Amberes: una joya creativa por descubrir

Viajar a Amberes es adentrarse en una ciudad con alma de puerto, cuerpo de museo y cerebro de vanguardia. Esta ciudad belga, muchas veces eclipsada por el aura de Bruselas o la fotogenia de Brujas, es en realidad uno de los destinos europeos más estimulantes para quienes buscan arte, diseño, arquitectura y cultura urbana con personalidad propia.

Amberes es una ciudad que late al ritmo de su propia elegancia creativa. Su historia como puerto clave del norte de Europa ha moldeado su arquitectura, su carácter multicultural y, sobre todo, su inagotable energía artística. Más allá de los clichés del diseño flamenco o de su reputación como capital de la moda, Amberes se revela como un territorio de contrastes cuidadosamente orquestados: entre la solemnidad histórica de sus calles empedradas y la vanguardia de sus galerías, entre el peso de su pasado comercial y la ligereza de una escena cultural siempre en movimiento.

Nosotros la visitamos en septiembre, coincidiendo con el festival de diseño y creatividad Us By Night del que somos media partners, y la verdad es que además de sorprendernos, nos ha fascinado.

La mano que dio nombre a Amberes

La leyenda de la mano cortada forma parte inseparable del alma de Amberes. Se cuenta que un valiente soldado romano, Silvio Brabo, venció al gigante Antigoon, quien cobraba peaje a los navegantes y cortaba la mano a quienes se negaban a pagar. Brabo le dio su merecido: le cortó la mano y la lanzó al río Escalda. De ahí surgiría el nombre de la ciudad —hand werpen, «lanzar la mano»— y también su símbolo más reconocible. Hoy, la mano aparece en fuentes, estatuas, dulces, panaderías y hasta en la arquitectura, como un gesto entre historia, mito e identidad colectiva.

Museos, galerías y una escena artística y cultural muy interesante

Nuestro punto de partida fue el barrio de Het Zuid, una zona renovada que irradia vitalidad urbana. Allí nos alojamos en el encantador Hotel Pilar, frente al KMSKA —el Museo Real de Bellas Artes de Amberes—, un coloso cultural recientemente restaurado tras una década de trabajos. Este museo ofrece un recorrido ambicioso por la historia del arte, desde los grandes maestros flamencos hasta las expresiones más contemporáneas. La arquitectura del edificio, con su diálogo entre lo clásico y lo moderno, marca el tono de lo que vendrá: una ciudad que respeta sus raíces mientras mira hacia el futuro.

A pocos pasos, el MoMu —Museo de la Moda— confirma la profunda conexión de Amberes con el diseño. Aquí, el legado de los «Seis de Amberes» sigue vivo a través de exposiciones inmersivas que abordan tanto el vestuario como la cultura visual. Más allá de la ropa, el MoMu propone una reflexión sobre el cuerpo, la identidad y el tiempo, convirtiéndose en uno de los espacios más interesantes de la ciudad.

“Amberes tiene una profunda conexión con el diseño.”

En las afueras de la ciudad, el Museo Middelheim ofrece una experiencia artística muy distinta a la de un museo tradicional. Se trata de un extenso parque de esculturas al aire libre, donde más de 200 obras contemporáneas —firmadas por artistas como Ai Weiwei, Henry Moore o Erwin Wurm— conviven con árboles centenarios, senderos de tierra y rincones de absoluta calma.

Aquí no hay pasillos ni vitrinas, solo el arte integrado al paisaje, cambiando con la luz del día y las estaciones. Pasear por el Middelheim es como entrar en un diálogo silencioso entre naturaleza, creatividad y contemplación.

Entre sus rincones más singulares destaca el Pabellón Braem, una joya de la arquitectura modernista diseñada por Renaat Braem, uno de los arquitectos más influyentes de Bélgica. Esta estructura curva y brutalista, perfectamente integrada en el paisaje, alberga exposiciones temporales y ofrece una atmósfera única donde el diálogo entre arte, espacio y entorno se vuelve aún más poderoso. Visitarlo es adentrarse en una cápsula de modernidad en medio de la naturaleza.

Tras el paseo, nada mejor que hacer una pausa en su encantadora cafetería junto al lago, donde tomar un café al sol se convierte en el cierre perfecto para una mañana de contemplación y calma. Sin duda, uno de los lugares más especiales y serenos de Amberes.

