El efecto Dunning-Kruger o por qué la ignorancia es tan atrevida…

En estos «tiempos de redes sociales» y de «Trumpismo», es muy habitual ver a mucha gente ir con la espada de Damocles y sentenciar lo que está bien o mal, sin haberse informado y sin tener un criterio elaborado. Sin embargo, ante tanto atrevimiento insolente y tanta falsa seguridad, no hay nada mejor que recurrir a la ciencia para que nos explique a qué se debe este tipo de actuaciones y cuál es su origen.

El efecto Dunning-Kruger se basa en la siguiente máxima:

“Cuanto menos sabemos sobre un tema, más tendemos a creer que sabemos lo suficiente.”

Se trata de un sesgo cognitivo según el cual, las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrevalorar sus aptitudes sociales e intelectuales, y a sobrestimar las habilidades, capacidades y conocimientos de los demás. Para ello, opinan/ratifican abiertamente y sin tener ni idea, pero asumiendo que no solo que tienen la verdad absoluta sino que saben mucho más que el resto.

Esa actitud tan rígida que se manifiesta en forma de imposición de ideas es el principal síntoma del incompetente. Y es que, ¿cuántas veces al día veis o leéis a personas soltando perlitas, sin ton ni son, pero con una seguridad a prueba de bombas, mientras tiran por tierra cualquier otro argumento que no coincida con el suyo, sin dejar hueco a la réplica?

El origen del efecto Dunning-Kruger

A mediados de 1990, un hombre atracó dos bancos en Pittsburgh, en pleno día y con la cara al descubierto. Evidentemente, debido a su torpeza fue detenido rápidamente. Asimismo, lo curioso de esta historia sucedió cuando lo apresaron y éste declaró que no entendía cómo había sido descubierto, ya que se había aplicado zumo de limón en la cara para ser invisible ante las cámaras. ¿Perdona?  Resulta que el tipo en cuestión se creyó la idea absurda que unos amigos suyos habían sugerido un día bromeando para poder atracar un banco sin ser vistos. Sí, sí, el iluso atracador se la creyó a pies juntitas, y tras hacer una prueba en casa antes de lanzarse a la hazaña de robar un banco chorreando zumo de limón por el rostro, y comprobar que su cara no aparecía tras fotografiarse (probablemente se debía a un mal encuadre por tener los ojos rabiando de dolor por el jugo del cítrico) dio por certera esta rocambolesca práctica…

Aunque somos conscientes que esto que os acabamos de contar puede parecer una broma… lo cierto es que sucedió en realidad y dio origen a una serie de análisis por parte del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, y su colega Justin Kruger, para tratar de averiguar cuál había sido el motor que motivó este comportamiento tan necio. Para ello, llevaron a cabo una serie de experimentos, donde estudiaron la competencia de un grupo de personas en diferentes ámbitos: gramática, razonamiento lógico y humor. De hecho, les pidieron a ellos mismos que se evaluaran en cada uno de estos campos, y acto seguido les invitaron realizar una serie de tests para estimar cuál era su competencia real.

¿Cuál fue el resultado? Descubrieron que…

“Cuanto más incompetente era la persona, más competente se creía, ignorando su verdadera naturaleza y siendo incapaz de reconocer la competencia de las otras personas.”

Y por contra… las personas más competentes fueron curiosamente las que más se infravaloraron y las que eran más consciente de sus limitaciones.

No sabemos lo que ignoramos…

Una buena manera de saber si estamos bajo el influjo de este efecto que causa una auto percepción irreal, es ser conscientes que tenemos que tener al menos un mínimo de habilidades y competencias en una área en concreto para poder autoevaluarnos con un criterio más empírico, y por ende, poder opinar con propiedad.

“Las personas menos cualificadas en un campo ni siquiera tienen la experiencia necesaria para saber que lo están haciendo mal.”

Por este motivo, el efecto Dunning-Kruger está tan presente en todas las áreas de la vida. Mucha gente suele autocalificarse por encima de la media y de sus posibilidades reales, y cree saber todo lo que es necesario saber, y eso provoca personas sesgadas que no están receptivas al conocimiento y que optan por emitir opiniones como si se tratasen de certezas incuestionables.

“La mente ignorante no está vacía, sino que está llena de intuiciones, experiencias, sesgos, conocimientos cuestionables… Y con todo eso creamos historias que consideramos fiables.”

Está claro que todos en mayor o menos medida somos víctimas de los estragos de este efecto, y solemos sostener opiniones vehementes sobre asuntos de los que no tenemos un conocimiento profundo o al menos no somos capaces de reconocer. Y también está claro que no somos perfectos y que todos tenemos carencias e ignoramos muchas cosas. Pero justo por esto mismo, es aconsejable informarnos bien y a través de diferentes fuentes, y enfrentarnos a la vida, como dice el coach Germán Jurado, con ojos de principiante, así como con una actitud humilde y tolerante, donde haya espacio para la duda – recordemos a Sócrates: «solo sé que no sé nada» -. Solo así no nos dejaremos llevar por el patetismo que implica este efecto, y hará que tomemos mejores decisiones.

(*) Foto portada de meo en Pexels.


 BACK


 BACK TO TOP


Deja un comentario