St. Vincents: el espacio de diseño en Amberes que rehúye las etiquetas
Ubicado en una antigua imprenta del siglo XIX en Amberes, St. Vincents no es una galería al uso ni tampoco una boutique de diseño convencional. Es, en cambio, un lugar que habita los márgenes entre disciplinas, formatos y expectativas, proponiendo una experiencia curatorial que privilegia la intención, el tiempo y la relación entre creador, objeto y espacio.


Fundado por Henri Delbarre y Geraldine Jackman, el proyecto se ha convertido en un referente para quienes buscan una conexión más profunda con el diseño contemporáneo y coleccionable, desde una sensibilidad consciente, pausada y siempre en transformación.

Un comienzo intuitivo, una evolución orgánica
La historia de St. Vincents no nace de una estrategia comercial ni de una visión empresarial tradicional. Henri y Geraldine abandonaron sus respectivos trabajos corporativos para adentrarse en el mundo creativo sin un plan definido, movidos por la curiosidad y el deseo de construir algo propio.
El hallazgo de un edificio abandonado de tres plantas en el corazón de Amberes fue el punto de inflexión: una imprenta olvidada que, tras un proceso de restauración iniciado en 2015 y que continúa hasta hoy, se convirtió en el contenedor perfecto para una idea que aún no tenía nombre, pero sí mucha intuición.
“Henri y Geraldine abandonaron sus trabajos para adentrarse en el mundo creativo sin un plan definido.”

En sus inicios, el espacio albergó desde arte y diseño hasta moda y un café. Sin embargo, la llegada de la pandemia obligó a replantear prioridades. La sobreexposición en redes sociales, la transformación del comercio minorista y una creciente necesidad de profundidad llevaron a la dupla fundadora a redefinir su enfoque: menos ruido, más atención.
Hoy, St. Vincents funciona con cita previa, a un ritmo más lento y con una dedicación casi artesanal a cada exposición y cada colaboración.
Un espacio que influye y transforma
La propia arquitectura del edificio condiciona, inspira y guía las decisiones curatoriales del proyecto. Lo que en un principio iba a ser un local pequeño y funcional se transformó en un lugar cargado de historia, desafíos y posibilidades.
Su escala, sus niveles y su carácter invitan a pensar de forma espacial tanto como conceptual. La manera en que una pieza habita una sala, el contraste entre lo íntimo y lo monumental, lo que funciona en la planta baja frente a lo que requiere el piso superior: todo dialoga con el espacio.
Lejos de las paredes blancas de una galería tradicional, aquí cada rincón tiene una textura, una luz, una temperatura emocional que afecta no solo a cómo se muestran las obras, sino también a cómo se experimentan.

El diseño como conversación y proceso
Más que seleccionar objetos por su estilo, St. Vincents busca creadores con una voz propia, una visión clara y una integridad palpable. La procedencia y la artesanía son fundamentales, pero aún más lo es la conexión humana que se establece con cada diseñador.
El proyecto funciona a escala reducida —por elección—, lo que permite un trato cercano y sostenido con los talentos que representan. No se trata de una relación transaccional, sino de un diálogo a largo plazo donde la confianza y el respeto mutuo marcan el ritmo de trabajo.
“Hoy en día hemos dejado de buscar activamente”, explican Henri y Geraldine. “El volumen de diseño que se produce es abrumador. Preferimos concentrarnos en aquellos con los que ya trabajamos, en fortalecer los vínculos y profundizar en el proceso.”
“Buscan creadores con una voz propia, una visión clara y una integridad palpable.”
2025: un año de cambio y coherencia
El año que termina ha estado marcado por una serie de exposiciones memorables. Entre ellas, destacan las colaboraciones con Goons, Nick Valentijn y Emily Thurman, esta última con una muestra en París que redefinió el enfoque narrativo del espacio. “Emily logró que el contexto fuera parte integral de la obra, y el público lo recibió con entusiasmo”, recuerdan. También se han dedicado a varios proyectos de interiorismo “detrás de escena” que han resultado especialmente gratificantes.

