Keep Calm… everything is gonna be alright

Hace un tiempo, Patricia Ramírez escribió un artículo en El País que se llamaba «Vencer la ansiedad», donde de una manera muy directa abordaba un asunto que todos conocemos y en algún momento hemos padecido, aunque quizás no lo hayamos catalogado exactamente con ese nombre.

Constantemente estamos cambiando y enfrentándonos a cosas por primera vez… y es precisamente esa «novedad» la que algunas veces nos juega malas pasadas, ya que implica salir de nuestra zona de confort. Desde aprender a conducir, cocinar una receta diferente, hablar en público, estudiar algo nuevo, cambiar de trabajo hasta conocer a una persona… Todas esas situaciones son retos que en algunas ocasiones en lugar de percibirse como «algo bueno» lo que provocan es angustia y miedo. De ahí, que a veces haya personas que padezcan los síntomas propios de la ansiedad como son la sensación de ahogo, palpitaciones, sudores, bloqueos mentales, tensión muscular, ganas de llorar, etc… una retahíla de sensaciones que actúan como un huracán y nos ponen del revés en lugar de ayudarnos a enfrentarnos a esas «cosas nuevas», que curiosamente todavía desconocemos si van a gustarnos o no. Pero… ¿por qué sucede esto? Pues básicamente porque hemos interiorizado que si nos avanzamos a las «posibles desgracias»… cuando éstas lleguen, si es que llegan, lo pasaremos menos mal. Y esto es un error absurdo, que cometemos bastante a menudo y que lo único que nos aporta es sufrimiento por partida doble: antes de que suceda y después, si es que sucede…

Por ello, lo que aconsejaba esta psicóloga son una serie de pautas muy sencillas, que ayudan a desdramatizar y tomarse las cosas con calma:

Respirar profundamente. Es muy importante estar físicamente en calma. Así que para empezar cualquiera de los siguientes consejos es imprescindible que estamos relajados y respirando con normalidad.

Cambiar el foco de atención. Cuando el miedo hace acto de presencia todo nuestro mundo gira en torno a cómo nos sentimos. Y lo que pasa es que cuanto más centramos nuestra atención en lo que no deseamos que ocurra, más aumentan las probabilidades de que pase. ¿Por qué? Pues porque le estamos dando instrucciones a nuestro cerebro para que esté pendiente de cualquier señal de alerta. Y de esta manera convertimos en amenaza señales que no lo son.  Es decir, nuestra mente ahora está entrenada para buscar palpitaciones, ojeras, agobios… y cuando los detecta, nos advierte diciéndonos ¡peligro!. Entonces la señal va rápida al sistema nervioso simpático, y éste se acelera pensando que tiene que protegernos de «la fiera». Y a partir de aquí el corazón empieza a latir, los músculos se tensan, empezamos a respirar de forma agitada y ¡listo! ya estamos preparados para «la lucha»… Consejo: centrarnos en lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero no vale centrarse en lo mal que estamos y en el sabor del café mientras estamos con nuestro amigo. Fíjate en las cosas buenas que te rodean, que son muchas y no dejes que pasen sin haberlas sentido. Y si te sobrevienen pensamientos negativos, pasa. Es normal. La clave es seguir pensando en lo bueno y disfrutando del presente.

Hablarnos en otro idioma. Una persona con  ansiedad se dice cosas a si misma cosas como «tengo miedo, estoy agobiada, no puedo, no estoy preparada, lo voy a hacer fatal…» y un sinfín de expresiones catastrofistas ideales para acabar amargado y potenciar más si cabe la inseguridad. Por este motivo, la Dra. Ramírez aconsejaba hablarnos a nosotros mismo en otros términos, ya que si expresamos amenazas, nuestro sistema nervioso se activa y desencadena la respuesta de ansiedad. Y eso está basado básicamente en la tercera ley de Newton: acción-reacción. Así que la próxima vez que os sintáis así lo que propone es que escribamos o pensemos en cómo nos gustaría enfrentrarnos a esa situación nueva y los pensamientos que nos podrían ayudar a sobrellevarla. En positivo, claro.

Salir del círculo. Se refiere a desapegarnos de la ansiedad. Pasar de ella. Porque cuanta mayor atención le prestemos, peor, ya que nuestro círculo se limita a ella. Es como que le otorgamos demasiado poder. En este caso, dice que lo mejor es que en lugar de verbalizar «no lo soporto, estoy fatal, así no puedo seguir, etc…», lo mejor es optar por reconocer que está ahí y dedicarnos a hacer otra cosa para al menos durante unas horas dejarla de lado, como si se tratase de ignorar a una persona.

Dejar de evitar. En nuestra zona de confort sentimos que lo controlamos todo y nos sentimos relajados y protegidos. Pero también es verdad que desde aquí no ocurren cosas interesantes y la vida es una. Por ello, o al menos es así como pienso yo, vale la pena retarnos, proponernos nuevos desafíos y hacer cosas nuevas. Es evidente que esta nueva actitud nos traerá alegrías pero también pérdida de ilusión, esfuerzo y alguna decepción… Pero una vez superado esto… la sensación que nos invadirá será de satisfacción tras haber superado un miedo y haber vivido emociones nuevas. Nadie nos garantiza nada, pero en el intento es donde reside el éxito. Se trata de demostrarnos a nosotros mismos: «¿por qué no?», independientemente del resultado.

Actuar. La solución no está en darle mil vueltas a todo. La solución está en ponerse las pilas y dejar de alimentar los pensamientos negativos. ¿Cómo? relajándonos, pensando de forma útil, riéndonos mucho, desdramatizando y centrándonos en lo esencial, cuidándonos y disfrutando de las cosas buenas con la gente que queremos. Sé que son frases que todos conocemos y que son pura evidencia, pero la clave no está en conocerlas sino en ponerlas en práctica.

El que no corre ningún peligro es el que dejó de vivir por tenerlo todo bajo control.

(*) Foto: Foto de Ithalu Dominguez en Pexels.


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