Rebel Ramen: mucho más que ramen
Un yatai reinterpretado por Willo Perron, un sistema de sonido construido a medida, tres recetas desarrolladas durante casi tres años y un parking subterráneo en París. Rebel Ramen, el proyecto gastronómico de Tokyo Burnside, demuestra que un bol de ramen también puede convertirse en punto de encuentro entre gastronomía, diseño, música y cultura contemporánea.


Durante tres días, coincidiendo con la última edición de Paris Men’s Fashion Week, un parking subterráneo en pleno centro de París cambió temporalmente de función. Allí, entre hormigón, coches y rampas, apareció un yatai iluminado, acompañado por un sistema de sonido construido especialmente para la ocasión y una pequeña carta compuesta por tres tipos de ramen.

Detrás de aquella intervención estaba Rebel Ramen, un proyecto desarrollado durante casi tres años por Tokyo Burnside, el espacio cultural de Harajuku creado por la agencia creativa japonesa en one tokyo junto al estudio noruego de arquitectura y diseño Snøhetta y Ghetto Gastro, el influyente colectivo del Bronx que lleva años explorando la comida como herramienta cultural.
La elección del lugar no era casual. Tampoco lo era el momento. En una semana en la que París concentra buena parte de la industria internacional de la moda, Rebel Ramen trasladó el encuentro fuera de los escenarios habituales para reunir a diseñadores, creativos y figuras de la industria alrededor de algo tan elemental como compartir un bol de fideos. La colaboración con BYREDO, el yatai diseñado por Willo Perron y la instalación sonora de Matéo Garcia completaban una experiencia donde ninguna disciplina parecía funcionar como simple acompañamiento de las demás.
Porque aquí el ramen era importante, pero lo que sucedía a su alrededor también.
De Harajuku al Bronx
Para entender Rebel Ramen hay que viajar primero hasta Harajuku, uno de los grandes epicentros de la cultura urbana de Tokio. Allí, sobre un FamilyMart, se encuentra Tokyo Burnside, concebido como un espacio flexible capaz de funcionar como café y restaurante informal durante el día y transformarse en restaurante, bar, lounge o escenario para eventos cuando cae la noche.
Su propia arquitectura contiene una inesperada conversación entre Tokio y Nueva York. Cuando en one tokyo comenzó a desarrollar el proyecto, Ghetto Gastro encontró un paralelismo entre dos elementos aparentemente muy alejados: el conbini japonés y la bodega neoyorquina.

Los primeros forman parte indisociable de la vida cotidiana de Tokio; las segundas desempeñan un papel igualmente reconocible en barrios como el Bronx. Más allá de sus diferencias, ambos son espacios de proximidad ligados a la comida, al takeaway y a esa sucesión constante de encuentros cotidianos que terminan formando parte de la identidad de una ciudad.
Snøhetta convirtió esa conexión en uno de los puntos de partida del interior de Tokyo Burnside. Dos grandes arcos entrelazados articulan la cocina y el comedor sin separarlos completamente, mientras una paleta dominada por materiales oscuros y reflejos ámbar cambia de carácter a medida que avanza el día. La cocina, abierta y ligeramente elevada, adquiere una presencia casi escénica. Entre los elementos que completan el espacio aparecen también las esculturas florales del artista japonés Makoto Azuma.
No se trataba únicamente de diseñar un restaurante. Desde el principio, Tokyo Burnside fue pensado como una infraestructura cultural cambiante en la que podían convivir chefs invitados, fiestas, música, arte y diferentes comunidades creativas. Y es precisamente dentro de ese ecosistema donde nació Rebel Ramen.
Pure, junk & vegan
Desarrollar un ramen propio puede parecer una decisión bastante lógica para un proyecto nacido en Tokio. Hacerlo durante cerca de tres años revela, sin embargo, una ambición distinta.
Rebel Ramen parte de dos recetas prácticamente antagónicas. Pure apuesta por la precisión y la limpieza: un ramen sin aditivos concebido para potenciar el umami natural de una selección muy cuidada de ingredientes. Junk se mueve deliberadamente hacia el extremo contrario, con una propuesta intensa construida alrededor de la salsa de soja y la grasa dorsal. Y para su desembarco en París se incorporó una tercera receta, Vegan, elaborada exclusivamente a partir de ingredientes vegetales. Con ella, Rebel Ramen completó una colección de tres sabores que evita plantear una única definición de cómo debería ser un buen ramen.
Esa dualidad entre Pure y Junk dice también bastante sobre la filosofía del proyecto. En lugar de convertir la gastronomía japonesa en un ejercicio de reverencia intocable, Tokyo Burnside parece más interesado en entender la tradición como algo que puede evolucionar sin perder necesariamente su identidad.

