«Sólo una noche», la ópera prima de Massy Tadjedin
«Sólo una noche» es la ópera prima de la guionista irano-norteamericana Massy Tadjedin. Hasta el momento era «conocida» por haber escrito los guiones de «Leo», film protagonizado por Joseph Fiennes, Elisabeth Shue, Dennis Hopper y Sam Shepard, y «The Jacket» con Adrien Brody y Keira Knightley como actores principales, pero con esta incursión al frente de un largometraje espera consagrarse como cineasta.
«Sólo una noche» es una película un tanto estereotipada, pero llena de matices que dan pie a reflexionar acerca de las relaciones de pareja. Keira Knightley es la estrella indiscutible, su partenaire, Sam Worthington, se queda a medio camino, Eva Mendes no consigue llegar a la media y Guillaume Canet luce, aunque representa un papel que ya conoce a la perfección. Así que aunque este panorama interpretativo no saque lo mejor de la cinta… ésta se escuda mediante debates muy actuales y que a todos nos preocupan como son la infidelidad vs la sinceridad, los celos vs la inseguridad, el deseo vs la frustración…
La trama simultanea dos historias, donde las partes integrantes de un matrimonio en apariencia perfecto se enfrentan a las tentaciones y a sus consecuencias, pero desde dos puntos de vista muy diferentes. Mientras el marido siente una atracción física irreversible por una compañera de trabajo, la mujer se reencuentra con un antiguo amor, ahora platónico, al que sigue queriendo pero con el que continua sin atreverse a tener una relación estable por falta de confianza. Sin embargo, la historia muestra ciertos clichés muy manidos, que posicionan a la mujer como un ser incapaz de llegar a consumar el acto sexual, por miedo y por seguir atrapada en dicotomías emocionales de las que no consigue desprenderse, mientras que el hombre llega hasta el final, pero sin apenas implicación sentimental, aunque con grandes dosis de culpabilidad…
Asimismo, uno de los grandes desaciertos del film son los actores Sam Worthington y Eva Mendes. No sólo por la inexistente química entre ellos, sino porque en el caso de Worthington le persigue la sombra de «Avatar» (era el actor protagonista). Y por ello, resulta difícil abstraerse del papel que le catapultó a la fama. Además, tampoco contribuye demasiado que durante los 90 minutos mantenga el mismo gesto de preocupación, sin tener en cuenta otro tipo de registros… Y en el caso de Mendes pues… idem. Nuevamente aparece encasillada en su papel de «tía buena que enloquece a los hombres» y ya está. Su actuación deja mucho que desear y no convence. Menos mal que Keira Knightley cumple con creces el objetivo. No sólo es capaz de interpretar a una mujer mayor que ella, sino que además, minuto a minuto, inunda la pantalla con su presencia. Ella solita se convierte en la protagonista absoluta, y su tronista, Guillaume Canet, a pesar de estar atrapado en su papel de «francesito atractivo y confuso que no es capaz de comprometerse», sabe estar a la altura y gracias a su interpretación deja más que patente el feeling que existe entre ambos protagonistas. Algo que se agradece.
En cualquier caso, y desequilibrios a parte, Tadjedin es capaz de desarrollar una historia de intrigas amorosas, donde nos muestra nuestras inseguridades y miedos en pro de conservar lo que ya conocemos… y en la que apuesta por las mentiras piadosas y el perdón de los affairs como moraleja, pero dejando un final agridulce, en el que las puertas siguen abiertas… (aunque parezca lo contrario).
No es un peliculón… pero cuando salgáis del cine tendréis tema de conversación.