«Fue la mano de Dios», la película más personal de Sorrentino

Esta semana vimos en Netflix «Fue la mano de Dios», la nueva película y la más personal del oscarizado director y guionista napolitano Paolo Sorrentino. A nosotros nos ha encantado por muchos motivos.

Una película autobiográfica

Sorrentino apuesta por mostrarnos sus memorias de adolescente en su ciudad natal, Nápoles, coincidiendo con la inesperada y deseada llegada de Maradona.

Fue la mano de Dios es un viaje al Nápoles de los años 80 lleno de honestidad, ternura, amor, dolor, ilusión y primeras veces.

Un retrato emocionante por sus propios anhelos, sus miedos, sus recuerdos más vívidos, su despertar sexual e intelectual, su surrealista y a veces sórdida familia, su casa en esta excitante, caótica y bella localidad costera del Mediterráneo, sus amigos… y Maradona. Por todo ello, es muy fácil conectar con la trama y conmoverse, ya que a lo largo de las dos horas, las risas y el llanto se suceden con asombrosa facilidad.

«La mano de Dios»

Esta expresión fue la que dijo el propio Maradona –«fue un poco con la cabeza y otro poco con la mano de Dios» – cuando le preguntaron por el gol que metió con el puño el 22 de junio de 1986 que enfrentaba a Argentina contra Inglaterra, y que el arbitró no vio y fue válido.

Asimismo, Maradona no solo está presente en el título del film. Su figura resulta vital para entender la vida de Sorrentino y la de los napolitanos de esa época, tanto a los fanáticos del fútbol y forofos del «Pelusa» como a los pocos que vivían ajenos al deporte rey. El «Pibe de oro» juega un papel curiosamente vital y determinante en su futuro, apuntalado eso sí por la casualidad…

La fotografía

La cinematógrafa Daria D’Antonio (responsable también de la fotografía de «La gran belleza», la mejor película de Sorrentino hasta la fecha) requiere de una especial mención. Hace un trabajo bellísimo, ímprobo, soberbio, sugerente e inolvidable. Capta como nadie la belleza de Nápoles y logra un realismo y un costumbrismo mágico sin parangón.

Saviero y María

Saviero – interpretado por Toni Servillo, su actor fetiche – y María, su bonita, inteligente y bromista madre, son los progenitores de Fabietto – interpretado por el casi debutante Filippo Scotti – el alter ego frágil y sensible de 17 años de Sorrentino. Juntos forman una pareja enamorada, divertida y aparentemente en armonía, a pesar de que hay ciertos secretos oscuros, que no os desvelaremos, pero que muestran una vez más esas aristas que determinaron la infancia y adolescencia del director.

Un retablo de personajes a cada cual más grotesco

Ya sabemos que Sorrentino es experto en crear escenas extravagantes, grotescas y por supuesto surrealistas, con una elegancia y un nivel de belleza increíble. Es único. Y en «Fue la mano de Dios» deja más que patente su talento, su extraordinaria mirada y su pasión por los detalles.

Son extaordinarios los diferentes encuentros de la familia Schisa, alrededor de la mesa, con la exuberante y bellísima tía Patrizia, la anciana vestida con un abrigo de pieles en pleno verano que come mozzarella de búfala con las manos mientras lanza improperios a cualquiera que se dirija a ella, sus tías obesas o el novio de una de ellas que habla con un aparato que robotiza su voz por haber sufrido una traqueotomía…

Por supuesto, no podemos olvidarnos de los otros personajes con los que no tiene ningún lazo de sangre pero cuya presencia en su vida es determinante, como el contrabandista de tabaco o la Baronesa, la vecina de arriba con la que vivirá un encuentro crucial, entre muchos otros.

Como podréis comprobar, la suma de todos ellos compone un hermoso y bizarro collage, donde, como ya es habitual, la aparente vulgaridad da paso a algo superior, elevado y etéreo. ¡Bravísimo Sorrentino, bravísimo maestro!

No os la perdáis.


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