Mother Mary: la creación detrás del icono

¿Quién crea realmente a un icono? ¿La persona que ocupa el escenario o quien permanece entre bastidores dando forma a su identidad? Esa es la pregunta que plantea Mother Mary, la nueva película de David Lowery. Protagonizada por Anne Hathaway y Michaela Coel, la historia explora el reencuentro entre una estrella del pop y la diseñadora que construyó su imagen pública, un vínculo marcado por la admiración, la dependencia creativa y las heridas que el éxito dejó por el camino.

La película sigue el reencuentro entre Mother Mary (Anne Hathaway), una de las artistas más famosas del planeta, y Sam Anselm (Michaela Coel), la diseñadora que ayudó a construir su imagen y con quien mantiene una compleja historia personal marcada por la admiración, la dependencia y el resentimiento.

Lo que comienza como el encargo de un vestido para un gran concierto termina convirtiéndose en una larga noche donde afloran recuerdos, conflictos y emociones que nunca llegaron a resolverse.

Una película que entra por los ojos

Si hay un aspecto en el que Mother Mary resulta incontestable es en su extraordinaria factura visual.

David Lowery vuelve a demostrar que posee un talento excepcional para construir imágenes cargadas de significado. La fotografía, el diseño de producción y el vestuario dialogan constantemente para crear un universo que oscila entre el glamour del pop contemporáneo y un imaginario casi litúrgico, donde los conciertos adquieren una dimensión cercana al ritual.

Si hay un aspecto en el que Mother Mary resulta incontestable es en su extraordinaria factura visual.

Los escenarios, las coreografías y la puesta en escena están cuidadosamente diseñados para transmitir esa dualidad entre espectáculo y vulnerabilidad. Incluso cuando la película apuesta por la contención, cada plano mantiene una enorme riqueza estética.

Especialmente brillante resulta el trabajo de vestuario firmado por Bina Daigeler, responsable de convertir la evolución emocional de Mother Mary en una evolución visual. Cada aparición pública de la cantante funciona como una extensión de su estado interior, culminando en el espectacular vestido final diseñado por Iris van Herpen, que sintetiza buena parte del discurso artístico de la película.

Todo está concebido con un nivel de detalle admirable, demostrando hasta qué punto Lowery entiende la imagen como una herramienta narrativa y no únicamente decorativa.

Anne Hathaway y Michaela Coel sostienen el relato

Otro de los grandes aciertos de la película reside en sus interpretaciones. Anne Hathaway afronta probablemente uno de los personajes más complejos de su carrera reciente.

Su Mother Mary combina la seguridad casi divina que proyecta sobre el escenario con una fragilidad constante cuando desaparecen los focos.

Hathaway consigue moverse entre ambas versiones del personaje sin perder credibilidad, construyendo una estrella del pop marcada por el éxito, pero también profundamente agotada por el personaje que ella misma ha creado.

A su lado, Michaela Coel ofrece un trabajo igualmente sólido y contenido. Su Sam Anselm representa el talento silencioso que permanece detrás del espectáculo, alguien cuya creatividad fue esencial para construir un icono mundial y que, sin embargo, terminó quedando relegada a un segundo plano.

La química entre ambas actrices sostiene gran parte de la película. Sus conversaciones, silencios y enfrentamientos contienen algunos de los momentos más interesantes del relato, especialmente cuando la historia abandona el artificio visual y se concentra únicamente en ellas.

Cuando el universo pop no termina de conectar

Sin embargo, ahí aparece también la principal dificultad de Mother Mary.

Aunque la película se inspira claramente en figuras como Madonna, Lady Gaga, Taylor Swift o Beyoncé, nunca termina de construir una identidad completamente propia para su protagonista. Mother Mary funciona como símbolo, pero cuesta verla como una artista real con una trayectoria reconocible.

Las canciones, compuestas por Charli XCX, Jack Antonoff y FKA twigs, poseen calidad suficiente para sostener el universo musical de la película, pero la dimensión pop del personaje acaba sintiéndose más conceptual que emocional.