La curaduría de este año no respondió a un hilo temático cerrado, sino a una sensibilidad compartida entre los artistas. Cada uno aportó una visión tan singular que imponer una cohesión forzada habría resultado artificial. “Lo que unió todo fue una sensación de movimiento”, afirman. “Cada proyecto nos hizo cambiar de perspectiva un poco, y eso dio forma al año.”

Lo que viene: joyería expandida y poéticas sostenibles
Para la primera mitad de 2026, St. Vincents ya prepara dos presentaciones especialmente significativas. La primera es una exposición colectiva titulada «Meet Me in the Middle», que explora el modo en que la joyería puede influenciar el diseño contemporáneo. No se trata de una muestra sobre joyas ni sobre ornamento, sino de cómo esa práctica, ese saber hacer, puede expandirse hacia otras formas y objetos. Todos los artistas participantes tienen algún vínculo con el universo de la joyería, ya sea por formación, trayectoria o inspiración.

La segunda es una colaboración con la diseñadora y artista Marte-Mei van Haaster. Su enfoque sobre la sostenibilidad ha transformado por completo la manera en que Henri y Geraldine piensan el diseño. En lugar de limitarse a los materiales o al sistema de producción, Marte-Mei propone una relación armónica y colaborativa con la naturaleza.
“Con ella hemos aprendido que la sostenibilidad no es solo lo que eliges, sino cómo lo haces. Es una actitud, no un check list.”
También están trabajando en nuevos proyectos junto a ella y preparándose para su participación en PAD Paris en abril, uno de los eventos más relevantes de diseño y arte contemporáneo a nivel europeo.

Una voz curatorial que se resiste al ruido
En una escena saturada de productos, tendencias y microestéticas efímeras, St. Vincents cultiva una voz propia que se aleja del ruido. No siguen modas ni calendarios estrictos. Su proceso es fluido, su selección es rigurosa, y su criterio está basado en el tiempo: ¿resistirá esta pieza el paso del tiempo?, ¿tiene algo que decir más allá de lo formal?
“No venimos del mundo del diseño”, reconocen. “Todo lo que sabemos lo hemos aprendido escuchando, observando, prestando atención.” Ese aprendizaje constante, esa actitud de curiosidad, es la que permite que cada proyecto —por diverso que sea— mantenga una coherencia interna. Una coherencia basada en el respeto, la belleza silenciosa y la intención clara.

St. Vincents: más que un espacio, una manera de estar
El nombre del proyecto, St. Vincents, rinde homenaje al padre de Geraldine, un hombre que —aunque no santo— fue monje franciscano durante siete años en el sur de la India. “Representa una idea muy personal de hogar”, dicen. Ese espíritu cálido, íntimo y abierto se respira en cada rincón del espacio. Aquí no hay urgencia, no hay ansiedad por lo nuevo. Hay lugar para la pausa, para el asombro y para el encuentro.
“El nombre de St. Vincents rinde homenaje al padre de Geraldine, un hombre que fue monje franciscano durante siete años en el sur de la India.”
St. Vincents no es un showroom, ni una galería, ni una tienda de diseño. Es todo eso y más. Es un espacio en constante evolución que deja espacio para lo inesperado, para los futuros posibles y para el pensamiento en movimiento. Un lugar donde el diseño se vive como una forma de relación: con el objeto, con quien lo crea, y con quien lo habita.

(*) Fotos: Retrato Henri y Geraldine: Katie McCurdy; foto fija slider 1, foto 1-3 y 5 del rollover, fotos verticales, 3, 5, 7, 8 y 9 by Eline Willaert; portada, foto 4 del rollover y fotos verticales 4 y 6 by Alexander-Popelier; foto 2 vertical by Kate-Devine; foto fija slider 2 by Tijs Vervecken.




