St. Oak Apartments: el lugar donde querrías quedarte a vivir

Viajar sigue siendo una fuente constante de inspiración. Es precisamente en ese recorrido donde encontramos proyectos, lugares y personas que aportan algo distinto y que merece la pena contar.

Nuestro último descubrimiento esta vez ha sido St. Oak Apartments, ubicados en Kyritz —una pequeña localidad de Brandenburgo a poco más de una hora de Berlín, y de la que os hablamos la semana pasada—. St. Oak Apartments no solamente ha sido una sorpresa en mayúsculas por tratarse de un alojamiento bien diseñado, sino porque ademas se trata de un proyecto muy auténtico, con alma y tan único que no forma parte del mapa más evidente.

Kyritz como elección consciente

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es su localización. Kyritz no responde a la lógica habitual del destino aspiracional, y precisamente por eso resulta coherente con lo que propone St. Oak.

Es un lugar donde el ritmo no está marcado por la urgencia, donde la escala sigue siendo humana y donde la relación con el entorno natural —bosques, praderas, lagos— forma parte del día a día sin necesidad de ser enfatizada.

La proximidad con Berlín permite entenderlo también como un contrapunto. No es un destino aislado, pero tampoco está condicionado por la dinámica de la ciudad. Ese equilibrio es, en gran medida, lo que sostiene la experiencia.

Un proyecto construido desde trayectorias complementarias

St. Oak no nace como un proyecto estrictamente hotelero. Su origen tiene más que ver con una evolución natural que con una estrategia.

Sus creadoras, Laura Muthesius y Nora Eisermann, llevan años trabajando en el ámbito de la imagen, el estilismo y la construcción de universos visuales. Con el tiempo, esa práctica fue derivando hacia una necesidad más tangible: crear un espacio físico donde trasladar esa sensibilidad y donde la experiencia no dependiera de una pantalla.

“Sus creadoras, Laura y Nora, llevan años trabajando en el ámbito de la imagen, el estilismo y la construcción de universos visuales.”

El proyecto se articula así como un cruce entre hospitalidad, diseño y encuentro. No se limita a ofrecer una estancia, sino que propone una manera concreta y única de habitar el tiempo y el espacio.

Intervenir sin borrar

La rehabilitación del edificio responde a una lógica clara: recuperar antes que imponer. Y eso significa que más que introducir elementos contemporáneos, el trabajo se centró en eliminar intervenciones anteriores que habían diluido el carácter original de la casa.

El resultado es una recuperación cuidadosa que permite que el edificio vuelva a tener sentido. Esa decisión condiciona todo el proyecto y explica en gran parte su coherencia.

Interiorismo: precisión, luz y calma

El interiorismo se construye desde la acumulación de decisiones coherentes, donde cada elemento responde a una lógica común y a una sensibilidad compartida. La combinación de piezas contemporáneas, elementos vintage y soluciones a medida da lugar a un lenguaje sereno y bien resuelto, donde todo encuentra su lugar de forma natural.

En el Studio Apartment, donde nos alojamos, esta mirada se traduce en un espacio amplio, cómodo y profundamente acogedor. La luz —uno de sus grandes protagonistas— entra generosamente a través de sus múltiples ventanales, bañando cada rincón con una calidez constante a lo largo del día.

Desde el interior, las vistas al «Roble de la Paz» refuerzan esa conexión tranquila con el entorno.

Pero más allá de lo visual, hay algo que define realmente la experiencia: el silencio. Una calma envolvente que se percibe tanto dentro como fuera de St. Oak, y que convierte la estancia en un auténtico refugio contemporáneo.

Más allá del alojamiento

St. Oak no se limita a ser un lugar donde dormir, ya que también funciona como un espacio activo que acoge encuentros, proyectos y colaboraciones diversas.

“St. Oak también funciona como un espacio activo que acoge encuentros, proyectos y colaboraciones diversas.”

Esta dimensión añade profundidad al proyecto y lo aleja de una lectura puramente turística. Aquí no solo se viene a descansar, sino también a coincidir, compartir y, en cierta medida, formar parte de algo.

Conversación con Laura y Dora, creadoras de St. Oak

Para entender mejor el origen y la visión detrás del proyecto, hablamos con sus creadoras, que comparten aquí su proceso, decisiones y forma de entender este lugar.

¿Cuál es vuestra conexión personal con Kyritz? ¿Por qué este lugar?

