«La Sustancia»: la destrucción del mito de la eterna juventud

Sinopsis

¿Alguna vez has soñado con una mejor versión de ti misma? Tú. Solo que mejor en todos los sentidos. Tienes que probar este nuevo producto. Se llama «La Sustancia». Genera otra tú. Una nueva tú, más joven, más bella, más perfecta. Y solo hay una regla: compartes el tiempo. Una semana para ti. Una semana para la nueva tú. Siete días cada una. Un equilibrio perfecto. Fácil. ¿Verdad? Si respetas el equilibrio… ¿Qué podría salir mal?

La sustancia de Coralie Fargeat

Desde que irrumpió en la escena cinematográfica con «Revenge» (2017), Coralie Fargeat se ha convertido en una de las cineastas más provocadoras del cine contemporáneo, aportando una perspectiva aguda sobre la violencia, el género y el poder. Con «La Sustancia», su recién estrenada película, Fargeat vuelve a sumergirse en los terrenos del horror y el thriller psicológico, esta vez adentrándose en una distopía inquietante y visceral, en la que las fronteras entre lo humano y lo monstruoso se disuelven bajo un torrente de emociones crudas y visuales deslumbrantes.

En «La Sustancia», Fargeat nos traslada a un futuro no tan distante donde un descubrimiento científico centrado en poder disfrutar de una juventud eterna desata el caos. El argumento gira en torno a una misteriosa materia biológica con propiedades extraordinarias que no solo transforma la mente y el cuerpo de quienes la consumen, sino también las estructuras de poder que la rodean.

La protagonista, interpretada magistralmente por dos grandes actrices: Demi Moore y Margaret Qualley, es víctima de un sector, el audiovisual (la televisión concretamente), que ante todo y sobre todo valora y busca la belleza y la juventud. Es por ello, que cuando el día de su cumpleaños le anuncian que va a ser sustituida por una cara más joven, entra en cólera.

Ella, que es una especie de Jane Fonda, con una carrera llena de éxitos y miles de admiradores, no asume que aunque objetivamente está divina, el dueño de la cadena y sus secuaces, hayan decidido relegarla al ostracismo. Y es aquí cuando empieza una espiral demoledora, grotesca y excesivamente gore, sobre todo en los últimos 25 minutos.

La solución definitiva al deterioro físico…

*Información sobre el producto:

Una sola inyección desbloquea tu ADN.

Se iniciará una nueva división celular que liberará una mejor versión de ti mismo.

Solo tienes que compartir.

Una semana para uno. Y una semana para el otro.

Un equilibrio perfecto de siete días cada uno.

Lo único que no debes olvidar: no puedes escapar de ti mismo.

*Cómo usar:

Actívala una sola vez.

Estabilízate diariamente.

Cambia cada siete días, sin excepciones.

Recuerda, eres uno.

Elisabeth Sparkle, que es como se llama la protagonista, es incapaz de aceptar su nueva realidad. Por este motivo, cuando casualmente le sugieren la existencia de una sustancia, adquirida en el mercado negro, pero que es capaz de perpetuar su yo joven y seguir disfrutando de las mieles del éxito y de la juventud perpetua, decide probarla.

Como si de una droga se tratase, Elisabeth prueba el experimento e inmediatamente siente sus primeros chutes de dopamina que le hacen sentir increíble.

Tanto ella como el histriónico y perverso jefe de la cadena en la que ella trabaja – interpretado por Dennis Quaid – ama a su otro yo más joven. Ya no se siente descartada y gracias a esta «sustancia», que requiere de un proceso aparentemente sencillo, puede vivir esa sensación tan adictiva cada 7 días.

Sin embargo, lo que no prevé Elisabeth son los estragos que pueden derivarse de la misma si no es administrada adecuadamente, tal y como rezan las instrucciones.

De ahí que se vea atrapada en un bucle de metamorfosis, tanto física como emocional, que pondrá en jaque no sólo su identidad, sino su propia supervivencia.

El cuerpo femenino como objeto de manipulación, deseo y cosificación

Como os avanzábamos, lo más interesante de esta película es la premisa de la que parte Coralie Fargeat para denunciar cómo el cuerpo femenino ha sido y es objeto de manipulación, deseo y cosificación no solamente en la industria sino en cualquier ámbito.

La llegada de cierta edad adulta, y la aparición de arrugas e imperfecciones hace que haya muchas mujeres opten por soluciones rápidas que les garanticen permanecer en una edad imposible, sin ser en muchas casos conscientes de la deriva de ese camino, que en muchísimas ocasiones no tiene fin y produce una distorsión de su propia autoimagen. Nunca se acaban de ver bien… hasta llegar a situaciones en las que con tanto retoque y «mejora» acaban convirtiéndose en otras personas o incluso en una versión monstruosa de sí mismas.

