Cuando fundamos Naked Space, definirnos como «un colectivo de creativos multidisciplinares» respondía a una ambición bastante utópica. Con el tiempo, Naked Space ha ido desarrollando su propio lenguaje artístico, aunque nuestra forma de trabajar se ha mantenido deliberadamente abierta. Cada proyecto reúne una combinación diferente de artistas, ingenieros, performers, fabricantes, investigadores y comisarios.
Hoy somos algo más cautos a la hora de utilizar la palabra «colectivo». Es un término que se emplea constantemente, pero que rara vez se define. Para nosotros, es algo que debe ponerse en práctica y repensarse de manera continua.
A menudo pienso en las hogueras. Antes de que existieran las instituciones, o incluso la arquitectura, las personas se reunían alrededor de una fuente de calor, de luz, de alimento o de historias. Probablemente esa sea la definición que mejor representa hoy nuestra idea de colectivo: no un grupo permanente, sino un encuentro temporal que surge en torno a un foco de atención compartido.

En vuestro manifiesto habláis de crear empatía entre el ser humano y el espacio. ¿Cómo puede el diseño ayudarnos a reconectar con nosotros mismos y con los demás en un mundo cada vez más fragmentado?
Es uno de nuestros primeros manifiestos. Creo que su esencia sigue siendo válida, aunque ahora su lenguaje me parece un poco ingenuo. Lo que intentábamos expresar era que el diseño no consiste únicamente en dar forma a las cosas, sino también en influir en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno.
Sigo creyendo en ello. Sin embargo, ahora entiendo la empatía menos como algo que podamos diseñar y más como algo a lo que podemos permitir que surja. Cuando un espacio invita a las personas a bajar el ritmo y a ser más conscientes de su propia presencia, también empiezan a percibir de una manera más natural la presencia de quienes las rodean.
“Nos gustan los espacios que dejan margen para la interpretación en lugar de dictar cómo debemos comportarnos.”
Nos gustan los espacios que dejan margen para la interpretación en lugar de dictar cómo debemos comportarnos. No están terminados cuando acabamos de construirlos; empiezan a cobrar vida cuando las personas los habitan. Su significado no procede del espacio que los contiene, sino de las relaciones, emociones y recuerdos que nacen en su interior.
En lugar de diseñar objetos, vuestro trabajo parece centrarse en crear experiencias capaces de despertar emociones y nuevas formas de relacionarnos con el espacio. Esto se percibe especialmente en la instalación para Other Circle en Copenhague, creada junto a Nike, donde la innovación técnica adquiría una dimensión casi onírica y orgánica. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué queríais que experimentaran y sintieran quienes interactuaban con la instalación?
La colaboración con Nike surgió de un interés compartido por explorar el concepto de Air más allá de su función técnica. Creo que encontraron valor en nuestro trabajo no solo porque pudiéramos crear una representación a gran escala del diseño de su producto, sino por nuestra manera de reinterpretar Air como una experiencia espacial.

Tradujimos cualidades como la ligereza, la suavidad y la capacidad de respuesta en un entorno inmersivo, creando un espacio en el que las personas pudieran experimentar físicamente y de manera colectiva todas esas sensaciones.
Una de las cosas que más nos gusta observar es la rapidez con la que los niños entienden el espacio. No necesitan instrucciones: saltan, gatean, se apoyan y juegan de manera instintiva. Resulta igualmente bonito observar cómo los adultos van desprendiéndose poco a poco de sus rutinas cotidianas hasta recuperar ese mismo instinto.
Creo que todos compartimos una especie de memoria universal: el sencillo placer de descubrir el espacio a través de nuestro cuerpo y responder a él de manera intuitiva.
“La colaboración con Nike surgió de un interés compartido por explorar el concepto de Air más allá de su función técnica.”
Muchos de vuestros proyectos desdibujan los límites entre arte, diseño, arquitectura, performance y práctica social. ¿Creéis que seguimos necesitando esas etiquetas o que esas fronteras están perdiendo relevancia?
Primero surge la pregunta y después aparece el medio.
A veces la respuesta adopta la forma de una instalación; otras, de una performance, una exposición o un taller. El formato es simplemente la respuesta que consideramos más adecuada para cada contexto.
Las etiquetas siguen siendo útiles porque nos ayudan a orientarnos y a comprender el mundo, pero no deberían limitar nuestra manera de pensar. Algunos de los trabajos más interesantes aparecen precisamente en los territorios intermedios entre disciplinas, allí donde distintas formas de pensamiento empiezan a influirse mutuamente.
“En el espacio público la arquitectura genera la posibilidad de que se produzcan encuentros inesperados.”
Las fronteras no han dejado de ser relevantes; simplemente son porosas.
Vuestro trabajo explora a menudo el espacio público como lugar de encuentro y experiencia colectiva. En un momento en el que las ciudades están cada vez más comercializadas y controladas, ¿qué papel deberían desempeñar las intervenciones creativas?
El espacio público siempre nos ha fascinado porque es una de las pocas nociones concebidas, al menos en principio, para todo el mundo. Es el lugar donde la arquitectura trasciende el entorno construido y se convierte en una práctica social, generando la posibilidad de que se produzcan encuentros inesperados.
A medida que nuestras ciudades y nuestra vida cotidiana están cada vez más comercializadas y programadas, creo que las intervenciones creativas desempeñan un papel importante al alterar temporalmente nuestra manera de experimentar un lugar.