El MAS —Museum aan de Stroom—, icono de la nueva Amberes, combina arquitectura monumental y una visión panorámica. Desde sus nueve plantas se despliega una narrativa de la ciudad, su relación con el mundo, sus gentes y su historia marítima. La terraza, abierta al público, regala una vista de 360 grados que invita a la contemplación. Justo en la base, el Café Storm es ideal para un descanso con sabor local. No os vayáis sin visitar su tienda.

Para los amantes de la imagen, el FOMU (Museo de Fotografía) destaca por su programación internacional, siempre comprometida con una mirada crítica y actual. Su tienda de publicaciones especializadas es una de las mejores de la ciudad.

Muy cerca, la Tim Van Laere Gallery sorprende tanto por su programación como por su arquitectura brutalista, mientras que Sofie Van de Velde y PLUS-ONE Gallery —espacios vecinos que comparten sede y filosofía— apuestan por el arte contemporáneo con mirada crítica y compromiso con el talento local e internacional. Otra galería que nos gustó mucho y que conocemos porque adoramos todo lo que diseña Muller Van Severen es Valerie Traan.

Pero si lo que os fascina como a nosotros también es el diseño de interiores y los objetos de diseño, estos dos espacios os encantarán:

Uppercut.space nos sorprendió con su propuesta híbrida entre galería y concept store. Es la vivienda de Scott, su creador, y su interior de líneas limpias es el marco perfecto para presentar una cuidada selección de diseño contemporáneo, arte y objetos únicos. En este elegante piso todo tiene una historia que contar, desde una lámpara escultórica hasta una pieza cerámica con textura inesperada. Solo se puede acceder con cita previa.

St. Vincents se encuentra en una antigua fábrica reconvertida en uno de los espacios más icónicos del diseño belga. Con una estética sobria y minimalista, este lugar reúne bajo un mismo techo mobiliario de autor, cerámica, escultura, iluminación y piezas de arte. Es más que una tienda: es una experiencia visual y sensorial que refleja la esencia del diseño europeo contemporáneo.

Los hotspots imperdibles que no os podéis perder

Parte del encanto de Amberes está en su tejido urbano. La Estación Central, considerada una de las más bellas del mundo, nos recibe con su cúpula imponente de acero y vidrio. La Grote Markt, con sus casas gremiales y el majestuoso ayuntamiento, es una postal viva del Renacimiento flamenco. Entre sus calles más discretas destaca Vlaeykensgang, llena de encanto, sobre todo sin turistas, y que parece haberse detenido en el tiempo.

El paseo podéis continuarlo cruzando el túnel de Santa Ana —o, como hicimos nosotros, tomando el ferry gratuito— ofrece una perspectiva diferente de la ciudad. Al otro lado del río, el skyline de Amberes se revela con otra luz.

Entre los secretos mejor guardados, destaca la Antwerp Handelsbeurs: la primera bolsa de valores del mundo, hoy reabierta como un tesoro gótico de columnas altísimas y bóvedas intrincadas. El acceso a su gran sala es gratuito y suele estar abierto los fines de semana. En este espacio se celebran muchos eventos.

En el extremo norte, el Parkbrug conecta el distrito de Eilandje con el Park Spoor Noord a través de una pasarela peatonal con diseño futurista. Es uno de esos espacios que parecen pensados para Instagram pero que, en realidad, invitan a caminar, detenerse y mirar con atención.

Volviendo a Het Zuid, visitamos la antigua sede del partido liberal, hoy reconvertida en una escuela Steiner. La transformación arquitectónica no solo preserva el edificio, sino que lo proyecta hacia nuevas funciones. Y también Zurenborg, el barrio del Art Nouveau por excelencia. Sus fachadas ornamentadas, vitrales, detalles florales y calles tranquilas son un festín para los sentidos. Allí también descubrimos edificios icónicos como las Cuatro Estaciones o el encantador ‘Het Bootje‘, la casa barco.

Por último, otro de los desarrollos urbanísticos que más nos impresionó fue el Green Quarter, una antigua zona militar transformada en un enclave residencial sostenible donde conviven arquitectura contemporánea, espacios verdes y propuestas gastronómicas de alto nivel.

“Esta ciudad que no necesita gritar para impresionar.”

Amberes se revela así como una ciudad que no necesita gritar para impresionar. Lo hace con detalles, con historias bien contadas, con una mezcla justa entre lo clásico y lo nuevo. Un lugar donde cada rincón invita a quedarse un poco más.

