«No y yo» de Delphine De Vigan, una novela sobre el amor, el abandono y la madurez

«No y yo» fue el primer éxito de Delphine De Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), novela con la que ganó el Premio Rotary International en 2009, así como el prestigioso premio francés Prix des libraires. La novela fue traducida a veinte idiomas y en 2010 se realizó una adaptación cinematográfica dirigida por Zabou Breitman. De hecho, debido a la gran acogida que tuvo decidió dedicarse a tiempo completo a la literatura, convirtiéndose en una escritora profesional. Y es que las cuatro primeras novelas las había escrito por las noches, mientras trabajaba para una empresa de sondeos de opinión.

En «No y yo» De Vigan narra la relación entre una niña de 13 años que es superdotada intelectualmente (Lou) – de hecho, está en una clase donde todos los alumnos tienen varios años más que ella – y otra de 18 años que es homeless (No). Dos personas cuyas circunstancias son absolutamente opuestas, pero que aguardan sentimientos más parecidos de lo que en apariencia pueda parecer. Tras un encuentro fortuito, Lou decide hacer un trabajo para el instituto sobre las mujeres sin hogar, que deberá exponer ante el resto de la clase – a pesar de que siente un pavor casi ilimitado hacia las exposiciones orales -, y a partir de ahí iniciarán una relación de amistad muy tierna y compasiva, aunque desigual.

“Toda mi vida me he sentido siempre fuera, no importa dónde me encontrara, fuera de la imagen, fuera de la conversación, desfasada (…) y sin embargo ayer estaba ahí, con ella, habría podido dibujarse un círculo en torno a nosotras, un círculo del que yo no estaba excluida, un círculo que nos envolvía y que, durante unos minutos, nos protegió del mundo.”

Uno de los aspectos más interesantes de este relato es como De Vigan pone en valor aspectos y lecciones fundamentales como: el gran impacto que tiene en nuestra vida el amor recibido por parte de nuestros progenitores; lo bonito e importante que es conectar con otras personas con las que nos sentimos unidas principalmente por algo tan poco tangible como una sensibilidad común; y por último, el viaje inevitable a la madurez y la pérdida de inocencia que conlleva.

“Antes creía que las cosas tenían una razón de ser, un sentido oculto. Antes creía que ese sentido gobernaba la organización del mundo. Pero es una ilusión pensar que hay buenas o malas razones, y en eso la gramática es una mentira por hacernos creer que las oraciones se articulan entre sí según una lógica que el estudio revela, una mentira perpetuada desde hace siglos, pues ahora sé que la vida no es más que una sucesión de pausas y desequilibrios cuyo orden no obedece a ninguna necesidad.”

Volviendo a la historia, ambas protagonistas deberán luchar con la realidad que tienen en frente, con sus propias circunstancias y con una sociedad llena de prejuicios, y un sistema que a la hora de la verdad también actúa como verdugo con aquellos que no saben o quieren adaptarse, tanto por decisión propia como por ser víctimas de una vida durísima llena de inconvenientes y sucesos terribles.

“Somos capaces de enviar aviones supersónicos y cohetes al espacio, de identificar a un criminal a partir de un pelo o de una minúscula partícula de piel, de crear un tomate que se conserva tres semanas en el frigorífico sin una arruga, de guardar en un chip microscópico miles de millones de informaciones. Somos capaces de dejar morir a gente en la calle.”

Como os avanzábamos, aunque vienen de mundos completamente diferentes, juntas se sienten muy bien. Se escuchan y entre ellas surge una familiaridad muy curiosa y una amistad sin fisuras. A Lou le cuesta mucho encajar en el colegio, por su condición de superdotada y porque es muy tímida, reservada, tremendamente observadora y analítica, y a su vez bastante idealista; y No, por contra, no tiene hogar y vive en casas de amigos, albergues o la calle, siempre está al borde del desastre, y su desconfianza, apatía y desencanto la delatan, mientras se refugia en el alcohol y las drogas farmacológicas para sobrevivir y soportar su presente, lleno de dureza y tristeza. Sin embargo, lo que les une, además de una inexplicable complicidad, es la relación que ambas tienen con sus madres. Es diferente en cuanto a la forma y el contexto, pero hay un sustrato compartido, que es la ausencia y la desidia.

“Antes de conocer a No, creía que la violencia estaba en los gritos, en los golpes, la guerra y la sangre. Ahora sé que la violencia también está en el silencio, que a veces es invisible a simple vista. (…) La violencia es aquello que se nos escapa, que calla, que no se muestra, la violencia es aquello para lo que no hay explicación, eso que permanecerá oculto para siempre.”

Sabemos que la relación de su autora con su madre también fue dura, ya que ésta sufría un trastorno bipolar y estuvo años idiotizada por la medicación que tomaba hasta que se suicidó. De hecho, es en su excelente novela «Nada se opone a la noche», considerada por ella misma como «una tentativa fallida de ficción», donde aporta más detalles sobre su familia y en concreto sobre Lucile, su madre, quien sufrió abusos sexuales por parte de su padre (el abuelo de Delphine). Y quizás por ello, en este libro retrata a dos madres ausentes…

Mi madre sale del cuarto de baño, ha tenido que oírme gritar, se reúne con nosotros en el salón, envuelta en una bata de seda, se ha peinado, mi padre le cuenta la película en unas palabras. (…) Mi madre calla. Me gustaría que me cogiera en sus brazos, que me acariciase la frente, el pelo, que me estrechara contra ella hasta calmar mis sollozos. Como antes. Me gustaría que me dijese no te preocupes o ahora estoy aquí, me gustaría que besase mis mejillas mojadas. Mi madre permanece en pie, en la entrada del salón, los brazos pegados al cuerpo.”

En definitiva, «No y yo» es un libro que, con una prosa sencilla, franca y elegante, atrapa sobremanera. Contiene mucha carga emocional, pedagógica y reivindicativa, y nos hace reflexionar sobre nuestro modelo social, nuestra pasividad e individualismo. Por ello, también resulta un retrato de la naturaleza humana, capaz de lo mejor y lo peor, así como una invitación a no rendirnos y a seguir luchando por nosotros y por los demás.

Food for thought.


 BACK


 BACK TO TOP