Pueden interrumpir nuestras rutinas, despertar la curiosidad y generar formas de generosidad que antes no existían. Ahí reside una de sus mayores fortalezas: hacer visible otra manera de estar juntos que, en realidad, ya era posible.
La diversidad cultural ocupa un lugar fundamental en la filosofía de Naked Space. ¿Cómo influye el origen y la experiencia de cada integrante en vuestro proceso creativo y en el resultado final de los proyectos?
Creo que vivimos en un mundo en el que las personas, las ideas y las referencias están en constante movimiento. La cultura ya no siempre se manifiesta mediante símbolos visibles. Con frecuencia aparece de una manera mucho más sutil, a través de nuestra forma de pensar, trabajar, comunicarnos o enfrentarnos a un problema.
Es algo que he experimentado personalmente. Crecí en China, estudié y trabajé en Estados Unidos y ahora vivo en Barcelona. Cada uno de esos lugares me ha transformado de una manera diferente, no porque una identidad haya sustituido a otra, sino porque cada experiencia ha añadido nuevas formas de observar el mundo.
Esa realidad influye de manera natural en Naked Space. Cada colaboración reúne a personas con experiencias, disciplinas y perspectivas culturales distintas. Nos interesa menos celebrar esas diferencias como identidades en sí mismas que descubrir de qué manera pueden enriquecer el proceso creativo.
Cuando distintas formas de pensar confluyen alrededor de una pregunta compartida, el trabajo suele conducirnos a lugares que ninguno de nosotros habría podido prever.
Hoy se habla de sostenibilidad principalmente en términos de materiales y tecnología. Vuestro trabajo parece plantear también otra forma de entenderla, basada en las relaciones, las emociones y las experiencias compartidas. ¿Es una interpretación acertada de vuestra práctica?
Creo que es una interpretación acertada, aunque no separaría la sostenibilidad relacional de la sostenibilidad material. Ambas deberían coexistir.
Nuestro trabajo recibe a menudo críticas por el uso del plástico y entiendo perfectamente el motivo. Es una cuestión legítima. Sin embargo, siempre hemos concebido nuestras estructuras como sistemas a largo plazo y no como objetos de un solo uso.
Cada instalación está diseñada para poder reutilizarse, repararse y adaptarse a contextos diferentes. Cuando una estructura llega finalmente al final de su vida útil bajo una determinada forma, reutilizamos creativamente el material para crear nuevos productos, permitiendo que comience otro ciclo de vida en lugar de convertirse en residuo.

Al mismo tiempo, creo que la sostenibilidad también consiste en crear experiencias que tengan un valor real para las personas. Si una instalación temporal existe únicamente como imagen, es fácil que termine cayendo en el olvido. Sin embargo, cuando consigue generar un recuerdo, propiciar que las personas se reúnan o transformar su manera de relacionarse con un lugar, su impacto puede prolongarse mucho más allá de su existencia física.
Por ahora, creo que en nuestra práctica la sostenibilidad se mide a través de la longevidad entendida en su sentido más amplio: cuánto tiempo puede seguir cumpliendo una función un material y durante cuánto tiempo continúa resonando una experiencia después de que la obra haya desaparecido.
“Cada instalación está diseñada para poder reutilizarse, repararse y adaptarse a contextos diferentes.”
Mirando hacia el futuro, ¿hacia dónde se dirige Naked Space? ¿Qué nuevos proyectos, materiales o líneas de investigación os interesa explorar?
Próximamente participaremos en una exposición colectiva en Barcelona y tendremos otra exposición en Shanghái.
En Barcelona trabajaremos con un material con el que ya habíamos experimentado anteriormente, aunque nunca habíamos tenido la oportunidad de explorarlo en profundidad. Es una ocasión para ampliar nuestra práctica más allá de un único lenguaje material mientras seguimos planteándonos las mismas preguntas.
Nos interesan especialmente aquellos materiales que ponen de manifiesto la fragilidad, la impermanencia y la transformación continua. Queremos explorar la arquitectura desde los estados de cambio, en lugar de entenderla únicamente desde la permanencia.
La exposición de Shanghái supone otro paso especialmente estimulante para nosotros. Además de realizar la instalación, nos encargaremos de comisariar el programa público junto a colaboradores locales.
Será una oportunidad para pensar la exposición desde una perspectiva más amplia y plantearla como un intercambio cultural capaz de ir más allá de la propia instalación.

(*) Fotografias proporcionadas por Naked Space. @makingspacepregnant @amberautumnnnn