André Ricard: diseñar para vivir mejor
La exposición André Ricard. Diseño en uso reúne unas 140 piezas en el Disseny Hub Barcelona y recorre la trayectoria de un creador que hizo de la utilidad una forma de compromiso. Del 29 de octubre de 2026 al 14 de marzo de 2027, sus objetos nos invitan a mirar de nuevo lo que tenemos más cerca.
Puede que hayáis utilizado un objeto de André Ricard sin saber quién lo diseñó, ya sea un frasco de perfume, unas pinzas para el hielo o un interruptor.
Son piezas que entraron en nuestras casas y encontraron su sitio gracias a decisiones que apenas advertimos, pero que determinan cómo se sujetan, qué espacio ocupan o de qué manera responden a un gesto. Por eso, reconocerlas en una exposición tiene algo de reencuentro: al observarlas con más atención, aquello que parecía evidente revela el pensamiento que lo hizo posible.

Esa es una buena puerta de entrada a André Ricard. Diseño en uso, la muestra del Disseny Hub Barcelona comisariada por Marina Povedano y Arnau Pascual. Tras su paso por el Madrid Design Festival, llega ampliada a la ciudad donde Ricard desarrolló su trayectoria, con unas 140 piezas distribuidas en 600 metros cuadrados. La organizan el DHub, La Fábrica, el FAD y el Madrid Design Festival.
Una exposición que empieza en casa
La propuesta organiza las piezas según los lugares y situaciones en los que cobran sentido: la mesa, el baño, la cocina, el salón, la fiesta, el estudio y la memoria. Este recorrido se inspira en «Le design au quotidien», la exposición que el propio Ricard comisarió en Bulle, Suiza, en 1995.

La elección resulta especialmente acertada para entender su trabajo. Una vajilla se comprende mejor cuando pensamos en servir, comer o recoger. Un frasco, cuando imaginamos la mano que lo abre. Situar los objetos en sus ámbitos de uso permite relacionar las formas con necesidades concretas y preguntarse por qué unas soluciones funcionan mejor que otras.
Entre los diseños expuestos aparecen la vajilla Compact, el cenicero Copenhague, las pinzas de hielo Tong, la lámpara Tatú y los envases para Puig. A su alrededor, fotografías, documentos, revistas y correspondencia reconstruyen el contexto en el que fueron concebidos.

La curiosidad como método
En nuestra entrevista a Olivia Ricard, su hija nos compartió una observación que ayuda a entender esta manera de trabajar: «Su capacidad de análisis es impresionante, hasta el punto de maravillarse con un simple botón bien diseñado».
Esa atención a lo pequeño tiene raíces tempranas. Durante los veranos familiares en la Vall d’Aran, Ricard construía artilugios con sus hermanos y se interesaba por objetos como las piezas de porcelana de los postes eléctricos. La relación entre material, forma y utilidad empezaba a despertar preguntas.
La exposición conserva una pista de aquella inquietud: una libreta con bocetos y anotaciones económicas de ZIBA, un proyecto para fabricar juguetes que ideó a los trece años con compañeros de escuela. En esas páginas conviven ya imaginación y viabilidad, dos cuestiones inseparables cuando una idea debe convertirse en algo que otros puedan utilizar.

De la mesa al frasco de perfume
Los primeros trabajos para Porcelanas Bidasoa trasladaron esa observación al ámbito doméstico. Los platillos Jerez, de 1959, estaban pensados para sostenerse con una sola mano. El detalle resume una exigencia: anticipar lo que hará la persona que use el objeto.
La relación con Puig abrió otro campo de experimentación. En el rediseño de Agua Lavanda, de 1963, Ricard combinó vidrio verde fumé, un tapón de roble y rafia para actualizar el envase manteniendo su identidad. Después llegarían trabajos para Agua Brava, Quorum y Carolina Herrera.

