«La sociedad de la nieve», virtuosismo y épica by J.A. Bayona

No sabemos si queda alguien sin haber visto «La sociedad de la nieve», ya que tras su estreno se ha convertido un auténtico boom y ya figura como la más vista de la plataforma en más de 66 países.

La última película del director español J.A. Bayona es una adaptación del libro homónimo del escritor y periodista uruguayo Pablo Vierci, y llegó a Netflix el pasado 4 de enero. Por ello, además de desearle muchos éxitos, recomendamos ver su nueva cinta, candidata española a los Oscars, porque además de narrar una historia real (que la mayoría ya conocíamos) con gran sensibilidad y un virtuosismo escalofriante, lo mejor es el sustrato que habita en ella: un canto a la vida.

Basada en una trágica y épica historia real

El 13 de octubre de 1972 tuvo lugar una de las catástrofes aéreas más dramáticas de la historia. Los jóvenes del equipo de rugby Old Christian Club de Carrasco de Montevideo viajaban a Chile para el final de la temporada en un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, concretamente un Fairchild Hiller FH-227B de dos motores de fabricación estadounidense, junto a algunos familiares y amigos, ignorando que su vuelo, el 571, sería fatídico. Mientras sobrevolaba la cordillera en dirección a Santiago de Chile, chocó contra el pico de una montaña y sucedió el desastre.

“Todos tenemos nuestra propia cordillera. Y hay mucha gente que está escalando las montañas ahora mismo. Hay que decirles que no se desanimen, que sigan adelante.” Roberto Canessa

De ese aterrador accidente solo salieron con vida 16 personas, y tras pasar 72 terribles días en la nieve, en las más tremebundas condiciones mientras esperaban a ser rescatados. Hasta que aquello sucedió tuvieron que superar toda clase de penurias, como temperaturas extremas, climatología adversa, ausencia de víveres y la imposibilidad de conseguirlos, así como mantener psicológicamente fuertes para poder sobrevivir en estas condiciones insalubres extremas. De hecho, para lograrlo, no les quedó otra alternativa que recurrir a la antropofagia: comerse los cuerpos de sus amigos y familiares fallecidos en el accidente.

Anécdotas, curiosidades y detalles

«La sociedad de la nieve», cuyo título también hace referencia al hecho de que «la sociedad civilizada» les había dejado de lado, se rodó en Sierra Nevada durante 140 días, aunque utilizaron imágenes de fondo de El Valle de las Lágrimas (la Cordillera de Los Andes), que es donde sucedieron los hechos en 1972. Y para llevarlo a cabo han tenido en cuenta hasta el más mínimo de los detalles. Un buen ejemplo es el maquillaje, el cual muestra el impacto de los golpes que sufrieron así como otras heridas y enfermedades. Y también las fotografías que se realizaron los supervivientes en la historia real, ya que son casi réplicas exactas en la ficción, demostrando de nuevo el gran trabajo de investigación que llevaron a cabo, así como que la realidad siempre supera la ficción. ¡Es increíble!

Asimismo, y para que la historia fuese lo más fidedigna posible, J. A. Bayona contó con el asesoramiento de algunos de los supervivientes, quienes además de haber participado en la película haciendo de extras en diversas escenas – Fernando Parrado, Roberto Canela, Carlos Páez y Moncho Sabella, apoyaron el proyecto desde el primer momento y han reaccionado positivamente a la película después de verla.

Por supuesto, no podemos dejar de hacer hincapié en el excelente trabajo de fotografía, que estuvo a cargo del uruguayo Pedro Luque. Haciendo uso de luz natural y de una cinematografía muy cercana al documental, Luque nos muestra paisajes de ensueño y escenas muy dolorosas, poniendo mucho énfasis en los pequeñas particularidades para que podamos comprender el estado en el que estaban los supervivientes, y para que de alguna manera «podamos ponernos en su lugar». Algo complicadísimo, pero que consigue gracias a su maestría.

Otra de las curiosidades de este film es que con un presupuesto de 60 millones, se ha convertido en la película más cara de producir de la historia del cine español.

“Estoy muy feliz porque ha sido una película muy difícil de hacer. Volver a rodar en español 16 años después ha sido un sueño.” J.A. Bayona

Un narrador diferente

Nos ha parecido muy interesante que quien narre la historia no sea uno de los supervivientes finales, sino uno de los 29 pasajeros del avión que finalmente no sobrevivió, Numa Turcatti, quien además no era parte ni de la tripulación ni del equipo de rugby. Y esto es algo bonito, en el sentido de que rinde homenaje a todos aquellos que lucharon para conseguirlo. Es ese canto a la vida que os comentábamos al inicio. Es decir, que a pesar de todo y de las circunstancias tan atroces que deben superar, siempre mantienen el mismo mindset: hay que vivir y luchar por la vida.

“No hay más grande que dar la vida por los amigos.” Numa Turcatti

También es un gesto noble y emotivo mostrar los nombres de cada uno de los pasajeros del avión, tanto los que sobrevivieron como los que fallecieron, y detenerse en todos ellos para dignificarlos por igual.

Sin más, aunque se trata de una historia que todos conocemos, ver esta película en el cine o en casa hace que seamos más consciente si cabo de la importancia de estar vivos, y de lo agradecidos que debemos estar, independientemente de los problemas y de los anhelos que tengamos. Porque aunque a veces es inevitable que nos instalemos en la queja, hay que salir de ahí cuanto antes, ya que esa energía solo resta y desmoraliza aún más.

“La primera norma, que nunca fue escrita, pero no se podía romper, era que estaba prohibido quejarse. No te podías quejar. Al que se quejaba no le hablabas, no le dabas agua, no le dabas de comer, no le masajeabas los pies… solo hasta que decía ‘perdón’ y empezaba de vuelta. ¿Por qué? Todos estábamos fríos, todos teníamos hambre, todos teníamos miedo, todos esperábamos a nuestra madre. Solo nombrar a una madre, decir tengo frío o decir algo que era redundante, era algo negativo.” Gustavo Zerbino

Muy recomendable.


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