“Riefenstahl”: desmontando el mito de la cineasta que embelleció el horror

El nuevo documental de Andres Veiel bucea en el legado oculto de Leni Riefenstahl, la mujer que revolucionó el lenguaje visual del siglo XX al servicio de una de las ideologías más oscuras de la historia. Una pieza incómoda, necesaria y brutalmente oportuna.

Pocas figuras despiertan tantas contradicciones como Leni Riefenstahl. Visionaria de la imagen. Pionera del lenguaje cinematográfico. Musa de la estética del poder. Y, por encima de todo, arquitecta visual del nazismo. Con una habilidad técnica que aún hoy se estudia en las escuelas de cine, Riefenstahl filmó la épica totalitaria con un magnetismo tan deslumbrante como perturbador.

Pero, ¿dónde acaba el arte y empieza la propaganda? ¿Y qué sucede cuando una mirada brillante se pone al servicio del horror?

En «Riefenstahl», el nuevo documental del director alemán Andres Veiel, se destapa el verdadero rostro de una artista que, durante décadas, logró esquivar el peso de la historia a base de negar su responsabilidad. Estrenado en el Festival de Venecia 2024, el filme propone algo más que un repaso biográfico: es un ejercicio de memoria, justicia y desmontaje narrativo.

Una imagen perfecta para una ideología monstruosa

El trabajo de Riefenstahl no puede separarse de la maquinaria nazi. Desde «El triunfo de la voluntad» (1935), con su coreografía de masas y su devoción por la figura de Hitler, hasta «Olympia» (1938), oda a la supremacía física en los Juegos Olímpicos de Berlín, cada plano, cada montaje y cada encuadre fueron herramientas cuidadosamente diseñadas para glorificar al régimen.

Pero tras la caída del Tercer Reich, Riefenstahl se reinventó: se vendió como una artista apolítica, ajena a la barbarie, una ejecutora estética sin ideología. Fue juzgada pero no condenada. Y durante décadas, muchos compraron su versión.

Archivos, cintas y mentiras: el legado que habla

Veiel desmonta esa narrativa con precisión quirúrgica. Su documental se basa en el análisis de cientos de cajas del archivo personal de la cineasta: diarios, cartas, grabaciones, anotaciones y hasta cintas de casete donde se registran llamadas reveladoras.

Entre el material, no solo emergen datos que confirman su complicidad con el nazismo —como una carta en la que pedía «quitar a unos judíos» del set de rodaje—, sino también pruebas de que apoyó abiertamente ideologías de extrema derecha en décadas posteriores, votando a partidos negacionistas y reivindicando discursos autoritarios hasta los años 80.

¿Puede el arte no ser político?

Una de las tesis más contundentes del documental es también una pregunta urgente: ¿es posible crear desde la neutralidad cuando se filma el poder? Veiel responde sin titubeos. Riefenstahl no solo sabía lo que hacía: sabía perfectamente el efecto que buscaba generar. Su obra fue una herramienta de seducción masiva. Una mentira embellecida. Y, en palabras del propio director, «una precursora de las fake news».

El filme también señala cómo la historia —y el mundo del arte— han perdonado en exceso su legado. Mientras sus aportaciones técnicas siguen siendo elogiadas, su rol como difusora del totalitarismo ha sido, con frecuencia, suavizado o silenciado.

Una advertencia para el presente

«Riefenstahl» no es solo un ajuste de cuentas con el pasado, sino una llamada de atención sobre el presente. En un momento en el que la extrema derecha gana terreno en Europa y discursos de odio reaparecen disfrazados de modernidad, el documental se convierte en una herramienta de resistencia cultural.

Su estreno en Venecia no es casual. Como subraya Veiel, proyectar esta historia en la Italia de Meloni, donde el posfascismo gobierna, es una decisión política. Y valiente.

La estética del fascismo, al desnudo

Más allá del análisis histórico, la película nos obliga a mirar de frente el poder de las imágenes. Riefenstahl no fue una cineasta brillante sin mácula, sino una técnica hábil al servicio de una visión excluyente, supremacista y peligrosa. Su cine no era solo bello: era eficaz, viral, tóxico.

Veiel lo resume con precisión: «El fascismo no empieza en 1933. En ella ya estaba antes. Riefenstahl es el prototipo del fascismo».

Una película necesaria

«Riefenstahl» es incómoda, reveladora y profundamente oportuna. No solo por lo que cuenta, sino por lo que denuncia: que el olvido, cuando va acompañado de esteticismo, puede convertirse en una forma más de propaganda.

En tiempos de revisionismo y relativismo, mirar a los ojos de quienes embellecieron el horror es un acto de responsabilidad. Y también de valentía.

Disponible en Movistar+.

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