«Buscaba la belleza», la reveladora primera novela de Jesús Terrés
La semana pasada, Cecilia Camacho, fundadora y editora de CC/magazine, presentó en Barcelona «Buscaba la belleza», la primera novela del escritor Jesús Terrés, un «cazador de belleza y entusiasmos», conocido también en redes sociales como @nadaimporta. El acto tuvo lugar en el bellísimo y evocador Bluesman Cocktail Bar, el speakeasy ubicado en el sótano del Hotel Palace Barcelona, que destaca por su increíble ambiente y por una decoración muy propia del universo de David Lynch, donde el suntuoso terciopelo y sus seductoras paredes rojas lo invaden todo. Una fantasía.


Seguramente la mayoría de vosotros conoceréis al escritor Jesús Terrés por sus artículos en diferentes revistas como Traveler, donde escribe sobre viajes y gastronomías o Vanity Fair y GQ, donde hace lo propio sobre cosas que amar, así como por su particular forma de relatar la vida llena de honestidad, sensibilidad y ternura. Algo que hace habitualmente en sus redes sociales bajo el seudónimo de @nadaimporta y en sus diferentes proyectos como Claves, la carta que envía cada sábado a miles de lectores en todo el mundo o Correspondencias.

Por si esto fuera poco, Jesús también es socio fundador de la agencia Lobo, director de Guía Hedonista, protagonista del podcast «Decir las cosas» creado junto a su amigo Alberto Moreno, head of editorial content de Vanity Fair España, y autor de «Nada importa» (2020, Círculo de Tiza), su primer libro de crónicas. Todos estos proyectos demuestran que en su trayectoria profesional, la creatividad y la literatura se dan la mano y estrechan sus vínculos debido a su mente inquieta.
Como os avanzábamos, recientemente acaba de publicar su primera novela, «Buscaba la belleza» (2023, Destino), un libro de gran calado que os recomendamos muchísimo, que te atraviesa sin que puedas hacer nada para evitarlo; un libro lleno de verdad, que narra la historia de un viaje de 20 años en torno a la pérdida, sobre encontrarse a uno mismo y sobre reconciliarse con el pasado… Un libro lleno de aprendizajes, de dolor, de dudas, de ruido, de traumas, de ausencias, pero también de encuentros significativos, de mucha comprensión y de luz, sobre todo a medida que va superando esas heridas y es capaz de percibir y abrazar esa belleza tan necesaria y ansiada.
El evento de presentación en Barcelona fue privado y reunió a periodistas, profesionales del mundo editorial y fieles seguidores de la comunidad Claves de Terrés. Un acto íntimo, donde el lugar, las buenas vibras y la sensación de estar en casa se encargaron de poner el broche de honor a una tarde-noche magnífica.

Para nosotros fue un verdadero placer formar parte de algo tan bonito junto a Martina Torrades de Editorial Destino, Arantxa Dominguez del Hotel Palace Barcelona, Arantza Escudero de Bookish, la ilustradora Laura Velasco (@filledusoleil) y el resto de personas que nos acompañasteis. Por ello, y aunque no se grabó la sesión, sí que nos gustaría dejar para el recuerdo algunas declaraciones de Jesús Terrés a la buena retahíla de preguntas que Cecilia Camacho le realizó a la largo de esta charla-entrevista.
1. Estas son las palabras que me vienen a la cabeza cuando pienso en tu forma de escribir y de comunicar, y son: honestidad, sensibilidad, entusiasmo, curiosidad y valentía. Por ello, quería preguntarte si ¿ese atrevimiento a la hora de decir y expresar las cosas cómo las sientes ha sido algo aprendido o es algo intrínseco a ti?
Qué difícil equilibrio. Lo heredado frente a lo construido. El camino que intuyes «tuyo» frente al que anhelas andar.
“Esa valentía es el precio a pagar para un día ser el escritor que quiero ser, el camino que he decidido andar. Ya no hay marcha atrás.”
Me impactó mucho el comienzo de «La ocupación» de Annie Ernaux: «Siempre quise escribir como si no fuera a estar cuando publicaran lo escrito. Escribir como si fuera a morirme y ya no hubiera jueces». Entrañas o nada.
2. Tu primer libro “Nada Importa” fue todo un éxito, y recientemente has publicado tu primera novela “Buscaba la belleza”. ¿Cómo te sientes después de este logro? ¿Cómo has vivido este viaje hacia tus adentros?
Sí, todo lo que soy está ahí. Todo lo vivido, todo lo aprendido, todo el dolor pero también las primeras espigas de luz del amanecer que florece tras la tormenta. El frío que caló hasta los huesos pero también la primavera que se intuye cuando abril tiñe las calles de entusiasmo. Cada tajo, cada iluminación, cada paso en falso. Tenía que ser así o no ser. En cuanto a la sensación tras la novela, es curioso lo que queda tras bajar a los infiernos: calma.
“Me siento en paz, tranquilo, no tengo prisa ni ego que saciar. Tan solo siento calma.”