Nora: Laura creció en un pequeño pueblo cerca de Kyritz y pasó parte de su infancia allí, así que para ella es un lugar muy cercano, casi como casa. Cuando empezamos a trabajar juntas, pasamos mucho tiempo en el campo, en Kyritz, trabajando desde la casa de su padre, que también está cerca.

Siempre nos ha gustado mucho la calma del entorno rural, la inspiración que ofrece la naturaleza y cómo todo fluye de manera más natural cuando estás en un lugar que transmite, al mismo tiempo, tranquilidad y una energía muy potente. Elegimos Kyritz para St. Oak porque, aunque es una pequeña localidad y no está completamente aislada, tiene exactamente esa combinación.

¿Cómo descubristeis esta casa y qué os llevó a emprender el proyecto?

Laura: Era el sueño de mi padre. Desde hacía 20 años quería comprar esta casa. Y desde hace varios años, Nora, mi padre y yo teníamos la idea de crear juntas un proyecto de alquiler vacacional, uniendo nuestros intereses, conocimientos y conexiones: mi padre desde el ámbito inmobiliario y artístico, y Nora y yo desde el interiorismo, la gastronomía y la creación de experiencias y encuentros.

¿Cuándo empezó la reforma y cuáles fueron los mayores retos y momentos más emocionales del proceso?

Laura: La reforma empezó en 2023 y fue un proceso enorme. Desde fuera la casa estaba en muy buen estado, pero el interior necesitaba muchos cambios y mucho trabajo. Durante un año estuvimos prácticamente cada día en la obra, compaginándolo con nuestra vida profesional.

Uno de los mayores retos fue el suelo del loft y la situación de las tuberías en el estudio. Teníamos muy claro que queríamos ubicar la cocina en un gran espacio abierto y, por suerte, encontramos un equipo de profesionales dispuesto a pensar de forma creativa y a hacer realidad nuestras ideas.

Otro desafío fue subir el mobiliario de gran tamaño —especialmente la cocina Kvänum x Frama y los grandes armarios vintage— hasta la planta superior. Tuvimos mucha suerte con los carpinteros, que incluso tuvieron que cortar algunos muebles y volver a montarlos dentro del estudio para que todo encajara.

¿Cuál es vuestro background profesional? ¿Cómo os llevó vuestro recorrido hasta St. Oak?

Laura: Nora estudió diseño de moda y yo fotografía. Cuando nos conocimos, yo tenía muchas intolerancias alimentarias y Nora cocinaba mucho. De forma bastante natural empezamos a fotografiar las recetas que ella creaba, y eso nos llevó a trabajar en el ámbito de la fotografía y el estilismo gastronómico.

Durante un año nos centramos en construir un portfolio sólido, compartiendo nuestro trabajo en nuestro blog Our Food Stories y en Instagram. Después de un tiempo trabajando con clientes en este campo, nuestro interés por el diseño fue creciendo cada vez más.

Viajamos mucho a Escandinavia, lo que influyó enormemente en nuestro gusto y en nuestra intuición estética. Tras más de diez años trabajando como fotógrafa y estilista, y muy vinculadas al mundo digital, sentimos la necesidad de crear un espacio físico.

Nora: Valoramos mucho todo lo que nos ha aportado Instagram y las conexiones que hemos creado, pero el encuentro en persona tiene algo completamente distinto. Queríamos crear un lugar donde la gente pudiera desconectar, encontrarse, compartir ideas y donde pudiéramos recibir a las personas en nuestro propio espacio.

La casa está protegida y tiene mucha historia. ¿Cómo abordasteis el equilibrio entre conservación e intervención contemporánea?

Nora: La casa está catalogada, pero curiosamente, más que preocuparnos por introducir elementos contemporáneos, lo que hicimos fue eliminar muchas de las intervenciones que se habían hecho con el tiempo.

Nadie había cuidado realmente el alma original del edificio y muchos de sus detalles se habían perdido. Las puertas de madera se sustituyeron por otras de plástico, había capas de pintura sobre los colores originales, los techos se habían bajado y los suelos estaban cubiertos con moqueta pegada.

Laura: Nuestro trabajo fue retirar todo eso, recuperar puertas de madera, restaurar el pasillo utilizando los colores originales, eliminar las moquetas y devolver el carácter a este edificio tan especial.

Los interiores se sienten muy cuidados pero naturales al mismo tiempo. ¿Qué marcas, diseñadores o artesanos forman parte del proyecto?