Willo Perron reinventa el yatai japonés
Mucho antes de los restaurantes de ramen contemporáneos, los yatai formaban parte del paisaje urbano japonés. Estos pequeños puestos móviles recorrían los barrios y permitían preparar y servir comida directamente en la calle. Su historia está estrechamente vinculada a una forma popular, accesible y espontánea de comer y relacionarse con la ciudad.
Para presentar Rebel Ramen en París, Tokyo Burnside invitó al diseñador y director creativo canadiense Willo Perron a reinterpretar uno de ellos.
La elección resulta especialmente interesante. Perron ha desarrollado buena parte de su carrera precisamente en el territorio donde se cruzan disciplinas que durante mucho tiempo funcionaron de manera independiente: música, moda, diseño, arquitectura, branding y cultura popular. Su trabajo ha dado forma a escenarios, exposiciones, tiendas, identidades y espacios para algunos de los nombres más reconocibles de la cultura contemporánea.
En Rebel Ramen, sin embargo, el punto de partida es un objeto anónimo y profundamente funcional.
Perron conserva la estructura reconocible del yatai, pero depura su lenguaje hasta convertirlo en un objeto de diseño contemporáneo. No pretende borrar su origen ni transformarlo en una pieza escultórica desvinculada de su función. Sigue siendo un lugar desde el que cocinar y servir ramen, pero adquiere una presencia nueva.
Ahí reside buena parte del interés del proyecto: actualizar una tradición no implica necesariamente sustituirla. A veces basta con observar qué la hacía relevante y encontrar la manera de trasladar esa lógica al presente.
Un parking, ramen y un gran sistema de sonido
La puesta en escena parisina llevó esa idea todavía más lejos. En lugar de instalar el yatai en un restaurante, una galería o uno de los innumerables espacios efímeros utilizados durante Fashion Week, Rebel Ramen ocupó durante tres días un parking subterráneo en el centro de París. El acceso fue únicamente por invitación y el espacio reunió a una comunidad internacional procedente del diseño, la moda y otras industrias creativas.

El hormigón desnudo del aparcamiento funcionaba como contrapunto a la precisión del carro diseñado por Perron. La experiencia incorporaba además otro elemento esencial en la identidad de Tokyo Burnside: el sonido.
El constructor de altavoces parisino Matéo Garcia creó un sistema de sonido específico para el evento, aprovechando las condiciones acústicas y la materialidad del espacio. Música, conversación, comida y diseño dejaron así de funcionar como capas independientes para formar parte de una misma experiencia.
No es un detalle menor. El Tokyo Burnside original ya incorporaba el sonido como una parte importante de su identidad y contaba con la participación de Devon Turnbull, fundador de Ojas y conocido por sus sistemas de sonido artesanales. En París, esa atención se trasladó al trabajo de Garcia y a un contexto completamente diferente.
Cuando comer también construye cultura
Hay algo especialmente contemporáneo en la facilidad con la que Rebel Ramen atraviesa categorías. Puede leerse como proyecto gastronómico, intervención de diseño, evento de moda, instalación temporal o encuentro cultural y, al mismo tiempo, ninguna de esas definiciones termina de explicarlo por completo.
En los últimos años, algunas de las propuestas más interesantes surgidas alrededor de la gastronomía han entendido precisamente eso: un restaurante ya no tiene por qué ser únicamente un lugar donde comer. Puede funcionar como espacio social, laboratorio creativo, plataforma para colaboraciones y generador de comunidad.
Ghetto Gastro lleva años trabajando desde esa perspectiva. Fundado en el Bronx en 2012, el colectivo ha utilizado la gastronomía para reivindicar la capacidad de la comida para contar historias sobre identidad, territorio, política y cultura, desarrollando experiencias que se acercan tantas veces a una instalación artística como a una cena.
Tokyo Burnside comparte esa voluntad de mezclar lenguajes y Rebel Ramen la lleva fuera de Tokio.
Que su primera aparición parisina sucediera durante la semana de la moda tampoco parece accidental. En un momento en el que las fronteras entre moda, gastronomía, arte, música y diseño son cada vez más porosas, los espacios donde esas comunidades pueden encontrarse se han convertido en una parte fundamental de la cultura creativa de una ciudad.
Durante tres días, ese lugar fue un aparcamiento bajo las calles de París.
En el centro había un yatai, sonaba música, alguien cocinaba ramen, otros esperaban su turno, hablaban, se encontraban o simplemente permanecían allí después de terminar su bol.
Una escena sencilla que, de alguna manera, explica perfectamente la ambición de Rebel Ramen: utilizar la comida no como destino final, sino como una extraordinaria excusa para reunir a la gente.
(*) Fotografias proporcionadas por Radical PR.