3. ¿Cuándo te planteaste escribir este libro? ¿en qué momento vital te encontrabas?
«Nada importa» iba ya por su octava edición, la comunidad en torno a mis cartas íntimas de cada sábado no paraba de crecer y recién cumplía veinte años facturando por mis textos en Vanity Fair o Condé Nast Traveler. Y sin embargo, todavía no me sentía «escritor». Me daba apuro, me venía grande la etiqueta, nunca me ha interesado eso de dejar nada para la posteridad —¿qué posteridad? Yo no creo en esas cosas. Pero dolía no sentirme escritor porque (y esto es lo que he ido descubriendo en el proceso) esa era la casa que deseaba habitar. Cuando Destino me propuso andar este camino juntos tan solo me hizo una pregunta: «¿Tienes una historia que contar?». La respuesta era sencilla. Sí.
4. Por cierto, ¿dónde encuentras tú la belleza?
En la poesía de Carlos Marzal: «Ya no quiero pasar por razonable / aquí sólo cantamos a la euforia». En el café (sin prisa, por favor) de cada mañana, en los viajes sin propósito, en la mirada de un animal. En las personas (poquísimas) entregadas sin reservas a la verdad, en casi cualquier cala de Menorca, en la bondad, en la ternura, en las pelis de Miyazaki, en las tardes de otoño. En Laura, en nuestros michis, en el mensaje que desde hace no tanto me regala mi mamá cada mañana: «Buenos días». En ese grabado que hizo Goya ya casi al final de su vida. Tenía 82 años. «Aún aprendo». Yo lo pienso de corazón: todavía hay tiempo. Nos queda tiempo.

5. En qué lugar y en qué circunstancia has sentido tus mayores “stendendhalazos”, es decir, esos estados sinestésicos que te sobrecogen sin que puedas hacer nada para evitarlo. ¿Recuerdas cuándo decidiste “estrellarte” la vida a la cara y destruir el piloto automático propio de la inercia?
Una de las grandes sorpresas de mi vida reciente ha sido precisamente este descubrimiento: frente a la naturaleza más salvaje. Más atávica.
Siempre me imaginé urbanita (supongo que una parte mía lo sigue siendo, cada día tengo más claro que no somos tan solo una cosa) pero es frente a los bosques de Highlands (y su gama infinita de matices), los fiordos en Noruega o el azul infinito de Formentor donde más me he emocionado estos últimos años.
También en las cumbres de Alpi Orobi desde Lago di Como, frente a la Garganta del Diablo en Iguazú (donde se hace piel la violencia del agua sobre la roca) o a través de la llanura interminable hasta Ullswater en Lake District.
“Es la naturaleza quien cobija el milagro.”
6. Otra cosa que defiendes a ultranza es la terapia, con la que ya llevas 7 años. Un proceso que te ha ayudado a superar traumas y a conocerte. ¿Crees que este proceso de autoconocimiento también te ha permitido escribir más desde el corazón, sin tantos miedos y con la seguridad de no guardarte nada porque esto, la vida, tal y como la conocemos, se acaba?
La novela no ha servido de terapia. Escribir no es terapia. Pasear no es terapia. Me temo que nada de lo que sucede en la consulta de un psicoanalista puede reemplazar ese viaje. Ojalá. No me siento (no pretendo) ser bandera de nada, yo tan solo quiero escribir. Lo que pasa es que en mi vida ha sido (es) importante, por eso se cuela en lo escrito.
La novela no ha sido terapia pero, como bien apuntas, sin terapia no existiría esta novela. A lo largo de estos años (siete ya, madre de Dios) aprendí una de las certezas que atraviesa el libro: tienes que ser plenamente consciente de los días de luz pero también de las sombras.
“No ser consciente es el peor de los escenarios, como cuando Laia Costa le dice a su madre en Cinco Lobitos: éramos felices y no lo sabíamos.”
7. ¿Qué aprendizaje ha sido fundamental para ti, a nivel personal o profesional, que te gustaría compartir?
Estar aquí. Ni entonces —en el pasado, preso de la nostalgia— ni en el anhelo de la vida que será. La vida es ahora.

Por último, y a modo de anécdota, comentaros que el Bluesman Cocktail Bar toma su nombre del cuadro que Ronnie Wood, guitarrista de los Rolling Stones, regaló al Hotel Palace Barcelona en una de sus visitas. Un cuadro que originalmente el artista pintó en blanco y negro y que, tras visitar la Sagrada Familia en su siguiente viaje a la ciudad, decidió aportarle color, después de quedarse maravillado por las vidrieras de la catedral.
Sin más, os recomendamos muchísimo la lectura de «Buscaba la belleza», disponible en vuestra librería de confianza, y os invitamos a que descubráis este lugar de culto, donde disfrutar de buenos tragos, conciertos de jazz y de conversaciones clandestinas.

(*) Fotos: Fabrizio Colque.


