«Sirat», de Oliver Laxe: un viaje sensorial al límite del desierto
Oliver Laxe firma con «Sirat» una obra radical: un recorrido físico, emocional y estético que eleva el cine contemporáneo.


«Sirât» – significa «el camino», más precisamente «el puente más delgado que conduce del infierno al paraíso» – una metáfora poderosa que enmarca todo el viaje emocional del filme. La película es una producción original de Movistar Plus, con la colaboración de El Deseo, Filmes Da Ermida, Uri Films y 4A4 Productions. El guion fue escrito por Oliver Laxe y Santiago Fillol.
Como podréis comprobar, en «Sirat», Oliver Laxe nos adentra en un territorio extremo: las inmensidades del desierto marroquí, las trance parties ilegales, el dolor, la música y una familia rota, protagonizada por Luis (Sergi López), un padre que recorre kilómetros tras su hija desaparecida, y su hijo Esteban (Bruno Núñez).
Un espectáculo visual a tamaño real
Rodada en Super 16 mm por Oliver Laxe, la película abraza la vastedad del paisaje con una intensidad abrumadora. Gran parte del metraje se despliega en planos largos, donde el desierto se convierte en personaje principal: seco, brillante, implacable.
La fotografía consigue capturar una textura casi estática—el calor ondulante, el polvo suspendido en el aire, los colores que se funden con el horizonte—pero también un ritmo casi frenético cuando se adentra en la rave. Estos contrastes, entre contemplación y explosión sensorial, construyen una experiencia multisensorial única, que interpela sobremanera. La misma se construye con planos hipnóticos que se mantienen desde la apertura —la rave al atardecer— hasta la escena final en tren, donde el paisaje y la comunidad se funden en una despedida dolorosa y luminosa.
Lo mejor es que «Sirat» no es sensacionalista ni moralizante, sino que nos obliga a estar presentes junto a los personajes y empujarnos a sentir lo incómodo, lo real.
“It’s been the end of the world for a long time.” Tonin
Banda sonora: el corazón palpitante del filme
Si la imagen es brutal, el sonido lo es aún más. La mezcla de música techno y ambiente natural —viento, motores, gritos, latidos— construye un entorno inmersivo que exige volumen. En Cannes, Laxe llegó a ubicarse dentro del estreno en una sala con Dolby Atmos, una decisión ganadora.
Y es que «Sirat» es una película para sentir en el pecho. Desde el bajo retumbante que acompaña las secuencias rave hasta los silencios que presagian tragedia, cada sonido está medido para hacerte vibrar.
Actuaciones que trascienden el guion
El núcleo humano de «Sirat» es una alquimia divina de actores profesionales y no profesionales. Estamos seguros de que Laxe lo pensó así: dosis de profesionalismo, inyección de autenticidad.
Sergi López
El veterano actor catalán ofrece una actuación minimalista, profunda, donde el dolor se filtra sin estridencias. No es teatral, sino contenido, como si hubiera tragado el desierto y su voz saliera convertida en tierra reseca.
Bruno Núñez Arjona
El niño que no parece actuar, es Esteban. Con su mirada de interrogación, su tristeza contenida y su conexión emotiva con López, crea una de las duplas más creíbles del cine reciente. Su pequeño cuerpo se convierte en ancla emocional.
Raveros no profesionales
Stefania Gadda, Jade Oukid, José Liam Henderson o Tonin Janvier irrumpen en pantalla con una presencia magnética. Sin formación actoral, actúan como sí mismos, lo que realza la verosimilitud. Es curioso que en su debut, le dan vida a la película.
Narrativa sensorial más que narrativa tradicional
«Sirat» funciona más como ritual que como historia. Y Laxe opta por la intuición, lo intuitivo, lo instintivo. Por ello, plantea un road-rave movie donde cada sonido, cada plano, cada paso en el polvo, es una capa de significado.
Algunos espectadores se han quejado de una paupérrima narración —«poco desarrollo de personajes»; «una estética vacía» —, pero esa era la propuesta. Desde la primera rave hasta el trágico desenlace, se trata de una danza entre lo sagrado y lo caótico, lo colectivo y lo íntimo.
Tragedia en cámara lenta
Sin spoilers: la ceremonia deriva en tragedia. No hay giros narrativos, solo una caída inevitable, como quien da un paso más allá del borde sin mirar abajo.
Muertes y traiciones, pérdidas tan abruptas como devastadoras. El grupo atraviesa un campo minado —literal y emocional— donde cada decisión tiene un precio.
Pero «Sirat» no dramatiza: observa. La tragedia golpea sin aspavientos, como una consecuencia natural de lo que implica ser un outsider en la vida. De actuar por impulsos, de arriesgar sin red, de moverse por libre. A veces las cartas caen a tu favor, otras no. Y cuando asumes eso, lo asumes todo.
Los raveros de «Sirat» no solo aman las raves; su forma de estar en el mundo es el viaje, la fuga constante, la búsqueda de algo más allá del mapa. Por eso, cuando la tragedia irrumpe, la aceptan como parte del trayecto, aunque duela hasta los huesos.
Contexto y resonancia política
Premiada con el «Gran Premio del Jurado» en Cannes, «Sirat» surge en una etapa de intensa búsqueda de libertad, de cuestionamiento al sistema. Laxe, conocido por su cine político y espiritual, sitúa aquí el desierto como espejo del hombre, del vacío, de la comunidad.
Es una invitación a reflexionar sobre la modernidad, la cultura rave, la resistencia antisistema. Y además, confronta al espectador con el cuerpo, el territorio, la ritualidad y el trance.
“Life is a path that has turns; it has alleys on both sides. Life shakes you; it doesn’t knock at the door.” Oliver Laxe
¿Por qué Sirat importa?
Es una experiencia sensorial: sonido e imagen se funden con una carga física imposible de ignorar.
Revoluciona la narrativa: apuesta por la disolución del guion en favor del trance.
Actuaciones inusuales: mezcla de profesionalidad y autenticidad total.
Potencia visual: planos que se graban en la retina.
Carga política y existencial: soberbio encuentro entre forma y contenido.
Influye en la evolución del cine contemporáneo, abriendo caminos para nuevas alianzas entre lo visual, lo sonoro y lo ritual.
Conclusión
«Sirat» no es una película para flotar. Es la bofetada de polvo caliente, el eco del bajo, la indiferencia del cielo frente a la tragedia humana. Y es hermosa en cada instante. Una obra que exige ser vista EN SALA, con el volumen al máximo, para sentirla en los huesos.
En el corazón de «Sirat» late un himno al cine como experiencia total, y a un director profundamente espiritual y radical. Oliver Laxe y su equipo firman una obra que no se olvida, que catapulta el cine hacia un lugar donde lo sensorial y lo humano ya no se pueden separar.
Muy recomendable.
(*) Imágenes: BTEAM Pictures.
