El duelo por la pérdida de un animal de compañía

Nos resulta curioso que todavía parte de la sociedad no comprenda el vínculo tan fuerte e intenso que se establece con un animal, al que cuidamos y damos amor a diario. Para nosotros los animales de compañía no son mascotas sino seres de aspecto animal con los mismos derechos que nosotros, y a los que respetamos y queremos como un miembro más de la familia. Por ello, tras su muerte, que en nuestro caso equivale a la pérdida de un ser querido, se genera un vacío y una tristeza difícil de explicar y de compartir.

Un amor único

Si llegáis a conectar profundamente con un animal, sabréis de lo que os hablamos, ya que se establece un relación de amor incondicional, donde la ternura brota sin límites y a diario. Y es que ellos no juzgan ni te quieren más o menos en función de tu estado de ánimo, sino que te ofrecen su cariño 24/7.

Con esto no queremos entrar en comparativas. Lo único que sí que aseguramos es que el amor que damos y recibimos de un animal es impresionante.

El dolor

Pero como todo es impermanente en esta vida y, por desgracia, los animales de compañía no duran tanto como los humanos, lo queramos o no, llega un momento en el que tenemos que despedirnos de ellos. Y esto es algo para lo que no estamos preparados. Porque a pesar de ser conscientes de que no son inmortales, cuando fallecen o debemos practicarles la eutanasia… el dolor y la tristeza aparecen y… no queda otra que aceptarlo y transitar el duelo.

“Dolus del latín significa dolor, pena, sentimiento por la muerte de un ser querido.”

Fases del duelo

Aunque el duelo no es un proceso lineal que todos recorremos de la misma manera, sí que hay una serie de fases de adaptación a la pérdida, que se parecen bastante a las que vivimos tras la muerte de cualquier otra persona querida:

1. Fase de negación: Es habitual que cuando se muere nuestro animal, nuestra primera reacción sea de shock y/o de negación. No es que no nos creamos que ha fallecido sino que no somos capaces de asimilar esta situación tan triste al ser conscientes de que no volveremos a verle nunca más. Quizás por ese motivo, esta es la etapa del pensamiento mágico…

2. Fase de ira: Está vinculada con la anterior. Es decir, aunque hay una realidad, nos resistimos a aceptarlo, y eso hace que nos sintamos frustrados, enfadados con el mundo y con un sentimiento de rabia por pensar: «¿por qué me ha tenido que pasar a mí?». Esto implica que estemos más sensibles y susceptibles de lo habitual.

3. Fase de negociación: Este es el momento en que analizamos la situación y nos cuestionamos todo lo acaecido. Razonando los hechos de alguna manera encontramos algo de alivio, en el caso de sentir que lo intentamos todo, o culpa, por sentir que quizás podríamos haber hecho más.

“Elaborar un duelo es aprender a vivir y a seguir siendo feliz a pesar de que te falte ese ser al que tanto amabas.” Laura Vidal

4. Fase de tristeza: Esta es la fase más dolorosa. No tenemos porqué pasar por esta u otras de las fases, pero si conectamos con la tristeza más profunda, en ese caso, podríamos sumirnos en una depresión. Los sentimientos de
soledad y abandono se apoderan de nosotros y, si la cosa va a más, deberíamos pedir ayuda a un profesional especializado para que pueda ayudarnos en el proceso.

“No sé cuando dejaré de sentir el nudo en las tripas y el corazón cada vez que miro los lugares donde Oye ya no está.” Laura Agustí

5. Fase de aceptación: Debemos aspirar a esto. Es decir, a aceptar que nuestro animal ya no estará con nosotros, pero que de alguna manera sí lo hará en nuestro corazón y a través de los muchísimos recuerdos felices que tenemos junto a él. En esta fase asumimos la realidad, pero esto no significa que nos olvidemos sino que nos vamos adaptando a otro escenario, donde el dolor ha bajado de intensidad y hay una mayor comprensión de todo.

“El lazo que nos tiene que unir y el que debe quedar tras superar el duelo es el amor.” Laura Vidal

Los prejuicios

Como comentábamos al principio, todavía hay prejuicios con este tema, y de hecho hay personas que consideran que no es para tanto, que tan solo se trata de un animal, que siempre lo puedes sustituir por otro, etc… Comentarios superficiales que lo único que transmiten es insensibilidad por parte de quien los emite. Nosotros lo tenemos claro, y por eso insistimos en ello: el dolor por la pérdida de nuestro animal es equiparable a un ser querido humano y eso es algo que solo sabes y sientes cuando lo vives.

“Tenemos que permitirnos estar tristes y sacarlo fuera.”

Por otro lado, ante estas circunstancias, tampoco aconsejamos ir corriendo a por otro animal, ya que se trataría de una maniobra de evitación para no pasar el duelo. Cada animal es único y no puede ser reemplazado como si fuese una prenda de ropa. Primero hay que sanar la pérdida y luego plantearse crear un nuevo vínculo con otro animal.

Sin más, si habéis tenido que pasar por esto os entendemos, ya que tristemente nosotros lo hemos sufrido hace muy poco y sabemos de lo que hablamos. Por ello, queríamos escribir este artículo y recomendaros estas lecturas que son de gran ayuda:

«Historia de un gato» Laura Agustí 

«Espérame en el arcoíris» Laura Vidal 

«Cuando ya no estás» Laura Vidal

(*) Foto de Joaquin by Ely Sánchez.


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