Una ciudad que también se saborea

La escena gastronómica de Amberes es interesantísima y muy variada – cuenta con 15 restaurantes con estrella Michelin -. No solo ha evolucionado con fuerza en los últimos años, sino que combina la tradición flamenca con una sensibilidad contemporánea que pone el foco en el producto, la sostenibilidad y el diseño. Comer en esta ciudad es una experiencia que va mucho más allá del plato: es atmósfera, conversación y ritmo pausado.

Uno de los mejores ejemplos es Veranda, el restaurante del chef Davy Schellemans, que ha convertido una antigua nave industrial en un refugio gastronómico de líneas limpias, cocina a la vista y sabor honesto. Aquí no hay florituras, solo ingredientes de temporada trabajados con respeto y un menú degustación que cambia según el día y lo que dicte el mercado. Una experiencia sin distracciones, donde todo sucede en el plato.

Por otro lado, en el corazón del Green Quarter, se encuentra Camionette, un restaurante que redefine lo que entendemos por fine dining sin perder ni una pizca de calidez. Bajo la dirección del chef Lander Hanskens, este restaurante apuesta por una cocina completamente plant-based, creativa y con carácter, donde cada plato —elaborado con ingredientes frescos, locales y orgánicos— sorprende por su sabor y su presentación cuidada. Lejos de formalidades innecesarias, aquí la sostenibilidad es algo natural y la experiencia gira en torno al disfrute consciente: vinos naturales, cócteles bien pensados y una atmósfera relajada donde todo fluye. Su equipo joven y entusiasta encarna una hospitalidad genuina, de esa que hace que uno se sienta realmente bienvenido.

“Su escena gastronómica es interesantísima y muy variada.”

En la elegante esquina neoclásica de Sint-Paulusplaats, se encuentra Tango, un bar y un restaurante que conviven en perfecta armonía, ofreciendo una experiencia gastronómica sin horarios rígidos. Desde primeras horas del día, el bar se llena de espressos, bollería recién horneada y zumos cítricos, para luego dar paso a focaccias, refrescos artesanales, granizados y spritz al gusto. Al caer la tarde, la propuesta se torna más intensa con bitters italianos, embutidos y pizzas al estilo in teglia, marcando el ritmo de los rituales sociales de la ciudad. No hace falta reservar.

Café Commercial es de los mismos creadores de Veranda, y se trata de una parada obligada. Ubicado fuera del circuito turístico —pero bien vale el paseo—, este local de barrio conserva su carácter auténtico con una mezcla de cortinas de encaje, neones, espejos grandes y una atmósfera acogedora que conquista desde el primer momento. Su carta combina platos de pasta exquisitos, pescado y marisco fresquísimos preparados con maestría, y una selección de vinos que invita a quedarse más tiempo del previsto.

Es un proyecto pensado con cariño, con una estética que respeta el pasado pero lo reinterpreta con un guiño contemporáneo. De hecho, su local ocupa un edificio de 1932 que ha rehabilitado con sensibilidad el estudio B-Bis.

En pleno centro, Cannolo rinde homenaje a la cocina siciliana en un espacio que recuerda a una cantina italiana. Además de ofrecer platos sicilianos contemporáneos como arancini, panelle, pane cunzatu, caponata, polpetta o crispella… dejan para el final su mítico postre: el cannoli. Los sirven con diferentes rellenos que te transportan directamente al sur de Italia.

The Prep Kitchen by Baroque Baroque, por su parte, es ese tipo de sitio al que recurres cuando quieres algo bueno, sencillo y bien hecho. Este pequeño restaurante combina un enfoque culinario honesto y creativo con un ambiente relajado que invita a quedarse. Es el tipo de lugar donde se cocina con las manos, se sirve con el corazón y se come con gusto. Ideal para una comida espontánea entre visitas a museos o para descubrir sabores nuevos sin grandes alardes, pero con mucha intención.

Y por último, en el corazón de Borgerhout, junto al parque Te Boelaer, descubrimos Bar Leon es mucho más que un café/bar de barrio. Desde su apertura en 2010, este espacio se ha convertido en un punto de encuentro intergeneracional donde conviven familias, freelancers y vecinos. Su gran terraza —con parque infantil al lado—, su carta informal (hamburguesas, platos del día, cervezas artesanales) y su ambiente relajado lo hacen ideal para cualquier momento del día. Además, parte del local funciona como coworking, lo que lo convierte en un espacio híbrido que refleja perfectamente el espíritu comunitario y creativo de esta zona en plena transformación.

Cafés y bakeries: el arte del desayuno lento

Amberes invita a caminar sin rumbo, mirar hacia arriba y dejarse sorprender. Pero también a detenerse. Y en ese arte de la pausa, los cafés y panaderías juegan un papel fundamental.