Laura: Muchas gracias, nos alegra mucho que lo percibas así. Hemos trabajado principalmente con Frama, Audo, &Tradition y Fredericia. También hay algunas piezas de Dusty Deco en el apartamento estudio, y las camas son de Rye Sleep y Fennobed.

Más allá del alojamiento, ¿qué significa St. Oak para vosotras? ¿Es también un espacio creativo o de encuentro?

Nora: Sí, totalmente. Organizamos pop-ups y encuentros, que son una forma maravillosa de conectar y de generar intercambio creativo. Además, el espacio también se alquila como localización y como espacio de trabajo.

Ya hemos acogido rodajes de cine y fotografía, retiros de yoga, bodas y encuentros familiares. Estamos muy abiertas a nuevas ideas y nos encanta reunir a personas en este espacio.

¿Cómo son esas experiencias y qué tipo de atmósfera buscáis crear?

Laura: Intentamos organizar estos eventos cada dos meses aproximadamente. Muchas personas del entorno local acuden siempre, y eso nos hace especial ilusión, porque es una zona tranquila donde no hay demasiados espacios para el encuentro.

También vienen personas desde Berlín, Hamburgo e incluso desde más lejos, lo cual es un honor para nosotras. Queremos crear una atmósfera abierta, donde todo el mundo se sienta bienvenido y donde puedan surgir nuevas amistades.

Vuestro proyecto @_foodstories_ ha creado una comunidad enorme. ¿Qué relación existe entre la comida, la fotografía, el storytelling y St. Oak?

Nora: La comida siempre une a las personas. Es algo que la mayoría compartimos y que nos permite conocernos mejor, ya sea alrededor de una mesa o tomando un café con algo dulce.

Hay una gran coherencia estética en todo lo que hacéis. ¿Qué papel juega la belleza en vuestra vida?

Laura: Como dice la poeta Mary Oliver: “me salvó la belleza del mundo”. La vida puede ser compleja y maravillosa al mismo tiempo, y prestar atención a la belleza en los pequeños detalles, así como crear espacios que transmitan calidez, es algo muy natural para nosotras. Nos ayuda a valorar y a agradecer todo lo que nos rodea.

“La rehabilitación del edificio responde a una lógica clara: recuperar antes que imponer.”

¿Cuál era el propósito más profundo del proyecto fuera de la ciudad? ¿Tiene que ver con desacelerar, reconectar o redefinir el lujo?

Laura: El precio de los espacios en una ciudad como Berlín hace prácticamente imposible crear un lugar de estas características. Nos sentimos muy agradecidas de que la gente haga el esfuerzo de venir hasta aquí desde distintos lugares del mundo.

El objetivo principal era crear conexiones reales, más allá de lo digital. Y una vez que estás aquí, se percibe claramente la presencia del roble y el ritmo más pausado del pueblo. La conexión con la naturaleza también es fundamental, con el lago, los bosques y los prados que rodean Kyritz.

¿Qué diálogo existe entre Berlín y St. Oak?

Nora: Berlín está muy cerca, y para muchas personas St. Oak funciona como un refugio donde desconectar durante unos días. Incluso se puede llegar en tren directamente hasta Kyritz.

Por último, ¿en qué nuevos proyectos estáis trabajando?

Laura: Ahora mismo estamos trabajando en “Little Oak”, una pequeña cabaña de 60 m² cerca de Kyritz que esperamos abrir en otoño. Y a nivel personal, estoy muy centrada en la fotografía analógica, trabajando en mi primer proyecto editorial completo en película.

Nora: Estoy retomando mi interés por la pintura e incorporándola cada vez más en mi día a día.

Un alojamiento para el recuerdo

Después de pasar tiempo en St. Oak y conversar con Laura y Nora, lo que permanece no es solo el recuerdo de un espacio cuidadosamente diseñado, sino la sensación de haber formado parte de algo realmente especial.

La experiencia se construye a través de los matices: en la coherencia de cada decisión, en la forma en que los espacios acompañan la vida cotidiana y en esa cualidad casi imperceptible que hace que todo resulte fluido y natural. Hay una intencionalidad silenciosa detrás de todo, donde nada parece impuesto y, sin embargo, todo se percibe cuidadosamente pensado.

Por ello, más allá de ser un lugar donde alojarse, St. Oak es también una forma de desacelerar, de reconectar con otro ritmo y de experimentar el espacio con una renovada atención.

Quizás por ello deja huella, porque va más allá del espacio físico. Y eso hace que, inevitablemente, quieras volver.

(*) Fotografías: Ely Sánchez (CC/studio).

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