know we’re not alone.” William Nicholson

Lisboa y la belleza de lo esencial

En un momento en que muchas librerías luchan por sobrevivir al ritmo de lo digital, Good Company emerge como un ejemplo de cómo el diseño puede crear valor cultural y emocional. Como otras librerías-ícono en el mundo —Do You Read Me?! en Berlín, McNally Jackson en Nueva York, Ofr. en París—, su fuerza reside en la atención al detalle, la coherencia estética y la autenticidad del propósito.

Con este proyecto, Studio Pim demuestra que el interiorismo puede ser mucho más que un envoltorio bonito: puede ser el alma visible de una idea. Y en Good Company, esa idea es clara: leer, conversar, estar… en buena compañía.

(*) Fotos proporcionadas por Studio Pim.

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