“Eddington”: la farsa trágica de una nación en jaque
Ari Aster firma una comedia negra que retrata el colapso social y moral de Estados Unidos durante la pandemia, con Joaquin Phoenix y Pedro Pascal en un duelo inolvidable.


Nuevo México, Verano de 2020: un pueblo, una pandemia, dos visiones del mundo
En «Eddington», Ari Aster da un salto hacia la crónica política disfrazada de comedia negra, reinventando el western moderno con una lectura feroz del alma estadounidense. La película, ambientada en el sofocante y paranoico verano de 2020, sitúa a Eddington, un pequeño y ficticio pueblo de Nuevo México, como el epicentro simbólico del colapso nacional.
Protagonizada por Joaquin Phoenix en el papel del sheriff Joe Cross, y Pedro Pascal como el alcalde progresista Ted García, «Eddington» es una batalla ideológica entre lo viejo y lo nuevo, entre el instinto conservador y la modernidad tecnologizada. Ambos se enfrentan por el control de un pueblo azotado por la desinformación, el miedo y la tecnología. El resultado es un retrato coral, tragicómico y brutalmente honesto del Estados Unidos del siglo XXI.
Un western paranoico para una era distópica
Con una narrativa que bebe del clásico western pero también del thriller político y del cine de sectas, Aster explora la fragmentación social mediante una galería de personajes atrapados entre la realidad y la conspiración. La película no busca culpables —ni siquiera soluciona conflictos—; su poder reside en mostrar el caos sin concesiones, como si John Ford se hubiera reencarnado en un director que ha vivido demasiado tiempo en Reddit.
«Eddington es un western donde las armas son teléfonos», resume Aster. Y es que la película encuentra su corazón en el ruido, en la retroalimentación constante de las redes, en la imposibilidad de distinguir el enemigo verdadero del vecino al que miramos con recelo.
“Eddington es un western donde las armas son teléfonos.” A. Aster
Joaquin Phoenix y Pedro Pascal: el alma dividida de una nación
Phoenix da vida a Joe Cross con una mezcla de dulzura y estoicismo. Es un sheriff chapado a la antigua, que se niega a usar mascarilla y que decide postularse para alcalde ante la amenaza de un centro de datos de IA que pretende transformar Eddington en una ciudad del futuro. Pascal, por su parte, encarna con carisma y ambigüedad a Ted, el alcalde saliente, tecnófilo, empresario, y con una agenda progresista que no acaba de encajar con el alma polvorienta del pueblo.
Ambos actores construyen personajes profundamente humanos, contradictorios y atrapados en un sistema que ya no comprenden.
Un pueblo llamado América
Eddington no es sólo un lugar, es una metáfora. Es Estados Unidos en miniatura. La película nos presenta una comunidad disfuncional, poblada por personajes tan reconocibles como perturbadores. Emma Stone brilla como Louise, la esposa del sheriff, una mujer vulnerable que canaliza su pasado traumático a través de teorías conspirativas y la creación de inquietantes muñecas.
Austin Butler interpreta a Vernon Peak, un gurú digital que mezcla espiritualidad, paranoia y discursos anti-elitistas. Es el reflejo de los influencers mesiánicos que ganaron terreno durante el confinamiento. Su relación con Louise sirve como ejemplo de cómo las redes capturan las fragilidades personales y las transforman en fervor colectivo.
A su alrededor, un elenco coral compuesto por Luke Grimes, Micheal Ward, Clifton Collins Jr., Deirdre O’Connell, y otros, aportan capas de conflicto racial, tensión generacional y desesperación económica. El sheriff tribal Butterfly Jimenez (William Belleau), observador silente y firme, es el contrapunto ético en medio del desquicio.
Entre Black Lives Matter, QAnon y el fin del sueño americano
«Eddington» no teme sumergirse en la cruda realidad de 2020: las protestas de Black Lives Matter, la pandemia, el auge de los movimientos conspiranoicos, la desinformación viral. Aster no se limita a reflejar, sino que descompone y remezcla estos elementos para mostrarnos una verdad más profunda: la pérdida de conexión entre ciudadanos y el poder.
Los jóvenes del pueblo, atrapados entre la rebelión y la confusión, sirven como espejo de una generación que hereda el caos. Las subtramas juveniles (lideradas por Amélie Hoeferle, Cameron Mann y Matt Gomez Hidaka) aportan una dimensión emocional al relato político, mostrando la brecha entre la aparente esperanza del cambio y la crudeza de una realidad que lo devora todo.
Una dirección con sello autoral y una estética inolvidable
Ari Aster se confirma como uno de los autores más provocadores del cine contemporáneo. Lejos del terror puro de «Hereditary» o «Midsommar», en «Eddington» se adentra en un realismo deformado por la tecnología y la alienación. La puesta en escena es súbtilmente claustrofóbica, incluso cuando nos ofrece imágenes del vasto desierto.
El director de fotografía Darius Khondji («Se7en», «Amour») logra un equilibrio majestuoso entre la belleza natural del suroeste estadounidense y la opresión psicológica que asfixia a los personajes.
El enemigo común: la distracción
Aster ha dicho que si «Eddington» trata sobre algo, es sobre la distracción. En un sistema dominado por la tecnología, las luchas políticas parecen relevantes, pero son solo espectáculo. Mientras sheriff y alcalde discuten, mientras los ciudadanos se polarizan, el verdadero poder —el centro de datos que se erige al final del film como una fortaleza silenciosa— se implanta sin resistencia.
«La película gira en torno a la construcción del centro de datos», dice Aster. Es la metáfora definitiva de la sumisión contemporánea: la tecnología como nueva conquista. Mientras discutimos en redes, el verdadero poder ya ha ganado.
“La película trata sobre la distracción.” A. Aster
Una película necesaria, provocadora y profundamente humana
«Eddington» es una película valiente, incómoda y desafiante. Ari Aster demuestra que es mucho más que un maestro del horror: es un cronista del absurdo contemporáneo. Sin embargo, su propuesta no está exenta de tropiezos. La primera hora se desarrolla con un ritmo excesivamente pausado, casi asfixiante, que puede poner a prueba la paciencia del espectador. Más adelante, la historia se fragmenta en múltiples narrativas que se entrelazan hacia un desenlace tan desconcertante como enigmático.
Con todo, el film logra un retrato descarnado del colapso estadounidense, que termina funcionando como espejo de nuestras propias incertidumbres. No queremos revelar más detalles: lo mejor es enfrentarse a ella con la mente abierta y dejarse arrastrar por sus incómodas preguntas.
(*) Fotos: Upi Media.



