«Bugonia»: la obra más radical de Lanthimos sobre el absurdo contemporáneo

Yorgos Lanthimos ha convertido lo inquietante y lo insólito en una firma narrativa tan distintiva como desconcertante. En «Bugonia», su nueva película, afila al máximo esa sensibilidad para crear una fábula hiperbólica sobre la ansiedad colectiva, las conspiraciones digitales y el colapso de la realidad compartida.

Adaptación libre de la cinta surcoreana «Save the Green Planet!», «Bugonia» se convierte, bajo la mirada del director griego, en un experimento físico, visual y emocional sublime sobre el fin del discurso racional. El resultado es una obra que se mueve entre el thriller claustrofóbico, el grotesco social y la ciencia ficción de baja frecuencia. Un retrato radical de lo que significa existir en un presente saturado de ruido, miedo y desinformación.

“Bugonia es un retrato radical de lo que significa existir en un presente saturado de ruido, miedo y desinformación.”

Un secuestro como dispositivo narrativo

La película se estructura en torno a un punto de partida tan ridículo como inquietante: Teddy (Jesse Plemons) y su primo Don (Aidan Delbis) secuestran a Michelle (Emma Stone), una poderosa ejecutiva de una farmacéutica, convencidos de que es una alienígena infiltrada que planea destruir la Tierra. En este sótano —literal y simbólico— se condensa gran parte del metadiscurso de Bugonia: una tensión entre realidad y ficción que acaba desencadenando un plot twist tan inusitado como impactante.

Lanthimos sitúa la acción principal en un espacio reducido, casi teatral, donde los cuerpos, los silencios y los objetos se transforman en vectores expresivos. Como en «Dogtooth» o «The Lobster», el lenguaje corporal y las reglas internas del universo narrativo no buscan verosimilitud, sino revelación. Aquí, la locura de Teddy es tan absurda como coherente. Y la resistencia de Michelle es tan racional como sospechosa.

El bodegón del caos: una fotografía en formato vistavision

Visualmente, «Bugonia» es una de las obras más ambiciosas del director. Rodada en VistaVision, con una paleta cromática hipersaturada y una composición que remite tanto a los bodegones flamencos como al fotoperiodismo contemporáneo, cada plano busca convertir el encierro en un lienzo de tensión psicológica.

Los encuadres estáticos magnifican los rostros y minimizan los gestos. El cuerpo de Michelle, rapado y cubierto de una mezcla absurda de lociones antialienígenas, se convierte en una escultura de vulnerabilidad.

No es casual que Lanthimos construya el sótano como un bodegón pop del apocalipsis: latas, colmenas, trajes oxidados, una televisión vieja que repite teorías conspiranoicas. Todo dispuesto con una obsesiva dirección de arte que remite a esa idea del orden mental de los paranoicos, donde cada objeto tiene una función simbólica.

Emma Stone y Jesse Plemons: duelistas de lo inexplicable

Emma Stone, en su quinta alianza creativa con Lanthimos, se entrega por completo en una actuación desbordante, visceral y profundamente magnética. Michelle es una esfinge que pasa de la arrogancia al miedo, del sarcasmo a la manipulación. En ese juego de capas, la actriz navega con una tensión interna que evita el histrionismo y abraza el desconcierto.

Jesse Plemons, por su parte, convierte a Teddy en un personaje trágico sin renunciar a su carácter grotesco. Su interpretación es sencillamente extraordinaria: esa mirada perdida, su discurso desconectado del sentido común, la ternura enfermiza que muestra hacia Don… todo en él remite a una soledad que ha mutado en fanatismo.

Es imposible no leer en su personaje una alegoría de los hombres desconectados, aquellos que encuentran en el delirio colectivo un refugio emocional.

Lo cómico como agudeza del horror

«Bugonia» no es una comedia, pero se permite ser cómica. En el sentido más brutal del término.

Y es que el humor de Lanthimos está hecho de silencios incómodos, reacciones improbables, rituales sin sentido. Los trajes ridículos, el interrogatorio con preguntas sobre abejas y eclipses, las reglas absurdas del plan para salvar el planeta… Todo es profundamente ridículo y, por eso mismo, escalofriante.

El director no juzga a sus personajes, pero tampoco les otorga redención. Los muestra en su humanidad distorsionada. Por ello, «Bugonia» no es una parodia de las conspiraciones: es una exploración de por qué funcionan, de qué vacíos que se llenan, de cómo una mentira compartida puede convertirse en verdad si el mundo real ya no ofrece certezas.

Una fábula política sin moralina

Si algo distingue a «Bugonia» dentro del cine contemporáneo es su capacidad para ser política sin volverse discursiva. La crítica a la industria farmacéutica, al capitalismo extractivo, a la desinformación y a la tecnología como generadora de realidades paralelas no se articula como un manifiesto, sino que se respira en el ambiente.

Es ahí donde entra la extrañeza —marca distintiva del cine de Lanthimos— no solo como estética, sino como herramienta narrativa: una forma de desprogramación que desactiva certezas, altera percepciones y obliga al espectador a repensarlo todo desde el desconcierto.

Michelle no es una alienígena. O quizá sí. No importa. Y tampoco queremos haceros spoiler.

Porque lo que está en juego en la película no es la verdad, sino la capacidad de los personajes (y del espectador) para soportar la ambigüedad. El guion de Will Tracy, rápido, brutal y cargado de dobles sentidos, construye esa tensión sin ofrecer salidas fáciles.

Una experiencia para ver en cine

Lanthimos ha insistido en que «Bugonia» debe verse en salas. No solo por su diseño de sonido envolvente, la majestuosidad del VistaVision o la fabulosa banda sonora —que acompaña y desestabiliza con precisión quirúrgica—, sino porque propone una experiencia comunal. Una risa nerviosa compartida. Un estremecimiento colectivo. Un ejercicio de inmersión que se potencia en la oscuridad y en el silencio de un cine.

“El film explora cómo una mentira compartida puede convertirse en verdad si el mundo real ya no ofrece certezas.”

Una película sobre el presente, sin nostalgia ni futuro

No hay en «Bugonia» una nostalgia por lo analógico, ni una fe en la tecnología. Solo un presente hiperacelerado, confundido y peligrosamente performático.

Es una película sobre cómo la narrativa moldea la realidad. Sobre cómo los héroes pueden ser monstruos si les das un motivo lo bastante potente. Y sobre cómo la alienación no necesita naves espaciales: basta una casa sin madre, una colmena vacía y una conexión a internet.

«Bugonia» no pretende responder, sino incomodar. Y en eso, como en el mejor cine de Lanthimos, encuentra su poder. Una obra para reír con miedo, dudar de todo y salir del cine con una pregunta resonando: ¿Y si tienen razón?

Una última visión

Las imágenes finales de «Bugonia» están entre las más bellas que hemos visto en el cine reciente. Son surreales, evocadoras y profundamente poéticas. Un gesto de cierre que permanece, insinuando que incluso cuando la trama termina, su resonancia simbólica y emocional sigue expandiéndose.

Cartel y créditos con firma de autor

El diseño de los créditos y el cartel de la película lleva la firma del reconocido diseñador griego Vasilis Marmatakis, colaborador habitual de Lanthimos y responsable de traducir visualmente el imaginario inquietante, preciso y simbólico del director. Os dejamos la entrevista que le hicimos coincidiendo con su participación en el festival Paradis en València.

Muy recomendable.

(*) Imágenes: UPI Media.

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