Una mañana luminosa puede empezar en Andy Café, un local contemporáneo que incluye en su interior una tienda de vinilos donde muchos fines de semana pinchan DJs. Es un lugar amable, de esos que uno desearía tener al lado de casa.

Además de las buenas vibes, aquí se disfruta de un excelente café de especialidad junto a dulces que varían según la estación. Los días de sol es ideal disfrutar de su terraza.

Para los amantes del pan con personalidad, Funk Bakery es una parada imprescindible. Sus hogazas de masa madre y su bollería artesanal atraen a locales y visitantes por igual, que hacen cola con gusto para hacerse con su dosis diaria de crujiente perfección. Todo aquí se elabora con mimo, desde los panes rústicos hasta las opciones saladas para llevar.

Más al estilo francés, y al lado de Funk Bakery, se encuentra Café Canelé, una pequeño y cálida cafetería. Está especializada en los clásicos pastelitos de Burdeos, también ofrece quiches, tartas caseras y una cuidada selección de tés. Es el lugar perfecto para resguardarse de la lluvia con algo dulce entre manos.

Café Polly, ubicada en el barrio judío, con su estética nórdica y su luz natural, es uno de esos espacios donde apetece quedarse. Madera clara, blanco limpio, una carta con opciones vegetarianas y brunch prolongado. Su terraza invita cuando el tiempo acompaña, pero su interior es igual de acogedor.

Otra panadería que nos encantó es Baker Aldo. Esta panadería artesanal se ha ganado su reputación a base de excelencia constante: hogazas rústicas, croissants de mantequilla y una selección reducida que lo convierte en un destino de culto para quienes saben lo que buscan.

También nos encantó Nives, un café minimalista donde lo simple alcanza otro nivel. Aquí el brunch es casi un ritual: tostadas perfectas, pasteles de estación, huevos en su punto y una atmósfera pausada en pleno corazón de la ciudad. Un remanso de calma para arrancar el día con el pie derecho.

Tinsel, por su parte, es probablemente el brunch spot más popular de Amberes. Y no es casualidad. Su interior encantador, su propuesta saludable y su café excelente hacen de este lugar un éxito seguro. Eso sí, mejor evitar las horas punta del fin de semana si no quieres esperar mesa.

Y para quienes valoran la consistencia y el buen café sin florituras, Café Nation es una apuesta segura. Con varias ubicaciones repartidas por la ciudad, este café de especialidad ofrece una carta sencilla pero bien ejecutada en espacios acogedores donde desayunar, trabajar o simplemente hacer una pausa tiene sentido.

“Para los que disfrutan descubriendo el carácter de una ciudad a través de sus tiendas, Amberes es un verdadero paraíso.”

Tiendas con alma: diseño, arte y estilo en clave local

Para los que disfrutan descubriendo el carácter de una ciudad a través de sus tiendas, Amberes es un verdadero paraíso. Especialmente en el barrio de Het Zuid y en torno a la calle Volkstraat, donde se concentra una de las escenas de diseño más interesantes de Europa.

Aquí, las tiendas son mucho más que puntos de venta: son espacios curatoriales, conceptuales y profundamente personales, donde se cruzan el arte, el diseño y la cultura urbana.

Una de nuestras paradas favoritas fue Tique, una galería-librosfera dedicada al arte contemporáneo y la fotografía. Su selección de publicaciones independientes, ediciones limitadas y objetos impresos es impecable.

Por último, y con una propuesta muy diferente, Haven Surf se ha ganado su lugar como parada obligada para quienes valoran el estilo relajado con conciencia estética. Aunque su inspiración es el surf, su oferta va mucho más allá: ropa, revistas independientes, objetos de diseño y ese espíritu libre que convierte cada detalle en una declaración de actitud.

Como os avanzábamos, la verdad es que Amberes nos conquistó. Es una ciudad ideal para recorrer a pie o en bici —compacta, amable, perfectamente conectada y pensada para el disfrute cotidiano. Hay belleza en cada rincón, una energía creativa que se respira en sus calles, y una mezcla equilibrada entre lo clásico y lo contemporáneo.

“Hay belleza en cada rincón y una energía creativa que se respira en sus calles.”

En definitiva, una ciudad cuidada, que late con calma pero con carácter, y cuyo excelente calidad de vida la convierten en uno de esos destinos a los que siempre apetece volver.

(*) Fotos: Ely Sánchez y Cecilia Camacho (CC/studio).

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