Studio Ossidiana reinventa el museo con The Fun Palace
¿Qué pasaría si un museo pudiera viajar sin muros? ¿Y si el arte pudiera experimentarse descalzo, envuelto en pliegues de tela, sin mármol ni solemnidad, pero lleno de juego, descanso y respiración compartida? Con Soft Palace, el estudio de arquitectura y diseño neerlandés Studio Ossidiana planteó exactamente eso: una relectura radical de cómo habitamos el arte, las instituciones y el estar juntos.


Encargada como parte de The Fun Palace, una iniciativa conjunta entre el Centre Pompidou y GrandPalaisRmn, esta instalación efímera transformó el Salón de Honor del Grand Palais en una embajada cultural nómada para el Pompidou durante su cierre temporal.
Una propuesta que pudo disfrutarse el pasado mes de junio y que, aunque ya no está en pie, nos gusta recuperar como fuente de inspiración. Porque no fue solo una exposición: fue un paisaje de suavidad, una escenografía de posibilidades, un sueño hecho materia.
“Es un paisaje de suavidad, una escenografía de posibilidades, un sueño hecho materia.”
Un palacio hecho de tela, sueños y convivencia
El concepto de Soft Palace es tan poético como político. Ideado por Alessandra Covini y Giovanni Bellotti, fundadores de Studio Ossidiana, el espacio se desplegó como una gigantesca estructura textil: una alfombra enrollada y plegada que se transformó en una prenda monumental. Cada pliegue, cada bolsillo se pensó para ser habitado, explorado o simplemente disfrutado.
Para ello, el visitante fue invitado a caminar descalzo, tumbarse, sentarse donde quisiera o deambular entre exposiciones, performances, juegos y momentos de soledad tranquila.
Soft Palace fue a la vez escenario y refugio. Eso significa que se podía formar parte de una reunión colectiva o retirarse al pliegue de una tela para echarse una siesta. Un lugar donde todos podíamos ser espectadores y actores al mismo tiempo, donde la vida cotidiana y la expresión artística se fundían en una coreografía compartida.
En palabras de sus creadores, se trató de «un espacio donde uno podía elegir estar con otros, jugar, discutir, escuchar… o esconderse, descansar, estar solo y encontrar intimidad a pocos pasos de una reunión pública».
Más allá de la arquitectura
Studio Ossidiana es conocido por trabajar en la intersección entre arquitectura, paisaje y narrativas materiales. Entre sus proyectos anteriores figuran jardines flotantes habitados por aves, cocinas públicas al aire libre, pabellones de land art y mundos inmersivos diseñados para humanos y no humanos.
Con Soft Palace, ese enfoque se trasladó al corazón de uno de los espacios culturales más emblemáticos de Europa, proponiendo una nueva forma de hospitalidad radical.
Como podréis comprobar por las imágenes, la instalación rechazó la jerarquía: no había escenarios, ni pedestales, ni filas preferentes. Cada lugar era igualmente válido. Cada persona decidía cómo participar. Y al hacerlo, desafiaba la idea tradicional de lo que puede ser un museo. En lugar de permanencia, propusieron lo efímero. En lugar de contemplación pasiva, presencia activa. En lugar de exclusión, inclusión.
El museo se convirtió en un organismo vivo y respirante.
Un parque de juegos curado para el arte y la imaginación
Asimismo, Soft Palace tampoco fue un espacio vacío. En sus pliegues se alojaron múltiples intervenciones artísticas y narrativas contemporáneas:
– Nightcrawlers, un videojuego experimental de la artista Alice Bucknell, convirtió la exploración digital en una narrativa de futuros especulativos.
– Una selección de piezas de diseño de la colección del Centre Pompidou, comisariada por Olivier Zeitoun y Marie-Ange Brayer, invitó a reflexionar sobre forma, función y experiencia sensorial.
– El filósofo Emanuele Coccia, cuyos escritos sobre ecología, percepción y coexistencia informaron profundamente el relato espacial, y colaboraron como parte fundamental del concepto.
– La curaduría general estuvo liderada por Jean-Max Colard, Joséphine Huppert y Alice Pialoux, quienes entrelazaron las dimensiones artísticas, filosóficas y arquitectónicas en una propuesta unificada.
Esto no fue simplemente un proyecto multidisciplinar. Fue posdisciplinar. El arte, la filosofía, la arquitectura, el juego y la política no solo coexistieron: colisionaron, se contaminaron, se fecundaron entre sí.
La política de lo suave
En una época de bordes afilados —con el auge de los extremismos, los cierres culturales y las fronteras endurecidas— Soft Palace ofreció una alternativa silenciosa pero potente: la suavidad como fuerza. La capacidad de ceder, de abrazar, de acoger.
La instalación se convirtió en un manifiesto táctil sobre lo que puede significar el espacio cultural en el siglo XXI. Y esto cobró especial sentido en el contexto de la renovación del Centre Pompidou, una pausa simbólica para una de las instituciones de arte moderno más importantes del mundo.
De ahí que en lugar de desaparecer, el museo se haya reinventado en movimiento, en mutabilidad, en vulnerabilidad: cualidades poco comunes en las grandes infraestructuras culturales.
Una embajada nómada de la imaginación
Como subrayan sus autores, Soft Palace fue también una embajada. Pero no de una nación, sino de la imaginación, la colectividad y la ternura. Representó una alternativa temporal pero poderosa a la arquitectura fija y a la curaduría rígida.
Al igual que la Fun Palace original soñada por Cedric Price en los años 60 —un espacio no construido pensado para aprender, jugar y habitar en constante transformación—, la propuesta de Studio Ossidiana actualizó esa visión con urgencia contemporánea, para un mundo que necesita más porosidad, más juego y más posibilidad.
¿Un modelo para las instituciones del futuro?
Soft Palace fue una instalación efímera, pero su mensaje perdura: ¿y si nuestros museos se parecieran más a esto? ¿Y si los espacios públicos priorizaran la comodidad y la participación por encima del espectáculo y el control? ¿Y si la suavidad estuviera en los planos de nuestras instituciones?
Al lanzar estas preguntas, Studio Ossidiana demuestra que no solo diseña espacios: diseña futuros posibles. Y quizás esa sea, hoy, la arquitectura más necesaria de todas. Una arquitectura que no busca imponer, sino abrir caminos. Una forma de imaginar instituciones más humanas, sensibles y radicalmente inclusivas.
“Soft Palace no es un espacio vacío. En sus pliegues se alojan múltiples intervenciones artísticas y narrativas actuales.”
(*) Fotos: Riccardo de Vecchi.