El papel que ocupa el patriarcado a la hora de promover este culto por la belleza joven e inalterable es algo que se muestra muy bien en «La Sustancia». El papel de Dennis Quaid y el de sus secuaces es un buen ejemplo de ello. Ellos son mayores y físicamente repulsivos, a pesar de que son quienes catalogan la valía de las mujeres por su belleza y juventud, y quienes perpetúan unos cánones utópicos para la gran mayoría así como unas normas misóginas e injustas.

Elisabeth contra Sue y viceversa

Otro aspecto interesantísimo de la película es la reflexión que arroja sobre cómo una «buena» apariencia puede hacernos sentir bien, a pesar de que lo más importante es hacer el trabajo de aceptar y asumir que somos seres finitos, que envejecemos y que nuestra autoestima no puede depender del ojo ajeno sino de nosotros mismos.

Sin embargo, lo opuesto es justamente lo que le sucede a Elisabeth. Su autoestima está sustentada por su físico y por la imagen que los demás tienen de ella, y por ello no solo es víctima de lo que exige la sociedad y su sector sino que, además, es su peor enemigo e incluso su verdugo.

Por desgracia, este storytelling no cesará de gravitar en su cabeza y tendrá gravísimas consecuencias, haciendo hincapié en la importancia del amor propio y del daño que inflige el cine, la publicidad y el patriarcado en la imagen y la autoimagen de las mujeres.

Dirección de fotografía y banda sonora de aplauso lento

Fargeat, fiel a su estilo, combina una narrativa intensa con una estética visual magnética e irreverente.

Los cuerpos, el entorno y la sustancia misma son retratados con una crudeza casi orgánica. La cámara de Fargeat capta texturas que parecen salirse de la pantalla: la viscosidad de la sustancia, el sudor de los cuerpos, la sangre, todo se siente tangible y amenazante.

No es solo un espectáculo visual, sino una inmersión sensorial que genera incomodidad y fascinación a partes iguales. La película recuerda a la obra de Cronenberg, Lynch, Kubrick o De Palma, pero con una sensibilidad marcadamente femenina, donde la transformación corporal es tanto un acto de resistencia como de liberación.

Uno de los aspectos más notables es la dirección de fotografía por parte del exquisito Benjamin Kracun («Promising Young Woman»), quien crea un mundo plástico, delirante, muy impactante y transgresor. Toda esa estética se eleva gracias a la banda sonora, en la que destacan temazos del compositor británico Benjamin Stefanski aka Raffertie.

Y de postre: ración extra de gore…

«La Sustancia» consta de tres partes, y es en esta última en la que para nosotros la película se descalabra. Por suerte, es menos de media hora, pero el modo en el que Fargeat representa la autodestrucción por parte del propio detritus de Elisabeth Sparkle resulta realmente desmesurada y asquerosamente redundante.

A pesar de que este epílogo extra gore plantea preguntas incómodas sobre la manipulación del cuerpo femenino, la ciencia patriarcal y los límites de la libertad en una sociedad que busca domesticar lo impredecible, lo consideramos demasiado extremo y prescindible. Sobre todo porque nos parece incomprensible que después de casi dos horas de metraje salpicadas por algunos momentos de cine splatter, haya decidido acabar con un sinfín de situaciones de violencia extrema y explícita acompañadas de imágenes sanguinolentas muy desagradables.

Sin más, «La Sustancia» no es una película fácil de digerir, y tampoco es para todos los públicos. Hay quien la considera de mal gusto, quien es incapaz de verla… pero también hay quienes le rinden pleitesía y la vitorean. Sea como sea, y aunque hay aspectos que criticamos como el exceso de body-horror, es cierto que tanto en su forma como en su fondo «La Sustancia» ofrece una de las experiencias más originales y perturbadoras del año, y por ello la recomendamos. No os va a dejar indiferentes.

Lo mejor:

La película es una ácida crítica a la presión a la que la sociedad, la industria del cine, la publicidad, las redes sociales y el patriarcado somete a las mujeres para encajar en unos cánones de belleza imposibles que promueven una absurda e insostenible juventud perpetua. También es un sórdido retrato que constata una realidad irrefutable: el tiempo pasa para todos y los seres humanos envejecemos, lo queramos o no.

Las sobresalientes interpretaciones de Demi Moore y Margaret Qualley, y la capacidad de ambas para transmitir vulnerabilidad y fortaleza a medida que el cuerpo y mente que comparten se desintegran y renacen simultáneamente. Demi Moore ha decidido volver a lo grande y Margaret Qualley, la némesis perfecta de Moore, vuelve a demostrar su increíble talento.

Coralie Fargeat se confirma como una directora con una visión única, dispuesta a empujar los límites del género y las convenciones cinematográficas.

El sonido y la música de Raffertie.

Lo peor:

El epílogo protagonizado por el detritus de Elisabeth Sparkle. Dura unos 20-25 minutos y es una retahíla de imágenes gore muy bizarras, violentas y repugnantes.

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