Entendemos quién es Mother Mary y lo que representa, aunque resulta más difícil conectar con ella desde un lugar cercano.

Eso repercute directamente en el conflicto central. La relación entre Mother Mary y Sam contiene ideas muy interesantes sobre la creación artística, la apropiación del talento, el ego y la amistad, pero el espectador observa ese proceso con cierta distancia.

La película invita constantemente a interpretar símbolos, más que a compartir emociones.

No se trata de un problema de interpretación ni de puesta en escena, sino de una escritura que privilegia el concepto sobre la experiencia emocional.

Entre lo real y lo sobrenatural

Es difícil enfrentarse a Mother Mary sin pensar en A Ghost Story.

No solo porque ambas comparten director, sino porque David Lowery vuelve a explorar algunas de las ideas que atraviesan buena parte de su filmografía: la ausencia, los vínculos invisibles, el paso del tiempo y la dificultad de expresar determinadas emociones con palabras.

En esta ocasión, ese universo simbólico toma forma a través de una presencia sobrenatural cuya interpretación permanece abierta. Anne Hathaway la entiende como una representación del karma; Michaela Coel habla de una fuerza de amor eterno, mientras que el propio Lowery la define como «un sentimiento que intenta encontrar una forma». Esa diversidad de lecturas demuestra que la intención nunca fue ofrecer una respuesta única, sino dejar espacio para que cada espectador complete su significado.

Sobre el papel, la idea encaja perfectamente con las inquietudes del director. Sin embargo, durante el desarrollo de la película esa presencia acaba sintiéndose más conceptual que orgánica. Mientras en A Ghost Story el elemento sobrenatural nacía de forma natural y sostenía todo el relato, aquí parece irrumpir para reforzar un simbolismo que la historia ya transmitía por sí sola. No resta belleza a las imágenes ni desvirtúa la propuesta visual, pero sí deja la sensación de que ese recurso está más pensado que sentido.

Una experiencia más sensorial que emocional

Mother Mary confirma que David Lowery sigue siendo un cineasta visualmente muy interesante Su capacidad para construir atmósferas, trabajar con el simbolismo y convertir cada plano en una imagen cuidadosamente compuesta permanece intacta.

La película también demuestra un enorme respeto por disciplinas como la moda, la música o el diseño de producción, integrándolas dentro del relato como parte esencial de la narrativa y no como simples elementos ornamentales.

Sin embargo, toda esa riqueza formal no encuentra siempre el mismo reflejo en el desarrollo dramático. La historia plantea cuestiones sugerentes sobre la identidad, el éxito, la autoría y la creación artística, pero rara vez consigue que esas ideas lleguen con la intensidad emocional que sí transmitían otras obras del director.

Eso no convierte a Mother Mary en una película fallida. Al contrario, es una propuesta valiente, elegante y visualmente fascinante, que se atreve a explorar territorios poco habituales dentro del cine contemporáneo. Pero también es una obra que parece más interesada en ser contemplada que en conmover.

Y quizá esa sea la mayor diferencia respecto a A Ghost Story. Allí bastaban una casa vacía, el paso del tiempo y un fantasma inmóvil para hablar del amor y de la pérdida con una profundidad extraordinaria. Mother Mary dispone de grandes escenarios, una cuidada iconografía pop y dos magníficas actrices, pero esa conexión íntima con el espectador permanece siempre a cierta distancia. La admiración está presente de principio a fin; la emoción, en cambio, aparece solo de forma intermitente.

Estreno en cines de España el 31 de julio de 2026. Consultar cartelera.

(*) Foto portada, foto horizontal fija 1, foto vertical 1 y foto slider 2: Frederic Batier; Foto horizontal fija 2 y foto slider 1, 3, 4, 5 , 6 y 7, foto vertical 3: Eric Zachanowich. Proporcionadas por UPI Media.

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