Vistos juntos, estos proyectos permiten apreciar cuánto comunica un recipiente antes de abrirlo. El peso, la textura y la forma intervienen en la experiencia del producto. También muestran la importancia de comprender el encargo: cada decisión debe responder tanto a lo que contiene el envase como a quien lo tendrá entre las manos.
Hacer posible una profesión
La exposición sitúa estas piezas dentro de una historia más amplia. En el Londres de los años cincuenta, Ricard descubrió el Design Council y leyó Never Leave Well Enough Alone, de Raymond Loewy. Aquella lectura le ayudó a reconocer una profesión para una inquietud que ya sentía. Le escribió, llegó a conocerlo y, en 1955, abrió su primer estudio en Barcelona.
Desarrollar esa actividad en España exigía también crear interlocutores, asociaciones y espacios de intercambio. Ricard fue uno de los fundadores del ADI-FAD en 1960 y participó en iniciativas como los premios Delta y el congreso del ICSID celebrado en Ibiza en 1971.
Una cronología reúne diseños, libros, congresos e instituciones para mostrar esa dedicación simultánea. Su contribución se mide también en las oportunidades que ayudó a abrir para otros profesionales, en un país donde el diseño industrial todavía necesitaba explicarse y hacerse un lugar.
“El mayor premio para un diseñador es ver cómo un diseño suyo deviene atemporal, convirtiéndose en un clásico. Significa que un producto ha sido avalado por el público.” André Ricard
La antorcha: una emoción compartida
La antorcha olímpica de Barcelona ’92 concentra buena parte de esa relación entre diseño y sociedad. Tenía que representar una ciudad y transmitir el espíritu olímpico, además de ser segura y fiable durante los relevos. La forma debía responder a una responsabilidad técnica y simbólica.
Tras meses de trabajo con ingenieros, Ricard desarrolló una pieza de aluminio que reinterpretaba el pebetero clásico. Antes había diseñado el dossier de candidatura de Barcelona, otro encargo vinculado a la ambición colectiva de organizar los Juegos.
En nuestra conversación, Olivia recordaba la antorcha como el proyecto más importante de la carrera de su padre y la emoción con la que lo vivieron en familia.
Ese recuerdo aporta una dimensión íntima a una pieza que muchos asociamos con una experiencia pública. Su presencia en la exposición permite volver a observarla como objeto: algo que debía sostenerse, transportarse y cumplir su cometido ante millones de personas.

Pensar, dibujar, seguir haciendo
Los libros de Ricard, algunos disponibles para consulta, permiten acercarse a su pensamiento. Títulos como Diseño, ¿por qué?, Diseño y calidad de vida o La aventura creativa prolongan por escrito las preguntas que desarrolló en el estudio.
La muestra presenta, además, pinturas y dibujos que se exponen por primera vez y amplían la visión de sus intereses.

Esa continuidad entre reflexión y práctica encuentra un eco actual en Lift, el abrebotellas premiado con el Delta de Oro en 1963. Coincidiendo con la exposición, Isist Atelier recupera su producción después de más de quince años de ausencia.
La nueva versión combina una carcasa de acero inoxidable con un cuerpo interior de cuero de curtición vegetal, que sustituye al plástico original. Fabricado artesanalmente en Barcelona, supone la segunda colaboración de la firma con Ricard, después de la butaca Orma, de 2023. Una manera concreta de comprobar cómo un diseño puede seguir evolucionando al regresar a las manos de sus usuarios.
Mirar mejor lo cotidiano
André Ricard. Diseño en uso ofrece un buen ejercicio para quienes disfrutan del diseño y para quienes nunca se han preguntado por la autoría de los objetos que utilizan. Ante cada pieza, merece la pena detenerse en una cuestión: ¿qué decisión hace que funcione?

La visita puede continuar después, al abrir un armario, encender una lámpara o servir una bebida. Quizá ese sea el efecto más interesante de esta exposición: ayudarnos a reconocer la inteligencia y el cuidado que hay en las cosas bien resueltas.
La muestra puede visitarse en el Disseny Hub Barcelona hasta el 14 de marzo de 2027. La entrada general cuesta 6,20 euros y el programa incluye visitas guiadas y las jornadas Hablemos de… André Ricard, previstas para el 6 y 7 de noviembre de 2026.
(*) Fotos: Enric Badrinas.